El maná de cada día, 29.8.12

Miércoles de la 21ª semana del Tiempo Ordinario

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos

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PRIMERA LECTURA:  2 Tesalonicenses 3,6-10.16-18

En nombre de nuestro Señor Jesucristo, hermanos, os mandamos: no tratéis con los hermanos que llevan una vida ociosa y se apartan de las tradiciones que recibieron de nosotros.

Ya sabéis cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: no vivimos entre vosotros sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar.

Cuando vivimos con vosotros, os lo mandamos: El que no trabaja, que no coma. Que el Señor de la paz os dé la paz siempre y en todo lugar. El Señor esté con todos vosotros. La despedida va de mi mano, Pablo; ésta es la contraseña en toda carta; ésta es mi letra. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.


SALMO 127, 1-2.4-5

Dichosos los que temen al Señor

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.


EVANGELIO: Mateo 23, 27-32

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas”!

Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!»


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Del deseo de ambicionar puestos y cargos mayores líbrame, Jesús

La competencia profesional, los cargos y puestos de responsabilidad en el ámbito civil o eclesial, pueden ser un arma de doble filo.

Puestos al servicio del Evangelio y de Dios, dan mayor eficacia al apostolado y ayudan a producir buenos frutos en el campo de las almas. Sin embargo, puestos al servicio del propio interés, se convierten en agua sucia que estropea y esteriliza la vida de los mejores campos.

Nadie está libre de la tentación de poder. Nos agarramos a los cargos, puestos u oficios, aunque sean pequeños, con la avaricia y la ambición de quien se agarra a sus vestidos para cubrir la propia desnudez.

Y, cuando esa ambición se adorna y se camufla con el servicio en nombre de Dios, cuando la tentación de poder lleva a subir y trepar hacia lo más alto de la escala de las dignidades humanas, ese mismo servicio a Dios se convierte en una profunda fuente de insatisfacción y frustración personal, que no hace feliz a nadie y apenas deja huella de Dios en las almas.

Hace falta mucho desprendimiento de uno mismo para ocuparse con libertad de las cosas de Dios, sin hacer de ellas un instrumento al servicio del propio «yo». Hace falta mucha contemplación de la Cruz, para sacudirse ese polvo de honra humana que constantemente se nos pega en los zapatos.

No pienses que la lógica del poder y los parámetros de la eficacia humana explican la encarnación del Verbo o el misterio de la Cruz. El poder de Dios está, precisamente, en la fuerza de la debilidad, en lo que no cuenta a los ojos del mundo.

Pero, no experimentarás en ti esa fuerza de Dios mientras sigas dejándote deslumbrar por los avalorios y espejismos que te ofrece el poder del mundo y la honra de los hombres. No hay mayor poder en este mundo que el de la Cruz.

Y, mientras no te lo creas, seguirás esclavo de la falsa eficacia humana.

http://www.mater-dei.es/

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One Response to El maná de cada día, 29.8.12

  1. FRANCISCO JOSÉ AUDIJE PACHECO dice:

    Las lecturas de hoy llaman a la responsabilidad de los líderes de los pueblos. Sobre todo que amen la verdad, solo de ahí se puede derivar la honradez y la justicia, las cualidades más valoradas en un líder. Y aunque tengan derecho a ciertos privilegios, son los primeros que tienen que dar ejemplo, sacrificando, si es preciso, tales privilegios en provecho de la comunidad o de la sociedad. Los sepulcros blanqueados del Evangelio son, desgraciadamente, bastante frecuentes entre cualquier líder de cualquier grupo humano, aunque la hipocresía sea un vicio generalizado en el ser humano. Por eso, quizá, abunda entre los líderes, pues estos son producto o herencia del pueblo. Jesús acusa a los fariseos y a sus antepasados de matar a los profetas, y, ¿quienes eran los profetas?: eran los enviados de la Verdad. Por eso los mataban, porque denunciaban las cosas mal hechas, dejaban en evidencia a los líderes y a sus pueblos. La verdad es lo que quiere acallar el hombre, pero no se da cuenta de que la verdad es lo único que le sobrevivirá siempre. Todo lo que hacemos deja huella en el cielo, pruebas fehacientes que son imposibles de ocultar. Solo la misericordia del Señor sabrá gestionarlas adecuadamente, porque solo Él es la Justicia verdadera.

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