Messori explica Lourdes: «Cuando la fe de sus hijos está en peligro, María aparece para confortarlos»

noviembre 18, 2013

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Millones de peregrinos visitan la gruta de las apariciones cada año

Millones de peregrinos visitan la gruta de las apariciones cada año

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La historia de Lourdes no es un relato piadoso, ni un ejercicio devoto. El periodista italiano Vittorio Messori se ha adentrado en las raíces documentales de las apariciones, en su libro Bernadette no nos engañó (editado en LibrosLibres, con traducción de Mar Velasco). «Si Lourdes es verdad, toda nuestra fe es verdad», afirma.

– En su libro dice que «Lourdes no es Blancanieves», que no es una mera devoción piadosa.

– Aun siendo un devoto de Lourdes, mi profesión de historiador me ha llevado a hacer un estudio histórico. He examinado todos los documentos sobre Lourdes, para responder a todas las objeciones que se han hecho a estas apariciones: que si todo lo organizaron los padres, o los curas, que si Bernadette era una niña fantasiosa que quería salir del anonimato y de la pobreza, que si todo fue un engaño del diablo…

Mi libro es un estudio histórico que responde a estas objeciones, y he llegado a la conclusión de que Bernadette no nos ha engañado, ni se ha engañado a sí misma. Llego a la conclusión de que Lourdes es verdad.

– Como historiador, hace una afirmación sorprendente: que en cada giro difícil y dramático de la Historia, la Virgen aparece para despertar y consolar a los creyentes.

– En otro de mis libros, he elaborado un calendario mariano de las apariciones reconocidas por la Iglesia, y muestro que María hace la labor de una madre: cuando la fe de sus hijos está en peligro, María aparece para confortarlos y consolarlos.

Aparece en Fátima, en 1917, en la Primera Guerra Mundial; también en enero de 1933, en Banneux, los días en los que Hitler asciende al poder en Alemania. La Virgen aparece como una madre que quiere dar seguridad a sus hijos. La principal preocupación de mis libros es la búsqueda de la verdad.

Con este trabajo, llego a la síntesis de que si Lourdes es verdad, todo es verdad, en el sentido de que, si la Historia nos puede documentar que lo de Bernadette no es un engaño, entonces existe la consecuencia lógica de que Dios existe, que Dios ha entrado en la Historia con Jesucristo; y que este Dios es, por decirlo de alguna manera, un Dios católico:

con la confirmación de un dogma papal pronunciado cuatro años antes, y su petición a los sacerdotes de construir una capilla para ir en procesión, María remite a la Iglesia, a la jerarquía; además, en todas las apariciones lleva en la mano un rosario.

Si, en base a la Historia, se puede decir que Lourdes es verdad, entonces es también verdad todo lo que cree el pueblo católico.

– Hay un elemento sorprendente en Lourdes: la Virgen se muestra sonriendo, incluso riendo junto a Bernadette.

– En otras apariciones reconocidas, la Virgen llora, o se muestra seria, o se percibe triste. Lo extraordinario del relato de Bernadette es que la Virgen se muestra seria al hablar de los pecadores, pero sonríe la mayor parte del tiempo. Y que, en tres ocasiones, se echa a reír abiertamente.

Es algo extraordinario. Bernadette no pudo inventarse esto. En la espiritualidad de ese tiempo, era impensable; a los curas de aquel tiempo les parecía incluso ofensivo, pero Bernadette decía que ellas «se reían como dos niñas».

– ¿Quién es María para usted?

– Tengo la relación que tiene cualquier católico, la de un hijo con su Madre, una Madre a quien acogerme, sobre todo en momentos de necesidad. Yo soy amigo de Benedicto XVI, quien, cuando era cardenal, me confesó que, para él, la devoción mariana había sido progresiva a lo largo de su vida, pues de joven dudaba si se estaba exagerando con esta devoción.

Con los años, ha ido descubriendo la importancia de la Madre de Jesús, y que Ella es una garantía de la verdad de su Hijo. Me explicaba que los cuatro dogmas sobre María, en realidad, son dogmas sobre Jesús. Este ir poco a poco ha sido también mi camino, ¡y ya llevo escritos cuatro libros sobre María!

Ratzinger me ha enseñado que, tal como sea tu fe en María, así de sólida y segura será tu fe en Cristo. María no es un accesorio; la presencia de María es esencial para creer en Cristo.

– Ya que me habla del Papa Benedicto XVI, le quería preguntar por el Papa Francisco. ¿Cómo percibe usted el inicio de su pontificado?

– No me toca a mí juzgar al Papa, pero ciertamente ha habido mucha sorpresa, y yo personalmente estoy muy contento con este pontificado. El temperamento de Ratzinger es muy diferente al de Bergoglio, pero lo que cuenta es que el Papa es el maestro de la fe, maestro de la pastoral, y en esto el Papa Francisco está siendo muy valiente.

Muchos han manifestado su perplejidad por el estilo del Papa, pero yo veo la Plaza de San Pedro llena de gente; hay muchos creyentes muy contentos; y personas antes hostiles han sido conquistadas por el Santo Padre.

Aun así, debemos recordar que lo que cuenta no es el carácter del Papa, que sea simpático o no. Lo que cuenta es la figura del Papa, que es un regalo que Cristo mismo nos ha hecho, y que nos da una garantía de la ortodoxia y una ayuda para nuestra vida cotidiana.

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El maná de cada día, 18.11.13

noviembre 18, 2013

Lunes de la 33ª semana del Tiempo Ordinario

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El alma también puede sufrir momentos de ceguera y oscuridad

PRIMERA LECTURA: 1 Macabeos 1, 10-15.41-43.54-57.62-64

En aquellos días, brotó un vástago perverso: Antíoco Epifanes, hijo del rey Antíoco. Había estado en Roma como rehén, y subió al trono el año ciento treinta y siete de la era seléucida.

Por entonces hubo unos israelitas apóstatas que convencieron a muchos: «¡Vamos a hacer un pacto con las naciones vecinas, pues, desde que nos hemos aislado, nos han venido muchas desgracias!»

Gustó la propuesta, y algunos del pueblo se decidieron a ir al rey. El rey los autorizó a adoptar las costumbres paganas, y entonces, acomodándose a los usos paganos, construyeron un gimnasio en Jerusalén; disimularon la circuncisión, apostataron de la alianza santa, emparentaron con los paganos y se vendieron para hacer el mal.

El rey Antíoco decretó la unidad nacional para todos los súbditos de su imperio, obligando a cada uno a abandonar su legislación particular. Todas las naciones acataron la orden del rey, e incluso muchos israelitas adoptaron la religión oficial: ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado.

El día quince del mes de Casleu del año ciento cuarenta y cinco, el rey mandó poner sobre el altar un ara sacrílega, y fueron poniendo aras por todas las poblaciones judías del contorno; quemaban incienso ante las puertas de las casas y en las plazas; los libros de la Ley que encontraban, los rasgaban y echaban al fuego, al que le encontraban en casa un libro de la alianza y al que vivía de acuerdo con la Ley, lo ajusticiaban, según el decreto real.

Pero hubo muchos israelitas que resistieron, haciendo el firme propósito de no comer alimentos impuros; prefirieron la muerte antes que contaminarse con aquellos alimentos y profanar la alianza santa. Y murieron. Una cólera terrible se abatió sobre Israel.


SALMO 118, 53.61.134.150.155.158

Dame vida, Señor, para que observe tus decretos.

Sentí indignación ante los malvados, que abandonan tu voluntad.

Los lazos de los malvados me envuelven, pero no olvido tu voluntad.

Líbrame de la opresión de los hombres, y guardaré tus decretos.

Ya se acercan mis inicuos perseguidores, están lejos de tu voluntad.

La justicia está lejos de los malvados que no buscan tus leyes.

Viendo a los renegados, sentía asco, porque no guardan tus mandatos.


Aclamación antes del Evangelio

A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos. A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles.



EVANGELIO: Lucas 18, 35-43

En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna.

Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: «Pasa Jesús Nazareno.» Entonces gritó: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!»

Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»

Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?»

Él dijo: «Señor, que vea otra vez.»

Jesús le contestó: «Recobra la vista, tu fe te ha curado.»

En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.
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EL SEÑOR NUNCA NIEGA SU GRACIA
P. Francisco Fernández Carvajal

Aumentar el fervor de la oración en momentos de oscuridad.

Ocurrió -leemos en el Evangelio de la Misa1que al llegar a Jericó había un ciego sentado junto al camino mendigando.

Algunos Padres de la Iglesia señalan que este ciego a las puertas de Jericó es imagen «de quien desconoce la claridad de la luz eterna»2, pues en ocasiones el alma puede sufrir también momentos de ceguera y de oscuridad.

El camino despejado que vislumbró un día se puede tornar desdibujado y menos claro, y lo que antes era luz y alegría ahora son tinieblas, y una cierta tristeza pesa sobre el corazón.

Muchas veces esta situación está causada por pecados personales, cuyas consecuencias no han sido del todo zanjadas, o por la falta de correspondencia a la gracia: «quizá el polvo que levantamos al andar –nuestras miserias– forma una nube opaca, que impide el paso de la luz»3; en otras ocasiones, el Señor permite esa difícil situación para purificar el alma, para madurarla en la humildad y en la confianza en Él.

En esa situación es lógico que todo cueste más, que se haga más difícil, y que el demonio intente hacer más honda la tristeza, o aprovecharse de ese momento de desconcierto interior.

Sea cual sea su origen, si alguna vez nos encontramos en ese estado, ¿qué haremos? El ciego de Jericó –Bartimeo, el hijo de Timeo4– nos lo enseña: dirigirnos al Señor, siempre cercano, hacer más intensa nuestra oración, para que tenga piedad y misericordia de nosotros.

Él, aunque parece que sigue su camino y nosotros quedamos atrás, nos oye. No está lejos. Pero es posible que nos suceda lo que a Bartimeo: Y los que iban delante le reprendían para que se callara.

El ciego encontraba cada vez más dificultades para dirigirse a Jesús, como nosotros «cuando queremos volver a Dios, esas mismas flaquezas en las que hemos incurrido, acuden al corazón, nublan el entendimiento, dejan confuso el ánimo y querrían apagar la voz de nuestras oraciones»5.

Es el peso de la debilidad o del pecado, que se hace sentir.

Tomemos ejemplo del ciego: Pero él gritaba mucho más: Hijo de David, ten piedad de mí. «Ahí lo tenéis: aquel a quien la turba reprendía para que callase, levanta más y más la voz; así también nosotros (…), cuanto mayor sea el alboroto interior, cuanto mayores dificultades encontremos, con más fuerza ha de salir la oración de nuestro corazón»6.

Jesús se paró en el camino cuando daba la impresión de que seguía hacia Jerusalén y mandó que llamaran al ciego. Bartimeo se acercó y Jesús le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Ut videam, que vea, Señor. Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha salvado. Y al instante vio, y le seguía, glorificando a Dios.

A veces será difícil conocer las causas por las que el alma pasa esa situación difícil en que todo parece costar más. No sabremos quizá su origen, pero sí el remedio siempre eficaz: la oración.

«Cuando se está a oscuras, cegada e inquieta el alma, hemos de acudir, como Bartimeo, a la Luz. Repite, grita, insiste con más fuerza, “Domine, ut videam!” —¡Señor, que vea!… Y se hará el día para tus ojos, y podrás gozar con la luminaria que Él te concederá»7.

1 Lc 18, 35-43. 2 Cfr. San Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, 1, 2, 2. — 3 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 34. — 4 Mc 10, 46-52. — 5San Gregorio Magno, o. c., 1, 2, 3. — 6 Cfr. Ibídem, 1, 2, 4. — 7 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 862.


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