El maná de cada día, 24.9.12

Lunes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario

Llamados a alumbrar con la luz de Cristo



PRIMERA LECTURA:  Proverbios 3, 27-34

Hijo mío, no niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano hacérselo. Si tienes, no digas al prójimo: «Anda, vete; mañana te lo daré.»

No trames daños contra tu prójimo, mientras él vive confiado contigo; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño; no envidies al violento, ni sigas su camino; porque el Señor aborrece al perverso, pero se confía a los hombres rectos; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del honrado; se burla de los burlones y concede su favor a los humildes; otorga honores a los sensatos y reserva baldón para los necios.


SALMO 14, 2-3ab.3cd-4ab.5

El justo habitará en tu monte santo, Señor

El que procede honradamente y practica la justicia,el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua.

El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor.

El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará.


EVANGELIO: Lucas 8, 16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz.

Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.

A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.»


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El candelero y el celemín

Los cristianos estamos llamados a alumbrar con la luz de Cristo esos rincones del alma, de la Iglesia y del mundo en donde anida aún la oscuridad tenebrosa y ciega de tanto pecado.

Sin embargo, no todas las luces alumbran por igual. Algunas sólo adornan, porque parece que relegan su fe y su cristianismo al saco de las actividades de ocio y tiempo libre. Otras, incluso molestan a los ojos porque, en nombre del Dios cristiano, se permiten arrancar las páginas, escenas y frases del Evangelio que más molestan o que no responden al patrón de lo política y eclesialmente correcto.

Otras luces llegan a ser espectaculares fuegos artificiales, que alumbran unos momentos con un cierto liderazgo y, al poco, se apagan tan rápidamente como se encendieron. Hay también luces que se contentan con alumbrar ese pequeño rincón y reino, surgido al aire de un piadoso y desviado capillismo, que hace del propio grupo o movimiento el centro de todo el sistema solar.

Hay, además, cristianos que viven escondidos debajo del celemín de sus propios complejos, ideologías, medianías, autosuficiencias, excusas y comodidades, y que reducen la luz de Cristo a un mero resplandor tenue que crea un ambiente agradable y confortable, propicio al relax.

Otros hacen del candelero su ideal de vida, y convierten el cristianismo o la propia vocación en un medio de subsistencia con el que logran ser un pequeño «alguien» en ese pequeño mundo en que consiguen hacer carrera o ser reconocidos con cargos y prestigio.

Es difícil esconder la luz, porque el resplandor acaba filtrándose por las rendijas del celemín. Es también difícil iluminar la oscuridad desde un candelero en donde brilla la luz propia y no la de Dios. Mira, pues, que la luz que haya en ti no sea tu propia oscuridad, porque allí donde hay oscuridad no está Dios.

www.mater-dei.es

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One Response to El maná de cada día, 24.9.12

  1. FRANCISCO JOSÉ AUDIJE PACHECO dice:

    Hay que pedirle al Señor, ante todo, que nos conduzca por su camino, que nos guíe por las sendas de la justicia y la honradez, que nos ayude a superar las tentaciones de hacer el mal: las venganzas, aunque sean pequeñas, el robo, las envidias no controladas que tienen consecuencias sobre los demás, el amor propio excesivo, que desemboca en orgullo y en ambiciones desmedidas, todo lo cual desencadena otros pecados, en definitiva, las pasiones materialistas con las que todos nacemos y que con la ayuda de Dios debemos intentar controlar, dominar, para que no tengan consecuencias negativas sobre el prójimo. Por eso es importante pedirle al Señor siempre, que nos guíe por la senda de la santidad, ya que nosotros, como seres inmersos en un mundo material, tendemos a materializarnos, dejando que las pasiones del mundo, las aspiraciones mundanas, secuestren nuestra voluntad y nos conviertan en bestias, en vez de en seres humanizados, es decir, en seres que tienden a dominar su lado animal, en aras de perfeccionar las facultades del espíritu. Si nos mantenemos en esta lucha cotidiana y pedimos el auxilio del Señor, lograremos alcanzar esta gracia, consiguiendo la medalla de la santidad, que el propio Cristo se encargará de colgarnos en su morada celestial.

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