El Papa que, probablemente, Dios nos querría regalar…

marzo 5, 2013

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Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

EDITORIAL VIDA NUEVA 

Benedicto XVI ya es historia, viva, pero historia.

En este número, destacadas firmas hacen balance de un pontificado que nos deja muchas más sorpresas de las esperadas en un principio, con un legado de servicio a la Iglesia como aspecto más destacado, sin duda.

Pero la Iglesia se prepara ya para elegir a su sucesor.

Todo es nuevo, todo está por descubrir bajo la sombra del Papa que renunció. Seguirán muchos buscando las “verdaderas” razones de su retirada, pero la Iglesia está obligada a mirar hacia el futuro. ¿Quién será el sucesor? ¿Cómo será? ¿Qué tendrá que hacer?

Los cardenales se enfrentan a una decisión compleja, pero lo harán sobre lo que ha construido Benedicto XVI. No hay que contar lo que se encontrará el nuevo sucesor de Pedro. Lo saben todos los que pueden ser elegidos. Y todos saben lo que la Iglesia necesita:

  • Un Papa conquistado por Dios, tocado por las vicisitudes de los hombres. Lo decía Benedicto XVI hace unas semanas, refiriéndose a los obispos, pero vale para su sucesor: “Debe ser, sobre todo, un hombre cuyo interés esté orientado a Dios, porque solo así se interesará verdaderamente por los hombres. Podemos decirlo también al revés: debe ser un hombre al que le importen tanto los hombres que se sienta tocado por las vicisitudes de los hombres. Debe ser un hombre para los demás. Pero lo será solo si es un hombre conquistado por Dios”.
  • Un Papa valiente, sin miedo. Frente al agnosticismo e increencia, “ha de ser valeroso. Y ese valor o fortaleza no consiste en golpear con violencia, en la agresividad, sino en el dejarse golpear y enfrentarse a los criterios de la opinión dominante” (Benedicto XVI). También habrá de afrontar una renovación profunda y difícil de las estructuras de la Iglesia y tomar decisiones duras sobre asuntos que están esperándole encima de su mesa. “No tengáis miedo”, repetía Juan Pablo II. La Iglesia debe perder el miedo a estar presente en la sociedad, pero también a juzgar sus errores, a pedir perdón por ellos y a ser juzgada por los hombres. Una Iglesia más transparente no es una Iglesia más débil, sino una Iglesia más humilde y más fuerte. El Papa de los vulnerables y de los desfavorecidos. Hoy más que nunca, millones de ciudadanos sin voz, sin alimentos, sin vivienda, sin educación, sin trabajo, enfermos, desahuciados, perseguidos, con hambre y sed de justicia, esperan la respuesta y el compromiso activo de una Iglesia que los apoye, que los ampare, que los consuele y que los defienda. La caridad y la solidaridad, el desapego a las riquezas, la vuelta a lo esencial son una prioridad para un Papa necesariamente humilde y sencillo, el Papa de los pobres.
  • Un Papa puente. El pontífice que todos esperan, el hombre que tienda puentes entre los hombres de buena voluntad, entre la fe y la increencia, entre la palabra y la vida… Diálogo y puentes, desde la fe, con el hombre de hoy, con todas las corrientes del pensamiento, con todas las naciones, con todas las Iglesias, con todas las confesiones religiosas…
  • Un Papa que dé respuestas y que sacuda las conciencias. Las respuestas que pide la Iglesia, las respuestas que necesita la sociedad. Respuestas sólidas con la raíz en la palabra de Cristo, pero cercanas a las dudas del hombre de hoy. Respuestas abiertas a la libertad y la autonomía de cada uno, a la conciencia, al compromiso personal, pero respuestas evangélicas exigentes que sacudan las conciencias dormidas de los hombres y las mujeres de hoy.
  • El Papa de la unidad y de los jóvenes. En estos momentos difíciles, todos los que no van contra nosotros, están con nosotros. Esta Iglesia tan rica y tan diferente necesita sumar todas las fuerzas, apostar por la unidad eclesial, necesaria, imprescindible, y por los más jóvenes, necesarios, imprescindibles. No puede ser ni una isla ni un asilo en medio de un mundo en continuo cambio.
  • Un Papa fuerte y comunicador. Todos los retos, responsabilidades y cargas que caen sobre un hombre como los demás exigen que, además de la fuerza del Espíritu Santo, sea un hombre fuerte, espiritual y físicamente, conocedor de las nuevas formas de comunicar y dispuesto a usarlas para llevar el mensaje de Dios.

En este número decimos adiós a Benedicto XVI. Que el Espíritu Santo ilumine a los cardenales en este nuevo tiempo que se abre.

En el nº 2.838 de Vida Nueva. Del 2 al 8 de marzo de 2013

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NOTA: Por nuestra parte, invitamos a nuestros seguidores a poner en la oración todas estas preocupaciones y temores, deseos y sentimientos, intuiciones e iluminaciones… para que el Señor siga estando grande con su santa Iglesia.


Solos aunque hiperconectados

marzo 5, 2013

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Por Xiskia Valladares/Religion en Libertad
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Me encuentro últimamente muchas personas que dicen vivir aburridas. Jóvenes que se pasan horas con las maquinitas, adultos que navegan a la deriva por internet, mujeres que se pasan tiempo viendo tiendas, hombres que buscan sin encontrar…

Paradójicamente esta sociedad hiperconectada es más que nunca una sociedad que sufre de muerte social. Me voy a explicar.

Hasta hace unos años todo el mundo estaba de acuerdo en que el aburrimiento era un problema sólo de ricos. Tenían tantas cosas que llegaban al hastío. Porque las cosas no llenan el corazón humano.

La sociedad, sin embargo, ha progresado tanto (y es algo bueno) que tenemos tanta cantidad de posibilidades que hasta hace años sólo tenían los adinerados: exposiciones, tiempos libres, talleres de arte, grupos de aficionados, posibilidades de estudios, etc. y también facilidades para conectar a internet casi en cualquier parte. De alguna forma esto nos coloca a todos más o menos en la misma situación.

He de decir, sin embargo, que jamás he visto a una madre entregada a sus hijos, que se aburra. Ni tampoco a un padre responsable y honesto. Ni a nadie entregado a una causa o a los demás. La realidad es que somos seres sociales y es en relación con los otros, y en el servicio a los otros, cuando empieza a sentirse satisfecho nuestro corazón. Más aún cuando esa relación nace de otros encuentros, con uno mismo y con el mismo Amor.

Porque también somos seres espirituales, aunque decir esto sea hoy políticamente incorrecto. ¿Acaso un ateo no tiene también alma o espíritu? Lo tendrá dormido, pero lo tendrá. El problema es negar esta realidad porque mientras la neguemos seguiremos teniendo un corazón individualista e insatisfecho.

Así pues, podemos tener todas las redes sociales que queramos. Podemos estar conectados con miles de personas. Podemos viajar a cientos de países online. Nuestra navegación será un deambular a la deriva como mendigos buscando dónde saciar una sed de eternidad irreconocida.

Y el aburrimiento produce tedio y el tedio nos lleva a la tristeza, hasta tocar fondo con nuestra soledad. Soledad aunque estemos hiperconectados.

De este tipo de ciudadanos está lleno el Continente Digital: De jóvenes, mujeres y hombres que buscan sin saber cómo llenar un corazón solitario y vacío. Necesitados de Vida con mayúscula, de Evangelio sin saberlo, de cercanía y de acogida. El Papa Benedicto nos lo decía muy claro:

“En efecto, los creyentes advierten de modo cada vez más claro que si la Buena Noticia no se da a conocer también en el ambiente digital podría quedar fuera del ámbito de la experiencia de muchas personas para las que este espacio existencial es importante.”

San Pablo es más tajante: “Ay de mí si no evangelizara”.

Nuestra sociedad se aburre y el aburrimiento es muy malo. Más que nunca necesita dosis de Evangelio sin edulcorantes. No hay otra forma de saciar esa sed de eternidad.

Yo rezo para que los creyentes seamos Evangelio vivo para toda esa gente: acogida, escucha, perdón, el amor más genuino, sin perder por ello claridad y contundencia cuando es necesario.

Pero si los “imisioneros” no nos llenamos de la Fuente, ¿quién les transmitirá? ¿quién les llevará el agua de vida eterna? Conectar con alguien es crear juntos nuevas realidades que te hacen más grande. Y para eso no basta dialogar. Es necesario el encuentro entre las almas, entre personas.

Religiosa, filóloga y periodista. Aficionada a la fotografía. #iMision 2.0 x un mundo mejor.

@xiskya

@xiskya


Maná y Vivencias Cuaresmales (23)

marzo 5, 2013

Martes de la 3ª semana de Cuaresma

Perdonar siempre



Antífona de entrada: Salmo 16, 6-8

Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes; inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras. Protégeme como a la pupila de tus ojos; escóndeme a la sombra de tus alas.


Oración colecta:

Señor, que tu gracia no nos abandone, para que, entregados plenamente a tu servicio, sintamos sobre nosotros tu protección continua. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Daniel 3, 25.34-43

En aquellos días, Azarías se detuvo a orar y, abriendo los labios en medio del fuego, dijo: «Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas.

Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia.

Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor. Trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor.»


SALMO 24, 4-5ab.6.7bc.8-9

Señor, recuerda tu misericordia.

Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. 

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.

El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.


Aclamación antes del Evangelio: Joel 2, 12-13

Todavía es tiempo, dice el Señor. Arrepentíos de todo corazón y volveos a mí, que soy compasivo y misericordioso.


EVANGELIO: Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.” El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.

Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: “Págame lo que me debes.” El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.” Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»


Antífona de comunión: Salmo 14, 1-2

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu casa y descansar en tu monte santo? El que procede honradamente y practica la justicia.
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VIVENCIAS CUARESMALES (23)

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Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; éste sea hoy nuestro sacrificio

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21. MARTES

TERCERA SEMANA

DE CUARESMA


TEMA: Pedir perdón a Dios, sin imitarle en su compasión, equivale a un autoengaño fatal, nefasto, definitivamente suicida.

El capítulo 18 de Mateo es denominado capítulo “eclesial” porque trata de las relaciones entre creyentes al interior de la Iglesia. El evangelio de hoy se refiere al perdón. ¿Cuántas veces debo perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús responde que debemos perdonar siempre –setenta veces siete-, porque el perdón nos permite ser hijos de Dios. Si no perdonamos no podemos disfrutar de la salvación.

Pues no se perdona para que el otro cambie sino para cambiar yo: El perdón implica un amor incondicional a Dios y al hermano que es lo único que todos podemos y debemos cultivar siempre. Lo demás, por ejemplo el que el hermano cambie, no depende de nosotros.

El amor es lo que único que permanece; lo único que da vida. Además, el amor contiene en sí mismo el premio, él mismo es la recompensa, pues no está sino en función de sí mismo, porque nos hace semejantes a Dios que es amor. Al amar y perdonar nos hacemos verdaderos hijos de Dios.

Lectura del Evangelio según san Mateo 18, 21-35

La parábola pone de relieve la gran diferencia entre el perdón que recibimos de Dios y el que nosotros damos normalmente. “Siervo malvado, malo, ¿no debías compadecerte de tu compañero como yo me compadecí de ti?” Perdonar de corazón significa olvidar la ofensa, renunciar de una vez por todas a llevar la razón, a que nos hagan justicia los hombres; renunciar a comentar, a vengarse, a desear mal a quien nos ofendió; renunciar a todo eso… para siempre, y así alcanzar la libertad, la despreocupación, el descanso en Dios.

Perdonar de corazón implica recibir el amor de Dios que proporciona una paz que nada ni nadie nos podrán arrebatar.

Pero ¡ojo! que este perdón es imposible para los hombres, pero posible para Dios. Y él lo ofrece a todos porque desea que todos tengamos vida en abundancia, que llevemos mucho fruto. Él quiere que todos podamos darlo sin medida, pues sólo así tendremos vida, y permitiremos a Dios repartirla a discreción. Por eso, nos puede mandar perdonar siempre.

Lectura del profeta Daniel 3, 25.34-43

“No nos abandones para siempre, por amor de tu nombre, no rechaces tu alianza. No nos retires tu misericordia, por Abraham, tu amigo, por Isaac, tu siervo, por Israel, tu santo… Señor, hemos pasado a ser la nación más pequeña de toda la tierra, a causa de nuestros pecados. En esta hora ya no tenemos rey, ni profeta, ni jefe… No tenemos un lugar en que presentarte las primicias de nuestras cosechas… Pero, a lo menos, que al presentarnos con alma contrita y espíritu humillado te seamos agradables…

Que éste sea hoy nuestro sacrificio y nos consiga tu favor… Porque ahora sí te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro… Líbranos de acuerdo a tus maravillas, y da, Señor, gloria a tu nombre”.

Ante la conciencia de nuestras faltas de perdón por la soberbia, por la falta de fe, por la sinrazón, debemos entonar el canto del arrepentimiento de Daniel: Hoy te presentamos un alma contrita y un espíritu humillado. No tenemos merecimientos. Si no podemos perdonar es porque no le dejamos a Dios actuar en nosotros, porque contrarrestamos la acción del Espíritu Santo, es decir, el Espíritu de la comunión, el Espíritu del perdón derramado de una vez para siempre en nuestros corazones desde el bautismo.

Con el salmo 24 oramos: “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad”.

El Señor enseña el camino a los pecadores, hace caminar a los humildes con rectitud. Él nos permite imitarlo en el amor, el perdón y la paciencia con los hermanos: No sólo siete veces, sino hasta setenta veces siete. Ese comportamiento es fruto de una vida nueva; imposible para el hombre que por naturaleza es débil, rencoroso, egoísta, incapaz de olvidar, vengativo…

Para perdonar como quiere el Señor, por nuestro bien, hay que nacer de arriba, de nuevo, de lo alto; hay que ser una criatura nueva en Cristo. Es preciso vivir como hijo de Dios que es paciente con todos y manda la lluvia sobre justos y pecadores.

Durante la Cuaresma vamos disponiéndonos día a día para este alumbramiento maravilloso a una vida nueva en Cristo Resucitado, El Señor de la gloria. Ánimo, hermano, que merece la pena hacer con perseverancia y con deportividad este itinerario cuaresmal que culmina en Pascua.

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Mi sacrificio es un espíritu quebrantado

De los sermones de San Agustín, obispo

Yo reconozco mi culpa, dice el salmista. Si yo la reconozco, dígnate tú perdonarla. No tengamos en modo alguno la presunción de que vivimos rectamente y sin pecado. Lo que atestigua a favor de nuestra vida es el reconocimiento de nuestras culpas. Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijase en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder. Y, al no poderse excusar a sí mismos, están siempre dispuestos a acusar a los demás.

No es así como nos enseña el salmo a orar y dar a Dios satisfacción, ya que dice: Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. El que así ora no atiende a los pecados ajenos, sino que se examina a sí mismo, y no de manera superficial, como quien palpa, sino profundizando en su interior. No se perdona a sí mismo, y por esto precisamente puede atreverse a pedir perdón.

¿Quieres aplacar a Dios? Conoce lo que has de hacer contigo mismo para que Dios te sea propicio. Atiende a lo que dice el mismo salmo: Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Pero continúa y verás qué dice: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. Dios rechaza los antiguos sacrificios, pero te enseña qué es lo que has de ofrecer. Nuestros padres ofrecían víctimas de sus rebaños, y éste era su sacrificio. Los sacrificios no te satisfacen, pero quieres otra clase de sacrificios.

Si te ofreciera un holocausto –dice- , no lo querrías. Si no quieres, pues, holocaustos, ¿vas a quedar sin sacrificios? De ningún modo. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. Éste es el sacrificio que has de ofrecer. No busques en el rebaño, no prepares navíos para navegar hasta las más lejanas tierras a buscar perfumes. Busca en tu corazón la ofrenda grata a Dios. El corazón es lo que hay que quebrantar. Y no temas perder el corazón al quebrantarlo, pues dice también el salmo: Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Para que sea creado ese corazón puro, hay que quebrantar antes el impuro.

Sintamos disgusto de nosotros mismos cuando pecamos, ya que el pecado disgusta a Dios. Y, ya que no estamos libres de pecado, por lo menos asemejémonos a Dios en nuestro disgusto por lo que a él le disgusta. Así tu voluntad coincide en algo con la de Dios, en cuanto que te disgusta lo mismo que odia tu Hacedor (Sermón 19, 2-3, CCL 41, 252-254).

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Como nadie está libre de pecado, hoy puedes rezar el salmo penitencial por excelencia, el salmo 50:

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

Finalmente, te recuerdo que sobre el proceso del perdón y de la reconciliación total, consigo mismo, con el hermano y con Dios, trata la entrada correspondiente al sábado de la primera semana de Cuaresma. Considero que uno de los frutos más importantes de la Cuaresma debe ser “la sanación por el perdón”, para todos y cada uno, sin excepción.

Pues, ¿quién puede afirmar que todo lo tiene perdonado y olvidado? Anímate a permitirle al Espíritu que te sane totalmente, para que puedas experimentar la libertad de los hijos de Dios.

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