Jesús, ingeniero, y Noemí, arquitecta, son matrimonio misionero en Angola «empujados» por la Virgen

enero 13, 2014

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Noemí y Jesús

Noemí y Jesús


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Uno de los temas que el Papa Francisco trata con mayor profundidad en la reciente exhortación “Evangelii Gaudium” es el del anuncio del kerigma y la necesidad de una Iglesia misionera que en lugar de girar sobre sí misma salga al encuentro de los demás. Pero esto no es posible sin una experiencia vital de Jesucristo.

Jesús y Noemí la tienen y es una de las razones por las que dejaron sus trabajos en Barcelona, se despidieron de su familia y amigos e hicieron las maletas rumbo a Angola.

Ahora son un matrimonio misionero, una familia cuya mayor alegría es ayudar en la evangelización de la Iglesia. Fueron enviados en enero de 2012 por Benedicto XVI en el Aula Pablo VI y a ellos se sumarán otras tantas familias que serán enviadas por el Papa Francisco el día 1 de febrero en un multitudinario encuentro.

Criados en familias grandes… pero sin hijos

Jesús es ingeniero y Noemí arquitecta y pertenecen a una comunidad neocatecumenal de la céntrica parroquia Santa Joaquina de Vedruna, en Barcelona.

Hace ocho años que se casaron, con el deseo de formar una familia con varios hijos, pero después de varios años… los hijos no llegaban.

“Los dos venimos de familias numerosas, en donde se nos ha transmitido la fe y el amor y Dios permitió el sufrimiento de no tener hijos para que pudiéramos experimentar que la vida viene de Él”, cuenta a ReL este matrimonio.

“Nosotros, que humanamente habíamos alcanzado todas las metas que el mundo ofrece, éramos incapaces de dar vida”, dice Jesús.

Ahora, echando la vista atrás tienen la certeza de que “Dios se manifestó con mucha misericordia delante de este acontecimiento para que pudiéramos descubrir que nuestra verdadera esterilidad estaba en nuestro corazón, incapaz de donarse”.

La Virgen les dio el “empujón”

No fue fácil aceptar la situación, y ellos mismos nos lo cuentan: “los dos primeros años fueron especialmente duros por no aceptar esta cruz, hasta que fuimos a un santuario de la Virgen y le pedimos que nos concediera ser felices aceptando la voluntad de Dios, fuera la que fuera”.

Este acontecimiento marcó un antes y un después en la vida de ambos, un giro de 180 grados cuando menos lo esperaban.

“Desde entonces nuestra vida cambió por completo y la amargura se volvió alegría”, lo que influyó para que poco después, en el encuentro de jóvenes con el Papa Benedicto XVI en Sídney, Dios suscitara en ellos “el deseo de ofrecer nuestra vida a Dios y a la evangelización” porque “vimos cómo Dios nos llamaba a otro tipo de paternidad”.

Y les tocó ir a África

Jesús y Noemí asistieron en enero de 2012 a una convivencia en Italia en la que les dieron el destino de su misión.

Nada hacía presagiar que el lugar al que les tocaría acudir sería Luanda, capital de Angola. Desde que lo supieron, “el Señor se ha manifestado con gloria y potencia. Nos ha concedido muchas “gracias”, como una casa, trabajo, etc. y nos ha hecho vivir en la precariedad de falta de luz y agua”.

Por todo, “hemos vivido momentos de mucha alegría y otros de no entender nada”, pero si de algo están convencidos es de que “nos ha traído a la misión, no por lo que vayamos a hacer o conseguir, sino para tener un encuentro fuerte con Él y poder vivir una vida plena”, señalan Jesús y Noemí.

Tras la guerra… ¡reconstruir personas!

Pero, ¿en qué consiste la misión en Luanda?

Jesús y Noemí ayudan en la construcción de un seminario misionero para la formación de nuevos sacerdotes y de centros parroquiales “en los que jóvenes y adultos puedan sentirse amados a través de la belleza y de la palabra de Dios, y puedan encontrar sentido a su historia y descubrir el plan de salvación que Dios tiene sobre ellos”.

Sin embargo, no es fácil dada la complicada historia del país.

Así lo cuenta este matrimonio: “Angola es una nación totalmente destruida por la guerra, y desde que acabó, hace 10 años, el país lucha por reconstruir sus infraestructuras, cuando lo que realmente está destruido es el corazón de las personas.

Tienen heridas muy fuertes por culpa de la promiscuidad, la violencia, el alcoholismo etc. Es una sociedad donde gobierna el amor al dinero y el materialismo. Por eso, vivir la Fe en una comunidad, donde los hermanos se hablan en la verdad, está salvando la vida de las personas”, apunta el matrimonio.

Y sin esperarlo… ¡llegó el embarazo!

Pero un día, por fin…  llegó la sorpresa. Jesús y Noemí pedían todos los días a Dios que se hiciera su voluntad y que si Él quería, algún día les concediera un hijo.

“En julio, al cumplir un año en la misión y justo al inicio de la catequización en una parroquia, nos enteramos de que estábamos a espera de un bebé”, relata el matrimonio.

“Recibimos la noticia entre lloros de alegría y un poco de incredulidad… teníamos tan asumido que no íbamos a ser padres que no conseguíamos reaccionar”, relatan los misioneros.

“Es impresionante cómo Dios, una vez más, se ha manifestado con fuerza en nuestra vida, y nos ha confirmado que hoy Su voluntad es que estemos aquí, en Angola, dando la vida por el anuncio del Evangelio, y siendo testigos del Amor de Dios al mundo”.

El embarazo “está siendo una palabra fuerte para nosotros y para la gente de nuestro alrededor. Sobre todo en Angola, porque aquí culturalmente es una deshonra no tener hijos y las parejas que no pueden concebir destinan todos sus ahorros para ir a Brasil a hacerse tratamientos, o incluso caen en el engaño recurriendo a la brujería”.

En la misión “hemos podido dar testimonio de que se puede ser feliz en la cruz de no tener hijos, y que hacer la voluntad de Dios ha colmado todas nuestras expectativas de felicidad”.

Ahora, unos meses después y conociendo que Noemí espera un hijo “la gente se ha quedado realmente conmovida con el poder de Dios”.

Estos dos jóvenes de Barcelona resumen su experiencia subrayando que “estamos contentísimos con este regalo que Dios nos ha concedido y confiamos en que Él hace fácil lo que para nosotros parece imposible. ¿Cómo no agradecer a Dios todos los dones que nos ha dado?”.


El maná de cada día, 13.1.14

enero 13, 2014

Lunes de la 1ª semana del Tiempo Ordinario

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Venid conmigo y os haré pescadores de hombres

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PRIMERA LECTURA: 1 Samuel 1,1-8

Había un hombre sufita, oriundo de Ramá, en la serranía de Efraín, llamado Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de Toju, hijo de Suf, efraimita. Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Fenina; Fenina tenía hijos, y Ana no los tenía.

Aquel hombre solía subir todos los años desde su pueblo, para adorar y ofrecer sacrificios al Señor de los ejércitos en Siló, donde estaban de sacerdotes del Señor los dos hijos de Elí, Jofní y Fineés.

Llegado el día de ofrecer el sacrificio, repartía raciones a su mujer Fenina para sus hijos e hijas, mientras que a Ana le daba sólo una ración; y eso que la quería, pero el Señor la había hecho estéril. Su rival la insultaba, ensañándose con ella para mortificarla, porque el Señor la había hecho estéril.

Así hacía año tras año; siempre que subían al templo del Señor, solía insultarla así.

Una vez Ana lloraba y no comía. Y Elcaná, su marido, le dijo: «Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué te afliges? ¿No te valgo yo más que diez hijos?»


SALMO 115,12.13.14.17.18.19

Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.

Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo, en el atrio de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén.


Aclamación antes del Evangelio: Mc 1, 15

Está cerca el reino de Dios -dice el Señor-: convertíos y creed en el Evangelio.


EVANGELIO: Marcos 1,14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.

Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.


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EL TIEMPO ORDINARIO ES EXTRAORDINARIO

Lo ordinario es lo más común, lo regular, lo que sucede habitualmente. Así es y así discurre la mayor parte del tiempo de nuestra vida, en ese rutinario y monótono día a día, que a veces hasta se nos hace mecánico y del que tantas veces sentimos la tentación de huir y escapar.

En cambio, así de habitual, regular y común es también la acción de Dios en nuestra vida.

Piensa que tu día a día es también el día a día de Dios, que tu vida ordinaria es también la vida ordinaria de Dios. Porque es ahí donde Dios se te da, y es de esa manera, tan común y tan simple en sus formas, como Dios te va dando a conocer su voluntad.

Una llamada inesperada, un imprevisto, una conversación, el madrugón para ir al trabajo, el atasco correspondiente o el autobús que se me escapa, ese que se cuela en la cola del cajero cuando más prisa tengo, son ocasiones preciosas para un ofrecimiento o un momento de oración, un acto de amor o de acción de gracias, un acto de fe en Dios, una pequeña renuncia o mortificación.

Tendemos naturalmente a buscar esa irresistible fascinación de lo espectacular y aparatoso, de lo extraordinario y fuera de lo común, haciendo del milagro o de la lotería casi un ideal. Nada más ajeno al estilo del Evangelio.

Piensa que la encarnación es un Dios que se hace carne de niño, que la redención se realiza en el aparente y estrepitoso fracaso de una cruz o que el gran prodigio de la Eucaristía gravita sobre un poco de pan y un poco de vino.

Tu santidad será más real cuanto más crezca hundida y escondida, como grano fecundo, en la tierra árida y dura de tu vida cotidiana.

Ahí estás llamado a impregnar todas las cosas, personas y circunstancias de una profunda visión de fe, capaz de atisbar en todo y en todos ese susurro de cielo que es Dios presente en tu vida.

Descubre y renueva el valor de ese pequeño día a día de tu vida que resultará tanto más extraordinario cuanto más sepas llenarlo de Dios.

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