Mons. Berzosa habla sobre Nueva Evangelización. Rímini.

noviembre 4, 2013

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A vueltas con la Evangelización: Año de la Fe

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La nueva evangelización y el Año de la Fe nos prepararon para entender a Francisco

Entrevista al obispo español Raúl Berzosa en el encuentro de Renovación Carismática

Por Rocío Lancho García

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RIMINI, 02 de noviembre de 2013 (Zenit.org) – El obispo de Ciudad Rodrigo, Raúl Berzosa, profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca y miembro de comisiones de Medios de Comunicación Social y de la Junta de Asuntos Jurídicos de la CEE, se encuentra este fin de semana en la ciudad italiana Rímini en el Congreso que la Renovación Carismática está realizando hasta el 3 de noviembre.

En una charla a los integrantes del movimiento ha hablado sobre la misión, programa y paradigma de la Iglesia. A continuación ZENIT le preguntó algunos particulares sobre la nueva evangelización, el Año de la Fe y el papa Francisco.

Este año la Iglesia ha vivido dos momentos importantes, el Año de la Fe con la renuncia de Benedicto XVI  y la elección de Francisco. ¿De qué forma han impulsado la Nueva Evangelización estos dos eventos?

–Ya no se habla tanto de la Nueva Evangelización en teoría sino que ahora hablamos de la nueva evangelización con piernas, con corazón y con manos; que es lo que el papa llama la conversión pastoral.

No hubiera sido posible entender al papa Francisco, en esta dimensión de la conversión pastoral, si antes no hubiéramos estado metidos en la  Nueva Evangelización a nivel de sensibilización y mentalización y por otra parte, sin el Año de la Fe tampoco lo hubiéramos entendido.

Este Año de la Fe nos ha preparado los corazones y las comunidades para recibir esta novedad, en la que esta conversión pastoral se traduce a lo concreto. La Nueva Evangelización es todo lo que dice y todo lo que insinúa el papa Francisco en todo lo que hace.

¿Cómo se han vivido en la Iglesia de España estos últimos meses desde el nombramiento de Francisco?

–Mucha gente por la calle me dice que ya era hora que el papa nos hable en un lenguaje que entendemos. Creo que el terreno estaba abonado ya con el papa Juan Pablo II y Benedicto XVI para que lo que ahora Francisco nos está diciendo calara en el pueblo.

Además, los obispos y todos los agentes de pastoral estamos en esa dinámica de acogida, de traducir a España lo que el papa está diciendo y de ponerlo en práctica. 

Y lo más importante, los obispos españoles vamos a tener la visita Ad Limina entre febrero y marzo y creo que ese va a ser el impulso definitivo para que lo que el papa nos está regalando día a día, que es una maravilla, cuaje de verdad.

Y otro de los temas sobre los que el papa Francisco también está hablando mucho es el de la autorrealización (autorreferencialidad), ¿cree que la Iglesia se había olvidado en estos últimos años de la misión de salir fuera?

–Creo que durante unos años, y vale especialmente para España, nos hemos estado mirando demasiado el ombligo y hemos creado comunidades ‘estufa’ donde decíamos ‘qué calentitos estamos todos, qué bien estamos”.

Pero habíamos perdido la dimensión de la evangelización, del ser misioneros. Es como si nos hubiéramos resignado a decir, ‘los que vienen siempre, los que están en casa son los nuestros y los que están en la periferia, alejados o se fueron por la parte de atrás sin hacer ruido, ya no forman parte de los nuestros.

Creo que el papa ha sido muy oportuno, que nos ha dicho que la Iglesia o es misionera o es nada. La fe es como el agua, si se estanca se pudre y no sirve para nada. La frase de H. U. von Balthasar me parece decisiva “el centro de la Iglesia es la periferia, es la misión”.

– Y ¿cómo evangelizar a aquellos que creen en Dios pero se sienten lejanos o han perdido la fe en la Iglesia?

— Si a la Iglesia sólo se la ve como una organización, una multinacional, pues lógicamente la Iglesia no es nada. Pero si tú te sientes Iglesia y la Iglesia eres tú y vuelves a recuperarte tú como parte de la Iglesia y sobre todo descubres testigos, personas y comunidades que son testimonio de la Iglesia viva; en seguida cambia la imagen.

Esta es la llamada de atención que el papa está haciendo: la Iglesia aunque necesite de una organización, que no se convierta en una organización, sino que sea servidora y testigo vivo de lo mejor que hay en ella, que es Jesucristo.

¿Cómo analizaría la visión de las Iglesia de los últimos papas?

— Hace 50 años, Juan XXIII en Mater et Magistra nos hizo dos preguntas: Iglesia ¿qué dices de ti misma, y qué rostro quieres ofrecer a los hombre y mujeres de hoy?

Viene el papa Pablo VI y nos dice en Evagelii Nuntiandi: ¿Iglesia, qué dices en concreto del hombre y la mujer de hoy y cómo evangelizar al hombre y a la mujer de hoy?

Viene el papa Juan Pablo II y en la Redemptor Hominis dice: Iglesia, ¿qué dices de Jesucristo y cómo abrir el corazón del hombre y la mujer a Jesucristo?

Con Benedicto XVI, se le pregunta a la Iglesia: ¿Qué dices de Dios y cómo hacer amable ese rostro de Dios en este mundo donde han nacido fanatismos, violencia religiosa, formas religiosas no concretas? Dios sigue siendo amor y misericordia, y nos lo dijo en la Deus Caritas est. Y ahora

Francisco nos dice: Iglesia, ¿qué dices de los pobres, de los más necesitados, de aquellos que ni siquiera están en la Iglesia y esperan algo de ella, y cómo ser Iglesia pobre y para los pobres?

En esta labor de evangelización, ¿cómo conjugar el trabajo de los laicos con la de los sacerdotes y religiosos y religiosas sin que se sienta competencia?

— Aterrizamos para explicar esto. En la diócesis o en las parroquias ojalá se formaran equipos apostólicos donde laicos, sacerdotes y religiosos trabajaran al mismo tiempo.

Y ¿cómo hacer para quitar los prejuicios, y las ‘sospechas’ de unos y otros? Esto se logra si en estos equipos apostólicos se reza, se comparte, se vive, se celebra y se trabaja conjuntamente. El roce y la convivencia hacen que los prejuicios desaparezcan.


La Renovación Carismática evangeliza en las plazas durante el Año de la Fe

noviembre 4, 2013

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Evangelizar: Salir equipados con la Palabra de Dios.

Evangelizar: Salir equipados con la Palabra de Dios.

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Diez plazas para 10 mandamientos: una manifestación de Pentecostés

Cumbre de Renovación Carismática en Rimini: Luciana Leone, directora de la iniciativa explica el proyecto y los frutos que ha dado

Por Rocío Lancho García

RIMINI, 03 de noviembre de 2013 (Zenit.org) – El evento 10 plazas para 10 mandamientos promovido por la Renovación Carismática Católica de Italia es realizado en colaboración con el Consejo Pontificio por la Promoción de la Nueva Evangelización, y con el apoyo de la Conferencia Episcopal Italiana, en ocasión del Año de la Fe, proclamado por Benedicto XVI y ahora continuado por Francisco.

Esta iniciativa de nueva evangelización ha querido testimoniar a Dios en las plazas de Italia. Participaron más de 120.000 personas reunidas en las plazas y un millón y medio de personas siguieron el evento por TV2000 en cada ocasión.

Oración, alabanza, cantos, música, danza, personas conocidas y anónimos que dan su testimonio de fe delante de cientos de personas. Un proyecto, explica Luciana Leone, directora editorial Ediciones de la Renovación en Italia, “querido e inspirado por Dios”.

A lo largo de 13 meses, 10 plazas italianas han tenido la ocasión de escuchar y vivir las “palabras de amor” que Dios concede a su pueblo a través de las tablas de la Ley. Roma, Verona, Nápoles, Milán, Bari, Génova, Cagliari, Palermo, Bolonia, Turín y Florencia han sido las ciudades elegidas para acoger este acto de nueva evangelización.

Reunidos en Rímini para el congreso de animadores y responsables de este movimiento, Luciana ha transmitido a los presentes lo que ha supuesto este evento para la evangelización y los frutos que ya se han recogido. “El proyecto mismo de por sí es ya un fruto” ha afirmado.

El gran desafío de este proyecto ha sido alcanzar a todos, “mostrar a todos que los diez mandamientos no son un recinto cerrado” sino que los mandamientos son “caminos de felicidad, de convivencia, de paz interior y exterior”.

Se han dado cita en los escenarios cardenales, obispos, alcaldes, periodistas, músicos, bailarines… Todos ellos para proclamar la Buena Noticia, contar la experiencia de Dios en su vida y meditar el mandamiento que le correspondía a cada plaza.

La nueva evangelización no significa renunciar al modo tradicional de anunciar a Cristo a través del anuncio kerigmático, pero hay que trabajar también nuevos modos, nuevas vías, nuevo lenguaje, nuevas estrategias y nuevos métodos, ha explicado Luciana a los presentes.

Asimismo explica que, no se ha hablado solamente de los mandamientos, “hemos llevado a las plazas el vocabulario de la vida”, comenta la directora editorial. “Hemos dicho cosas antiguas en una forma completamente nueva”, ha añadido.

En el contexto del Año de la Fe, explica Luciana, “sentimos el deseo de realizar un proyecto particular para hacer crecer el sentimiento de fe y no solo dentro de la Renovación sino también fuera. Además ha nacido, y esto quizá sea lo más determinante, en el año en que hemos celebrado los 40 años de la Renovación”, y es por eso “que en ocasiones como la celebración de un jubileo se siente aún más la necesidad de explicitar un fruto maduro, tanto desde el punto de vista eclesial como social”.

“El alma orante de la Renovación debe encontrar una manifestación en la sociedad, en lo que nosotros llamamos la cultura de pentecostés; es decir la respiración del pentecostés en todos los ambientes: universidad, trabajo, hospitales…” Y subraya que “el proyecto de 10 plazas para 10 mandamientos es una manifestación visible de este pensamiento”.

Una de las ideas era demostrar que los mandamientos pueden ser un espacio de valores en los que entran todos, creyentes y no creyentes. Benedicto XVI, en el videomensaje que grabó para este proyecto, dijo que los mandamientos “son vías de felicidad” y por su parte el Papa Francisco, también en un videomensaje, señalaba que los mandamientos no son un “no”, prohibiciones o imposiciones sino grandes oportunidades. Y estas dos claves son las que han querido llevar desde la Renovación Carismática a las plazas.

Dentro de este gran caleidoscopio se ha buscado vivir los mandamientos de una forma nueva, y amplia, interpretándolos en una dimensión de 360 grados. Por ejemplo, se puede hablar de lo que se desecha o se tira en el mandamiento de no robar, porque lo que yo tiro, en parte es como si se lo robara a otro, explica Luciana.

“Ya en la plaza recibíamos una respuesta extraordinaria por parte de los asistentes porque al elegir la modalidad del espectáculo, cantantes famosos, bailarines… esto ha ayudado a atraer también a los más alejados de la fe”, recuerda la responsable del evento.

El filósofo ateo Norberto Bobbio al comentar su manifiesto para apoyar el aborto dijo “no podemos dejar a los católicos el privilegio de defender la vida”; a Luciana le gusta mencionar a este pensador y esta idea se relaciona mucho con lo que ha sucedido con el mundo laico que ha acudido a las plazas.

Los alejados y los ateos han quedado impactados especialmente por dos cosas en esta iniciativa. Por un lado, el hecho de que es necesario volver a debatir sobre valores, debatir con una mente y un corazón más abierto e interrogarse más.

Un segundo feedback que se ha notado por parte de los asistentes ateos es que han valorado el hecho de que se ha dado espacio no solo a los que estaban de “nuestra parte, sino que hemos dado voz a todos, llegando a una convergencia en el debate en temas importantes”, indica.

Han recibido mucha respuesta también incluso de otros países, gracias a la retransmisión televisiva de TV2000. Así, han recibido solicitudes de llevar este proyecto a otros lugares, en particular de América Latina. Ahora, afirma Luciana, “nos planteamos cómo continuar, porque es un patrimonio extraordinario”.

Un fruto inmediato de esta iniciativa puede ser el manifiesto final. A cada mandamiento se ha asociado una categoría social (profesores, obreros, emprendedores….) y se ha pedido a cada una de estas categorías asumir el compromiso de vivir y practicar el contenido del mandamiento, con todas las declinaciones que se han trabajado, dentro de su sector de pertenencia.

Se está entregando este manifiesto, que incluye una suscripción y están pidiendo a todas las asociaciones, movimientos, instituciones… que firmen el documento. La idea es recoger muchas suscripciones y poder llevarlas al debate político y cultural.

Los frutos son ya palpables después de 13 meses de trabajo y oración: sacerdotes que están pidiendo iniciar grupos de Renovación en sus parroquias, televisiones y radios locales que ofrecen a la Renovación un espacio para hablar del evangelio o diócesis que quieren organizar evangelización en la calle.

Son solo algunos de los ejemplos reales de los que esta iniciativa de Nueva Evangelización ha sembrado en Italia.


El maná de cada día, 4.11.13

noviembre 4, 2013

Lunes de la 31ª semana del Tiempo Ordinario

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Compartir generosamente todo lo que Dios nos da



PRIMERA LECTURA: Romanos 11,29-36

Los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Vosotros (judíos), en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos (paganos), habéis obtenido misericordia.

Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia.

Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos. ¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!

¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén.



SALMO 68,30-31.33-34.36-37

Que me escuche, Señor, tu gran bondad.

Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias.

Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos.

El Señor salvará a Sión, reconstruirá las ciudades de Judá, y las habitarán en posesión. La estirpe de sus siervos la heredará,los que aman su nombre vivirán en ella.

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Aclamación antes del Evangelio: Jn 8, 31b-32

Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos y conoceréis la verdad -dice el Señor.


EVANGELIO: Lucas 14,12-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a uno de los principales fariseos que lo había invitado:

«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

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SIN ESPERAR NADA EGOÍSTAMENTE

– Dar y darnos aunque no veamos fruto ni correspondencia.

– El premio a la generosidad.

– Dar con alegría. Poner al servicio de los demás los talentos recibidos.

I. Jesús había sido invitado a comer por uno de los fariseos importantes del lugar1 y, una vez más, utiliza la imagen del banquete para transmitirnos una enseñanza importante sobre aquello que hemos de hacer por los demás y el modo de llevarlo a cabo.

Dirigiéndose al que le había invitado, dijo el Señor: Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos, no sea que también ellos te devuelvan la invitación y te sirva de recompensa.

Por el contrario, indica Jesús enseguida a quiénes se ha de invitar: a los pobres, a los tullidos y cojos, a los ciegos… Y da la razón de esta elección: serás bienaventurado, porque no tienen para corresponderte; se te recompensará en la resurrección de los justos2.

Los amigos, los parientes, los vecinos ricos se verán obligados por nuestra invitación a corresponder con otra, al menos de la misma categoría o mejor aún. Lo invertido en la cena ha dado ya su fruto inmediato. Esto puede ser una obra humana recta, incluso muy buena si hay rectitud de intención y los fines son nobles (amistad, apostolado, aunar lazos familiares…), pero, en sí misma, poco se diferencia de lo que pueden hacer los paganos.

Es manera humana de obrar: Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes los aman. Y si hacéis el bien a quienes os hacen el bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores hacen lo mismo…3, dirá el Señor en otra ocasión.

La caridad del cristiano va más lejos, pues incluye y sobrepasa a la vez el plano de lo natural, de lo meramente humano: da por amor al Señor, y sin esperar nada a cambio. Los pobres, los mutilados… nada pueden devolver pues nada tienen.

Entonces es fácil ver a Cristo en los demás. La imagen del banquete no se reduce exclusivamente a los bienes materiales; es imagen de todo lo que el hombre puede ofrecer a otros: aprecio, alegría, optimismo, compañía, atención…

Se cuenta en la vida de San Martín que estando el Santo en sueños le pareció ver a Cristo vestido con la mitad de la capa de oficial romano que poco tiempo antes había dado a un pobre. Miró atentamente al Señor y reconoció su ropa. Al mismo tiempo oyó que Jesús, con voz que nunca olvidaría, decía a los ángeles que le acompañaban: «Martín, que solo es catecúmeno, me ha cubierto con este vestido». Y enseguida, el Santo recordó otras palabras de Jesús: Cuantas veces hicisteis eso a uno de mis hermanos más pequeños, a Mí me lo hicisteis4. Esta visión llenó de aliento y de paz a Martín, y recibió enseguida el Bautismo5.

No debemos hacer el bien esperando en esta vida una recompensa, ni un fruto inmediato. Aquí debemos ser generosos (en el apostolado, en la limosna, en obras de misericordia) sin esperar recibir nada por ello. La caridad no busca nada, la caridad no es ambiciosa6.

Dar, sembrar, darnos aunque no veamos fruto, ni correspondencia, ni agradecimiento, ni beneficio personal aparente alguno. El Señor nos enseña en esta parábola a dar liberalmente, sin calcular retribución alguna. Ya la tendremos con abundancia.

II. Nada se pierde de lo que llevamos a cabo en beneficio de los demás. El dar ensancha el corazón y lo hace joven, y aumenta su capacidad de amar. El egoísmo empequeñece, limita el propio horizonte y lo hace pobre y corto.

Por el contrario, cuanto más damos, más se enriquece el alma. A veces no veremos los frutos, ni cosecharemos agradecimiento humano alguno; nos bastará saber que el mismo Cristo es el objeto de nuestra generosidad. Nada se pierde.

«Vosotros –comenta San Agustín– no veis ahora la importancia del bien que hacéis; tampoco el labriego, al sembrar, tiene delante las mieses; pero confía en la tierra. ¿Por qué no confías tú en Dios? Llegará un día que será el de nuestra cosecha. Imagínate que nos hallamos ahora en las faenas de labranza; mas labramos para recoger después según aquello de la Escritura: Iban andando y lloraban, arrojando sus simientes; cuando vuelvan, volverán con regocijo, trayendo sus gavillas (Sal 125)»7.

La caridad no se desanima si no ve resultados inmediatos; sabe esperar, es paciente.

La generosidad abre cauce a la necesidad vital del hombre de dar. El corazón que no sabe aportar un bien a los que le rodean, a la sociedad misma, se incapacita, envejece y muere. Cuando damos se alegra el corazón, y estamos en condiciones de comprender mejor al Señor, que dio su vida en rescate por todos8.

Cuando San Pablo agradece a los filipenses la ayuda que le han prestado, les enseña que está contento no tanto por el beneficio que él ha recibido sino, sobre todo, por el fruto que las limosnas les reportará a ellos mismos: para que aumenten los intereses en vuestra cuenta9, les dice.

Por eso San León Magno recomienda «que quien distribuye limosnas lo haga con despreocupación y alegría, ya que, cuanto menos se reserve para sí, mayor será la ganancia que obtendrá»10.

San Pablo también alentaba a los primeros cristianos a vivir la generosidad con gozo, pues Dios ama al que da con alegría11. A nadie –mucho menos al Señor– pueden serle gratos un servicio o una limosna hechos de mala gana o con tristeza: «Si das el pan triste –comenta San Agustín– el pan y el premio perdiste»12.

En cambio, el Señor se entusiasma ante la entrega de quien da y se da por amor, con espontaneidad, sin cálculos… con alegría.

III. Es mucho lo que podemos dar a otros y cooperar en obras de asistencia a los necesitados de lo más imprescindible, de formación, de cultura… Podemos dar bienes económicos –aunque sean pocos si es poco de lo que disponemos–, tiempo, compañía, cordialidad…

Se trata de poner al servicio de los demás los talentos que hemos recibido del Señor. «He aquí una tarea urgente: remover la conciencia de creyentes y no creyentes –hacer una leva de hombres de buena voluntad–, con el fin de que cooperen y faciliten los instrumentos materiales necesarios para trabajar con las almas»13.

El Evangelio de la Misa nos enseña que la mejor recompensa de la generosidad en la tierra es haber dado. Ahí termina todo. Nada debemos recordar luego a los demás; nada debe ser exigido.

De ordinario, es mejor que los padres no recuerden a los hijos lo mucho que hicieron por ellos; ni la mujer al marido las mil ayudas que en momentos difíciles supo prestarle, los desvelos, la paciencia…; ni el marido a la mujer su trabajo intenso para sacar la casa adelante… Queda todo mejor en la presencia de Dios y anotado en la historia personal de cada uno.

Es preferible, y más grato al Señor, no pasar factura por aquello que hicimos con alegría, sin ánimo alguno de ser recompensados, con generosidad plena. Incluso, aceptar que las buenas acciones que pretendemos llevar a cabo sean alguna vez mal interpretadas.

«Vi rubor en el rostro de aquel hombre sencillo, y casi lágrimas en sus ojos: prestaba generosamente su colaboración en buenas obras, con el dinero honrado que él mismo ganaba, y supo que “los buenos” motejaban de bastardas sus acciones.

»Con ingenuidad de neófito en estas peleas de Dios, musitaba: “¡ven que me sacrifico… y aún me sacrifican!”

»—Le hablé despacio: besó mi Crucifijo, y su natural indignación se trocó en paz y gozo»14.

Nos dice el Señor que debemos comprender a los demás, aunque ellos no nos comprendan (quizá no puedan en ese momento, como los menesterosos invitados al banquete, que no podían responder con otra invitación). Y querer a las gentes, aunque nos ignoren, y prestar muchos pequeños servicios, aunque en circunstancias similares nos los nieguen.

Y hacer la vida amable a quienes nos rodean, aunque alguna vez nos parezca que no somos correspondidos… Y todo con corazón grande, sin llevar una contabilidad de cada favor prestado. Cuando se oyen los lamentos y quejas de algunos que pasaron por la vida –dicen– dando y entregándose sin recibir luego las mismas atenciones, se puede sospechar que algo esencial faltó en esa entrega, quizá la rectitud de intención.

Porque el dar no puede causar quebranto ni fatiga, sino íntimo gozo y notar que el corazón se hace más grande y que Dios está contento con lo que hemos hecho. «Cuanto más generoso seas, por Dios, serás más feliz»15.

Nuestra Madre Santa María, que con su fiat entregó su ser y su vida al Señor y a nosotros sus hijos, nos ayudará a no reservarnos nada, y a ser generosos en las mil pequeñas oportunidades que se nos presentan cada día.

1 Cfr. Lc 14, 1. — 2 Lc 14, 12-14. — 3 Lc 6, 32. — 4 Mt 25, 40. — 5 Cfr. P. Croiset, Año cristiano, Madrid 1846, vol IV, pp. 82-83. — 6 1 Cor13, 5. — 7 San Agustín, Sermón 102, 5. — 8 Cfr. Mt 20, 28. — 9 Flp 4, 17. — 10 San León Magno, Sermón 10 sobre la Cuaresma. — 11 2 Cor9, 7. — 12 San Agustín, Comentarios a los Salmos, 42, 8. — 13 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 24. — 14 Ibídem, n. 28. — 15 Ibídem, n. 18.

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