La potente novedad de Papa Francisco

julio 15, 2013

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El Papa Francisco cercano a la gente y al necesitado

El Papa Francisco cercano a la gente y al necesitado

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La profunda sencillez de su predicación, su acción pastoral, sus gestos y palabras

Andrea Tornielli – Ciudad del Vaticano

“Estando ya mi casa sosegada”, como diría San Juan, a las cuatro de la mañana se escucha en la habitación 201 de la Domus Santa Marta el despertador de Francisco. Levantarse tan temprano implicará una siesta después de almorzar, un descansito que Juan Perón definió «obligación casi litúrgica» que le permitía tener «dos mañanas» cada día.

Las primeras horas del día están reservadas a la oración y a la meditación sobre las Lecturas, que el Papa comenta en las breves homilías de la misa cotidiana en la Capilla del «internado», como le dice a su residencia: un lugar sencillo y moderno, con mármoles claros y vitrales de colores. El obispo de Roma reza allí, sentado en las últimas filas.

Las predicaciones matutinas, improvisadas pero no al azar, son una de las mayores novedades del pontificado. El Papa celebra con la ayuda de cardenales, obispos o sacerdotes que están de paso; acuden fieles que, normalmente, son empleados del Vaticano acompañados pos sus familias: desde el personal del IOR hasta los basureros vaticanos.

Francisco se despide de cada uno de ellos antes de ir a desayunar a la sala común de Santa Marta. Estar con las personas, abrazarlas una por una no es una pérdida de tiempo para Francisco: en Argentina se pasaba noches enteras confesando, sin vestir como cardenal, por lo que no lo reconocían, en ocasión de los grandes peregrinajes marianos a la Virgen de Luján.

Tino Scotti, un sacerdote de Bérgamo que trabaja en la Secretaría de Estado, se ocupa de las peticiones para participar y de las invitaciones a la misa en Santa Marta. Con estos fieles y para ellos, el «Papa párroco» desmigaja el Evangelio tan eficazmente que la preciosa síntesis ofrecida un par de horas después por la Radio Vaticana está convirtiéndose en una ocasión que tiene eco en todo el mundo.

Bergoglio es un admirador de Jorge Luis Borges y una vez invitó al gran escritor argentino a la escuela en la que enseñaba para que lo conocieran sus estudiantes. Cada mañana inventa imágenes eficaces, como aquella sobre la «Iglesia niñera», sobre los confesionarios que «no son una tintorería», sobre los «cristianos de salón» o «de museo», sobre la «oración de cortesía», el «colirio de la memoria», el «progresismo adolescente», la «aduana pastoral»…

Sin embargo, lo que más sorprende es la profunda sencillez de sus palabras. Sobre todo sus palabras sobre la ternura y el perdón: «El mensaje de Jesús es la misericordia. Para mí, y lo digo con humildad, es el mensaje más fuerte del Señor».

Un mensaje gracias al cual mucha gente volvió a acercarse a la Iglesia en todo el mundo, gracias al cual mucha gente volvió al confesionario incluso tras décadas de lejanía.

«El Papa predica como lo hacía en Buenos Aires –explicó Enzo Bianchi, fundador de la Comunidad de Bose–; en la historia nunca se había verificado que hubiera un “quiebre” de la Palabra de esta manera. Un hecho cuyo alcance teológico todavía no hemos comprendido. La gente entiende, no se trata de meditaciones abstractas».

Muchas veces, en sus homilías –incluso en las homilías de las grandes celebraciones en la Plaza San Pedro–, Francisco cita a la abuela, Rosa Margherita Vassallo, que le explicaba al pequeño Jorge Mario la resurrección de Jesús o la importancia de no apegarse al dinero, porque el «sudario no tiene bolsillos». La misma abuela que a su nieto, ya cerca de la ordenación, le recordaba: «Celebra la misa, cada misa, como si fuera la primera y la última».

La abuela, testimonio de la fe de los simples: una característica que acerca a Francisco al Papa Luciani, que, cuando era seminarista, escuchaba los consejos del viejo arcipreste de Canale d’Agordo: «Recuerda que cuando prediques te tiene que entender hasta la viejita sentada en la última fila y que no fue a la escuela».

Desde los primeros meses del Pontificado, además de un estilo de predicación, surge un modelo de pastor, de obispo. Tan cerca de la gente y tan lejos del poder. Bergoglio, en un discurso a los miembros de la Conferencia episcopal italiana, que escribió personalmente y pasó casi desapercibido a pesar de su importancia, dijo:

«La falta de vigilancia hace tibio al pastor», lo «seduce con la perspectiva de la carrera, con el halago del dinero y los compromisos con el espíritu del mundo; lo vuelve flojo, tranformándolo en un funcionario, un clérigo de estado preocupado más por sí mismo, por la organización y las estructuras que por el verdadero bien del pueblo de Dios».

Con los nuncios apostólicos, sus «embajadores» en las Iglesias de todo el mundo, encargados de identificar a los candidatos para los episcopados de los diferentes países, el Papa dijo:

«Estén atentos, que sean pastores cercanos a la gente, padres y hermanos, que sean mansos, pacientes y misericordiosos», que amen «la pobreza» interior y también exterior «como simplicidad y austeridad de vida», que no tengan «una psicología de “príncipes”» ni estén en «constante búsqueda» de promociones.

En este llamado en contra de la plaga del «carrerismo» eclesiástico, en la advertencia para no caer en el «triunfalismo» y en la confianza ciega en las estructuras de las Iglesias ricas, hay una profunda unidad con todo lo que dijo y escribió su predecesor Benedicto XVI.

«Creo que este Papa –nos dijo el historiador Andrea Riccardi–, juntando cosas antiguas y nuevas, ha establecido un lenguaje hecho de gestos que dan significado a las grandes palabras de la fe.

Un dato visible para todos durante los primeros cien días de pontificado fue la sintonía entre Francisco y la gente. Y su mensaje ya ha llegado muy lejos…». Claro, ahora los obispos necesitan ponerse en sintonía con este enfoque de sencillez evangélica y poca clericalidad.

«Algo parecido sucedió con Juan XXIII, indicó Riccardi. Sintonizarse no siempre es fácil, la Iglesia no es una radio a la que basta girar la perilla. Es un proceso que pasa por muchas resistencias».

«Francisco representa una potente provocación para todos, repite el cardenal Angelo Scola. La Providencia nos ha donado esta descarga. Estamos tratando de seguir al Papa, cada uno con su propia personalidad y estilo. Se necesita un poco de tiempo…».

Mientras tanto, los obispos de Lombardía se reunieron y anunciaron que sienten «la responsabilidad de aceptar el desafío» de la renovación del «estilo y del lenguaje» que representan los gestos y las palabras de Francisco.

El Papa ha repetido en más de una ocasión: «Estoy bien, no he perdido la paz, no he perdido el sueño ante un hecho sorprendente como el que me ha sucedido. Y esto lo considero un don de Dios».

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http://vaticaninsider.lastampa.it/es/reportajes-y-entrevistas/dettagliospain/articolo/vaticano-


El maná de cada día, 15.7.13

julio 15, 2013

Lunes de la 15ª semana de Tiempo Ordinario

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Nuestro auxilio es el nombre del Señor

Nuestro auxilio es el nombre del Señor

PRIMERA LECTURA: Éxodo 1, 8-14. 22

En aquellos días, subió al trono en Egipto un Faraón nuevo, que no había conocido a José, y dijo a su pueblo:

-«Mirad, el pueblo de Israel está siendo más numeroso y fuerte que nosotros; vamos a vencerlo con astucia, pues si no, cuando se declare la guerra, se aliará con el enemigo, nos atacará, y después se marchará de nuestra tierra.»

Así, pues, nombraron capataces que los oprimieron con cargas, en la construcción de las ciudades granero, Pitom y Ramsés. Pero, cuanto más los oprimían, ellos crecían y se propagaban más.

Hartos de los israelitas, los egipcios les impusieron trabajos crueles, y les amargaron la vida con dura esclavitud: el trabajo del barro, de los ladrillos, y toda clase de trabajos del campo; les imponían trabajos crueles.

Entonces el Faraón ordenó a toda su gente: -«Cuando nazca un niño, echadlo al Nilo; si es niña, dejadla con vida.»


SALMO 123, 1-3. 4-6. 7-8

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte – que lo diga Israel -, si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes. Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes.

Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador; la trampa se rompió, y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 10

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.


EVANGELIO: Mateo 10, 34-11,1

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

-«No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.

El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
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Deduce del amor que sientes por tus padres

cuánto has de amar a Dios y a la Iglesia

San Agustín (Sermón 344,1-2)

En esta vida toda tentación es una lucha entre dos amores: el amor del mundo y el amor de Dios; el que vence de los dos atrae hacia sí, como por gravedad, a su amante. A Dios llegamos con el afecto, no con alas o con los pies. Y, al contrario, nos atan a la tierra los afectos contrarios, no nudos o cadena alguna corporal.

Cristo vino a transformar el amor y a hacer de un amante de la tierra un amante de la vida celestial; por nosotros se hizo hombre quien nos hizo hombres: Dios asumió al hombre para hacer de los hombres dioses.

He aquí el combate que tenemos delante: la lucha contra la carne, contra el diablo, contra el mundo. Pero tenemos confianza, porque quien concertó el combate es espectador que aporta su ayuda y nos exhorta a que no presumamos de nuestras fuerzas.

En efecto, quien presume de ellas, en cuanto hombre que es, presume de las fuerzas de un hombre y maldito todo el que pone su esperanza en el hombre (Jr 17,5).

Los mártires, inflamados en la llama de este piadoso y santo amor, hicieron arder el heno de su carne con el roble de su mente, pero llegaron íntegros en su espíritu hasta aquel que les había prendido fuego. En la resurrección de los cuerpos se otorgará el debido honor a la carne que ha despreciado esas mismas cosas. Así, por tanto, fue sembrada en la ignominia, para resucitar en la gloria.

Ardiendo en este amor o, mejor, para que ardamos en él, dice: Quien ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí, y quien no toma su cruz y me sigue no es digno de mí (Mt 10,37-38). No ha eliminado el amor a los padres, a la esposa, a los hijos, sino que lo ha colocado en el lugar que le corresponde.

No dijo: «Quien ama», sino: Quien ama más que a mí. Es lo que dice la Iglesia en el Cantar de los Cantares: Ordenó en mí el amor (Cant 2,4). Ama a tu padre, pero no más que al Señor; ama a quien te ha engendrado, pero no más que a quien te ha creado.

Tu padre te ha engendrado, pero no fue él quien te dio forma, pues al hacerlo ignoraba quién o cómo ibas a nacer. Tu padre te alimentó, pero no sacó de sí el pan para saciarte. Por último, sea lo que sea lo que tu padre te reserva en la tierra, él muere para que tú le sucedas, y con su muerte te hace sitio en la vida.

En cambio, Dios es Padre y lo que reserva, lo reserva juntamente consigo, para que poseas la herencia juntamente con el mismo Padre y no tengas que esperar a que él muera para sucederle, sino que, permaneciendo siempre en él, te adhieras a quien permanece siempre.

Ama, pues, a tu padre, pero no por encima de Dios; ama a tu madre, pero no por encima de la Iglesia, que te engendró para la vida eterna.

Finalmente, deduce del amor que sientes por tus padres cuánto debes amar a Dios y a la Iglesia. Pues si tanto ha de amarse a quienes te engendraron para la muerte, ¡con qué amor han de ser amados quienes te engendraron para que llegues a la vida eterna y permanezcas por la eternidad?

Ama a tu esposa, ama a tus hijos según Dios, inculcándoles que adoren contigo a Dios. Una vez que te hayas unido a él, no has de temer separación alguna. Por tanto, no debes amar más que a Dios a quienes con toda certeza amas mal, si descuidas el llevarlos a Dios contigo.

Llegará la hora de la prueba. Quieres confesar a Cristo. Quizá te sobrevenga, por confesarlo, un tormento temporal; quizá la muerte. Tu padre o tu esposa o tu hijo te halagarán para que no vayas a la muerte, y con sus halagos te procurarán la muerte.

Para que no suceda eso ha de venirte a la mente: Quien ama al padre o a la madre o a la esposa más que a mí, no es digno de mí.
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NUESTROS VASOS DE AGUA FRESCA

Nos aseguró el Señor en el Evangelio que no quedaría sin recompensa ni uno solo de los vasos de agua fresca que diéramos, en su Nombre, al sediento (cf. Mt 10,42). En realidad, Cristo mismo se nos da como recompensa cada vez que damos algo en su Nombre y, ante semejante paga, no importa tanto lo que das sino cómo lo das y en nombre de quién lo das.

Dar en nombre de Cristo no es lo mismo que dar por propia satisfacción, por compromiso, por obligación, o por simple altruismo. Piensa que, en las generosidades de muchos cristianos, no siempre está presente Cristo, porque damos cosas, tiempo, dinero, cualidades, habilidades, pero, en todo eso, no damos a Dios.

Tu caridad tiene que tener la forma de Cristo, si no quieres que se reduzca a una mera acción social o humanitaria, en la que el nombre de Dios no llega a resonar en el corazón de esos sedientos que has saciado. Sirve para muy poco un vaso de agua fresca que calma la sed, si no completas tu don con el agua viva de Cristo, capaz de saciar en plenitud el corazón necesitado y sediento de aquellos a los que socorres.

Examina con detalle tu generosidad y detecta cuáles son las carencias de tu caridad. Mira si te contentas con dar alguna que otra vez, si das sólo cuando no te supone esfuerzo, si das sólo obligado por el compromiso o por el qué dirán, si das sólo aquello que te sobra.

Tus vasos de agua fresca no pueden limitarse a actos puntuales y simbólicos, con los que pretendes tranquilizar tu conciencia y justificar tu cristianismo de mínimos. Mira, sobre todo, si das a Cristo a los demás, si te das como se dio Cristo, que llegó al extremo del amor sólo por calmar la sed profunda que causa el pecado en el alma de tantos hombres.

Has de ser generoso, sí, pero tu generosidad será más preciosa cuánto más vaya cargada de Dios. Que nadie beba tus vasos de agua fresca sin paladear en ellos ese gusto de cielo y de amor de Dios que sacia realmente la sed más profunda del alma.

Lañas diarias www.mater-dei.es


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