Los portales católicos más visitados son las páginas web de las parroquias

noviembre 14, 2012


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Estados Unidos: un dato relevante

Más de la mitad de los entrevistados

considera insuficiente

la presencia de la Iglesia en internet.

Jorge Enrique Mujica/Religión en Libertad


El 72% de los católicos adultos en los Estados Unidos (36,2 millones de personas) tiene un perfil en Facebook. Este es uno de los datos de la reciente investigación Catholic New Media Use in the United States 2012 realizada por el Centro de Investigación Aplicada para el Apostolado (CARA, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Georgetown.

De acuerdo al informe, el 37% de los católicos nacidos antes de 1943 tienen un perfil en Facebook. El dato asciende al 82% entre los católicos nacidos a partir de 1982. Respecto al uso de otras redes sociales la presencia no es menos significativa: entre los católicos menores de 30 años, el 24% usa Twitter, el 15% está registrado en LinkedIn y el 13% utiliza Instagram.

Los resultados de la encuesta evidencian tres grandes bloques de católicos: los que se identifican abiertamente como católicos en sus perfiles digitales, los que no se identifican como católicos y los que siendo católicos no tienen registrado algún usuario en la red.

Hasta un 47% de los que católicos que utilizan internet suelen hacerlo al menos una vez al día y hasta un 45% de este grupo suele compartir contenidos al menos una vez a la semana. Entre los católicos de menos de 30 años la periodicidad con que comparten pasa de una vez a la semana a una vez al día. Por sexos, las mujeres católicas tienden más a subir contenidos diarios (17% contra 9% de los hombres). Los sitios más populares para compartir imágenes son Tumblr (50%), Instagram (44%) y Twitter (34%).

Uso de YouTube, dispositivos móviles, blogs y conocimiento de la presencia de la Iglesia en la red

Catholic New Media Use in the United States 2012 dedica apartados para el análisis de uso de YouTube, blogs y dispositivos móviles por parte de los católicos, así como el conocimiento que ellos tienen sobre la presencia institucional de la Iglesia católica en internet.

Sobre el uso de YouTube, hasta un 68% de los católicos confirma que lo utiliza. Esa cifra se dispara al 84% entre los católicos menores de 30 años. El informe destaca la popularidad que tiene YouTube entre los católicos respecto a otras redes sociales, algo que se debe –según el estudio– a que muchos de los nacidos antes de 1943 suelen visitar también el famoso portal de videosharing (el primer lugar lo ocupa el motor de búsquedas Google).

¿Pero cuántos visitantes católicos acuden a YouTube para ver contenido religioso? Apenas un 6%, si bien se eleva a un 17% entre las personas que asisten a misa una vez a la semana.

El panorama de los blogs católicos en los Estados Unidos no es muy halagüeño: apenas un 5% de los católicos (unos 2,9 millones de personas) leen o siguen blogs relacionados con la Iglesia, la fe o la espiritualidad. Entre las personas que asisten a misa una vez a la semana el porcentaje sube al 13%. ¿Los motivos? 72% para aprender más sobre las enseñanzas de la Iglesia y su fe y el 71% para estar al día sobre las noticias de la Iglesia. Sobre el mundo de los dispositivos móviles, el estudio de CARA evidencia que el 8% de los católicos adultos usan al menos una app católica.

El estudio subraya también tres preocupaciones manifestadas por los encuestados sobre la presencia on line de la Iglesia: el 45% echa de menos un sistema con el cual la Iglesia pueda validar sitios y contenidos auténticamente católicos; 43% se lamenta de la falta de un tono civil en las conversaciones en internet; y un 42% tiene la impresión de que hay una renuencia por parte de líderes católicos para usar internet.

Catholic New Media Use in the United States 2012 destaca un dato anecdótico pero relevante: el 33% de los católicos les gustaría que sus sacerdotes tuvieran un blog y un 31% que su obispo también lo tuviera. La voz de este tercio de católicos adultos supone la voluntad de 19 millones de personas.

Finalmente, hay una división entre quienes conocen la presencia en internet de la Iglesia y los que no la conocen: 24% cree que la Iglesia es “muy visible” o “algo visible” mientras que un 23% dijo que es sólo un “poco” o “muy poco visible”. 53% de los encuestados no conocía una presencia significativa de la Iglesia en la red.

Los portales católicos más visitados por los católicos adultos de los Estados Unidos son las webs de sus propias parroquias: 1 de cada 10 visita el sitio de su parroquia al menos una vez al mes o con mayor frecuencia. En números totales se trata de 5,3 millones de personas.

El informe Catholic New Media Use in the United States 2012 fue preparado a petición del Departamento de Comunicación de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Los resultados fueron presentados en An Encounter With Social Media: Bishops and Bloggers Dialogue en la ciudad de Baltimore el pasado 11 de noviembre de 2012. Cada punto porcentual equivale a 583,000 personas.

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El maná de cada día, 14.11.12

noviembre 14, 2012

Miércoles de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

Se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias



PRIMERA LECTURA: Tito 3, 1-7

Recuérdales que se sometan al gobierno y a las autoridades, que los obedezcan, que estén dispuestos a toda forma de obra buena, sin insultar ni buscar riñas; sean condescendientes y amables con todo el mundo.

Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, íbamos fuera de camino; éramos esclavos de pasiones y placeres de todo género, nos pasábamos la vida fastidiando y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros.

Mas cuando ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que según su propia misericordia nos ha salvado, con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo; Dios lo derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador. Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos de la vida eterna.


SALMO 22, 1-3a.3b-4.5.6

El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.


ALELUYA: 1 Tesalonicenses 5, 18

Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.


EVANGELIO: Lucas 17, 11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»

Al verlos, les dijo: «ld a presentaros a los sacerdotes.»

Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano.

Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»

Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»
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SÉ AGRADECIDO

Con todo y con todos. También con los que te hacen daño o algún mal, porque si sabes aprovechar eso que tú llamas ofensas ganarás un bien espiritual para tu alma mucho mayor que el daño que quizá te hayan podido hacer.

Hay que agradecer lo grande y lo pequeño, lo bueno y lo malo, porque en todo está Dios. Comienza tu jornada agradeciendo al buen Dios todo lo que te viene de Él. A lo largo del día no te olvides de renovar ese agradecimiento y reconducirlo todo a Él. Por la noche, que el momento final de tu examen de conciencia sea también de profunda gratitud.

La gratitud nace bien enraizada en esa humildad que sabe atisbar en todo a Dios. Agradecer es reconocer el bien que hace Dios en otros y en uno mismo; es devolver a Dios esa creación que salió de sus manos.

La gratitud es, sobre todo, una actitud ante la vida, las personas y los acontecimientos que va dejando en el alma un poso de alegría y de fe sencilla en la providencia de Dios. Crece en tu conciencia de hijo de Dios y sentirás cada vez con más fuerza la necesidad de agradecer a este buen Padre todos sus desvelos.

Acuérdate de aquel leproso, el único de los diez curados, que volvió glorificando a Dios a grandes voces y que, cayendo a los pies de Cristo, con el rostro en tierra, le dio las gracias (cf. Lc 17, 15-16).

No seas tú de aquellos otros leprosos que, curados, no volvieron agradecidos, y que arrancaron del corazón de Cristo aquella dolorosa queja: “¿No han sido diez los curados? Los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?” (Lc 17, 17). 

(Lo remarcado es mío)

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VIRTUDES DE CONVIVENCIA

– El Señor cultivó las virtudes normales de la convivencia.

– Gratitud. Capacidad de amistad. Respeto mutuo.

– Afabilidad. Optimismo y alegría.

I. El Evangelio de la Misa de hoy1 muestra la decepción de Jesús ante unos leprosos curados, que no volvieron para dar las gracias. Solo regresó un samaritano de los diez que habían sanado por la misericordia de Jesús. ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino solo este extranjero? Se nota en estas palabras del Señor un acento de desencanto. Lo menos que podían haber hecho aquellos hombres era agradecer un don tan grande.

Jesús se conmueve ante el reconocimiento de las personas y se duele del egoísta que solo sabe recibir. La gratitud es señal de nobleza y constituye un lazo fuerte en la convivencia con los demás, pues son innumerables los beneficios que recibimos y también los que proporcionamos a otros. San Beda señala que fue precisamente la gratitud la que salvó al samaritano2.

Jesús no fue indiferente a las muestras de educación y de convivencia normales que se dan entre los hombres y que expresan la calidad y la finura interior de las personas. Ante Simón el fariseo, que no tuvo con Él las muestras habituales de hospitalidad, lo manifestó abiertamente. Jesucristo, con su vida y su predicación, reveló el aprecio por la amistad, la afabilidad, la templanza, el amor a la verdad, la comprensión, la lealtad, la laboriosidad, la sencillez…

Son numerosos los ejemplos y parábolas de la vida corriente en los que se puede observar el gran valor que da a estas virtudes necesarias para la convivencia. Así vemos cómo forma a los Apóstoles no solo en la virtud de la fe y de la caridad, sino en la sinceridad y nobleza3, y en la ponderación del juicio4. Tan importantes considera estas virtudes humanas, que les llegará a decir: si no entendéis las cosas de la tierra, ¿cómo entenderéis las celestiales?5. Cristo, perfecto Dios y Hombre perfecto6, nos da ejemplo de ese cúmulo de cualidades bien entrelazadas, que compete vivir a cualquier hombre, a cualquier mujer, en sus relaciones con Dios, con sus semejantes y consigo mismo.

De Él se pudo proclamar: bene omnia fecit7, que todo lo hizo bien; no solo los milagros en los que manifestó su omnipotencia divina, sino las manifestaciones normales de una vida corriente. Lo mismo se ha de poder afirmar de cada uno de nosotros, que queremos seguirle en medio del mundo.

II. San Pablo, en una de las lecturas para la Misa8, nos exhorta también a vivir estas virtudes: Recuérdales –escribe a Tito– que estén dispuestos a toda forma de trabajo honrado, sin insultar ni buscar riñas; sean condescendientes y amables con todo el mundo.

Estas virtudes hacen más grata y fácil la vida cotidiana: familia, trabajo, tráfico…; disponen el alma para estar más cerca de Dios y para vivir las virtudes sobrenaturales. El cristiano sabe convertir los múltiples detalles de estos hábitos humanos en otros tantos actos de la virtud de la caridad, al hacerlos también por amor a Dios. La caridad transforma estas virtudes en hábitos firmes, con un horizonte más elevado.

Entre las virtudes humanas que tienen relación con la convivencia diaria se encuentra la misma gratitud, que es el recuerdo afectuoso de un beneficio recibido con el deseo de pagarlo de alguna manera. En muchas ocasiones solo podremos decir gracias, o una expresión parecida que comunica ese sentimiento del alma. En la alegría que ponemos en ese gesto está nuestro agradecimiento. Santo Tomás afirma que «el mismo orden natural requiere que quien ha recibido un favor responda con gratitud al que le ha beneficiado»9.

Cuesta muy poco ser agradecidos y es mucho el bien que se hace: se crea un ambiente nuevo, unas relaciones cordiales, En la medida en que aumentamos nuestra capacidad de apreciar los favores y pequeños servicios que recibimos, sentiremos la necesidad de agradecer de alguna manera: que la casa esté en orden y limpia, que uno haya cerrado las ventanas para que no entre el frío o el calor, que encontremos la ropa limpia y planchada…

Y si alguna vez una de estas cosas no está como esperamos, sabremos disculpar, porque son muchas las que de hecho funcionan bien. No le daremos importancia y, si está en nuestras manos, procuraremos arreglar el desperfecto, ordenar lo desordenado, cerrar o abrir lo que debía estar cerrado o abierto… También agradeceremos los servicios que pagamos o nos son debidos: al dependiente que nos atiende amablemente, al conductor del autobús que espera esos instantes para que podamos alcanzarlo…

Entre las virtudes de convivencia se nos pide ampliar constantemente nuestra capacidad de amistad con personas muy diversas. ¡Qué formidable sería que pudiéramos llamar amigos a las personas con las que trabajamos o estudiamos, con las que convivimos, con las que nos relacionamos diariamente! Amigos, y no solo conocidos, vecinos, colegas o compañeros…

Esto significaría que hemos desarrollado, por amor a Dios y por amor a los hombres, una serie de cualidades humanas que fomentan y hacen posible la amistad: el desinterés, la comprensión, el espíritu de colaboración, el optimismo, la lealtad… Amistad también dentro de la propia familia: entre hermanos, con los hijos, con los padres. La amistad, cuando es verdadera, resiste bien las diferencias de edades. Es condición, a veces imprescindible, para el apostolado.

Cuentan de Alejandro Magno que, estando próximo a morir, sus parientes más cercanos le repetían con insistencia: «Alejandro, ¿dónde tienes tus tesoros?». «¿Mis tesoros?», preguntaba Alejandro. Y respondía: «En el bolsillo de mis amigos». Al final de nuestra vida nuestros amigos deberían poder decir que les dimos a compartir siempre lo mejor que tuvimos.

El respeto, que es delicadeza, valorar a otro, es imprescindible para convivir. La fe nos enseña además a respetar a las personas que tratamos cada día, porque son imagen de Dios, porque cada una ha sido redimida con la Sangre preciosísima de Nuestro Señor10. También a aquellos que por alguna razón, casi siempre de escaso relieve, nos parecen menos simpáticos o divertidos.

También la convivencia humana exige respetar las cosas, porque son bienes de Dios que ha puesto al servicio del hombre. Respetar la naturaleza tiene su más hondo sentido en que forma parte de la Creación y a través de ella se puede dar gloria a Dios.

III. Otras virtudes que facilitan o hacen posible la convivencia son la afabilidad, virtud opuesta al gesto destemplado, al mal humor, al desorden…, a vivir sin tener en cuenta a los que nos rodean. A veces se traducirá en una palabra amable, en un pequeño elogio, en un gesto cordial que anima a seguir adelante. «Una palabra buena se dice pronto; sin embargo, a veces se nos hace difícil pronunciarla. Nos detiene el cansancio, nos distraen las preocupaciones, nos frena un sentimiento de frialdad o de indiferencia egoísta.

Así sucede que pasamos al lado de personas a las cuales, aun conociéndolas, apenas les miramos el rostro y no nos damos cuenta de lo que frecuentemente están sufriendo por esa sutil, agotadora pena que proviene de sentirse ignoradas. Bastaría una palabra cordial, un gesto afectuoso, e inmediatamente algo se despertaría en ellas: una señal de atención y de cortesía puede ser una ráfaga de aire fresco en lo cerrado de una existencia, oprimida por la tristeza y por el desaliento. El saludo de María llenó de alegría el corazón de su anciana prima Isabel (cfr. Lc 1, 44)»11. Así hemos de llenar de optimismo a quienes conviven con nosotros.

Formando parte de la afabilidad se encuentran la benignidad, que nos lleva a tratar y juzgar a los demás y a sus actuaciones de forma benigna; la indulgencia ante los pequeños defectos y errores de los demás, sin sentirnos en la obligación de estar continuamente señalándolos; la educación y urbanidad en palabras y modales; lasimpatía, la cordialidad, el elogio oportuno, que está lejos de toda adulación…

«El espíritu de dulzura es el verdadero espíritu de Dios (…). Puede hacerse comprender la verdad y amonestar siempre que se haga con dulzura. Hay que sentir indignación contra el mal y estar resuelto a no transigir con él; sin embargo, hay que convivir dulcemente con el prójimo»12.

Un hombre que viajaba por interminables carreteras paró su camión junto a un bar concurrido por otros conductores. Mientras esperaba que le sirvieran algo que le refrescara para continuar su camino, un muchacho del bar trabajaba afanoso frente a él, encorvado, al otro lado del mostrador. «¿Mucho trabajo?», le dijo sonriendo el viajero. El muchacho levantó la cabeza y devolvió la sonrisa.

Cuando meses más tarde el conductor pasó de nuevo por aquel lugar, el muchacho del mostrador le reconoció, como se reconoce una antigua amistad. Y es que la gente –entre la que nos encontramos– tiene una vieja sed de sonrisas, una gran necesidad de que alguien le contagie un poco de alegría, de aprecio… A nuestra puerta encontramos cada jornada una serie de personas con las que convivimos, trabajamos, que esperan esa breve muestra acogedora.

En la convivencia diaria la alegría, el optimismo, el aprecio… abren muchas puertas que estaban a punto de cerrarse al diálogo o a la comprensión… No dejemos que se cierren: el Señor espera que hagamos un apostolado eficaz, que comuniquemos a esas personas el don más grande que tenemos: la amistad con Él.

1 Lc 17, 11-19. — 2 Cfr. San Beda, en Catena Aurea, vol. VI. p. 278. —3 Cfr. Mt 5, 37 — 4 Cfr. Jn 9, 1-3. — 5 Jn 3, 12, — 6 Símbolo Atanasiano. — 7 Mc 7, 37. — 8 Primera lectura, Año II. Tit 3, 1-7. —9 Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 106, a, 3 c. — 10 1 Pdr 1, 18, — 11 Juan Pablo II, Homilía 11-II-1981. — 12 San Francisco de Sales,Epistolario, fragm. 110, en Obras selectas de…, p. 744.

http://www.homiletica.org


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