‘El fundamentalismo es siempre una falsificación de la religión’

septiembre 19, 2012
La luz del Resucitado es más fuerte de toda oscuridad

La luz del Resucitado es más fuerte que cualquier oscuridad

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Encuentro de Benedicto XVI con periodistas en el avión hacia Líbano
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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 14 septiembre 2012 (ZENIT.org).-

En los viajes internacionales, Benedicto XVI acostumbra a compartir un tramo de su vuelo hablando con los periodistas que le acompañan en el avión. En este viaje a Líbano, los profesionales de los medios de comunicación le han preguntado sobre diversos temas de la actualidad política, social y religiosa en Líbano, Oriente Medio y el mundo.

Retomamos la transcripción del texto de las preguntas de los periodistas y de las respuestas de Benedicto XVI que ha publicado Radio Vaticano.

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Santidad, en estos días se recuerdan aniversarios terribles como el del 11 de septiembre, o la matanza de Sabra y Chatila; además en la frontera del Líbano está en curso una sangrienta guerra civil, mientras en otros países se observan focos de violencia. ¿Santo Padre con qué sentimientos afronta este viaje? ¿Le han sugerido que renunciara a la visita por motivos de seguridad?

–Benedicto XVI: Nadie me ha aconsejado renunciar a este viaje y yo tampoco he contemplado esta hipótesis, porque sé que cuando la situación se hace más complicada es aún más necesario ofrecer un signo de fraternidad, de ánimo y de solidaridad. Por tanto, el objetivo de mi viaje es invitar al diálogo, invitar a la paz contra la violencia, trabajar juntos para encontrar soluciones a los problemas.

Mis sentimientos son sobre todo sentimientos de agradecimiento por poder visitar en este momento este gran País, un país -como dijo el Papa Juan Pablo II- que es un ejemplo de encuentro en esta región para las tres religiones. Agradezco al Señor que me ha dado esta posibilidad, a todas las instituciones y las personas que han colaborado y colaboran en esta visita. Y agradezco también a todos los que me acompañan en la oración.

Muchos católicos expresan su preocupación por el aumento del fundamentalismo en distintas regiones del mundo, y ante los ataques de los que son víctimas muchos cristianos en el mundo. En este contexto difícil y a menudo sangriento, ¿de qué manera la Iglesia puede responder al imperativo del diálogo con el Islam, sobre el cual Usted siempre ha insistido?

–Benedicto XVI: El fundamentalismo es siempre una falsificación de la religión y va contra el sentido de la religión, que, en cambio, invita a difundir la paz de Dios en el mundo. Por tanto, el compromiso de la Iglesia y de las religiones es aquel de cumplir una purificación de estas tentaciones, iluminar las conciencias y hacer de tal manera que cada uno tenga una imagen clara de Dios. Debemos respetarnos unos a los otros. Cada uno es imagen de Dios y debemos respetarnos recíprocamente.

El mensaje fundamental de la religión debe estar contra la violencia, que es una falsificación como el fundamentalismo, debe ser la educación, la iluminación y la purificación de las conciencias, para favorecer el dialogo, la reconciliación y la paz.

En el contexto de la ola de deseo de democracia, que se ha puesto en marcha en muchos países de Oriente Medio con la llamada “primavera árabe”, teniendo en cuenta la realidad social en la mayoría de estos países, donde los cristianos son una minoría, ¿no hay el riesgo de una tensión inevitable entre el dominio de la mayoría y la supervivencia del cristianismo?

–Benedicto XVI: De por sí, la primavera árabe es una cosa positiva: un deseo de mayor democracia, mayor libertad, mayor cooperación y de una renovada identidad árabe. Este grito de la libertad que viene de una juventud más formada cultural y profesionalmente, que desea una mayor participación en la vida política y social es un progreso, una cosa muy positiva y que esta bien acogida también por nosotros los cristianos.

Naturalmente sabemos, pensando en la historia de las revoluciones, que el grito de libertad tan importante y positivo, corre el riesgo de olvidar un aspecto, una dimensión fundamental de la libertad, que es la tolerancia del otro, el hecho de que la libertad humana es siempre una libertad compartida, y que solo puede crecer en la solidaridad, en el vivir juntos con determinadas reglas.

Esto es siempre un peligro, también en este caso. Tenemos que hacer todo lo posible para que el concepto de libertad, el deseo de libertad vaya en la justa libertad y no olvide la tolerancia, la reconciliación que son elementos fundamentales de la libertad. De esta manera también la Primavera Árabe, necesita una renovación de la historia milenaria.

Los cristianos y los árabes han construido estas tierras y han de vivir juntos. Creo que es importante ver los elementos positivos de estos movimientos y hacer todo lo posible para que la libertad sea concebida correctamente y responda a un mayor dialogo y no al dominio de unos contra otros.

Santo Padre, en Siria, como hace algún tiempo en Irak, muchos cristianos se sienten obligados a dejar su país de mala gana. ¿Qué va a hacer o decir la Iglesia católica para ayudar en esta situación y para frenar la fuga de los cristianos en Siria y en otros países de Oriente Medio?

–Benedicto XVI: Debo decir ante todo que no solo los cristianos huyen, también huyen los musulmanes. El peligro que los cristianos se alejen de estas tierras y pierdan su presencia es grande y nosotros debemos hacer todo lo posible para ayudarles a que se queden. La ayuda esencial sería el fin de las guerras y de las violencias, que crean estos éxodos.

Por tanto, es necesario interrumpir las violencias y favorecer la posibilidad de que permanezcan todos juntos también en el futuro. ¿Qué podemos hacer contra la guerra? Naturalmente difundir siempre el mensaje de la paz, aclarar que la violencia no resuelve nunca un problema y reforzar las fuerzas de la paz. Es importante en este sentido el trabajo de los periodistas, que pueden ayudar mucho mostrando como la violencia destruye, no construye, no es útil para nadie.

Es necesario rezar por Oriente Medio, por los cristianos y musulmanes mostrando la posibilidad de diálogo y de soluciones. Debe cesar la importación de armas: sin armas la guerra no podría continuar. En vez de importar las armas, que es un pecado grave, deberíamos importar las ideas, la paz, la creatividad, aceptar a los otros en la diversidad. Hacer visible el respeto de las religiones unas hacia las otras, el respeto del hombre como criatura de Dios, el amor del prójimo como elemento fundamental para todas las religiones.

Es necesario promover todos los gestos posibles, también materiales, para favorecer el fin de la guerra y de la violencia, de modo que todos puedan reconstruir el país.

Santo Padre, usted trae una exhortación apostólica dirigida a todos los cristianos de Oriente Medio. Hoy ésta es una población que sufre. Además de la oración y de los sentimientos de solidaridad, ¿Usted ve pasos concretos que las Iglesias y los católicos de Occidente, especialmente en Europa y Estados Unidos, pueden hacer para apoyar a los hermanos de Oriente Medio?

–Benedicto XVI: Debemos influir en la opinión pública. Debemos invitar a los políticos a comprometerse realmente con todas las fuerzas y con todas las posibilidades, a trabajar con creatividad por la paz y contra la violencia. Todos debemos contribuir en un cierto sentido en un trabajo de exhortación, de educación, de purificación, muy necesario de nuestra parte. Por otra parte, nuestras organizaciones caritativas debieran ayudar también de manera material.

Tenemos organizaciones como los Caballeros del Santo Sepulcro, solo para Tierra Santa, pero podrían ayudar otras organizaciones material, política y humanamente en estos países. Una vez más digo que son necesarios gestos de solidaridad, días de oración, que pueden sensibilizar la opinión publica, tener efectos reales. Estamos convencidos que la oración tiene un efecto, si se hace con confianza y fe.

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El maná de cada día, 19.9.12

septiembre 19, 2012

Miércoles de la 24ª semana del Tiempo Ordinario

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Si no tengo amor, nada soy

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PRIMERA LECTURA: 1 Corintios 12, 31–13,13

Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional.

Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca. ¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará. Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará.

Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre acabé con las cosas de niño. Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce.

En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.


SALMO 32

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones.

Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.


EVANGELIO: Lucas 7, 31-35

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos?

Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: “Tocarnos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.” Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de publicanos y pecadores.”

Sin embargo, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón.»


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Orad, predicad, amad: poderoso es el Señor

San Agustín, Comentarios sobre el evangelio de San Juan 6, 20-24

El fruto del olivo significa la caridad. ¿Cómo se prueba? No hay líquido que aprisione el aceite. El aceite se escabulle de entre ellos hasta salir fuera y colocarse sobre todos. Así es la caridad. No puede quedar aprisionada abajo; siempre se eleva sobre lo más alto. De ella dice el Apóstol: Os voy a mostrar un camino todavía más excelente (1 Cor 12, 31).

Al hablar de aceite se dijo que se sitúa por encima de todos los líquidos. ¿Se duda de que el Apóstol se refiere a la caridad cuando dice: Os voy a mostrar un camino más excelente? Atención a lo que sigue: Aun cuando hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como un metal que suena o un címbalo que retiñe (1 Cor 13, 1).

Ven ahora, Donato, y grita que eres elocuente. Anda, Donato, vocea, ya que eres un doctor. ¿Cuánta es tu elocuencia? ¿Cuánta tu sabiduría? ¿Hablas, por ventura, las lenguas de los ángeles? Pues aunque las hables, si no tienes caridad, mis oídos no oyen sino metales que suenan y címbalos que retiñen. Busco algo más sólido. ¡Ojalá encuentre frutos en las hojas, no sólo palabras!

Dirás, sin duda, que tienes un sacramento. Dices verdad. El sacramento es cosa divina. Tienes el bautismo, lo confieso. Pero, ¿sabes qué dice el mismo Apóstol? Aunque conozca todos los misterios, y posea el don de profecía, y tenga tanta fe que traslade las montañas -lo último lo dijo para que no digas que basta tener fe-… ¿Sabes lo que dice Santiago? También los demonios creen, pero tiemblan (Sant 2, 19).

Gran cosa es la fe, pero no aprovecha sin la caridad.. Los demonios confesaban a Cristo. Era la fe, no el amor, lo que les obligaba a decir: ¿Qué hay entre ti y nosotros? (Me 1, 24). Tenían fe, pero no amor. Por eso eran demonios. No te gloríes de la fe, tú que todavía eres comparable a los demonios. No digas a Cristo: ¿Qué hay entre tú y yo? La unidad de Cristo te habla: Ven, conoce la paz, vuelve al corazón de la paloma. Estás bautizado fuera, sí; pero lleva fruto y ya estás de vuelta en el arca.

Sigues diciendo todavía: «¿Por qué nos buscáis si somos malos?». Para que seáis buenos. Os buscamos porque sois malos; si no fuerais malos ya se hubiera dado con vosotros, no andaríamos en vuestra búsqueda. Al bueno ya le encontramos; es al malo a quien hemos de buscar. Por eso os buscamos: volved ya al arca. «Pero si ya tengo el bautismo». Aunque penetrara todos los misterios y tuviera el don de profecía y tanta fe que trasladara las montañas, si no tengo caridad, nada soy…

«Pero ¿qué es lo que dices? ¿No ves las muchas persecuciones de que somos víctimas?». -«Pero eso no lo sufrís por Cristo, sino por vuestros honores». Atentos a lo que sigue. A veces se jactan de que hacen muchas limosnas, de que dan a los pobres y de que sufren persecuciones; pero por Donato, no por Cristo. Mira por quién sufres. Porque si sufres por Donato, sufres por uno que es orgulloso; no perteneces a la paloma si sufres por Donato. Él no era amigo del esposo; si lo fuera buscaría su gloria, no la propia personal.

Oye al amigo del esposo que dice: Éste es el que bautiza (Jn 1, 33). No es amigo del esposo aquel por quien padeces. No tiene el vestido nupcial. Si te presentas al banquete se te expulsará de él. Mejor dicho, ya estás fuera y por eso eres un miserable. Vuelve ya, por fin, no te engrías.

Oye lo que dice el Apóstol: Aunque diera todos mis bienes a los pobres y entregase mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad… He aquí lo que te falta. Si entregara -dice- mi cuerpo a las llamas, pero por el nombre de Cristo. Hay muchos que lo hacen por jactancia, no por caridad; por eso dice: aunque entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad de nada me aprovecha (1 Cor 13, 3).

Por amor lo hicieron los mártires que sufrieron en tiempo de las persecuciones; por amor, sí. Éstos lo hacen por hinchazón y soberbia, porque, si faltan perseguidores, se dan muerte a si mismos 1. «Ven, pues; ten caridad». -«También nosotros tenemos mártires»-. «¿Qué mártires? No son palomas; por eso, al intentar alzar el vuelo, se estrellaron contra la roca».

Todo esto, hermanos míos, como veis, da voces contra ellos: las páginas divinas, las profecías, el evangelio, los escritos apostólicos y todos los gemidos de la paloma. Y todavía siguen dormidos, todavía no despiertan. Si somos la paloma, gimamos, suframos, esperemos. La misericordia de Dios dará muestras de su presencia, hasta que vuestra sencillez encienda el fuego del Espíritu Santo. Entonces vendrán.

No perder la esperanza: orad, predicad, amad: poderoso es el Señor. Ya empiezan a conocer su desvergüenza. Muchos ya se dan cuenta; muchos se ruborizan ya. La presencia de Cristo hará que se den cuenta también los demás. Sí, hermanos míos, recoged todo el grano y que allí quede sólo la paja. Todo lo que allí lleva fruto sea traído al arca por la paloma.

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