Un juez pone cordura ante un abogado laicista que quiere sustituir un santo por un bandolero

septiembre 12, 2012

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Signos, imágenes y símbolos religiosos

El juez Miñarro frenó una esperpéntica demanda del abogado laicista José Luis Mazón, con argumentos tan razonables como divertidos.  

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En febrero de 2010, la antología del absurdo judicial en España ganó una nueva página cuando los letrados José Luis Mazón y Encarnación Martínez interpusieron una estrambótica demanda contra el Colegio de Abogados de Murcia con el objetivo de que se anulase el patronazgo de San Raimundo de Peñafort (San Ramon de Penyafort en su Cataluña natal) y que no se celebrase una “Santa Misa en memoria de los caídos de las filas de la abogacía murciana”.

El impulsor, José Luis Mazón era y es un abogado de militancia laicista radical, famoso sobre todo por asumir casos mediáticos contra la Iglesia o los sentimientos religiosos católicos y el objetivo parecía ser, sobre todo, armar ruido y, quizá, lograr alguna victoria para el laicismo más excluyente.

Pero la grotesca demanda de Mazón se topó de frente con el juez José Miñarro, que en vez de desestimar la demanda con rapidez, en su fallo de noviembre de 2010 fue contestando uno por uno las acusaciones absurdas del abogado laicista todos los puntos del texto de los letrados, explicando de forma detallada y humorística los argumentos por los cuales desestimó el recurso y defendió la figura del santo erudito medieval, patrón de los abogados.

“Queremos un bandolero por patrono”

José Luis Mazon y Encarnación Martínez escribían en su demanda cosas como esta:

Peñafort era un inquisidor, autor de un manual para inquisidores” por lo que “puede ser considerado como un malhechor o facineroso por más que los pillastres que mandaban en su tiempo lo tuvieran por muy respetable. Mejor sería poner de patrón a Jaime Alfonso el Barbudo, el famoso bandolero murciano del siglo XIX” porque al menos a él “se le conocen actos de justicia privada”.

A lo que el juez respondió que “los demandantes no tienen en cuenta que la Inquisición precisaba de reglas que humanizaran la práctica de los procedimientos que antes del manual de San Raimundo tenían grandes dosis de discrecionalidad”.

Además, el juez explica que él “no puede compartir la preferencia” por “el bandolero del siglo XIX Jaime Alfonso el Barbudo, natural de Crevillente, no de Murcia, como mejor candidato a Patrón de los Abogados”, “porque en pleno siglo XIX ya no podía justificarse la utilización probada de la justicia al margen del principio de legalidad y los demás valores constitucionales”

Némesis, una diosa cruel

El abogado murciano laicista propone en su demanda a la diosa de la mitología griega Némesis como patrona del colegio de abogados, pero el juez, bien documentado acerca de la cultura clásica, aclara que Némesis “medía la felicidad y desgracia de los hombres a los que ocasionaba pérdidas cuando habían sido favorecidos en demasía por la fortuna”, “restauraba el equilibrio quebrantado por los hombres tanto si realizaban un acto malo, castigándolos con un mal de la misma naturaleza, ojo por ojo, como si no era malo pero reportaba gran fortuna o mucha felicidad. Así mandaba desgracias a aquellos hombres que por cualquier causa tenían éxito en la vida”.

Lo que no lograron los comunistas…

Los demandantes alegaron contra San Raimundo de Peñafort violación del derecho fundamental a la libertad religiosa. El titular del Juzgado Contencioso Administrativo 1 de Murcia no dudó en acudir a la historia afirmando que lo que no consiguieron el “régimen revolucionario francés o el régimen comunista de origen marxista” de forma coactiva, no lo iban a logran los demandantes por la vía jurídica y sentar así un precedente favorable al cambio social antireligioso.

Acudiendo al programa de fiestas, el juez afirma “que no hay nada peyorativo en recordar a los abogados colegiados fallecidos, aunque sea mediante una misa a donde se acude de forma voluntaria”, pero que los demandantes utilizan una “expresión tendenciosa” al afirmar que la Santa Misa se celebra en “memoria de los caídos de las filas de la abogacía murciana”, frase que no aparece en el citado programa.

Peñafort sí fue abogado

En la demanda los letrados laicistas afirman que Peñafort nunca fue abogado y por lo tanto no merece homenaje por parte de esta profesión. El juez Miñarro les contradice exponiendo en la sentencia que “fue el autor de las Decretales del Papa Gregorio IX” que estuvieron en vigor casi siete siglos hasta la aprobación del Código de Derecho Canónico; fue abogado a favor de Jaime I de Aragón en la causa de excomunión que se le siguió por su intervención en la Provenza y fue asesor jurídico de las primeras cortes de Monzón, entre otras muchas cosas.

La Misa, para no quedarnos como Sartre

La demanda de los letrados laicistas también criticaba la misa como acto público, afirmando: “los espacios públicos, entre ellos los Colegios de Abogados, por disposición constitucional y de la jurisprudencia europea, han de estar limpios y libres de tales impureza o servidumbres, reliquias de un pasado totalitario y negador de derechos democráticos. Ni crucifijos, ni patronazgos, ni misas, ni nada parecido en las corporaciones públicas”.

Pero el juez José Miñarro respondió: “no puede rechazarse ni calificarse de forma tan ligera el sentimiento religioso universalmente reconocido ya que si nos situamos sólo en el plano filosófico, nos quedamos como propugnaba Sartre, con la mera existencia y esto empobrece al ser humano porque esta posición, según la cual el hombre se conforma únicamente con vivir, es siempre, para la inmensa mayoría de la humanidad, una constante y permanente contradicción”.

Añade, además, que “La asistencia a los actos tradicionales religiosos es voluntaria, pues a nadie se le obliga a asistir, del mismo modo que a nadie se le obliga a asistir a las verbenas, actos gastronómicos, rifas, castillos de fuegos artificiales, encierros de toros y otros actos festivos, por mucho que a alguien no le gusten y no por ello no dejan de programarse y a veces de financiarse con fondos públicos”.

En este sentido el juez José Miñarro recordó el Reglamento de Honores referente a la liturgia religiosa en actos religiosos en la que “se establece que cuando un militar fallezca en acto de servicio se le rendirán honores castrenses a cuyo acto la presencia será obligatoria y además, si así lo solicita la familia, se celebrará una ceremonia religiosa acorde con la confesión del fallecido, a cuyo acto la presencia será voluntaria”.

¿Patrono obligatorio para todos?

Mazón y Martínez alegaron una violación del derecho fundamental a la Libertad religiosa en su vertiente de derecho a la aconfesionalidad del Estado, y consideraban que se obligaba a todos los colegiados a reconocer como patrono a San Raimundo de Peñafort.

También consideraban que se produjo una vulneración del Derecho al Honor al poner a un “tirano de Patrón de la abogacía” y que también se atacaba el Derecho a la Igualdad, “al ser los abogados católicos los únicos que se encuentran representados por el Patrón”.

Respecto estos ataques contra el santo, el juez sentencia que las expresiones utilizadas por los demandantes son “muy subjetivas y vertidas con clara intención ofensiva, lo que las invalida por intolerantes”. Además, dice, no son toda la verdad. Los demandantes juzgan al santo “con criterios contemporáneos sin tener en cuenta la perspectiva del tiempo en que vivió”.

Por lo tanto, la psicodélica demanda de Mazón quedó desestimada con esta detallada argumentación nacida del más puro sentido común.

Eso no detuvo a Mazón, que cada cierto tiempo reaparece con alguna causa que podría considerarse quijotesca o valleinclanesca si no fuese porque tanto el Quijote como Valle-Inclán eran católicos convencidos y sinceros, no laicistas.

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El maná de cada día, 12.9.12

septiembre 12, 2012

Miércoles de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios



PRIMERA LECTURA: 1 Corintios 7, 25-31

Respecto al celibato no tengo órdenes del Señor, sino que doy mí parecer como hombre de fiar que soy, por la misericordia del Señor. Estimo que es un bien, por la necesidad actual: quiero decir que es un bien vivir así.

¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿Estás libre? No busques mujer; aunque, si te casas, no haces mal; y, si una soltera se casa, tampoco hace mal. Pero estos tales sufrirán la tribulación de la carne.

Yo respeto vuestras razones. Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.


SALMO 44, 11-12.14-15.16-17

Escucha, hija, mira: inclina el oído

Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna; prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu Señor.

Ya entra la princesa, bellísima, vestida de perlas y brocado; la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes, la siguen sus compañeras.

Las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real. «A cambio de tus padres, tendrás hijos, que nombrarás príncipes por toda la tierra.»


EVANGELIO: Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.

Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

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Mirar al Cielo

Nos cuesta mucho pensar en el «más allá», quizá porque no vivimos el «más acá«» con un verdadero sentido trascendente. Estamos pegados a las cosas, a nuestras ambiciones, a nuestras necesidades, como si fueran la única razón, o la más importante, de nuestra existencia, buscando sustitutivos que nos motiven, aunque sepamos que nunca nos darán la felicidad plena que buscamos.

Muchas veces habla Jesús del Cielo. Incluso levanta los ojos para implorar al Padre, cuando le da gracias, cuando realiza un milagro, cuando busca la intercesión del Todopoderoso para que cuide a esos discípulos que deja en el mundo. Todos esos momentos tienen sentido en ese hogar definitivo que es el Cielo.

Las Bienaventuranzas, por ejemplo, alcanzan su plenitud cuando, después de relatar los innumerables condicionamientos a los que estamos sujetos en esta tierra de sinsabores y limitaciones, anuncia que todo sufrimiento presente se transformará en un derroche de felicidad y una diche eterna, cuando lleguemos allá, a la patria del consuelo: el Cielo (Subrayado del editor).

Sí, nos cuesta mirar a lo alto. No es una invitación a evadirnos de la desabrida realidad, sino a darle su pleno y verdadero sentido. Nuestra vida ha de levantarse teniendo los pies firmes en el suelo y el corazón abierto, de par en par, a la misericordia de Dios.

Él nos convida a rectificar constantemente nuestra intención, sabiendo que la esperanza, además de virtud cristiana, es el alimento permanente que nos sitúa en lo que somos: hijos de un Dios que busca nuestra salvación eterna.

Has de desear y gustar el Cielo, ya ahora, aun en medio de tus sinsabores y disgustos, pues sólo la Cruz es camino hacia la Gloria. La vida nos ha de ir acostumbrando a esa gloria que nos espera para siempre junto a Dios.

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