Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo

julio 25, 2013

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Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo

Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo

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Oración para pedir que se haga la voluntad de Dios

24 Julio 2013

P. Evaristo Sada, L.C. (Admin.)

Cuando digo una oración de memoria, me sucede a veces que ya no pongo atención en lo que digo. Una forma que a mí me ayuda para superar la rutina es decirle lo mismo a Dios pero con palabras espontáneas. Por eso a veces rezo las oraciones más comunes con mis propias palabras y me ayuda mucho a renovar el sentido de cada frase, para luego pronunciar las mismas palabras con mayor sinceridad y hondura. 

En artículos anteriores he venido sugiriendo cómo rezar mejor el Padre Nuestro. Paso a la siguiente frase: “Hágase Tu Voluntad en la tierra como en el cielo”. Y lo haré como sugiero arriba: diciendo lo mismo con palabras espontáneas.

Padre Bueno, Tú siempre buscas mi bien y sólo mi bien.
Tú quieres mi salvación eterna.
Me hiciste para vivir en intimidad contigo en el tiempo y en la eternidad.
¡Qué más puedo desear! ¡Gracias, Padre! 

No me impones un destino, me hiciste libre y quieres que yo elija.
Pero a veces preferiría no tener que elegir; temo equivocarme.
Tú conoces mi debilidad, tú sabes cómo a veces me confundo, se me nubla la mente y no sé qué camino tomar.

No siempre es fácil saber qué es lo que tú quieres, qué es lo que más me conviene.
No quiero contristarte, no quiero hacer daño a las personas.
Sólo quiero agradarte, hacer el bien y alcanzar la vida eterna.
Quiero obedecerte porque quiero agradarte.

Quiero lo que Tú quieras porque te quiero.
Y si hago lo que tú quieres me irá siempre bien.
Quien hace tu Voluntad se salva.
Padre Nuestro, hágase tu voluntad.

Tú amas a los que cumplen tus mandamientos:
“Quien hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana.” (Mt 12, 49-50)

Tu Voluntad es que cumpla tus mandamientos.
Se dice fácil, pero en las circunstancias concretas de la vida,
no es tan sencillo y no siempre sé cuál es tu voluntad.
Cuando tengo delante el bien y el mal, es fácil distinguir, pero a veces tengo que elegir entre dos bienes.

Por eso ahora, como Jesús en Getsemaní, me abandono en tus brazos con absoluta confianza y te digo: “No se haga mi voluntad sino la tuya” (Lc 22,42)
Que se haga tu voluntad en mí.
Me guste o no me guste, sé que obedecerte será lo mejor para mí.
Padre Santo, hágase tu voluntad.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
“Que en la tierra reine la paz como en el cielo.” (San Ambrosio)

¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles,
los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes
apenas oyen la voz de su palabra!
¡Bendigan al Señor, todos sus ejércitos,
sus servidores, los que cumplen su voluntad! (Sal 102,20-21)

Así como los ángeles te obedecen, que así también yo lo haga.
Que así como ellos ven con claridad el modo de agradarte,
como ellos hacen el bien sin que ninguna miseria les desvíe,
que así también yo te obedezca y te bendiga.

Padre Nuestro, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.- Amén.

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http://www.la-oracion.com/47-blog/icomo-trato-con-dios/634-oracion-para-pedir-que-se-haga-la-voluntad-de-dios.html#.UfFSKKxywwq

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El contenido de este artículo puede reproducirse total o parcialmente en internet, sin fines comerciales y citando siempre al autor y la fuente de la siguiente manera: Autor: P. Evaristo Sada, L.C.; publicado originalmente en: http://www.la-oracion.com

 


Abrazar, abrazar. Todos hemos de aprender a abrazar a los necesitados.

julio 25, 2013

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Tragedia de Santiago de Compostole

Tragedia de Santiago de Compostola

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Las palabras y los gestos del Papa Francisco en Brasil se prolongan hasta nosotros, hasta las personas afectadas por la tragedia de Santiago:  “Abrazar, abrazar. Todos hemos de aprender a abrazar al necesitado”.

Acogemos con agradecimiento sus palabras que reproducimos a continuación.

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Papa Francisco: “Tendamos la mano a quien se encuentra en dificultad”

Palabras urgentes del Papa durante visita al Hospital São Francisco de Assi­s

Por Francisco Papa

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RíO DE JANEIRO, 24 de julio de 2013 (Zenit.org) – De retorno a Río de Janeiro, después de haber presidido la concelebración eucarística en el Santuario de Aparecida, el Papa Francisco llegó de visita al Hospital “São Francisco de Assis na Providência de Deus – V.O.T. (Venerable Orden Terciaria)”, una estructura sanitaria para la recuperación de los dependientes del alcohol y las drogas, así como para la asistencia médico-quirúrgica de indigentes.

A su llegada, hacia las 18.30 (hora de Río), el santo padre fue recibido por las altas autoridades del hospital. Luego quiso detenerse a rezar en la capilla del hospital, para encontrarse posteriormente en el patio central con los miembros de la Venerable Tercera Orden de San Francisco de la Penitencia, así como con los médicos, enfermeros y agentes sanitarios, los pacientes y sus familiares.

Después del saludo del arzobispo de Río de Janeiro, monseñor Orani João Tempesta, y del director de la estructura, padre Francisco Belotti, dieron su testimonio dos pacientes del hospital, quienes le entregaron a Francisco algunos regalos.

Acto seguido, el papa dirigió un discurso que reproducimos a continuación.

Querido Arzobispo de Río de Janeiro
y queridos hermanos en el episcopado;
Honorables Autoridades,
Estimados miembros de la Venerable Orden Tercera de San Francisco de la Penitencia,
Queridos médicos, enfermeros y demás agentes sanitarios,
Queridos jóvenes y familiares,
Buenas noches

Dios ha querido que, después del Santuario de Nuestra Señora de Aparecida, mis pasos se encaminaran hacia un santuario particular del sufrimiento humano, como es el Hospital San Francisco de Asís.

Es bien conocida la conversión de su santo Patrón: el joven Francisco abandona las riquezas y comodidades para hacerse pobre entre los pobres; se da cuenta de que la verdadera riqueza y lo que da la auténtica alegría no son las cosas, el tener, los ídolos del mundo, sino el seguir a Cristo y servir a los demás.

Pero quizás es menos conocido el momento en que todo esto se hizo concreto en su vida: fue cuando abrazó a un leproso. Aquel hermano que sufría era «mediador de la luz (…) para san Francisco de Asís» (cf. Carta enc. Lumen fidei, 57), porque en cada hermano y hermana en dificultad abrazamos la carne de Cristo que sufre.

Hoy, en este lugar de lucha contra la dependencia química, quisiera abrazar a cada uno y cada una de ustedes que son la carne de Cristo, y pedir que Dios colme de sentido y firme esperanza su camino, y también el mío.

Abrazar, abrazar. Todos hemos de aprender a abrazar a los necesitados, como San Francisco. Hay muchas situaciones en Brasil, en el mundo, que necesitan atención, cuidado, amor, como la lucha contra la dependencia química.

Sin embargo, lo que prevalece con frecuencia en nuestra sociedad es el egoísmo. ¡Cuántos «mercaderes de muerte» que siguen la lógica del poder y el dinero a toda costa! La plaga del narcotráfico, que favorece la violencia y siembra dolor y muerte, requiere un acto de valor de toda la sociedad.

No es la liberalización del consumo de drogas, como se está discutiendo en varias partes de América Latina, lo que podrá reducir la propagación y la influencia de la dependencia química.

Es preciso afrontar los problemas que están a la base de su uso, promoviendo una mayor justicia, educando a los jóvenes en los valores que construyen la vida común, acompañando a los necesitados y dando esperanza en el futuro.

Todos tenemos necesidad de mirar al otro con los ojos de amor de Cristo, aprender a abrazar a aquellos que están en necesidad, para expresar cercanía, afecto, amor.

Pero abrazar no es suficiente. Tendamos la mano a quien se encuentra en dificultad, al que ha caído en el abismo de la dependencia, tal vez sin saber cómo, y decirle: «Puedes levantarte, puedes remontar; te costará, pero puedes conseguirlo si de verdad lo quieres».

Queridos amigos, yo diría a cada uno de ustedes, pero especialmente a tantos otros que no han tenido el valor de emprender el mismo camino: «Tú eres el protagonista de la subida, ésta es la condición indispensable. Encontrarás la mano tendida de quien te quiere ayudar, pero nadie puede subir por ti».

Pero nunca están solos. La Iglesia y muchas personas están con ustedes.

Miren con confianza hacia delante, su travesía es larga y fatigosa, pero miren adelante, hay «un futuro cierto, que se sitúa en una perspectiva diversa de las propuestas ilusorias de los ídolos del mundo, pero que da un impulso y una fuerza nueva para vivir cada día» (Carta enc. Lumen fidei, 57).

Quisiera repetirles a todos ustedes: No se dejen robar la esperanza. No se dejen robar la esperanza. Pero también quiero decir: No robemos la esperanza, más aún, hagámonos todos portadores de esperanza.

En el Evangelio leemos la parábola del Buen Samaritano, que habla de un hombre asaltado por bandidos y abandonado medio muerto al borde del camino. La gente pasa, mira y no se para, continúa indiferente el camino: no es asunto suyo.

No se dejen robar la esperanza. Cuántas veces decimos: no es mi problema. Cuántas veces miramos a otra parte y hacemos como si no viéramos. Sólo un samaritano, un desconocido, ve, se detiene, lo levanta, le tiende la mano y lo cura (cf. Lc 10, 29-35).

Queridos amigos, creo que aquí, en este hospital, se hace concreta la parábola del Buen Samaritano. Aquí no existe indiferencia, sino atención, no hay desinterés, sino amor. La Asociación San Francisco y la Red de Tratamiento de Dependencia Química enseñan a inclinarse sobre quien está en dificultad, porque en él ve el rostro de Cristo, porque él es la carne de Cristo que sufre.

Muchas gracias a todo el personal del servicio médico y auxiliar que trabaja aquí; su servicio es valioso, háganlo siempre con amor; es un servicio que se hace a Cristo, presente en el prójimo: «Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt 25,40), nos dice Jesús.

Y quisiera repetir a todos los que luchan contra la dependencia química, a los familiares que tienen un cometido no siempre fácil: la Iglesia no es ajena a sus fatigas, sino que los acompaña con afecto. El Señor está cerca de ustedes y los toma de la mano. Vuelvan los ojos a él en los momentos más duros y les dará consuelo y esperanza.

Y confíen también en el amor materno de María, su Madre. Esta mañana, en el santuario de Aparecida, he encomendado a cada uno de ustedes a su corazón. Donde hay una cruz que llevar, allí está siempre ella, nuestra Madre, a nuestro lado. Los dejo en sus manos, mientras les bendigo a todos con afecto. Muchas gracias.


El maná de cada día, 25.7.13

julio 25, 2013

25 de julio 2013

Santiago Apóstol, patrono de España

 

Santiago, apóstol

Santiago, apóstol

 
Antífona de entrada: Mt 4, 18. 21; Mc 3, 17

Pasando Jesús junto al lago de Galilea vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban repasando las redes, y los llamó, y les dio el sobrenombre de Boanerges, que significa Los Truenos.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 4, 33; 5, 12.27-33; 12,2

En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»

Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.»

Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos. Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.


SALMO 66

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.


SEGUNDA LECTURA: 2 Corintios 4, 7-15

Este tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.

Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros.

Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.


Aclamación antes del Evangelio

Astro brillante de España, Apóstol Santiago, tu cuerpo descansa en la paz; tu gloria pervive entre nosotros.



EVANGELIO: Mateo 20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?»

Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»

Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»

Contestaron: «Lo somos.»

Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»


Antífona de la comunión: Mt 20, 22-23

Bebió el cáliz del Señor y se hizo amigo de Dios.
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FIESTA DE SANTIAGO APÓSTOL, PATRONO DE ESPAÑA

SOLEMNIDAD

Nació en Betsaida; era hijo de Zebedeo y hermano del apóstol Juan. Estuvo presente en los principales milagros obrados por el Señor. Fue muerto por el rey Herodes alrededor del año 42.

Desde la antigüedad está muy difundida la persuasión de que Santiago había predicado el Evangelio en los confines de Occidente.

Después de la invasión mahometana, el apóstol Santiago aparece venerado como cabeza refulgente de España y patrono de sus reinos cristianos. Éstos proclaman en los siglos siguientes su gratitud por la protección del Apóstol en la defensa de la fe y de la independencia de la patria y por su asistencia en la acción misionera que contribuyó a propagar la Iglesia por todo el mundo.

Su sepulcro en Compostela, a semejanza del sepulcro vacío del Señor en Jerusalén y de la tumba de san Pedro en Roma, atrae, hasta nuestros días, a innumerables peregrinos de toda la cristiandad. Los papas han concedido a su santuario un jubileo frecuente y otras gracias extraordinarias.

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PRECES DE LAUDES

Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque, por medio del apóstol Santiago, nos ha llamado al conocimiento de su verdad, y supliquémosle, diciendo: Salva, Señor, a nuestro pueblo.

Te alabamos, Señor, porque, por medio de los apóstoles, iluminas nuestra vida con tu Evangelio; haznos siempre dóciles a este mensaje.

Te alabamos, Señor, porque has querido que el mensaje apostólico llegase hasta nuestra patria; haz que España siempre sea fiel a la doctrina recibida de tus enviados.

Te alabamos, Señor, porque, por medio de los obispos, continúas la presencia apostólica entre nosotros; haz que nuestros obispos sean totalmente fieles a su misión de servir tu palabra.

Te alabamos, Señor, porque has querido que la predicación apostólica arraigara en nuestro suelo patrio; haz que en España esta fe se dilate y se purifique sin cesar.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que consagraste los primeros trabajos de los apóstoles con la sangre de Santiago, haz que, por su martirio, sea fortalecida tu Iglesia y, por su patrocinio, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo.

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NOTA: Oremos poniendo delante del Señor a las familias afectadas por el accidente ferroviario de Santiago de Compostela, por la rehabilitación de los heridos y por el eterno descanso de los fallecidos.  Santiago Apóstol, ruega por nosotros.

Oración por las víctimas del accidente de tren en Santiago de Compostela, por Javier Leoz

¡DESCANSAD, PEREGRINOS, EN PAZ!

Por dos vías, con sabor a fe y a esperanza,

os habéis marchado repentinamente de este mundo.

Allá, cerca del Finisterre,

habéis encontrado el final de esta tierra

más no el final de vuestra existencia.

¡DESCANSAD, PEREGRINOS, EN PAZ!

Porque, aunque descarrile un tren

no podrá nunca, ese accidente,

con lo más grande que llevabáis en vosotros: LA FE

Hacia Santiago se dirigían vuestros ojos

y, con Santiago, ojala que despertéis en el cielo

Hacia Santiago iba el tren de vuestros sueños

y, con Santiago, deseamos para vosotros el Paraíso.

Hoy el incienso del boutafumeiro sea para vosotros

Hoy las misas de nuestro Patrón sean por vosotros

Hoy el tañido de las campanas nos llamen a oración por vosotros

Hoy el silencio sea bandera del respeto por vuestra ausencia

No habéis alcanzado la Plaza del Obradoiro

pero, por estas letras, en nombre muchos amigos

os deseo que alcancéis algo más grande y eterno: EL CIELO.

¡DESCANSAD PEREGRINOS DE COMPOSTELA!

Javier Leoz.

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PARTÍCIPES DE LA PASIÓN DE CRISTO

De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo,
sobre el evangelio de San Mateo

Los hijos de Zebedeo apremian a Cristo, diciéndole: Ordena que se siente uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. ¿Qué les responde el Señor? Para hacerles ver que lo que piden no tiene nada de espiritual y que, si hubieran sabido lo que pedían, nunca se hubieran atrevido a hacerlo, les dice: No sabéis lo que pedís, es decir: «No sabéis cuán grande, cuán admirable, cuán superior a los mismos coros celestiales es esto que pedís».

Luego añade: ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar? Es como si les dijera: «Vosotros me habláis de honores y de coronas, pero yo os hablo de luchas y fatigas. Éste no es tiempo de premios, ni es ahora cuando se ha de manifestar mi gloria; la vida presente es tiempo de muertes, de guerra y de peligros».

Pero fijémonos cómo la manera de interrogar del Señor equivale a una exhortación y a un aliciente. No dice: «¿Podéis soportar la muerte? ¿Sois capaces de derramar vuestra sangre?», sino que sus palabras son: ¿Sois capaces de beber el cáliz? Y, para animarlos a ello, añade: Que yo he de beber; de este modo, la consideración de que se trata del mismo cáliz que ha de beber el Señor había de estimularlos a una respuesta más generosa.

Y a su pasión le da el nombre de «bautismo», para significar, con ello, que sus sufrimientos habían de ser causa de una gran purificación para todo el mundo. Ellos responden: Lo somos. El fervor de su espíritu les hace dar esta respuesta espontánea, sin saber bien lo que prometen, pero con la esperanza de que de este modo alcanzarán lo que desean.

¿Qué les dice entonces el Señor? El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizarán con el bautismo con que yo me voy a bautizar. Grandes son los bienes que les anuncia, esto es: «Seréis dignos del martirio y sufriréis lo mismo que yo, vuestra vida acabará con una muerte violenta, y así seréis partícipes de mi pasión. Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Después que ha levantado sus ánimos y ha provocado su magnanimidad, después que los ha hecho capaces de superar el sufrimiento, entonces es cuando corrige su petición.

Los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Ya veis cuán imperfectos eran todos, tanto aquellos que pretendían una precedencia sobre los otros diez, como también los otros diez que envidiaban a sus dos colegas. Pero –como ya dije en otro lugar– si nos fijamos en su conducta posterior, observamos que están ya libres de esta clase de aspiraciones. El mismo Juan, uno de los protagonistas de este episodio, cede siempre el primer lugar a Pedro, tanto en la predicación como en la realización de los milagros, como leemos en los Hechos de los apóstoles.

En cuanto a Santiago, no vivió por mucho tiempo; ya desde el principio se dejó llevar de su gran vehemencia y, dejando a un lado toda aspiración humana, obtuvo bien pronto la gloria inefable del martirio (Homilía 65, 2-4: PG 58, 619-622).


Santiago el Mayor, el apóstol que bebió el cáliz del Señor

Desanimado debió encontrarse el Apóstol Santiago en la ribera del Ebro cuando empezó su evangelización. Según la tradición, llegado de tierras tarraconenses, anunció a Jesucristo a un grupo de lugareños, rudos y de difícil trato, en la zona de Cesaraugusta, la actual Zaragoza. Dejándose llevar del desánimo, quiso abandonar ese lugar y fue entonces cuando la Virgen se le apareció en carne mortal para animarle a seguir anunciando el Evangelio.

Es consolador y tremendamente eficaz el papel de la Virgen junto a los apóstoles de su Hijo. Con su oración, su mediación y su ánimo, empapó de gracias a aquellos que, en nombre de Jesucristo, dieron la vida por ser testigos de la Verdad. Santiago el Mayor, hermano de Juan, llamados «hijos del Trueno», llevaron hasta su fiel cumplimiento esa promesa que hicieron a Jesús: “Seremos capaces de beber el cáliz que tú has de beber”. De hecho, al volver de Hispania, Santiago fue inmediatamente ajusticiado en Jerusalén.

Santiago el Mayor llevó la fe de Cristo hasta lo que entonces era el fin del mundo, Finisterre, la actual Galicia. Y esa misma tradición nos dice que, una vez decapitado en Jerusalén, sus discípulos devolvieron su cuerpo a ese último lugar de la tierra que evangelizó, Compostela (“Campo de Estrellas”), donde reposan ahora sus restos.

Es el premio de los que aman el deseo de anunciar a Dios, tal y como pidió Cristo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”. Pedimos al Apóstol, patrono de España, que vivamos también con generosidad, sin miedos y sin respetos humanos, nuestro apostolado, allí donde nos toca estar: nuestra familia, nuestro trabajo, nuestros amigos… Dios siempre bendice al “siervo bueno y fiel”, y nos conducirá a su gloria para siempre.

Lañas diarias www.mater-dei.es


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