Después de vender 10 millones de libros sobre las «claves del éxito», M. Gladwell apunta a Jesús

noviembre 20, 2013

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Sociólogo y escritor, estudia los «triunfos insospechados»

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Malcolm Gladwell

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Con más de 10 millones de ejemplares vendidos, Malcolm Gladwell es uno de los principales escritores “motivacionales”, gurú del “éxito” y analista de “estrategias para triunfar”.

La Clave del Éxito” (más de 3 millones de ejemplares vendidos), “Inteligencia Intuitiva“, “Lo que vio el perro“, “Fuera de serie: por qué unas personas tienen éxito y otras no“, son libros que ejecutivos y líderes de todo tipo devoran en los aeropuertos.

Este sociólogo, que desde 1996 escribe como periodista en la revista The New Yorker, se ha convertido en un experto en el tema “éxito” y “liderazgo”.

Busca estas características especialmente en “outsiders”, es decir, en aquellos que parecen estar fuera del sistema, fuera de los circuitos del poder… pero que pese a todo triunfan.

Son historias de aquellos que parecen débiles, pero en realidad son fuertes.

En esta categoría encaja el caso de Jesucristo. Un “outsider” que triunfa, y muchos podrían tomar como modelo.

Jesús, el “outsider” que cambia el mundo

“Jesús encaja [en la categoría de ´outsider´ con éxito]. Aquí tenemos a una de las figuras más revolucionarias de la Historia. Viene de los orígenes más humildes. Nunca ocupó un cargo oficial. Nunca tuvo un ejército a su disposición. Nunca se hizo rico. No tenía nada que pudiera asociarse a poder y ventajas.

Y pese a todo esto, ¿qué consiguió? Unos logros imposibles de calcular. Ilustra a la perfección la idea de que tienes que mirar al corazón para saber de lo que alguien es capaz”, asegura Gladwell en una entrevista a Religion News Service.

Vuelta a la fe gracias a David y Goliat

Malcolm Gladwell, que se crió en una familia ligada a la iglesia menonita (una rama pacifista y trinitaria del protestantismo anabaptista), comenta que ha redescubierto y retornado a la fe mientras escribía su libro David y Goliat, también sobre triunfadores inesperados.

“Me di cuenta de lo que me había perdido”, admitió en la entrevista. “Me había desviado un poco de la fe”.

En David y Goliat, Gladwell explora y reestudia los conceptos de ventaja y desventaja, recurriendo a ejemplos históricos (la guerra de Vietnam, la lucha de Martin Luther King) para seguir derribando rígidas nociones sobre debilidad y fortaleza.

“Me impresionaron tanto estas historias que yo escribía por el increíble poder de la fe en la vida de la gente, que me causó un gran impacto en mis creencias. Ese ha sido el completamente inesperado efecto de escribir este libro. Estoy en proceso de redescubrir mi fe otra vez”.

La expansión de las ideas

Uno de sus libros más celebrados y vendidos es La clave del éxito, en el que habla del “tipping point“, ese momento mágico en el que una idea, tendencia o comportamiento social cruza un umbral, se vierte y se expande hasta lo insospechado. En este sentido compara la capacidad de expansión del fenómeno tipping con la de una epidemia.

Gladwell incluye en esta categoría el caso de Jesús: sus palabras y su vida han sobrepasado con creces ese tipping point.


El maná de cada día, 20.11.13

noviembre 20, 2013

Miércoles de la 33ª semana del Tiempo Ordinario

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Nunca nos pesará haberle amado

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PRIMERA LECTURA: 2 Macabeos 7, 1.20-31

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley.

Pero ninguno más admirable y digno de recuerdo que la madre. Viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un día, lo soportó con entereza, esperando en el Señor.

Con noble actitud, uniendo un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno, y les decía en su lengua:

«Yo no sé cómo aparecisteis en mi seno; yo no os di el aliento ni la vida, ni ordené los elementos de vuestro organismo. Fue el creador del universo, el que modela la raza humana y determina el origen de todo. Él, con su misericordia, os devolverá el aliento y la vida, si ahora os sacrificáis por su ley.»

Antíoco creyó que la mujer lo despreciaba, y sospechó que lo estaba insultando. Todavía quedaba el más pequeño, y el rey intentaba persuadirlo, no sólo con palabras, sino que le juraba que si renegaba de sus tradiciones lo haría rico y feliz, lo tendría por amigo y le daría algún cargo.

Pero como el muchacho no hacía ningún caso, el rey llamó a la madre y le rogaba que aconsejase al chiquillo para su bien. Tanto le insistió, que la madre accedió a persuadir al hijo; se inclinó hacia él y, riéndose del cruel tirano, habló así en su idioma:

«Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crié tres años y te he alimentado hasta que te has hecho un joven. Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contienen y verás que Dios lo creó todo de la nada, y el mismo origen tiene el hombre.

No temas a ese verdugo, no desmerezcas de tus hermanos y acepta la muerte. Así, por la misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos.»

Estaba todavía hablando, cuando el muchacho dijo: «¿Qué esperáis? No me someto al decreto real. Yo obedezco los decretos de la ley dada a nuestros antepasados por medio de Moisés. Pero tú, que has tramado toda clase de crímenes contra los hebreos, no escaparás de las manos de Dios.»


SALMO 16, 1.5-6.8.15

Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante.

Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño.

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;inclina el oído y escucha mis palabras.

Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 15, 16

Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure -dice el Señor.


EVANGELIO: Lucas 19, 11-28

En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén, y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro. Dijo, pues:

«Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo.”

Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras él una embajada para informar: “No queremos que él sea nuestro rey.” Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.

El primero se presentó y dijo: “Señor, tu onza ha producido diez.” Él le contestó: “Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades.” El segundo llegó y dijo: “Tu onza, señor, ha producido cinco.” A ése le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades.”

El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo, porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras.”

Él le contestó: “Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Conque sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.”

Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez.” Le replicaron: “Señor, si ya tiene diez onzas.” “Os digo: ‘Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.’

Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia.”»

Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.


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ESPÍRITU SANTO, DANOS EL FRUTO DE LA FIDELIDAD

“Dios es fiel en todas sus palabras, en todas sus obras” (Sal 145). La tónica general de la historia de Dios con el hombre es su fidelidad. Nada, ni siquiera el pecado, impide a Dios llevar adelante su plan de salvación, aunque el hombre caiga, una y otra vez, en la duda, en la traición, en la desidia o en la negación.

La fidelidad a Dios es un deber que ha de nacer de un profundo y delicado amor. No es cuestión de voluntarismo, ni siquiera de méritos. Es el juego del amor, que no mide la grandeza o pequeñez de los actos, ni siquiera de los deseos, sino que sólo se preocupa de amar y más amar.

“En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu” (1 Jn 4,13). La fidelidad, gracias a la acción del Espíritu Santo, nos habla de permanencia.

Permanecer en el amor no es, sin más, soportar con resignación, sino enamorarse de la fidelidad de Dios y corresponder con nuestra entrega concreta y constante.

La fidelidad es fundamento de nuestra existencia cristiana, y garante de una conciencia que sabe actuar en cada momento, considerando qué es lo más adecuado para vivir coherentemente con lo que se ha recibido.

Permanecer, en este sentido, es perpetuarse más allá de la materialidad cansina y rutinaria de las cosas. La fidelidad hace que el amor admire lo pequeño y hermoso que somos y tenemos, aunque otros no sepan reconocerlo, porque no pone el ejercicio de amar en las cosas sino en Dios mismo, y por Él mismo.

Pedimos al Espíritu Santo que la historia que nos toca vivir, la del día a día, no sea un tiempo más del calendario, sino un gran talento, la oportunidad de volcarnos, definitivamente, en manos del Dios fiel, capaz de amarnos sin que lo merezcamos.

Lañas diarias www.mater-dei.es


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