Volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo

noviembre 13, 2012

Jesucristo es el verdadero y perenne protagonista de la evangelización

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Por Mons. Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de las Casas
México


ZENIT.org

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HECHOS

Me llamó la atención lo que dijo el cardenal de Washington Donald William Wuerl en el reciente Sínodo de Obispos en Roma.

Lamentó que, en vez de una nueva confianza en la verdad de nuestro mensaje, en los últimos tiempos “hemos visto esta confianza erosionada y reemplazada por un sistema de valores laicos que se ha impuesto como estilo de vida superior y mejor con respecto al que fue propuesto por Jesús, su Evangelio y su Iglesia… La visión del Evangelio ha sido oscurecida muchas veces… La tentación para el evangelizador, y tal vez también para los pastores, es la de no confrontarnos con estos obstáculos conceptuales y poner su atención y sus energías en unas prioridades más sociológicas”.

En efecto, hay quienes hablan mucho de justicia y paz, derechos humanos y promoción social, y trabajan sacrificada y ejemplarmente en ello, pero casi no mencionan en forma explícita lo que les mueve a esa su encomiable entrega a los pobres, que es su fe en Jesucristo. Se denuncian las estructuras injustas, la explotación, la miseria y los abusos de la autoridad, lo cual es un deber profético de la Iglesia, siguiendo el ejemplo de Jesús, pero no aparece la iluminadora Palabra de Dios.

Se hacen análisis de la realidad, a veces superficiales y repetitivos, o se promueven acciones para proteger la madre tierra, con la mejor intención de cambiar este mundo, pero se desconoce la Doctrina Social de la Iglesia, que es una aplicación del Evangelio a las realidades actuales. Se habla mucho del Reino, pero se mutila que es Reino de Dios, o se prescinde de la Iglesia, y no se implica a Jesucristo, quien vino precisamente a instaurar ese Reino, que consiste en verdad y vida, santidad y gracia, justicia, amor y paz, y no se reduce a justicia y paz.

No falta quien quiera poner la Biblia en el mismo nivel con el Popol Vuh u otros libros de los pueblos originarios.

CRITERIOS

San Pablo afirma: “Lo que era para mí ganancia (sus tradiciones judías), lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas y las tengo por basura, con tal de ganar a Cristo” (Filip 3,7-8).

El Papa Benedicto XVI dice: “Jesús es el centro de la fe cristiana. El cristiano cree en Dios por medio de Jesucristo, que ha revelado su rostro. El es el cumplimiento de las Escrituras y su intérprete definitivo. Jesucristo es el verdadero y perenne protagonista de la evangelización: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres’. Esta misión de Cristo, este dinamismo suyo continúa en el espacio y en el tiempo. Es un movimiento que parte del Padre y, con la fuerza del Espíritu, lleva la buena noticia a los pobres de todos los tiempos –pobres en sentido material y espiritual–.

La Iglesia es el instrumento principal y necesario de esta obra de Cristo, porque está unida a él como el cuerpo a la cabeza. Dios por medio de Jesucristo es el principal artífice de la evangelización del mundo, pero Cristo mismo ha querido transmitir a la Iglesia su misión, y lo ha hecho y lo sigue haciendo hasta el final de los tiempos infundiendo el Espíritu Santo en los discípulos… Por esto mismo considero que lo más importante es que se reavive en toda la Iglesia aquella tensión positiva, aquel anhelo de volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo” (11-X-2012).

PROPUESTAS

Apasionémonos más por Jesús. Proclamemos explícitamente su persona, su mensaje, su nombre, su amor, su redención, su Iglesia. No nos avergoncemos de declarar abiertamente nuestra fe en El y nuestra pastoral como acción de su Iglesia, con El y por El.

No reduzcamos esta fe a valores que, en última instancia, sólo en El tienen su fundamento y su plenitud; sin El, no colman la sed de Dios.

Y no tengamos recelo de que esta pasión por Jesús y su Reino nos encierren en un misticismo y espiritualismo alienantes; al contrario: Jesús nos impulsará más, desde el corazón, a un servicio integral a los pobres, ya no por pose propagandística, ni por aparecer antisistémicos, sino por fidelidad a nuestra fe cristiana.


El maná de cada día, 13.11.12

noviembre 13, 2012

Martes de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

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Hoy, 13 de noviembre, se celebra la fiesta de Todos los Santos de la Orden, coincidiendo con la fecha del nacimiento de san Agustín.

Alegrémonos todos en el Señor al celebrar este día de fiesta en honor de todos los santos de nuestra Orden. Los ángeles se alegran de esta fiesta y alaban a una al Hijo de Dios.

Confía en el Señor tu Dios y haz el bien



PRIMERA LECTURA: Tito 2, 1-8.11-14

Habla de lo que es conforme a la sana doctrina. Di a los ancianos que sean sobrios, serios y prudentes; que estén robustos en la fe, en el amor y en la paciencia.

A las ancianas, lo mismo: que sean decentes en el porte, que no sean chismosas ni se envicien con el vino, sino maestras en lo bueno, de modo que inspiren buenas ideas a las jóvenes, enseñándoles a amar a los maridos y a sus hijos, a ser moderadas y púdicas, a cuidar de la casa, a ser bondadosas y sumisas a los maridos, para que no se desacredite la palabra de Dios.

A los jóvenes, exhórtalos también a ser prudentes, presentándote en todo como un modelo de buena conducta. En la enseñanza sé íntegro y grave, con un hablar sensato e intachable, para que la parte contraria se abochorne, no pudiendo criticarnos en nada.

Porque ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo.

Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.


SALMO 36, 3-4.18.23.27.29

El Señor es quien salva a los justos.

Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.

El Señor vela por los días de los buenos, y su herencia durará siempre. El Señor asegura los pasos del hombre, se complace en sus caminos.

Apártate del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa; pero los justos poseen la tierra, la habitarán por siempre jamás.


ALELUYA: Juan 14, 23

El que me ama guardará mi palabra -dice el Señor-, y mi Padre lo amará y vendremos a él.


EVANGELIO: Lucas 17, 7-10

En aquel tiempo, dijo el Señor:

«Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: “En seguida, ven y ponte a la mesa”? ¿No le diréis: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado?

Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: “Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.”»


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SERVIR A TODOS

Servir exige la necesaria humildad de ponerse por debajo de otros. Has de servir como Cristo sirvió. Contémplale lavando los pies al que había de negarle, al que recostó la cabeza sobre su pecho, al que eligió para ser roca de la Iglesia, a los que se disputaron el primer puesto, al que le vendió por treinta monedas.

Contémplale curando a los más necesitados, consolando a la madre viuda, devolviendo la vista a los ciegos, saciando el hambre de multitudes, predicando a todos el Reino. Pero, ninguno de estos servicios iguala en algo al mayor y supremo servicio de la Cruz.

No te importe dedicarte a tareas aparentemente inútiles o a ocupaciones que no te dan relumbrón ante los demás. No te importe hacer tú aquello que nadie quiere hacer. ¿Que terminan todos aprovechándose –incluso abusando– de tu disponibilidad? ¿Que van buscándote por interés o conveniencia y hasta se sirven de ti y luego te olvidan?

Muchos de aquellos leprosos, ciegos o enfermos, que pidieron al Señor una curación, también se acercaron al Maestro por interés y luego se olvidaron de Él; algunos, incluso, estuvieron mezclados entre aquella turba que gritó crucifixión para el Señor el día de Viernes Santo.

Si tu mayor o menor disponibilidad está, como una veleta, a merced de antipatías y simpatías, de políticas humanas, de la buena o mala opinión que tengan de ti, del beneficio que puedas obtener, entonces tu actitud de servicio no irá nunca más allá de los límites de una miope filantropía que se va haciendo cada vez más egoísta.

La verdadera caridad no se cansa de amar, en Dios y desde Dios. Y no teme servir hasta la humillación de la Cruz, si con eso imita en algo el amor de aquel Dios inclinado a lavar los pies de sus criaturas.

Mater Dei


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