Un agente del FBI cuenta por qué quiso abortar a su hija con síndrome de Down…

octubre 30, 2012

Heath White con su hija Paisley

.
Quería que su hija fuera perfecta y no soportaba la idea

“de cómo su discapacidad se reflejaba en mí”.

Una historia para llorar…

ACIPrensa/ReL

.
Heath White, un atleta, piloto graduado de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y agente del FBI, que creía tenerlo todo, pensó en abortar a su hija Paisley por tener síndrome de Down. Ahora corre maratones con ella y cuenta la historia que le dio luz a su vida.

Desde 2008, poco antes de que su pequeña cumpliera su primer año, White corre todo tipo de maratones llevándola en su auto, buscando formar conciencia sobre la dignidad de la vida de las personas con Síndrome de Down, y dando testimonio de su amor de padre.

En el programa E:60, conducido por Tom Rinaldi, del canal deportivo ESPN, se reveló la historia de White, quien estaba obsesionado por la perfección, y que esperaba que su primera hija fuera, en palabras de su esposa, Jennifer, “perfecta, como lo era él”.

Y Pepper White, que nació en 2005 cumplía los estándares esperados por los esposos White.

Sin embargo, un año después, al revelarse que Jennifer estaba embarazada por segunda vez, las pruebas prenatales revelaron que su segunda hija tendría Síndrome de Down.

Jennifer White confesó a Rinaldi que temía que su esposo “se fuera, que se escapara”.

Lo peor es que sabía que él probablemente querría que la abortase, porque sabía que sus convicciones no eran tan fuertes como las mías”, recordó.

En efecto, Heath White intentó denodadamente convencer a su esposa para abortar a su bebé, por temor a “lo que la gente pensaría de mí”.

Jennifer White recordó que durante el embarazo, su esposo, a quien confiesa amar “más que a la vida”, no era grosero o desagradable sino que “estaba ausente. Él simplemente no estaba ahí emocionalmente, en absoluto”.

“Tuve que pensar ‘¿Y si lo hago? ¿Qué pasa si la aborto, si me deshago de ella?´ Y recuerdo una pequeña voz en mi cabeza diciendo ‘No hay manera, no sucederá. Imposible’. Me refiero a que pensé en eso quizás por una hora. Él lo hizo durante meses”.

White sintió que le daban “un bebé roto” y se preguntaba una y otra vez “¿por qué yo?”.

En una carta que Heath White escribe a su hija Paisley, y que actúa como hilo conductor del reportaje, le confiesa que “antes de que tú nacieras sólo me preocupaba de cómo tu discapacidad se reflejaba en mí. Ahora no hay mejor espejo en el mundo. Tú eres mi luz en la oscuridad, y es un privilegio ser tu papá. Te ama siempre, papi”.

La carta, que Heath White comenzó a escribir cuando Paisley tenía 18 meses, es “solamente mi forma de arrepentirme. Las posibilidades apuntan a que ella nunca hubiera sabido la forma en la que me sentí antes de que ella naciera. Ese hubiera sido mi secreto sucio que guardaría para siempre. Pero no quería que fuese un secreto, quería que ella supiese que lo es todo para mí”.

Heath recordó que cuando Paisley nació, en marzo de 2007, su madre le dijo que su pequeña se veía como si no tuviera Síndrome de Down. Él, incómodo, dijo: “Ella está mintiendo. Puedes definitivamente ver que ella tiene Síndrome de Down”.

Su esposa recordó en el reportaje, entre sollozos y con la voz entrecortada, que sintió como si “hubiera perdido un bebé, a pesar de que tenía una sentada justo frente a mí”.

“Creo que fue después de que comencé a alimentarla que dije ‘ella está bien, es perfecta, vamos a estar bien”.

Para Heath, sin embargo, aceptar a su hija le tomó muchos meses. Sin embargo, llegó el día, un “momento crucial”, en que mientras jugaba con Paisley y le hacía cosquillas, ella se reía y lo empujaba.

“En ese momento me di cuenta de que ella era como cualquiera otra niña, ella es mi niña”.

Desde entonces, Heath White sintió la necesidad de mostrarle al mundo a su hija, por lo que decidió correr en maratones una vez más, luego de dejarlo por varios meses, pero esta vez llevando delante a Paisley, en su coche.

Heath dijo que quería que “todo el mundo viera que estaba orgulloso de ella”.

“Nadie sabía cómo me sentía antes de que ella naciera, y si puedo evitar que una familia, una persona viva con la culpa de casi cometer el error que yo casi cometí, va a valer el dolor que Paisley sentirá más adelante en su vida cuando sepa cómo me sentí”.

Heath reveló que su temor es que “un día, alguien la llame ‘retrasada’, que alguien use esa palabra en su presencia, o se burle de ella porque es diferente, y tener que explicarle sobre la sociedad, y tener que construirle un respaldo de autoestima para que sepa cuánto la amo”.

“Todo lo que he hecho, todo lo que he tratado de lograr, nunca iba a ser perfecto. Pero mi amor por Paisley es perfecto. Siempre voy a estar ahí para asegurarme de que ella llegue a la meta”, aseguró.

Vídeo en inglés

.


El maná de cada día, 30.10.12

octubre 30, 2012

Martes de la 30ª semana del Tiempo Ordinario

Un poco levadura hace fermentar toda la masa


PRIMERA LECTURA: Efesios 5, 21-33

Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.

Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada.

Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.»

Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.

SALMO 18, 2-3.4-5

Dichosos los que temen al Señor.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien.

Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa.

Esta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.


ALELUYA: Mateo 11, 25

Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del Reino a la gente sencilla.


EVANGELIO: Lucas 13,18-21

En aquel tiempo, decía Jesús: «¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.»

Y añadió: «¿A qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.»

(Los subrayados con míos)

.

CULTIVAR EL DETALLE

Las cosas pequeñas pueden encerrar significados grandes, incluso infinitos. El bien nunca es pequeño, aunque lo hagamos revestido de circunstancias y gestos humanamente insignificantes.

Y es ahí, en esos detalles, aparentemente intrascendentes, donde se nos presentan a diario tantas ocasiones de hacer el bien a los demás. Una sonrisa a tiempo, una palabra oportuna, un favor desinteresado, un gesto de acogida, un buen consejo, una llamada de teléfono. Cualquier detalle de trato o de convivencia es bueno para humanizar las relaciones y crear comunión con los demás.

No te conformes con aprovechar las ocasiones extraordinarias y puntuales de hacer el bien. Tu santidad se labra con el cincel de cada día, y ha de ir cuajada de esos pequeños detalles, que hacen extraordinariamente divina la monotonía casi rutinaria de nuestra vida. No olvides que el lenguaje de Dios siempre es el de la pequeñez y sencillez, porque es el que todos entienden.

Has de cultivar esos pequeños detalles, con Dios y con los demás, en lo pequeño y ordinario de tu vida. Dicen mucho de tu delicadeza y finura de alma. Pero, han de nacer de esa magnanimidad de corazón, en la que no caben distinciones de trato, antipatías o simpatías.

La entrega de Cristo en la Cruz estuvo preparada y anticipada por muchas de esas pequeñas entregas, que sazonaron el día a día del Señor. Cuántos detalles de renuncia, de generosidad, de trabajo, de servicio, de alegría, de cariño, llenaron aquellos largos años del Señor, en la vida familiar de Nazaret.

Cuántos detalles de paciencia, de espera, de perdón, recibieron aquellos apóstoles, que conocieron tan de cerca el día a día apostólico de su Maestro. Cuántos detalles de Dios en el día a día de tu vida que pasan, quizá, inadvertidos a nuestra mirada superficial y atolondrada. En todas esas pequeñas ocasiones de entrega, en cada uno de los recovecos de tu vida, te espera siempre el Dios fiel.

www.mater-dei.es

.


A %d blogueros les gusta esto: