Papa Francisco: La Iglesia es un cuerpo viviente que camina y actúa en la historia

julio 10, 2013

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Audiencia general del miércoles 19 de junio de 2013

Esta experiencia de san Pablo nos dice cuán profunda es la unión entre nosotros, cristianos, y Cristo mismo

La experiencia de san Pablo nos dice cuán profunda es la unión entre nosotros, cristianos, y Cristo mismo

www.vatican.va

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me detengo en otra expresión con la que el Concilio Vaticano II indica la naturaleza de la Iglesia: la del cuerpo. El Concilio dice que la Iglesia es Cuerpo de Cristo (cf. Lumen gentium, 7).

Desearía partir de un texto de los Hechos de los Apóstoles que conocemos bien: la conversión de Saulo, que se llamará después Pablo, uno de los mayores evangelizadores (cf. Hch 9, 4-5).

Saulo es un perseguidor de los cristianos, pero mientras está recorriendo el camino que lleva a la ciudad de Damasco, de improviso una luz lo envuelve, cae a tierra y oye una voz que le dice: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Él pregunta: «¿Quién eres, Señor?»; y la voz responde: «Soy Jesús, a quien tú persigues» (v. 3-5).

Esta experiencia de san Pablo nos dice cuán profunda es la unión entre nosotros, cristianos, y Cristo mismo. Cuando Jesús subió al cielo no nos dejó huérfanos, sino que, con el don del Espíritu Santo, la unión con Él se hizo todavía más intensa.

El Concilio Vaticano II afirma que Jesús, «a sus hermanos, congregados de entre todos los pueblos, los constituyó místicamente su cuerpo, comunicándoles su espíritu» (Const. dogm. Lumen gentium, 7).

La imagen del cuerpo nos ayuda a entender este profundo vínculo Iglesia-Cristo, que san Pablo desarrolló de modo particular en la Primera Carta a los Corintios (cf. cap. 12).

Ante todo el cuerpo nos remite a una realidad viva. La Iglesia no es una asociación asistencial, cultural o política, sino que es un cuerpo viviente, que camina y actúa en la historia. Y este cuerpo tiene una cabeza, Jesús, que lo guía, lo nutre y lo sostiene.

Este es un punto que desearía subrayar: si se separa la cabeza del resto del cuerpo, la persona entera no puede sobrevivir. Así es en la Iglesia: debemos permanecer unidos de manera cada vez más intensa a Jesús.

Pero no sólo esto: igual que en un cuerpo es importante que circule la linfa vital para que viva, así debemos permitir que Jesús actúe en nosotros, que su Palabra nos guíe, que su presencia eucarística nos nutra, nos anime, que su amor dé fuerzas a nuestro amar al prójimo. ¡Y esto siempre! ¡Siempre, siempre!

Queridos hermanos y hermanas, permanezcamos unidos a Jesús, fiémonos de Él, orientemos nuestra vida según su Evangelio, alimentémonos con la oración diaria, la escucha de la Palabra de Dios, la participación en los Sacramentos.

Y aquí llego a un segundo aspecto de la Iglesia como Cuerpo de Cristo. San Pablo afirma que igual que los miembros del cuerpo humano, aun distintos y numerosos, forman un solo cuerpo, así todos nosotros hemos sido bautizados mediante un solo Espíritu en un mismo cuerpo (cf. 1 Co 12, 12-13).

En la Iglesia, por lo tanto, existe una variedad, una diversidad de tareas y de funciones; no existe la uniformidad plana, sino la riqueza de los dones que distribuye el Espíritu Santo. Pero existe la comunión y la unidad: todos están en relación, unos con otros, y todos concurren a formar un único cuerpo vital, profundamente unido a Cristo.

Recordémoslo bien: ser parte de la Iglesia quiere decir estar unidos a Cristo y recibir de Él la vida divina que nos hace vivir como cristianos, quiere decir permanecer unidos al Papa y a los obispos que son instrumentos de unidad y de comunión, y quiere decir también aprender a superar personalismos y divisiones, a comprenderse más, a armonizar las variedades y las riquezas de cada uno; en una palabra, a querer más a Dios y a las personas que tenemos al lado, en la familia, la parroquia, las asociaciones.

¡Cuerpo y miembros deben estar unidos para vivir! La unidad es superior a los conflictos, ¡siempre! Los conflictos, si no se resuelven bien, nos separan entre nosotros, nos separan de Dios. El conflicto puede ayudarnos a crecer, pero también puede dividirnos. ¡No vayamos por el camino de las divisiones, de las luchas entre nosotros!

Todos unidos, todos unidos con nuestras diferencias, pero unidos, siempre: este es el camino de Jesús. La unidad es superior a los conflictos. La unidad es una gracia que debemos pedir al Señor para que nos libre de las tentaciones de la división, de las luchas entre nosotros, de los egoísmos, de la locuacidad.

¡Cuánto daño hacen las habladurías, cuánto daño! ¡Jamás chismorrear de los demás, jamás! ¡Cuánto daño acarrean a la Iglesia las divisiones entre cristianos, tomar partidos, los intereses mezquinos!

Las divisiones entre nosotros, pero también las divisiones entre las comunidades: cristianos evangélicos, cristianos ortodoxos, cristianos católicos, ¿pero por qué divididos? Debemos buscar llevar la unidad.

Os cuento algo: hoy, antes de salir de casa, estuve cuarenta minutos, más o menos, media hora, con un pastor evangélico y rezamos juntos, y buscamos la unidad. Pero tenemos que rezar entre nosotros, católicos, y también con los demás cristianos, rezar para que el Señor nos dé la unidad, la unidad entre nosotros.

¿Pero cómo tendremos la unidad entre los cristianos si no somos capaces de tenerla entre nosotros, católicos; de tenerla en la familia? ¡Cuántas familias se pelean y se dividen! Buscad la unidad, la unidad que hace la Iglesia. La unidad viene de Jesucristo. Él nos envía el Espíritu Santo para hacer la unidad.

Queridos hermanos y hermanas, pidamos a Dios: ayúdanos a ser miembros del Cuerpo de la Iglesia siempre profundamente unidos a Cristo; ayúdanos a no hacer sufrir al Cuerpo de la Iglesia con nuestros conflictos, nuestras divisiones, nuestros egoísmos; ayúdanos a ser miembros vivos unidos unos con otros por una única fuerza, la del amor, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones (cf. Rm 5, 5).


El maná de cada día, 10.7.13

julio 10, 2013

Miércoles de la 14ª semana de Tiempo Ordinario

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Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca

Id y proclamad que el Reino de los cielos está cerca


PRIMERA LECTURA: Génesis 41, 55-57; 42, 5-7. 17-24a

En aquellos días, llegó el hambre a todo Egipto, y el pueblo reclamaba pan al Faraón; el Faraón decía a los egipcios: -«Dirigíos a José y haced lo que él os diga.»

Cuando el hambre cubrió toda la tierra, José abrió los graneros y repartió raciones a los egipcios, mientras arreciaba el hambre en Egipto. Y de todos los países venían a Egipto a comprarle a José, porque el hambre arreciaba en toda la tierra.

Los hijos de Jacob fueron entre otros a comprar grano, pues había hambre en Canaán.

José mandaba en el país y distribuía las raciones a todo el mundo. Vinieron, pues, los hermanos de José y se postraron ante él, rostro en tierra. Al ver a sus hermanos, José los reconoció, pero él no se dio a conocer, sino que les habló duramente: -«¿De dónde venís?» Contestaron:
-«De tierra de Canaán, a comprar provisiones.» Y los hizo detener durante tres días.

Al tercer día, les dijo: -«Yo temo a Dios, por eso haréis lo siguiente, y salvaréis la vida: si sois gente honrada, uno de vosotros quedará aquí encarcelado, y los demás irán a llevar víveres a vuestras familias hambrientas; después me traeréis a vuestro hermano menor; así probaréis que habéis dicho la verdad y no moriréis.»

Ellos aceptaron, y se decían: -«Estamos pagando el delito contra nuestro hermano, cuando le veíamos suplicarnos angustiado y no le hicimos caso; por eso nos sucede esta desgracia. »

Intervino Rubén: -«¿No os lo decía yo: “No pequéis contra el muchacho”, y no me hicisteis caso? Ahora nos piden cuentas de su sangre.»

Ellos no sabían que José les entendía, pues había usado intérprete. Él se retiró y lloró; después volvió a ellos.


SALMO 32, 2-3. 10-11. 18-19 

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones.

El Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos; pero el plan del Señor subsiste por siempre, los proyectos de su corazón, de edad en edad.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y a reanimarlos en tiempo de hambre.


Aclamación antes del Evangelio: Mc 1, 15

Está cerca el reino de Dios -dice el Señor-: convertíos y creed en el Evangelio.


EVANGELIO: Mateo 10, 1-7

En aquel tiempo, Jesús, llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: -«No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca.»
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PARA QUE ESTUVIERAN CON ÉL

Solemos hablar de la vida pública del Señor fijándonos en sus numerosas predicaciones, milagros, curaciones, discusiones con los fariseos, caminatas y viajes de ciudad en ciudad, comidas y visitas en las casas.

Pocas veces nos detenemos a contemplar que, para los apóstoles, la vida pública consistió, sobre todo, en estar con el Señor, convivir con el Maestro, hablar con Él en los ratos y lugares de intimidad, empaparse de sus gestos y miradas, y, sobre todo, contemplar su rostro.

El evangelista Marcos, cuando resume la institución de los Doce, señala como prioridad de los apóstoles ese “estar con el Señor” por encima de todo lo demás: “Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios”.

Muy grande e inexplicable debía ser el atractivo que suscitaba en aquellos torpes y rudos apóstoles la compañía íntima con el Señor pues, sin entender tantas cosas del Maestro, a pesar de tantos reproches y correcciones como recibieron de él, a pesar de verse envueltos en críticas e incomprensiones de parte de los fariseos, a pesar de tantas renuncias y cansancios, allí permanecieron junto a Él.

Aprendieron que, para predicar y poder expulsar demonios, primeramente había que estar con el Señor.

Así como sea tu trato con el Señor, tu ‘estar con Él’, la vida de la gracia en tu alma, así será tu predicación y tu poder para expulsar demonios en tu propia vida y en la de otros.

Lañas diarias www.mater-dei.es

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Una mirada a la Iglesia: La persecución  religiosa en nuestros días

En 2011 murieron más de 100.000 cristianos por su fe         

En la 66 Semana Española de Misionología de Burgos, lo denuncia el periodista Fernando de Haro, escritor de Cristianos y Leones

Por Redacción

BURGOS, 09 de julio de 2013 (Zenit.org) – Fernando de Haro, escritor de Cristianos y Leones, ha denunciado esta mañana que la persecución religiosa es un hecho ignorado en la opinión pública, cuando es una violación clara del derecho a la libertad religiosa.

Lo hizo en su intervención en la 66 Semana Española de Misionología de Burgos, que inició este lunes y concluirá el jueves. Ha destacado además, que la fe si es vivida como encuentro con Cristo, vale más que la vida.

Ha denunciado que el martirio es una realidad actual y que en el 2011 fueron asesinados 100.000 cristianos, si bien esto es silenciado por prejuicios ideológicos.

Y según ha afirmado el periodista, en términos absolutos hay más mártires que en los primeros siglos de la Iglesia. Y esta persecución contra los cristianos acompaña la historia de la Iglesia, y se sitúa en el centro de la historia actual.

Haro ha subrayado que el martirio recorre la historia de la Iglesia, porque los cristianos testimonian una verdad superior a los gobiernos de turno, y se convierten así en minorías “incómodas”.

Recordó además que Asia Bibi está en la cárcel desde hace cuatro años por haber reconocido ante las muchachas de su pueblo en Pakistán que Cristo había muerto por ella. El ministro de minorías cristianas de ese mismo país, Shahbaz Bhatti, declaró que no tenía miedo de entregar su vida por Jesucristo justo antes de ser ejecutado.

El sacerdote sirio Rayid fue secuestrado y asesinado en su país por no querer cerrar su parroquia. Son ejemplos actuales de mártires que, viviendo el cristianismo en un ambiente hostil, no se han amedrentado ante las amenazas, sino que han testimoniado su fe.

Fernando de Haro ha hecho un recorrido por China, India y los países árabes mostrando que los cristianos son incómodos, porque señalan algo más allá del poder estatal y la religión oficial. Incluso en América Latina, los cristianos ponen en evidencia el populismo que reivindica toda la verdad en sus culturas particulares. “Los cristianos muestran que existe una ciudadanía en la que imperio y religión no van unidos”, ha explicado.

El periodista y escritor ha subrayado la importancia de la transmisión de la fe, una fe que no es abstracción ni sentimentalismo. “El mártir muestra un apego a Cristo presente y real, que es más importante que la vida, y por eso transmite la fe”, ha afirmado. Como ejemplo, ha hablado de Li Dao Min, sacerdote católico en un campo de concentración de China, que sólo con su forma de vivir -no podía decir que era sacerdote-, convirtió a un compañero de celda.

Hoy en la Semana Española de Misionología habrá además una mesa redonda, en la que participará la doctora en Estudios Islámicos Sohha Abboud; Daniel Arasa, escritor de Cristianos, entre la persecución y el mobbing; y Tomás Mi, un diácono chino de la Iglesia perseguida. A continuación, tres misioneros españoles en Argelia, Sierra Leona y Ruanda, testimoniarán cómo sufrieron persecución en primera persona y el martirio de sus compañeros.


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