¡Feliz Año 2013!

enero 2, 2013
Nuevo amanecer

Nuevo amanecer



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NUEVO AÑO


NUEVO AMANECER


NUEVA OPORTUNIDAD


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Amables lectores y lectoras internautas:

Les deseo un feliz año 2013, repleto de lo mejor para ustedes. Que sus deseos y aspiraciones al bien sean satisfechos por nuestro Padre Dios, fuente de todo don perfecto.

Estimado lector, amable lectora, permítanme desearles lo mejor utilizando la fórmula de bendición inspirada por Dios mismo y recogida en el libro de los Números:

“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz” (6, 24-26).

Con esta bendición Dios “dice bien” de ti, te mira con agrado; y este gesto se traduce en protección. Él te lleva en la palma de su mano y nada te puede suceder que él no permita. No hay poderes arbitrarios que puedan amedrentarte. Nada ni nadie pueden hacerte daño si Dios no se lo consiente y permite. Y como él es el único compasivo, no permitirá que seas tentado por encima de tus fuerzas. Al revés, él hará que todo contribuya a tu bienestar integral, que en todo puedas vecer hasta con facilidad y gusto.

Por tanto, puedes entrar en el nuevo año totalmente confiado en el Señor; liberado de toda ansiedad, angustia y preocupación. Puedes confiarte en Dios como lo hace un niño que se siente protegido permanentemente por sus padres.

Pero si es verdad que nada se mueve sin el querer de Dios, también es verdad que tu futuro depende de ti. Por tanto, el nuevo año será lo que tú quieras que sea. Nada está escrito ni predeterminado. Tu futuro depende sólo de ti y de Dios. Él, ciertamente, quiere lo mejor para ti en este año. Si tú también lo quieres, seréis mayoría aplastante.

Vive, pues, gozoso y feliz cada momento del nuevo año. Así será realmente un año de gracia y bendición para ti.

Y para expresártelo usaré de nuevo la palabra de Dios. Pablo se dirige a los fieles de Éfeso: “Dios os dé sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama y cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos” (1, 17-18). Si conocieras el don de Dios, y quién es el que habla contigo, dijo Jesús a la samaritana, tú le pedirías agua viva y él te la daría.

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La carrera decisiva

Olvidando lo que queda atrás

me lanzo hacia adelante

a ver si alcanzo la meta

fijos los ojos en el iniciador

y consumador de nuestra fe

Cristo Jesús, el Señor de la gloria.

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Feliz año nuevo 2013. Que Dios se glorifique en tu vida. En intercambio de oraciones y nobles deseos. Tú, no temas. No te eches atrás y verás la gloria y el poder del Señor en tu vida. Cuenta conmigo para lo que desees. Un abrazo, p. Ismael

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El maná de cada día, 2.1.13

enero 2, 2013
San Basilio y San Gregorio

San Basilio y San Gregorio



San Basilio y san Gregorio Nacianceno,

obispos y doctores de la Iglesia


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ANTÍFONA DE ENTRADA: Isaías 9, 2

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de sombras y una luz les brilló.


ORACIÓN COLECTA:

Señor Dios, que te dignaste instruir a tu Iglesia con la vida y doctrina de san Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno, haz que busquemos humildemente tu verdad y la vivamos fielmente en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 1 Juan 2, 22-28

¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ése es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre.

En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre; y ésta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna.

Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros. Y en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas –y es verdadera y no mentirosa– según os enseñó, permanecéis en él.

Y ahora, hijos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida.


SALMO 97

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.


ACLAMACIÓN: Hebreos 1, 1-2

En distintas ocasiones habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo.


EVANGELIO: Juan 1, 19-28

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»

Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»

Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»

Él dijo: «No lo soy.»

«¿Eres tú el Profeta?»

Respondió: «No.»

Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»

Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías.»

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»

Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.


ANTÍFONA DE COMUNIÓN: 1 Juan 1, 2

La vida, que estaba con el Padre, se hizo visible y se nos manifestó.


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COMENTARIO

La espiritualidad de Navidad consiste en experimentar más y mejor la filiación divina:

Que somos verdaderos hijos de Dios en el Hijo unigénito, pues al encarnarse ha asumido nuestra naturaleza y por eso, en la humanidad de Jesús está comprometida la nuestra. Y si aquella humanidad fue llena del Espíritu del Hijo de Dios, también la nuestra, después de la Resurrección y del envío del Espíritu, por el bautismo, puede y debe ser llena del Espíritu de Cristo.

Pidamos al Padre que se haga realidad todo lo que ha pretendido hacer con nosotros al amarnos tanto que ha enviado a su Hijo al mundo, que se cumplan sus designios de paz y bien en nosotros, que no se quede a medias su obra… Que nos envíe la plenitud del Espíritu.

Por nuestra parte debemos ratificar nuestra entrega a Dios renunciando a todo pecado, perdonando a discreción las ofensas que hayamos recibido de los demás, dejando atrás el hombre viejo lanzándonos hacia adelante para ser nuevas creaturas en Cristo.
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El Señor vivifica su cuerpo en el Espíritu

Del libro de san Basilio Magno,
sobre el Espíritu Santo (Cap. 26, 61.64)

De quien ya no vive de acuerdo con la carne, sino que actúa en virtud del Espíritu de Dios, se llama hijo de Dios y se ha vuelto conforme a la imagen del Hijo de Dios, se dice que es hombre espiritual. Y así como la capacidad de ver es propia de un ojo sano, así también la actuación del Espíritu es propia del alma purificada.

Así mismo, como reside la palabra en el alma, unas veces como algo pensado en el corazón, otras veces con algo que se profiere con la lengua, así también acontece con el Espíritu Santo, cuando atestigua a nuestro espíritu y exclama en nuestros corazones: Abba (Padre), o habla en nuestro lugar, según lo que se dijo: No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

Ahora bien, así como entendemos el todo distribuido en sus partes, así también comprendemos el Espíritu según la distribución de sus dones. Ya que todos somos efectivamente miembros unos de otros, pero con dones que son diversos, de acuerdo con la gracia de Dios que nos sido concedida.

Por ello precisamente, el ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito.» Sino que todos los miembros completan a la vez el cuerpo de Cristo, en la unidad del Espíritu; y de acuerdo con las capacidades recibidas se distribuyen unos a otros los servicios que necesitan.

Dios fue quien puso en el cuerpo los miembros, cada uno de ellos como quiso. Y los miembros sienten la misma solicitud unos por otros, en virtud de la comunica­ción espiritual del mutuo afecto que les es propia. Esa es la razón de que cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos le felicitan.

Del mismo modo, cada uno de nosotros estamos en el Espíritu, como las partes en el todo, ya que hemos sido bautizados en un solo cuerpo, en nombre y virtud de un mismo Espíritu.

Y como al Padre se le contempla en el Hijo, al Hijo se le contempla en el Espíritu. La adoración, si se lleva a cabo en el Espíritu, presenta la actuación de nuestra alma como realizada en plena luz, cosa que puede deducirse de las palabras que fueron dichas a la samaritana. Pues como ella, llevada a error por la costumbre de su región, pensase que la adoración había de hacerse en un lugar, el Señor la hizo cambiar de manera de pensar, al decirle que había que adorar en Espíritu y verdad; al mismo tiempo, se designaba a sí mismo como la verdad.

De la misma manera que decimos que la adoración tie­ne que hacerse en el Hijo, ya que es la imagen de Dios Padre, decimos que tiene que hacerse también en el Espí­ritu, puesto que el Espíritu expresa en sí mismo la divinidad del Señor.

Así pues, de modo propio y congruente contemplamos el esplendor de la gloria de Dios mediante la iluminación del Espíritu; y su huella nos conduce hacia aquel de quien es huella y sello, sin dejar de compartir el mismo ser.


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