Las reformas de Francisco con el “método Guadalupe”

noviembre 25, 2013
Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga

Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga


Entrevista con el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, coordinador del grupo de consejeros del Papa

“Misión continental” resume una tarea, un impulso, algo que se encuentra en la naturaleza profunda de la Iglesia… Yo creo que es muy importante volver al ímpetu misionero de los comienzos de la evangelización en América Latina; en este sentido, creo que la figura de San Pablo es la más rica para definir esta urgencia.

Gocé profundamente el año dedicado a su figura, proclamado por el Papa Benedicto en 2008. Traté de profundizar, de conocer mejor al apóstol, de ensimismarme con él y con su ímpetu. Me di cuenta de la insuficiencia misionera que estamos viviendo.

Dormimos un poco sobre los laureles de la prosopopeya de América Latina como continente católico, con la consecuencia de que se replega, sin quererlo conscientemente, en una pastoral de mantenimiento; pero una postura, cualquiera, no se puede preservar estáticamente, ni siquiera una postura más avanzada a la que ya se hubiera llegado; para mantenerla es necesario un impulso, de lo contrario se vuelve atrás inexorablemente, hasta la ruina y el fracaso en los objetivos propuestos”.

En este sentido, no le parece que estamos en un momento positivo, favorable…

Para mí es uno de los mejores momentos que podríamos vivir. Porque nos da la posibilidad de comprender, de cobrar consciencia, por lo tanto de crecer. El Señor nos dijo, y nos lo repite con la liturgia del Adviento, que se acerca, que es hora de despertar del sueño, que este es el momento para darse cuenta de todos los desafíos que tenemos frente a nosotros, que no es posible seguir deambulando medio adormilados. Debemos recobrar el corazón misionero de San Pablo.

Usted llegará a Roma dentro de pocos días, para retomar con los demás cardenales el trabajo que les encargó el Papa para la reforma de la Curia vaticana. ¿Qué indicaciones, puntos de partida, ideas de estos días de trabajo a la sombra de la Basílica de Guadalupe llevará consigo?

Lo más hermoso es que este encuentro se haya llevado a cabo cerca de la Madre. Nosotros no estamos reunidos aquí como un buen club de católicos que se proponen encontrar algunas soluciones particulares a problemas de su época. Los problemas existen, y cómo…

¿De cuáles de estos problemas se debe ocupar la Iglesia en este momento histórico de América Latina?

La dependencia económica y la desigualdad social siguen siendo las grandes plagas de nuestros países. Mientras una parte de la población satisface las propias necesidades y puede permitirse el despilfarro, otra, la mayoría, vive en la pobreza extrema.

La concentración de la riqueza, de la propiedad de la tierra, del poder e incluso de la educación en manos de un sector privilegiado de la sociedad sigue siendo el mayor parásito para el progreso de América Latina…

Pero usted dijo que el objetivo de la reunión no era encontrar soluciones…


Claro, porque estamos reunidos como hombres de fe que, a los pies de la Virgen de Guadalupe, quieren recuperar la consciencia de sus acciones, de esta “nueva evangelización” tan urgente, para llegar al encuentro personal con Cristo.

Nosotros no nos hemos puesto a buscar una idea sobre Jesús, una doctrina sobre el Hijo de Dios, sino a una persona que nos renueva el mandato con el que termina el Evangelio de Mateo: “vayan por doquier y anuncien la buena noticia”.

Me parece que es también uno de los criterios para el trabajo de las reformas a que usted y los demás cardenales han sido convocados por el Papa…

Es uno de los puntos que Francisco está recordando constantemente y de una manera ineludible. Si tuviera que resumir la misión de la Iglesia después de Aparecida y en sintonía con el “fenómeno Francisco”, diría que debemos apoyarnos más en la religiosidad de nuestros pueblos, desarrollar un trabajo teológico con un tenor ecuménico mayor, renovar las comunidades de base, potenciar la opción por los jóvenes, afirmar el primado de la gracia y del diálogo permanente con la cultura (letra bastardilla, mía).

¿Ha sido bien recibida la consulta que puso en marcha el Papa a principios de noviembre, las 38 preguntas sobre cuestiones morales, familiares, éticas…? ¿Sabe si los destinatarios, por lo menos en América Latina, se han puesto a trabajar sobre estos puntos con el espíritu que pedía el Papa?

Yo he visto numerosos casos, he escuchado muchas realidades; hablaremos de ello en nuestra próxima reunión a principios de diciembre; el plazo para sacar conclusiones es a finales de enero, pero puedo decir una cosa:

el enfoque que el Santo Padre le dio a la consulta me gustó muchísimo; no quiere que la consulta se dirija solo a los que “cantan en el coro”, quiere, en la medida de lo posible, llegar más allá de las fronteras conocidas, que se vean involucrados también los que no son creyentes pero que tienen cosas que decir, porque la situación de la familia los toca de cerca.

Una vez más un criterio de apertura, misionero…

Sin duda ninguna.

¿Usted cree que consultas como la que el Papa puso en marcha son métodos que pueden extenderse a otros argumentos, a otros problemas, a otras situaciones o ámbitos del vivir?

En efecto, la reforma de la institución del sínodo de los obispos que el Papa tiene en mente va por esta dirección. Que el sínodo no se celebre solo cada tres años para simplemente redactar un documento sobre una temática concreta, sino que se convierta en un organismo permanente que pueda responder a consultas sobre diferentes temas y argumentos (bastardilla, mía). 

http://vaticaninsider.lastampa.it/


El maná de cada día, 25.11.13

noviembre 25, 2013

Lunes de la 34ª semana del Tiempo Ordinario

viuda pobre 02

Ha echado más que nadie



PRIMERA LECTURA: Daniel 1, 1-6.8-20

El año tercero del reinado de Joaquín, rey de Judá, llegó a Jerusalén Nabucodonosor, rey de Babilonia, y la asedió.

El Señor entregó en su poder a Joaquín de Judá y todo el ajuar que quedaba en el templo; se los llevó a Senaar, y el ajuar del templo lo metió en el tesoro del templo de su dios.

El rey ordenó a Aspenaz, jefe de eunucos, seleccionar algunos israelitas de sangre real y de la nobleza, jóvenes, perfectamente sanos, de buen tipo, bien formados en la sabiduría, cultos e inteligentes y aptos para servir en palacio, y ordenó que les enseñasen la lengua y literatura caldeas.

Cada día el rey les pasaría una ración de comida y de vino de la mesa real. Su educación duraría tres años, al cabo de los cuales, pasarían a servir al rey. Entre ellos, había unos judíos: Daniel, Ananías, Misael y Azarías.

Daniel hizo propósito de no contaminarse con los manjares y el vino de la mesa real, y pidió al jefe de eunucos que lo dispensase de esa contaminación.

El jefe de eunucos, movido por Dios, se compadeció de Daniel y le dijo: «Tengo miedo al rey, mi señor, que os ha asignado la ración de comida y bebida; si os ve más flacos que vuestros compañeros, me juego la cabeza.»

Daniel dijo al guardia que el jefe de eunucos había designado para cuidarlo a él, a Ananías, a Misael y a Azarías: «Haz una prueba con nosotros durante diez días: que nos den legumbres para comer y agua para beber. Compara después nuestro aspecto con el de los jóvenes que comen de la mesa real y trátanos luego según el resultado.»

Aceptó la propuesta e hizo la prueba durante diez días. Al acabar, tenían mejor aspecto y estaban más gordos que los jóvenes que comían de la mesa real. Así que les retiró la ración de comida y de vino y les dio legumbres.

Dios les concedió a los cuatro un conocimiento profundo de todos los libros del saber. Daniel sabía además interpretar visiones y sueños.

Al cumplirse el plazo señalado por el rey, el jefe de eunucos se los presentó a Nabucodonosor. Después de conversar con ellos, el rey no encontró ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías, y los tomó a su servicio. Y en todas las cuestiones y problemas que el rey les proponía, lo hacían diez veces mejor que todos los magos y adivinos de todo el reino.


SALMO: Dn 3,52.53.54.55.56

A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo y glorioso.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria.

Bendito eres sobre el trono de tu reino.

Bendito eres tú, que, sentado sobre querubines, sondeas los abismos.

Bendito eres en la bóveda del cielo.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 24, 42a. 44

Estad en vela y preparados, porque a la hora que menos pensáis viene el Hijo del hombre.


EVANGELIO: Lucas 21, 1-4

En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo:

«Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

.
DOS REALES EN EL TEMPLO

Debía ser una distracción común en Jerusalén sentarse frente al arca del Templo, en medio del bullicio del lugar, para observar el trajín de gentes que se acercaban a echar dinero.

Allí se sentó Jesús, como uno más, observando el menudear de aquellos ricos y fariseos que tanto gustaban de pasearse entre la gente, luciendo sus amplios ropajes y disfrutando de la admiración y las reverencias de todos. Sus largos rezos iban acompañados de la ofrenda de grandes fortunas, que después dejaban correr de boca en boca, entre los comentarios curiosos de la gente.

Los ojos de Cristo, que sabían escrutar en verdad el corazón de todas aquellas ofrendas, sólo se fijó en las dos moneditas de una viuda pobre. Aquella mujer, acostumbrada a darlo todo, a darse por entero, se entregó a Dios en aquellas dos únicas monedas que le quedaban.

El corazón de Cristo, también acostumbrado a darlo todo, a darse totalmente, se estremeció embelesado ante aquella mujer, por su forma tan sencilla de dar lo más grande. Su ofrenda estaba ya anunciando el don supremo y total que Cristo estaba a punto de cumplir en la Cruz.

Nuestros ojos superficiales, acostumbrados al gusto aparente de lo grandioso y llamativo, se deslumbran cuando contemplan las grandezas humanas, sus honores y reconocimientos.

Sólo los ojos de la fe, esos que ven las cosas con la mirada misma de Dios, son capaces de atisbar la hondura y profundidad del don pequeño y cotidiano.

No te conformes con dar dos monedas, si puedes darlo todo. Tampoco te fijes en lo que das, sino en cómo lo das. No necesita Dios tus monedas, tus obras, tus méritos, tus títulos, tu fama, tus cualidades.

Quiere, en cambio, que te des para que Él pueda entrar en ti y hacer de tu vida un verdadero Templo.

Lañas diarias www.mater-dei.es


A %d blogueros les gusta esto: