«El cristianismo a fondo es escándalo», afirma el «ministro de Ciencia» del Vaticano en Santander

agosto 11, 2013

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Mons. Marcelo Sánchez Sorondo

Mons. Marcelo Sánchez Sorondo

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El Canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias, el obispo argentino Marcelo Sánchez Sorondo, es informalmente considerado el “ministro de ciencia” del Vaticano.

Ha visitado Santander para participar en una reflexión sobre Nueva Evangelización en el marco de los cursos de verano que la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”.

Salir a la calle

“Lo que quiere el Papa es que la Iglesia se implique y salga a la calle”. “Al tiempo que también salga de la mundanidad, la instalación, la comodidad y el clericalismo”, ha añadido este obispo argentino, ante los asistentes al curso en el Seminario Monte Corbán de Santander.

El prelado ha afirmado que “hay un gran culto al dinero, que excluye a los ancianos y los jóvenes. El Papa quiere cambiar esto”, ha expresado.

Asimismo, ha declarado que el Santo Padre quiere que “se viva a fondo el Evangelio”.

“El Evangelio vivido a fondo es siempre un poco escándalo”, Monseñor Sánchez Sorondo ha señalado que el Papa con tantos signos “ha cambiado la forma de ser Obispo de Roma” y muchos de sus gestos han causado “escándalo positivo”.

Algo que el propio Santo Padre dijo recientemente en la Jornada Mundial de la Juventud en Río, cuando animó a los jóvenes a que “hagan lío, que hagan escándalo”, ha declarado.

Dios hecho hombre, es, en sí, un escándalo

Al respecto, el prelado ha subrayado que “está, ante todo, el escándalo de Cristo mismo, que es el Hijo de Dios hecho hombre, que también de por sí es un escándalo”.

En este sentido, el Canciller de la Pontificia Academia ha recordado que el Papa quiere que “demos testimonio del Evangelio, algo que parece nuevo, pero se trata de volver al Evangelio ‘sin glosa’ (sin comentarios), como decía San Francisco”.

Igualmente, Monseñor Sánchez Sorondo ha manifestado durante su ponencia que el mensaje del Papa Francisco es “leer las Bienaventuranzas y practicar Mateo, 25”, en referencia al pasaje del Evangelio en el que Cristo señala cómo juzgará a los hombres: “Lo que hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”.

No es una doctrina, es nueva práctica

De esta forma, el obispo bonaerense se ha referido a que más que una “nueva doctrina, es una nueva práctica”.

Así, ha citado al filósofo y teólogo Søren Kierkegaard “cuando dice que es fácil explicar qué es la esencia del cristianismo, de lo que podemos entender en el umbral de los misterios, lo que es difícil es practicarlo, porque se trata de hacer la caridad al prójimo -‘amar al prójimo como a uno mismo’-, y ya es difícil amarse uno mismo; amar al prójimo también es difícil. Esa es la novedad”.

Asimismo, Monseñor Sánchez Sorondo ha animado a “vivir la caridad profundamente” y a “ponerlo en práctica con signos evidentes, como también el signo de la pobreza funcional para el bien del prójimo y la obediencia a Dios”.

En su opinión, se trata de un “problema de ejercicio”. En este sentido, ha matizado que “no en vano el Papa es hijo de San Ignacio, que inventó los ejercicios”. “Lo que nos está faltando es el ejercicio espiritual. La teoría la sabemos, pero el ejercicio hay que ponerlo en práctica”, ha añadido.

Recuerdos de la JMJ de Río

Preguntado por cómo ha venido el Papa de la Jornada Mundial de la Juventud, el prelado ha destacado que Su Santidad ha venido “muy contento” y “muy emocionado” del encuentro de Brasil, que reunió a más de tres millones de jóvenes.

De hecho, Monseñor Sánchez Sorondo ha recordado que un momento muy emotivo para Francisco fue el visitar a la Virgen de Aparecida, “donde se firmó la doctrina que tiene muy presente” en una Jornada celebrada en 2005. “Allí le ofreció a la Virgen su pontificado, donde lloró y dijo que no le quiten el don de lágrimas, que es también muy de San Ignacio.

Finalmente, el Canciller de la Pontifica Academia de las Ciencias se ha congratulado por los signos del Papa Francisco y de las comparaciones con Juan Pablo II, Juan XXIII o San Francisco. “Esto va a ser permanente, porque cuando hay un buen párroco, cada vez lo aman más”.

“Hay nuevas conversiones, por ejemplo, en Buenos Aires va muchísima gente a confesar porque el Papa habla de la ternura de Dios y mucha gente vuelve a los sacramentos”, ha asegurado.

“¡Mirad cómo se aman!”

Otro importante conferenciante de la jornada fue el Vicerrector de Profesorado de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”, el doctor José Ignacio Prats.

“La comunidad cristiana, con sus diferentes formas de vida, que vive con radicalidad el evangelio, hace frente así a la pobreza material; como dice S. Juan, ‘Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?’ (1ª Jn 3, 17)”.

Por ello, el profesor Prats ha asegurado que “debe resonar entre nuestros contemporáneos el grito de admiración que provocaba la primitiva iglesia en los paganos: ¡Mirad cómo se aman! Es la hora de que el ilustrado “¡atrévete a pensar!” (sapere aude) sea integrado en el “¡atrévete a amar”! (amare aude)”.

Pobres y nueva evangelización

Este pedagogo y Doctor en Psicología ha intervenido en el curso de pensamiento cristiano “Nuevos signos, nueva evangelización: el evangelio y los pobres”, que celebra la Universidad Católica de Valencia.

Se ha referido a tres pobrezas: “la que se da en relación al dinero, la que dimana del  neopaganismo contemporáneo y la pobreza por falta de palabra” para tratar de mostrar cómo sacerdotes, religiosos y laicos responden a ellas.

Respecto de la pobreza material, el Dr. Prats ha subrayado, en alusión a una enseñanza de San Clemente, que “cuando Cristo dice vende todo lo que tienes no manda desechar nuestra hacienda, sino expulsar del alma lo relativo a las riquezas, la desenfrenada codicia, la apetencia y locura por ellas”.

“No quiere que seamos pobres materialmente sino libres, desnudar el alma misma y arrancar de raíz las pasiones que en ella subyacen”, ha añadido.

En este sentido, el profesor ha animado a los participantes en el curso de verano a “practicar esta ‘pedagogía del despojamiento’, no ya para ser cristiano sino hasta para vivir adecuadamente nuestra existencia, que es también un camino de dejación”.

Soledad, la pobreza del neopagano

En segundo lugar, el ponente se ha referido a la soledad como a una pobreza del hombre neopagano.

“El hombre contemporáneo se ha quedado solo, obligado a re-crearse a sí mismo para ir a ninguna parte. Ésta es su gran indigencia, ha quedado a la intemperie con el propio yo como última referencia”, ha asegurado.

“Las personas –como afirma Dostoievsky- han llegado a un nivel en que todo lo que miente y vuelve a mentir la mente humana les es muchísimo más creíble que la verdad”, ha añadido.

Sin embargo, tal y como ha considerado el profesor Prats, “esta indigencia en que se encuentran los hombres de hoy les convierte en personas sedientas de amor y de verdad y, de forma paradójica, ingenuamente abiertas y especialmente necesitadas”.

Por todo ello, ha citado al Papa Francisco, quien en su Carta Encíclica Lumen Fidei escribe que “cuando el hombre piensa que, alejándose de Dios, se encontrará a sí mismo, su existencia fracasa. La salvación comienza con la apertura a algo que nos precede, a un don originario que afirma la vida y protege la existencia”.

Palabras ambiguas y vacías

En tercer lugar, el Vicerrector de Profesorado, ha realizado una alusión a la pobreza provocada por falta de palabra, ya que ésta “descubre la realidad y des-vela su sentido”.

“Hoy las palabras son, a menudo, ambiguas, vacías de contenido, privadas de verdad, convertidas en meras etiquetas retóricas”, ha expresado.

De hecho, “la mayor conectividad entre las personas parece guardar relación inversa con la comunicación franca y sincera; nos resulta difícil entendernos. La pérdida de la comunión interpersonal nos aboca a otra pobreza: la confusión del lenguaje.

Finalmente, este experto se ha referido a la misión de los cristianos ante estas situaciones, y ha señalado, al respecto, que “la Iglesia es esencialmente misterio de comunión” y, por tanto, “hay una exigencia intrínseca, restablecer la relación, el diálogo, procurar la apertura necesaria allí donde la indiferencia, la incomprensión o el odio han cerrado las entrañas y los hombres ya no tienen misericordia”.

“La comunión abre a los hombres una perspectiva de futuro, liberándolos de otra pobreza mayor, de la soledad y del solipsismo del presente, y establece, frente a la otra pobreza, la incomunicación, un diálogo franco y sin temor, una palabra verdadera que nace de la Palabra”, ha expresado.


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