El maná de cada día, 27.8.13

Fiesta de Santa Mónica, madre de san Agustín



¡Felicidades a todas las Madres del mundo, en especial a las Madres Cristianas Santa Mónica o “Madres Mónicas”! Las felicito efusivamente porque Dios las ama de una manera tan particular y preferente. Las ha llamado para que encarnen su ternura y misericordia en el mundo y en la Iglesia. Ustedes son sacramento del amor de Dios, en el seguimiento de Jesús y en la imitación de la Virgen María y de Santa Mónica. No las merecemos, pero las necesitamos. Feliz día. Con estima personal.

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Mónica nació en Tagaste, actual Souk Ahras, Argelia, en el año 331 o en el 332, en una familia cristiana de buena condición social.

Era todavía una adolescente cuando fue dada como esposa a Patricio, quien aún no había recibido el bautismo.

Ganó para Cristo a su marido y después consiguió la conversión de Agustín, “el hijo de tantas lágrimas”. Con inmenso gozo asistió a su bautismo en la Pascua del año 387, en Milán.

Cuando regresaba a  África con Agustín y sus amigos, murió en Ostia Tiberina, a las puertas de Roma, en el otoño del año 387, antes del 13 de noviembre. Tenía 55 años.

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HIMNO

Escuela de domésticas virtudes, que los deberes del hogar exigen,

Mónica, eres ejemplo que nos muestra cómo se alcanza santidad sublime.

Esposa que en servicio de su casa se consagra al amor de su marido;

la madre, que no tiene otro tesoro que modelar el corazón del hijo.

¡Ah! La madre que llora, que trabaja, que rehúsa descanso a sus fatigas,

porque comprende que en los hijos tiene el profundo sentido de su vida.

Dios hizo de las madres un misterio de amor y de esperanza y de ternura,

y al perfumar con ellas nuestra historia, dejó en el mundo una sonrisa suya.

Camino de humildad es el secreto de las almas que aspiran a ser grandes,

¡Oh, Mónica, es así como consigues ser modelo de esposas y de madres!

(El subrayado es mío)

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Oración colecta eclesial

Oh Dios, consuelo de los que lloran, que acogiste piadosamente las lágrimas de santa Mónica impetrando la conversión de su hijo Agustín, concédenos, por intercesión de madre e hijo, la gracia de llorar nuestros pecados y alcanzar tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración colecta agustiniana

Señor, Dios nuestro, misericordia de los que en ti esperan, que adornaste a tu sierva Mónica con el don inestimable de ganar para ti, por su oración y ejemplo, a su esposo e hijos, concédenos, por su intercesión, ser mensajeros de tu amor para con nosotros y llevar a ti los corazones de los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 26, 1-4.13-16

Dichoso el marido de una mujer buena; se doblarán los años de su vida.

La mujer hacendosa hace prosperar al marido, él cumplirá sus días en paz.

Mujer buena es buen partido que recibe el que teme al Señor; sea rico o pobre, estará contento y tendrá cara alegre en toda sazón.

Mujer hermosa deleita al marido, mujer prudente lo robustece; mujer discreta es don del Señor: no se paga un ánimo instruido; mujer modesta duplica su encanto: no hay belleza que pague un ánimo casto.

El sol brilla en el cielo del Señor, la mujer bella, en su casa bien arreglada.


SALMO 130, 1.2.3

Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad.

Sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor ahora y por siempre.


EVANGELIO: Lucas 7, 11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.

Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:

-«No llores.»

Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:

-«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!»

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.

Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:

-«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.»

La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.


Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por las vocaciones a la vida contemplativa, sobre todo entre las monjas agustinas recoletoas, y por la fidelidad de cuantas viven este santo propósito por amor a Dios. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

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PREFACIO DE LA MISA DE SANTA MÓNICA, Misal agustiniano

En verdad es justo y necesario darte gracias, Señor Padre Santo:

En la festividad de santa Mónica, es necesario celebrar tus dones en ella, pues , vivificada en Cristo, vivió de tal manera que fuese alabado tu nombre en su fe y en sus costumbres, y en su corazón se sintiese tu presencia.

Ganó a su marido para ti al final de sus días. Formó a los hijos, dándolos a luz tantas veces cuantas veía que se desviaban de ti; ante sus lágrimas, diarias y sinceras, le concediste que su hijo Agustín no pereciese.

Por eso, Señor, con todos los ángeles te alabamos diciendo con humilde fe: Santo, Santo, Santo es el Señor…

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Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
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ALCANCEMOS LA SABIDURÍA ETERNA
Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo

Cuando ya se acercaba el día de su muerte –día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos–, sucedió, por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos.

Hablábamos, pues, los dos solos, muy dulcemente y, olvidando lo que queda atrás y lanzándonos hacia lo que veíamos por delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar.

Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti.

Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que, cuando hablábamos aquel día de estas cosas –y mientras hablábamos íbamos encontrando despreciable este mundo con todos sus placeres–, ella dijo:

«Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara ¬por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?»

No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero, al cabo de cinco días o poco más, cayó en cama con fiebre. Y, estando así enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo.

Nosotros acudimos corriendo, mas pronto recobró el conocimiento, nos miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación:

«¿Dónde estaba?»

Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo:

«Enterrad aquí a vuestra madre».

Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó y, con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y, mirándome a mí, dijo:

«Mira lo que dice».

Luego, dirigiéndose a ambos, añadió:

«Sepultad este cuerpo en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lu¬gar donde estéis».

Habiendo manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba.

Nueve días después, a la edad de cincuenta y seis años, cuando yo tenía treinta y tres, salió de este mundo aquella alma piadosa y bendita.

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NOTA.- Es muy probable que muchas madres devotas, sobre todo durante los días de la novena a santa Mónica, hayan experimentado alguna gracia especial de Dios concedida a ellas personalmente o bien a sus esposos o hijos.

Con esta nota quiero invitarlas a dar testimonio, en su ámbito familiar o comunitario, de esos favores divinos para que muchas personas den gracias a Dios por santa Mónica, y muchos hogares sean bendecidos. Les agradezco por anticipado.

Que Dios siga estando con ustedes, gracias al favor de santa Mónica. Amén.

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7 Responses to El maná de cada día, 27.8.13

  1. FRANCISCO JOSÉ AUDIJE PACHECO dice:

    En el último siglo, el movimiento de liberación femenina, ha conseguido hacer justicia sobre el papel de la mujer en la sociedad, en algunas partes del mundo. Así, hemos podido comprobar que la mujer es capaz de desenvolverse con gran competencia, casi en las mismas tareas que el hombre venía realizando tradicionalmente, y que el hombre también es capaz de desenvolverse con parecida competencia, en las tareas domésticas, tradicionalmente adjudicadas a la mujer. Sin embargo, da la impresión que este movimiento que lucha por los derechos de la mujer, quiere conseguir la igualdad con el hombre en todo, absolutamente en todo, y, aunque sea justo que la mujer logre realizarse en todas sus potencialidades, igual que el hombre, hay que saber aceptar que el hombre y la mujer no son iguales. No es que la mujer sea inferior al hombre, no, es que posee unas facultades distintas a las del hombre en algunos aspectos. Básicamente, esta diferencia con respecto al hombre, proviene de su papel reproductor, de su capacidad para ser madre. El hombre puede ser padre, pero el padre tiene una capacidad distinta, con respecto a la madre. Esta diferencia de capacidades, que es complementaria, se hace notar sobre todo en cuanto a la educación de los hijos. Las madres tienen una sensibilidad especial. Lo podemos comprobar fácilmente si vamos a una iglesia, siempre llenas de mujeres asistiendo al culto. Siempre ha dado la sensación de que las mujeres están más cerca de Dios, que el hombre. En mi caso particular, fue mi abuela la que me enseñó las primeras nociones que tuve sobre Dios, fue ella la que me acercó al Señor en mis primeros años de vida. Sigo conservando un gran recuerdo y cariño, hacia mi catequista de primera comunión, que fue una mujer, cuyas enseñanzas afianzaron y fortalecieron mi fe. Las lágrimas fáciles de las mujeres, como las de Santa Mónica, no son debidas a su debilidad, sino que se deben a la fortaleza de esa sensibilidad especial, mucho más difícil de encontrar en el hombre. Si un hijo muere o tiene algún percance, las que más sufren son las madres. Por eso Jesús, en el Evangelio que hemos leído, se apiada del intenso sufrimiento que capta en la madre, y le devuelve a su hijo fallecido. Lo mismo ocurrió con Santa Mónica. Su sufrimiento era tal, por haberse perdido su hijo Agustín, por estar muerto a la fe católica, que el Señor se apiadó de ella, y, no solo resucitó a Agustín al catolicismo, sino que lo convirtió en un santo clave dentro de nuestra religión.

  2. Norma Amarilla dice:

    Muchas Gracias!!!!!! Padre Ismael y hago extensivo mi saludo a todas las Madres Monicas del mundo. Norma – Buenos Aires – Argentina

    ________________________________

  3. Anónimo dice:

    GRACIAS A DIOS P. ISAMAEL, EN COMUNIÒN, POR SANTA MÒNICA QUE SUPO GUIAR A SU HIJO “HASTA VERLO CONVERTIDO A LA FE”. HOY, NOS UNIMOS EN EL ALTAR DEL SEÑOR PARA, PEDIR SU INTERCESIÒN POR TODAS LAS MADRES EN EL MUNDO, POR NUESTROS HIJOS Y FAMILIAS CRISTIANAS.
    -SEGURO ENVIAREMOS RICOS TESTIMONIOS
    UN ABRAZO Y GRACIAS,POR ANIMARNOS A SEGUIR…POR
    TANTA DEDICACIÒN Y CARIÑO P. ISMAEL DESDE LIMA, PERU. COMUNIDAD DE SANTA RITA

  4. Graciela Mercedes Babaglio dice:

    Estimado padre Ismael:
    hermoso el subrayado que ha hecho a continuación del Himno…!
    Gracias por eso , en nombre de todo el grupo de madres de City Bell y muy especialmente de mi parte…
    Gracias por acompañarnos permanentemnte con tanta generosidad ; nos separan muchos kilómetros, pero sus palabras llegan siempre muy oportunas y tocan los corazones de una manera especial. Dios lo bendiga , padre!!!!
    Un fuerte abrazo.
    Graciela.

  5. ismaelojeda dice:

    Gracias, a ti, Graciela, por tu comentario, por el aprecio y por promover las madres mónicas en esa comunidad. Me alegra mucho en el Señor. Ya que él es el que da incremento. Por mi parte, siempre reconocido a vosotras y al Señor, claro está. Me encomiendo a tus oraciones. Saludos a las madres mónicas, que quieren vivir de acuerdo con los ejemplos admirables que os ha dejado Santa Mónica como esposa y madre. Un abrazo y hasta pronto, p. Ismael

  6. ismaelojeda dice:

    Muchas gracias a ti y a la comunidad de Santa Rita por ese apostolado con las madres mónicas. Pido al Señor que en estos días puedan vivir de cerca la fuerza de los ejemplos de Santa Rita. Un abrazo, p. Ismael

  7. ismaelojeda dice:

    Gracias, Norma, por tu comentario y por tu testimonio cristiano. Me alegra mucho que en estos días se sientan especialmente sostenidas y estimuladas por los ejemplos admirables de Santa Mónica. Un abrazo y que Dios me la bendiga, p. Ismael

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