¿Un papa más moderno?

marzo 11, 2013
La Iglesia no es dueña de la Palabra de Dios

La Iglesia no es dueña de la Palabra de Dios

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Por Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de las Casas, México

Zenit.org/10 de marzo de 2013


SITUACIONES

Se vierten infinidad de opiniones sobre qué tipo de Papa necesitamos hoy. Es verdad que debe responder a los retos del mundo contemporáneo, con sus luces y sombras. En lo que hay una gran divergencia es en qué entendemos por mundo. Si queremos decir que esté atento a la realidad actual, que conozca y comprenda lo que pasa hoy, muy distinto al ayer, ¡de acuerdo!

Eso han hecho los papas, no sólo desde Juan XXIII, que convocó el Concilio para que entraran nuevos aires a renovar la Iglesia, sino incluso desde León XIII, a fines del siglo XIX, hasta Benedicto XVI. Quien diga que éste no entendió el mundo moderno, no sabe lo que dice.

Pero si lo que se pide es que el nuevo Papa se amolde a los criterios dominantes, contrarios al Evangelio, ¡no saben lo que piden! La Iglesia no es dueña de la Palabra de Dios, para cambiarla, sino su servidora.


ILUMINACION

Jesucristo nos dio criterios muy claros del camino que debe seguir su Iglesia, para que seamos fieles al proyecto del Reino de Dios. Pidió a su Padre que los suyos se encarnaran en el mundo, pero que no se amoldaran a sus criterios, aunque sufrieran por ello persecuciones.

El Papa Benedicto, antes de concluir su servicio al frente de la Iglesia, nos lo recordó varias veces:

“Hoy en el mundo los cristianos son el grupo más perseguido, porque no son conformistas, porque están contra las tendencias del egoísmo, del materialismo, de todas estas cosas… Los cristianos se encuentran en una situación de extrañeza; pero esto pertenece también a nuestra vida: es la forma de ser con Cristo crucificado, viviendo no según el mundo en el que viven todos, sino viviendo -o tratando al menos de vivir- según su Palabra, en una gran diferencia respecto a lo que dicen todos. Y precisamente esto es característico para los cristianos. Todos dicen: ‘Todos hacen así; ¿por qué yo no?’ No, yo no, porque quiero vivir según Dios” (8-II-2013).

Y en forma más explícita, dijo: “Las pruebas a las que la sociedad actual somete al cristiano, son muchas y tocan la vida personal y social. No es fácil ser fieles al matrimonio cristiano, practicar la misericordia en la vida cotidiana, dejar espacio a la oración y al silencio interior; no es fácil oponerse públicamente a opciones que muchos consideran obvias, como el aborto en caso de embarazo indeseado, la eutanasia en caso de enfermedades graves, o la selección de embriones para prevenir enfermedades hereditarias. La tentación de dejar de lado la propia fe está siempre presente y la conversión es una respuesta a Dios que debe ser confirmada varias veces en la vida” (13-II-2013).

Vivimos en “una sociedad que considera a menudo pasados de moda y extemporáneos a quienes viven de la fe en Jesús” (13-I-2013).

“Quien vive y anuncia la fe de la Iglesia, en muchos puntos no está de acuerdo con las opiniones dominantes en nuestro tiempo. El agnosticismo hoy ampliamente imperante tiene sus dogmas y es extremadamente intolerante frente a todo lo que pone en tela de juicio y cuestiona sus criterios. Por eso, el valor de contradecir las orientaciones dominantes, es hoy especialmente acuciante”.

Se requiere valor para “dejarse golpear y enfrentarse a los criterios de las opiniones dominantes. También los sucesores de los Apóstoles han de esperar ser constantemente golpeados, de manera moderna, si no cesan de anunciar de forma audible y comprensible el Evangelio de Jesucristo. La aprobación de las opiniones dominantes no es el criterio al que nos sometemos. El criterio es el mismo: El Señor. Si defendemos su causa, conquistaremos siempre a personas para el camino del Evangelio. Pero seremos también inevitablemente golpeados por aquellos que, con su vida, están en contraste con el Evangelio, y entonces daremos gracias por ser juzgados dignos de participar en la Pasión de Cristo” (6-I-2013).


COMPROMISOS

Pidamos al Espíritu Santo que ilumine a los cardenales, para que elijan a un Papa que sea muy fiel a Jesucristo, muy fiel a su Iglesia y muy fiel servidor de cuantos vivimos en este mundo; que nos oriente y nos confirme con la Verdad del Evangelio sobre las cuestiones más acuciantes de estos tiempos.


La entrañable carta del cardenal Dolan en la que revela qué nombre suena más para el Cónclave

marzo 11, 2013
Cardenal Timothy Dolan

Cardenal Timothy Dolan

Enviada a sus feligreses de Nueva York desde Roma


El arzobispo de Nueva York cuenta que los cardenales se sienten como en el Cenáculo y revela de lo que realmente hablan, contando una graciosa anécdota con una periodista

www.religionenlibertad.com


El cardenal arzobispo de Nueva York se encuentra en Roma desde que llegase para despedir a Benedicto XVI. Nostálgico de su tierra ha escrito una carta a sus feligreses en la que les cuenta cómo está viviendo todo este tiempo desde la capital italiana ante el inminente Cónclave.

De la carta muchos medios se han centrado en que supuestamente el cardenal Timothy Dolan augura un cambio radical en la Iglesia con el próximo Papa y sin embargo se pierden una carta de lo más entrañable que además resume a la perfección lo que allí se está viviendo.

A pesar de todo, Dolan no puede dejar de lado su sentido del humor y evoca canciones como “I wanna go home” para decir lo que anhela Nueva York. Igualmente, asegura que va a echar de menos a todos especialmente el día de San Patricio, el próximo 17 de marzo y bromeando asegura que en Roma “no he podido encontrar ningún pan irlandés, carne asada y whisky” (Aclara que es una broma).

El nombre que más suena: Cristo

En este sentido, relata a los diocesanos de Nueva York algo que muchos periodistas querrían saber: De quién se habla más cuando se reúnen los cardenales. Consciente de que estos días circulan numerosos nombres de cardenales, Dolan afirma que “claro” que surgen nombres pero “el más nombrado” entre los cardenales es sin duda el de “nuestro Señor Jesucristo”.

Y lo cuenta así sabiendo que muchos están obviando que el centro de todo es Cristo. Por eso pide a los neoyorkinos que pidan a este “tan nombrado” para que envíe a los príncipes de la Iglesia su “gracia”.

Sobre sus días en Roma, el arzobispo de Nueva York se sincera de una manera conmovedora y asegura que una persona mayor le dijo que el final de un Pontificado y la elección de un nuevo Papa “son como los días en Jerusalén después de la Ascensión de Nuestro Señor a los cielos. Toda la Iglesia oraba, oraba mucho, rezó largo tiempo, unidos a los apóstoles y a la Madre de Jesús, que estaban encerrados en el Cenáculo, en espera del don supremo del Espíritu Santo”. “Eso está sucediendo ahora”, afirma.

Los cardenales, como en el Cenáculo

Por ello, les explica en la carta que “los cardenales estamos rezando mucho y todos los días cada uno de nosotros comienza con la oración más eficaz de todas, el Santo Sacrificio de la Misa”.

De este modo, indica que en realidad el Colegio de Cardenales pero también toda la Iglesia “estamos de vuelta en ese Cenáculo con la Virgen y los apóstoles y los desafíos a los que nosotros –y el nuevo San Pedro- nos enfrentamos son, sorprendentemente, similares a los del primer Papa ante el primer Pentecostés: Cómo presentar a la persona el mensaje y la invitación de Jesús a un mundo que, durante la búsqueda de la salvación y la verdad eterna, también a veces duda, es demasiado escéptico y está ocupado o frustrado”.

En este sentido, aguó la fiesta a los que pensaban en conspiraciones y peleas entre los cardenales. “Puedes quedarte sorprendido al oír –relata- que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo comentando temas como la predicación, la enseñanza de la fe, los sacramentos… Y así Dolan citó a los enfermos, religiosos, seminaristas, alejados de la fe, organizaciones caritativas, familias, matrimonio, vida, aborto… Y deja muy claro que eso son los “grandes temas” y no otros.

¿De qué hablan realmente los cardenales?

El cardenal estadounidense avisa a los feligreses de su diócesis que aunque les cueste creérselo, pues en la calle aparece que sólo se habla de corrupción en el Vaticano, abusos sexuales y dinero, estos no son los “grandes temas”. “¿Estos temas salen? ¡Sí! ¿Son los que dominan? ¡No!”. Más claro, el agua.

Para acabar la carta, el arzobispo de Nueva York cuenta la anécdota que le ha ocurrido con uno de los 5.000 periodistas que están en Roma estos días y que están ávidos de cualquier tipo de noticia. Este hecho además muestra su personalidad y su curiosa forma de actuar.

La anécdota con la periodista

Afirma que uno de ellos le preguntó si el nuevo Papa podría traer un “cambio radical” a la Iglesia. Cuenta monseñor Dolan que le contestó que sí ante la sorpresa de la reportera. “Por lo menos tenía toda su atención. Entonces procedí a aclararle que la Iglesia es de ‘grandes cambios, es decir, un cambio en el corazón humano, que Jesús llamó arrepentimiento o conversión”. Así comenzó a catequizarla y a explicarle que la labor del obispo de Roma es el de “conservar la fe, las verdades que han sido reveladas por Dios, sobre todo a través de su Hijo, Jesús, fielmente transmitidas por su Iglesia en estos últimos 2.000 años y la de renovar la invitación de Jesús a un cambio de corazón”. ¿Te parece un cambio pequeño?

Poco después y tras hacerse pública la fecha del Cónclave hizo una petición a sus diocesanos para que recen al Espíritu que ilumine a todos los cardenales en este momento tan importante para la Iglesia. Les invita a rezar la Novena a San José, para que junto a la Virgen María les ayude y exhorte en este tiempo, ya que su fiesta que se celebra el 19 de marzo.

 

 


Maná y Vivencias Cuaresmales (29)

marzo 11, 2013

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Lunes de la 4ª semana de Cuaresma


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Antífona de entrada: Salmo 30, 7-8

Yo tengo mi confianza en ti, Señor, yo gozaré y me alegraré porque has mirado con bondad mi desgracia y conoces mis angustias.


Oración colecta:

Oh Dios, que renuevas el mundo por medio de sacramentos divinos, concede a tu Iglesia la ayuda de estos auxilios del cielo sin que le falten los necesarios de la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 65, 17-21

Así dice el Señor: «Mirad: yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear.

Mirad: voy a transformar a Jerusalén en alegría, y a su pueblo en gozo; me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos; ya no habrá allí niños malogrados ni adultos que no colmen sus años, pues será joven el que muera a los cien años, y el que no los alcance se tendrá por maldito.

Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.»

SALMO 29, 2.4.5-6.11-12a.13b

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Aclamación antes del evangelio: Amos 5, 14

Buscad el bien y no el mal, y viviréis; así será verdad lo que decís: que el Señor, el Dios todopoderoso, está con vosotros.

EVANGELIO: Juan 4, 43-54

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria.» Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.

Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.
Jesús le dijo: «Como no veáis signos y prodigios, no creéis.»
El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño.»
Jesús le contesta: «Anda, tu hijo está curado.»

El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría.
Y le contestaron: «Hoy a la una lo dejó la fiebre.»

El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado.» Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.
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Antífona de comunión: Ezequiel 36, 27

Pondré en vosotros mi espíritu y haré que cumpláis mis leyes y decretos.


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VIVENCIAS CUARESMALES (29)

El hombre creyó y se puso en camino



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29. LUNES

CUARTA SEMANA

DE CUARESMA



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TEMA: El poder de la fe produce los milagros de Jesús. “Vete, tu hijo está vivo. El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino” (Jn. 4, 43-54).


La fe es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios. La fe es darle crédito a Dios y hacer lo que él dice, antes que nada y por encima de todo, y no tanto poner nuestra confianza en la experiencia propia o la sabiduría, la imaginación. El reconocimiento del pecado, no puede dejarnos en la inanición, desesperanza o negativismo, sino todo lo contrario. Reconocemos nuestra impotencia, pero a la vez el poder absoluto de Dios que “dice” y “pone por obra”. Lo que dice Dios es “lo seguro y normativo, lo correcto, lo único y definitivo”.

Su palabra, que se identifica con su voluntad, amor y poder, dice: “Mirad, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva”. El hombre que reconoce su pequeñez experimenta en ese mismo grado el poder de Dios que lo hace criatura nueva. Entonces, todo lo ve con nuevos ojos y sabe que es obra de Dios y no suya, y se llena su boca de alabanzas y se estremece profundamente en su corazón, con un sincero reconocimiento y un anonadamiento ante la infinita misericordia de Dios. No es una pura emoción, pura sensiblería ante un fantasma irreal; hay realidades incontestables como la alegría, la paz, el perdón, la ilusión; signos inequívocos de la presencia del Espíritu de Dios que es Espíritu de santidad y buen juicio, donde no hay mentira, ni oscuridad, ni temor. “Mirad mis manos y mis pies, soy yo, el Señor”. La verdadera religión supone un encuentro con un alguien. No es pura autosugestión. Y se reconoce por los hechos.

Escuchemos a Isaías que nos anuncia los milagros de Dios en nuestras vidas: Isaías 65, 17. Creer es fiarse de Dios y dejar todas nuestras seguridades; es abrirse a la alabanza, es disponerse a creer en la vida; es permanecer abierto al advenimiento de la luz en plenitud de existencia; en fin, es obra de Dios y colaboración del hombre. Darle crédito a Dios es desencadenar el poder de Dios en nosotros que nos transforma de inmediato, lenta y progresivamente, siempre más.

Oigamos ahora el relato evangélico: El hombre creyó, dice el Evangelio, y se puso en camino. Creer es tratar de ensayar un tipo nuevo de vida, es ponerse en camino como si ya estuviese concedido. Créelo y así será. Cree y da gracias a Dios por ello, por lo que hizo, hace y hará, pero verdaderamente. “Cuando pidan algo, crean que ya se lo han dado, y así será”.

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De los sermones de san León Magno, papa
Del bien de la caridad

Dice el Señor en el evangelio de Juan: la señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros; y en la carta del mismo apóstol se puede leer: Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

Que los fieles abran de par en par sus mentes y traten de penetrar, con un examen verídico, los afectos de su corazón; si llegan a encontrar alguno de los frutos de la caridad escondido en sus conciencias, no duden que tienen a Dios consigo, y, a fin de hacerse más capaces de acoger a tan excelso huésped, no dejen de multiplicar las obras de una misericordia perseverante. Pues, si Dios es amor, la caridad no puede tener fronteras, ya que la Divinidad no admite verse encerrada por ningún término.

Los presentes días, queridísimos hermanos, son especialmente indicados para ejercitarse en la caridad, por más que no hay tiempo que no sea a propósito para ello; quienes desean celebrar la Pascua del Señor con el cuerpo y el alma santificados deben poner especial empeño en conseguir, sobre todo, esta caridad, porque en ella se halla contenida la suma de todas las virtudes y con ella se cubre la muchedumbre de los pecados.

Por esto al disponernos a celebrar aquel misterio que es el más eminente, con el que la sangre de Jesucristo borró nuestras iniquidades, comencemos por preparar ofrendas de misericordia, para conceder por nuestra parte, a quienes pecaron contra nosotros, lo que la bondad de Dios nos concedió a nosotros. La largueza ha de extenderse ahora, con mayor benignidad, hacia los pobres y los impedidos por diversas debilidades, para que el agradecimiento a Dios brote de muchas bocas, y nuestros ayunos sirvan de sustento a los menesterosos.

La devoción que más agrada a Dios es la de preocuparse de sus pobres, y, cuando Dios contempla el ejercicio de la misericordia, reconoce allí inmediatamente una imagen de su piedad. No hay por qué temer la disminución de los propios haberes con esas expensas, ya que la benignidad misma es una gran riqueza, ni puede faltar materia para la largueza allí donde Cristo apacienta y es apacentado. En toda esta faena interviene aquella mano que aumenta el pan cuando lo parte, y lo multiplica cuando lo da.

Quien distribuye limosnas debe sentirse seguro y alegre, porque obtendrá la mayor ganancia cuando se haya quedado con el mínimo, según dice el bienaventurado apóstol Pablo: El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer os proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de vuestra justicia en Cristo Jesús, Señor nuestro, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén (Sermón 10 sobre la Cuaresma, 3-5: PL 54, 299-301).



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