Era comunista y se sentía vacío, angustiado y sin respuestas… pero Dios se hizo presente

diciembre 14, 2012
Claudio Zemmi

Claudio Zemmi

.
La historia del pintor italiano Claudio Zemmi

Dice que «la diferencia entre la pintura de antes y la de ahora es que la primera era buena, pero le faltaba amor».

www.religionenlibertad.com
.
Claudio Zemmi es un pintor y escultor de moderado éxito y parte de su trabajo es conocido internacionalmente. Ha expuesto en numerosas ocasiones en Europa y Estados Unidos y algunas de sus obras se exhiben en la Walton Gilbert Gallery de San Francisco.

Durante su juventud y parte de su madurez, Zemmi vivió bajo los ideales del comunismo, pero un cierto vacío comenzó a hacer mella en su interior. La ideología del marxismo no llenaba su búsqueda de belleza y verdad a las que, como todo artista, se veía empujado: «En 1972 comencé a dudar de ciertas ideas comunistas, al ver lo que estaba sucediendo en Europa del Este, Cuba o China. La dictadura y el aplanamiento ideológico estaban en contradicción con el pensamiento como artista libre, así que me desligué radicalmente», explica.

Hasta principios de los años ochenta, Zemmi vagaba entre Europa y los Estados Unidos para hacer exposiciones. Más tarde, en 1986, empezó a sentir «los primeros síntomas de un vacío interior cada vez mayor». En ese momento, su madre enfermó y murió al poco tiempo, y a su hijo mayor le fue diagnosticada una enfermedad grave.

«Me estaba convirtiendo»

«Estas situaciones me han marcado y sentí la necesidad de tener una respuesta a por qué nacemos y morimos, por qué existe la enfermedad, dónde está Dios y qué hace. Fueron momentos de completa oscuridad, angustia y sufrimiento», explica el pintor.

«Un día llegó la respuesta y Dios se ha hecho presente en mi vida. Mientras estaba haciendome consciente de esta presencia, se abrió una ventana. La respuesta para mí se ha manifestado a través de una mujer, madre de familia, sabia y culta, que ha sido mi ´samaritana en el pozo de Jacob´. Me habló de la alabanza a Dios, del poder de la alabanza que libera y que permite actuar a Dios en la propia vida», continúa Zemmi en una entrevista concedida a la agencia de noticias Zenit.

Conocer el Camino Neocatecumenal

«Me sorprendió oír hablar así a un católico, de manera concreta, sobre Jesús, y me sorprendió aún más cuando fui a la casa de Jesús, que es la Iglesia. Allí escuché las catequesis y entré a formar parte del Camino Neocatecumenal con gran alegría. Aún hoy soy parte junto con mi esposa. Una puerta se abrió, la luz llegó, y comencé a tomar conciencia de este evento. Me estaba convirtiendo».

«Dios ha diseñado bien mi historia»

Las cosas no cambiaron, pero él estaba cambiando: «Ya no me sentía víctima de mi historia, Dios había diseñado bien mi historia. Se había abierto una puerta, era la puerta de la vida, la de Jesús. Enseguida me planteé cómo poner al servicio de la Iglesia mis talentos», añade el pintor.

Actualmente, sus dones se han puesto al servicio de la belleza de Dios. Claudio Zemmi es profesor en diversas escuelas locales y pinta preciosos iconos en maderas viejas y usadas. ¿Por qué? «Por definición filosófica dice que el hombre posee una naturaleza finita con la capacidad de lo infinito. San Pablo dice que llevamos un tesoro en vasijas de barro. El recipiente ya estaba (es decir, los objetos antiguos de uso diario), pero carecía del tesoro, de la capacidad del infinito», explica.

Pintar iconos con soporte frágil

«Entonces empecé a estudiar los iconos y sus significados y se me ocurrió hacerlos sobre esta madera frágil. Así, surgió un soporte frágil con un contenido infinito», razona. «Es una referencia clara al hombre que, cuando recibe a Jesucristo y sus enseñanzas dentro de sí, ve que su historia renace, no importa lo fea que fuera, y reencuentra la dignidad perdida, como en la parábola del hijo pródigo», concluye.

«La diferencia entre la pintura de antes y la de ahora es que la primera era buena, pero le faltaba amor. La segunda, la de hoy en día, está acompañada por el amor de Jesuscristo hacia todos».

Se puede consultar su obra en: www.iconeclaudio.com

 


El maná de cada día, 14.12.12

diciembre 14, 2012

Viernes de la 2ª semana de Adviento

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida



PRIMERA LECTURA: Isaías 48, 17-19

Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues. Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»


SALMO 1, 1-2.3.4.6

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.


ACLAMACIÓN: El Señor llega, salid a su encuentro; él es el Príncipe de la paz.


EVANGELIO: Mateo 11, 16-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado.” Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»

“No os canséis de hacer el bien”
(2Ts 3,13)
http://www.mater-dei.es

Es difícil no hacer el bien cuando sabemos que, en el fondo, algo conseguiremos a cambio. Aunque sean unas migajas de reconocimiento, de valoración personal, de subir puestos o de caer bien a los demás.

Pero, las personas somos tan volubles en nuestros sentimientos y estados de ánimo que, al final, ese buen actuar puede quedar a merced de la simpatía o antipatía que tengamos hacia los demás. No, un bien así, apoyado en motivaciones humanas tan frágiles, a la larga no se sostiene.

Sólo la gracia es capaz de sostener, hasta lo inimaginable, esa caridad que debe impregnar tus gestos, palabras, actitudes, criterios, todo el entramado de tu día a día. Y sólo la gracia es capaz de animar infatigablemente ese afán de hacer el bien en el que el alma encuentra su verdadero descanso.

Hace falta un corazón muy puro y desprendido, muy empapado de amor a Dios, para buscar siempre el bien y hacerlo sin cálculos ni reservas, sin reparar en si me dijo o no me dijo, si me hizo una vez o no me hizo, si me lo sabrá agradecer o no…

¿Crees que el Señor se dedicó en aquella oración de Getsemaní a sopesar y valorar si le convenía o no, si le compensaba o no abrazar la Cruz? ¿Crees que el Señor se dejó crucificar sólo porque tú y yo le caímos bien o íbamos a corresponder a su entrega?

Has de pedirle muchas veces al Señor que te sostenga en el bien. No te canses de repartirlo a manos llenas, aunque caiga, como aquella semilla, a lo largo del camino, en terreno pedregoso o entre abrojos.

.
.

SAN JUAN DE LA CRUZ: LA MÍSTICA DE LA VIDA ORDINARIA

Tu alma está hecha para albergar en sí lo ilimitado e infinito de Dios. Has de encontrar el lugar y la fuente de esa secreta intimidad con tu Cristo en las condiciones concretas de tu vida ordinaria, en los quehaceres de tu día a día. Ahí has de saber escalar las altas cumbres de la mística de lo ordinario, pues es ahí donde quiere el Señor hacerte gustar las delicias de su cruz.

“¡Oh, si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la espesura y sabiduría de las riquezas de Dios, que son de muchas maneras, si no es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolación y deseo! ¡Y cómo el alma que de veras desea sabiduría divina desea primero el padecer para entrar en ella, en la espesura de la cruz!”.

Si el Verbo tomó la carne de nuestra miserable condición humana, también las más altas gracias místicas pueden llegar a hacerse carne en tu pequeña alma.

Tu cruz de cada día, aunque sea pequeña, es cruz; la fidelidad de cada día, con ser pequeña en las formas, no deja de ser fidelidad. La mística de la vida ordinaria, con ser pequeña en sus apariencias, es, como tu alma, ilimitada e insondable como el mismo Dios. La espesura y estrechez de tu día a día ha de ser ese pozo sin fondo donde puedas beber las riquezas inagotables que manan del corazón de Dios.

“Para entrar en estas riquezas de su sabiduría la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear entrar por ella es de pocos; mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos”. No quieras un cristianismo sin cruz porque terminarás viviendo una fe sin Dios.

Y no midas la calidad de tu oración por los gustos y deleites que puedas sentir, por los grandes pensamientos que se te puedan ocurrir, por los bellos propósitos que te propongas cumplir, sino por el enorme y callado amor con que sabes permanecer en la fidelidad oscura y desabrida a tu Dios.

.
Mater Dei
Archidiócesis de Madrid
materdei@archimadrid.es


A %d blogueros les gusta esto: