¿Cómo informar mejor sobre la religión?

enero 3, 2013

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Un derecho fundamental dejado al libre arbitrio

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Jose Antonio Varela Vidal
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ROMA, Friday 28 December 2012 (Zenit.org).

Estos días llegan noticias desde algunos países, donde el derecho a la libertad religiosa es algo relativo, y depende del humor del gobierno de turno. Algunas veces, estos usan su investidura para controlar o relativizar las creencias y hasta la moral de las personas. Es una nueva bandera de caballería, alzada en aras de la democracia y la modernidad.

Sin embargo, el lector o espectador atento, con una mirada crítica sobre estas acciones, descubrirá que no son noticias “simples” las que transmiten los medios, sino el atropello a un derecho tan fundamental como es creer en Dios. Ni la vida angustiada de la democracia moderna, ni las pesadas estructuras religiosas o ateas de algunos países, justifican la falta de libertad para el que cree.

Los gobiernos no le han regalado la fe religiosa a la gente –como sí es el caso de los servicios de bienestar, que luego reclamarán en el voto. Por esa razón, no deberían quitarla, ni prohibir algo que no está en su esfera.

Vivir sin aire

Las noticias llegan desde Pakistán hasta la India; de Estados Unidos de América a Inglaterra, pasando por la China y Nigeria, y otros como Indonesia, en que algunos imanes llamaron a boicotear las misas navideñas… Los medios informan sobre personas privadas de su libertad, como la madre de familia católica Asia Bibi, cuya única “falta” fue defender su cristianismo ante otras mujeres musulmanas; por esto la han condenado a muerte, la que se viene postergando por tres años y medio gracias a una apelación.

O también se sabe cuánto sufren quienes deciden abrazar una nueva religión en la India, y son condenados por la durísima ley anticonversión, que se mantiene aún vigente en algunos estados.

En Estados Unidos, pende como una amenaza la famosa ley federal del departamento de sanidad, que obligaría a todos los hospitales privados –muchos llevados por evangélicos, católicos y judíos–, a ofrecer en los seguros médicos ciertos servicios de planificación familiar que ellos mismos condenan y combaten, incluido el aborto.

Por otro lado está el gobierno del Reino Unido, que años atrás permitió que una empresa aérea y un centro de salud botaran a dos trabajadoras, solo por llevar una cadena con la cruz en horario laboral… Hoy ellas siguen luchando por su trabajo –y por su fe–, en la Corte europea de Derechos Humanos de Estrasburgo.

La Navidad sangrienta que vivieron los cristianos hace unos días en Nigeria, es una muestra de la poca protección y atención que reciben los creyentes. A la vez, deja vislumbrar el tipo de gobierno que prometen –en caso de que lleguen al poder allí y en otros países en conflicto–, los fundamentalistas.

Y sin querer agotar los casos, el mundo aún espera la liberación de miles de cristianos y católicos en China, entre ellos un obispo que gobierna su diócesis en secreto, recluido en la cárcel desde hace veinte años; o el reciente obispo auxiliar de Shangai, quien por renunciar a la “iglesia oficial” públicamente, vive en arresto domiciliario desde julio último, prohibido de ejercer su ministerio o contactar a la gente.

Leer bien, informar mejor

Pero constatamos también que algunas de estas noticias son tratadas y analizadas de forma superficial y errónea ante la opinión pública, como es el caso del auténtico derecho a las creencias y prácticas religiosas, que hoy forman parte de la vida diaria de miles de millones de personas en el mundo. Cuando hablamos de noticias internacionales, el error parte a veces de las mismas agencias informativas, cuyos envíos vuelven a ser reproducidos por las redacciones locales sin mayores aportes o crítica.

Esto podría evitarse si la formación en Periodismo especializado que se da en los centros superiores y universidades de todo el mundo, contara con mejores discursos sobre la información religiosa. Allí se forma a los futuros profesionales para que sepan reportear, investigar, fotografiar y opinar sobre algunos de los distintos temas y actores de nuestra sociedad, como son lo político, económico, judicial y policial, científico, cultural y lo deportivo y ecológico. Pero del periodismo especializado en lo religioso y/o eclesial hay muy poco, o diríamos nada…

Definitivamente el desbalance es evidente y en esto tienen responsabilidad los directores de los centros de estudios, algunos líderes religiosos e incluso los propietarios y directores de los medios de comunicación, que dejan un vacío muy difícil de llenar en la masa crítica.

Algunos, que se van especializando en religión, resaltan la importancia de tener una preparación efectiva y actualizada sobre el tema, y se ha constatado en Estados Unidos de América e Italia que muchos de los periodistas en información religiosa estudian teología o historia de las religiones por su cuenta y costo, a fin de hacer las cosas un poco mejor.

Estamos seguros que si hubiera más iniciativas serias al respecto, con el fin de darle un mejor trato a la información religiosa, las mismas audiencias valorarían el esfuerzo de los periodistas y los compensarían con su fidelidad. ¿Usted qué dice?

 


El maná de cada día, 3.1.13

enero 3, 2013

Santísimo nombre de Jesús

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Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo

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ANTÍFONA DE ENTRADA: Filipenses 2, 10-11

Al nombre de Jesús toda rodilla se doble -en el Cielo, en la Tierra y en el Abismo-, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.


ORACIÓN COLECTA:

Oh Dios que fundaste la salvación del género humano en la encarnación de tu Palabra, concede a tu pueblo la misericordia que implora, para que todos sepan que no ha de ser invocado otro Nombre que el de tu Unigénito. Él, que vive y reino contigo.


PRIMERA LECTURA: 1 Juan 2, 29; 3, 1-6

Queridos hermanos:

Si sabéis que él es justo, reconoced que todo el que obra la justicia ha nacido de él.

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!

El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.

Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

Todo el que comete pecado quebranta también la ley, pues el pecado es quebrantamiento de la ley.

Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados, y en él no hay pecado.

Todo el que permanece en él no peca. Todo el que peca no le ha visto ni conocido.


SALMO 97, 1.3cd-4.5-6

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera, gritad, vitoread, tocad.

Tañed la cítara para el Señor suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas aclamad al Rey y Señor.


ACLAMACIÓN: Juan 1, 14. 12b

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. A cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios.


EVANGELIO: Juan 1, 29-34

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Trás de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.” Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.” Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»


ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN: Hechos 4, 12

Bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos.

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El doble precepto de la caridad

San Agustín. Tratado sobre el evangelio de san Juan (17, 7-9)

Vino el Señor mismo, como doctor en caridad, rebosante de ella, compendiando, como de él se predijo, la pa­labra sobre la tierra, y puso de manifiesto que tanto la ley como los profetas radican en los dos preceptos de la caridad.

Recordad conmigo, hermanos, aquellos dos preceptos. Pues, en efecto, tienen que seros en extremo familiares, y no sólo veniros a la memoria cuando ahora os los recor­damos, sino que deben permanecer siempre grabados en vuestros corazones. Nunca olvidéis que hay que amar a Dios y al prójimo: a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser; y al prójimo como a sí mismo.

He aquí lo que hay que pensar y meditar, lo que hay que mantener vivo en el pensamiento y en la acción, lo que hay que llevar hasta el fin. El amor de Dios es el pri­mero en la jerarquía del precepto, pero el amor del próji­mo es el primero en el rango de la acción. Pues el que te puso este amor en dos preceptos no había de proponer­ primero al prójimo y luego a Dios, sino al revés, a Dios primero y al prójimo después.

Pero tú, que todavía no ves a Dios, amando al prójimo haces méritos para verlo; con el amor al prójimo aclaras tu pupila para mirar a Dios, como sin lugar a dudas dice Juan: Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.

Que no es más que una manera de decirte: Ama a Dios. Y si me dices: «Señálame a quién he de amar», ¿qué otra cosa he de responderte sino lo que dice el mismo Juan: A Dios nadie lo ha visto jamás? Y para que no se te ocurra creerte totalmente ajeno a la visión de Dios: Dios, dice, es amor, y quien permanece en el amor permane­ce en Dios. Ama por tanto al prójimo, y trata de averiguar dentro de ti el origen de ese amor; en él verás, tal y como ahora te es posible, al mismo Dios.

Comienza, pues, por amar al prójimo. Parte tu pan con el hambriento, y hospeda a los pobres sin techo; viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne.

¿Qué será lo que consigas si haces esto? Entonces rom­perá tu luz como la aurora. Tu luz, que es tu Dios, tu au­rora, que vendrá hacia ti tras la noche de este mundo; pues Dios ni surge ni se pone, sino que siempre per­manece.

Al amar a tu prójimo y cuidarte de él, vas haciendo tu camino. ¿Y hacia dónde caminas sino hacia el Señor Dios, el mismo a quien tenemos que amar con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser? Es verdad que no hemos llegado todavía hasta nuestro Señor, pero sí que tenemos con nosotros al prójimo.

Ayuda, por tanto, a aquel con quien caminas, para que llegues hasta aquel con quien deseas quedarte para siempre.


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