De promotora del ateísmo y experimentar un vacío interior… encontró a Dios: «Ya todo cuadra»

enero 18, 2013
Susana Hortigosa

Susana Hortigosa

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Y, entretanto, vivió sumergida en un mundo de promiscuidad, drogas, depresiones… hasta que un novio católico le iluminó su vida.

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«Si Dios es Todopoderoso, ¿puede hacer una piedra tan grande que no pueda cargarla? ¿Es o no es Todopoderoso?». Algunos se plantean este tipo de preguntas y las utilizan como baluarte en pro de la increencia o la irracionalidad de la fe.

Habría muchas respuestas que ofrecer. Pero una de las mejores, sin duda, es presentar la vida de uno que pensaba justamente con ese tipo de argumentos y que hoy, tras descubrir a Dios, es otra persona.

Se llama Susana Hortigosa García. Nació en Palma de Mallorca (España), pero muy pronto se trasladó con sus padres a un pueblito de Sevilla llamado Casariche.

«Mi familia, y el pueblo en general, son de ideología de izquierdas y atea –cuenta Susana–. Iba al colegio público, donde no se mencionaba a Dios. Cuando llegó el momento de la Primera Comunión, mis padres dejaron que yo eligiera si quería hacerla o no. Decidí que no, y dejé la catequesis y las clases de religión en el colegio, porque me aburrían».

Dentro de este ambiente sin Dios, los ingredientes que sazonaron la adolescencia de Susana no se hicieron esperar: «Drogas, promiscuidad, escapadas de casa, discusiones con mis padres, depresiones… el kit completo». Y de joven no es que mejorara mucho la situación. Trasladada a Málaga al cumplir los veinte años para hacer la carrera de Magisterio, puso muy poco el pie en la facultad… aunque sí que logró sacar la carrera.

Fue en este período cuando retomó el contacto con un buen amigo, católico convencido, con quien se debatía en largas discusiones durante paseos nocturnos: «hablábamos de las cuestiones que nos preocupaban: moral, pareja… y Dios». Porque aunque con el paso del tiempo fue madurando y asentando cabeza, Susana empezaba a experimentar un vacío interior: un algo que no le dejaba en paz consigo misma.

Poco a poco, su vida personal fue quejándose de sus excesos. Establecida en Málaga, trabajó en todo lo que se le pusiera delante: camarera, dependienta, etc. Saltaba de pareja en pareja. Canceló una boda un mes antes de su celebración; otra, a escasos doce días antes. No aguantó y decidió huir. Su amigo católico, establecido ahora en Madrid, la invitó a irse con él; no se lo pensó dos veces.

Y ¿cómo fue su vida en la capital? Así lo describe ella: «Empecé a trabajar como informática. Me hice socia de ARP-SAPC, una sociedad que promueve el ateísmo (entre otras cosas), pero cuanto más me involucraba con la asociación, menos me convencían sus argumentos. Y empecé a investigar sobre la fe, a querer creer… pero no podía».

Una “atea católica”

A todo esto, se sumó una tormentosa relación con un joven que le llevó a replantearse la naturaleza del amor, de la entrega y del sufrimiento. Fueron días muy difíciles, en los que ella se definía “atea católica”.

Instintivamente, y para sentirse más segura, buscó un novio que fuera católico. Lo encontró. Y ahí fue donde todo cambió…

«Cuando ya éramos pareja, le freía a preguntas. Hasta que, un día, me dijo algo que me abrió los ojos: “¿Por qué no dejas de buscar a Dios en las alturas y le buscas en el amor de la gente que te rodea?”. En ese momento hubo un clic en mi cabeza. Y supe que Dios siempre había estado ahí, esperándome».

A partir de ese momento, empezó a integrarse en la parroquia, a recibir catequesis, a ir a misa. Hizo su Primera Comunión. Hace apenas unas semanas se confirmó… «y poco a poco espero ir encontrando mi sitio en la Iglesia», dice una feliz Susana.

Todo este proceso, y mucho más, es lo que cuenta en su blog: http://www.yentucamino.blogspot.com.es/

La Susana de hoy sigue su vida, pero camina ya con otra visión totalmente distinta. Así lo describe ella misma:

«La conversión es una experiencia brutal. Y, en mi caso, me gusta porque yo no estaba en una situación extrema. Cuando se cuentan las conversiones de prostitutas, drogadictos, presos, etc., los ateos suelen argumentar que han encontrado a la Iglesia como una forma de escapar a su situación, o como un consuelo.

Pero yo no necesitaba a Dios. Le buscaba, sí, pero mi vida era muy normal: un trabajo corriente, buenos amigos, una vida independiente… pero sentía un vacío inmenso en mi interior. Trataba de llenarlo estando pendiente de otras cosas: de ascender en el trabajo, de comprar esto o lo otro, estableciendo relaciones idealizadas y de dependencia… y nada de esto me llenaba.

Intentaba acallar esa voz que me decía que nada tenía sentido, que no había una razón para levantarse por las mañanas. Esa soledad abismal. Hasta que encontré a Dios: entonces, de repente, todo cuadraba».

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El maná de cada día, 18.1.13

enero 18, 2013

Viernes de la 1ª semana del Tiempo Ordinario

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18 de enero de 2013

Inicio del Octavario de oración por la unidad de los cristianos
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No olvidéis las acciones de Dios

No olvidéis las acciones de Dios

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Antífona de entrada Juan 10, 14-15

Yo soy el Buen Pastor, que conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen -dice el Señor- igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Oración colecta:

Señor, Dios nuestro, que amas a los hombres, te rogamos derrames sobre nosotros la gracia abundante de tu Espíritu, para que, caminando en santidad, según la vocación a que nos llamas, demos a los hombres testimonio de la verdad y busquemos la unidad de todos los creyentes en el vínculo de la paz verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo.



PRIMERA LECTURA: Hebreos 4, 1-5.11

Temamos, no sea que, estando aún en vigor la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros crea que ha perdido la oportunidad. También nosotros hemos recibido la buena noticia, igual que ellos; pero el mensaje que oyeron de nada les sirvió, porque no se adhirieron por la fe a los que lo habían escuchado.

En efecto, entramos en el descanso los creyentes, de acuerdo con lo dicho: «He jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso», y eso que sus obras estaban terminadas desde la creación del mundo.

Acerca del día séptimo se dijo: «Y descansó Dios el día séptimo de todo el trabajo que había hecho.» En nuestro pasaje añade: «No entrarán en mi descanso.» Empeñémonos, por tanto, en entrar en aquel descanso, para que nadie caiga, siguiendo aquel ejemplo de rebeldía.


SALMO 77, 3.4bc.6c-7.8

No olvidéis las acciones de Dios.

Lo que oímos y aprendimos, lo que nuestros padres nos contaron, lo contaremos a la futura generación: las alabanzas del Señor, su poder.

Que surjan y lo cuenten a sus hijos, para que pongan en Dios su confianza y no olviden las acciones de Dios, sino que guarden sus mandamientos.

Para que no imiten a sus padres, generación rebelde y pertinaz; generación de corazón inconstante, de espíritu infiel a Dios.


Aclamación: Lucas 7, 16

Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.


EVANGELIO: Marcos 2, 1-12

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.

Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados quedan perdonados.»
Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: «Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?»

Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico “tus pecados quedan perdonados” o decirle “levántate, coge la camilla y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados… »

Entonces le dijo al paralítico: «Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.»
Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos.

Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual.»


Antífona de la comunión: 1 Corintios 10, 17

El pan es uno y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan y bebemos del mismo cáliz.

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Acércate al médico

San Agustín, Sermón 87, 13-14

Si en una ciudad enfermare alguien en el cuerpo y hubiese allí un médico muy experimentado, enemigo de poderosos amigos del enfermo; si, repito, en una ciudad enfermase alguien con una enfermedad peligrosa y existiese en la misma ciudad un médico muy experimentado, enemigo, como dije, de poderosos amigos del enfermo, quienes le dijeran: «No recurras a él, no sabe nada», y lo dijeran no con la intención de dar una opinión, sino por envidia, ¿no prescindiría aquél en bien de su salud de las fábulas de sus poderosos amigos?

Aunque fuese una ofensa para ellos, ¿no recurriría para vivir unos días más a aquel médico que la fama había celebrado como muy competente, para que expulsase de su cuerpo la enfermedad?

El género humano yace enfermo; no por enfermedad corporal, sino por sus pecados. Yace como un gran enfermo en todo el orbe de la tierra de Oriente a Occidente. Para sanar a este gran enfermo descendió el médico omnipotente. Se humilló hasta tomar carne mortal, es decir, hasta acercarse al lecho del enfermo. Da los preceptos que procuran la salud, y es despreciado; quienes le escuchan son liberados.

Es despreciado, pues dicen los amigos poderosos: «Nada sabe». Si no supiera nada, no llenaría los pueblos con su poder; si no supiera nada, no existiría antes de nosotros; si no supiera nada, no hubiera enviado a los profetas antes de él. ¿No se cumple ahora lo que antes fue predicho? ¿No demuestra este médico el poder de su arte cumpliendo sus promesas? ¿No caen por tierra en todo el orbe los errores perniciosos y se doman las codicias en la trilla del mundo?

Nadie diga: «Antes el mundo estaba mejor que ahora; desde que llegó este médico a ejercer su arte, vemos en él muchas cosas espantosas». No te extrañes. Antes de ponerse a curar a un enfermo, la sala del médico parecía limpia de sangre; ahora que tú ves lo que pasa, sacúdete las vanas delicias, acércate al médico; es el tiempo de buscar la salud, no el placer.

Curémonos, pues, hermanos. Si aún no hemos reconocido al médico, no nos enfurezcamos contra él como locos, ni nos apartemos de él como aletargados. Muchos perecieron enfureciéndose y muchos también durmiendo. Son locos los que pierden sus cabales fuera del sueño. Están aletargados los oprimidos por el mucho sueño. Los tales son ciertamente hombres.

Unos quieren ser crueles con este médico y, como él ya está sentado en el cielo, persiguen a los fieles, sus miembros, en la tierra. También a éstos los cura. Muchos de ellos se tornaron por la conversión, de enemigos en amigos; de perseguidores se convirtieron en predicadores. Incluso a los judíos, que se habían ensañado contra él cuando estaba aquí en la tierra, los curó como a locos. Por ellos oró cuando pendía de la cruz con estas palabras: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc 23,34).

Muchos de ellos, calmado su furor, como reprimida la locura, conocieron a Dios, conocieron a Cristo. Después de la ascensión, enviado el Espíritu Santo, se convirtieron al que crucificaron y, creyendo en el Sacramento, bebieron la sangre que derramaron con crueldad.