No hay desarrollo sostenible sin promoción de la persona y de la familia (I)

agosto 8, 2012

Mons. Francis Assisi Chullikatt

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El arzobispo Francis Assisi Chullikatt relata lo sucedido en Río+20

Por Antonio Gaspari
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ROMA, jueves 28 junio 2012 (ZENIT.org).- La conferencia internacional sobre desarrollo sostenible denominada Río+20 ha sido para muchos un éxito y para otros una desilusión.

La Santa Sede en concreto la ha acogido como una ocasión para promover el bien común, defender a la persona y a la familia, favorecer su desarrollo integral en un contexto de renovada armonía entre humanidad y medio ambiente.

Para saber lo que sucedió en Río+20, comprender de que se debatió y cuales fueron las conclusiones, ZENIT ha dirigido algunas preguntas al arzobispo Francis Assisi Chullikat, nuncio apostólico, observador permanente ante la Organización de Naciones Unidas en Nueva York.

Monseñor Francis Assisi Chullikatt entró en el servicio diplomático de la Santa Sede el 15 de julio de 1988, ha prestado servicios en las representaciones pontificias en Honduras, África meridional y Filipinas, ante la ONU en Nueva York y en la Sección para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado vaticana.

El 29 de abril de 2006, fue nombrado arzobispo titular de Ostra y nuncio apostólico de la Santa Sede en Jordania e Irak. Del 17 de julio de 2010 es observador permanente de la Santa Sede anye la ONU.
ZENIT le ha entrevistado.

¿Qué ha sido Río+20?

–Mons. Chullikat: Río+20 es el nombre breve utilizado para indicar la Conferencia de Naciones Unidas sobre desarrollo sostenible que tuvo lugar en Río de Janeiro, Brasil, del 20 al 22 de junio. Se celebró en el 20 aniversario de la Conferencia de la ONU sobre el ambiente y el desarrollo (UNCED), (Río de Janeiro 1992) conocida como “Cumbre de la Tierra”.

El objetivo de Río+20 fue el de favorecer y promover el desarrollo sostenible en los ámbitos social, económico y medioambiental, para nuestro planeta y para las generaciones presentes y futuras.

¿Cómo se organizó Río+20?

–Mons. Chullikat: Se organizó dentro del sistema de Naciones Unidas, en conformidad con las resoluciones de la Asamblea General 64/236 e 66/197, como Conferencia Internacional que reuniría a los líderes de los diversos países del mundo junto a miles de participantes con el fin de reducir la pobreza, progresar en la igualdad social y garantizar la protección del medio ambiente. En la conferencia participaron jefes de Estado y de gobierno, la Unión Europea, la Unión Africana, del Grupo de los países Latinoamericanos, delegados provenientes del sector privado y de las organizaciones no gubernamentales (ONG). Presentes en la conferencia también un buen número de ONG católicas, activas en la sociedad civil, tanto en Brasil como a nivel internacional. Las ONG católicas han apoyado a la Santa Sede sobre todo en el trabajo con las comunidades locales y los necesitados.

Antes del inicio de la conferencia, se celebraron tres encuentros preparatorios y una serie de encuentros informales en los que se debatió, compartió y concordó el documento final (A/CONF.216/L.1, datada 19 junio 2012).

¿Qué temas se debatieron y cual es la naturaleza y estructura del documento final?

–Mons. Chullikat: El documento final fue formalmente adoptado por la Conferencia Río+20, el viernes por la tarde, 22 de junio de 2012. es un documento no vinculante titulado “El futuro que queremos”. Un documento de 49 páginas, subdividido en 283 puntos y seis partes.

La primera parte se titula “Nuestra visión común”; la segunda, “Renovación del compromiso político”; la tercera, “La economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y de la erradicación de la pobreza”; la cuarta, “El marco institucional para el desarrollo sostenible”; la quinta, “Marco de acción y verificación de los resultados”; la sexta, “Medios para la realización”.

Como es evidente, Río+20 se centró sobre las cuestiones citadas y otras áreas prioritarias entre las cuales, la oferta de puestos de trabajo dignos, la producción de energía, la mejora de los ámbitos urbanos para ciudades ecosostenibles, el logro de la seguridad alimentaria, modelos para una agricultura sostenible, el mejor uso del agua, la salvaguardia de los océanos y la capacidad de responder con prontitud a los desastres.

¿Cuál fue la posición de la Santa Sede sobre estos temas?

–Mons. Chullikat: La Santa sede explicó y subrayó los puntos clave para la Conferencia Río+20 en dos documentos Position paper, que fueron presentados en la primera y tercera reunión de la Comisión Preparatoria. Los textos originales se encuentran en los enlaces:
http://www.holyseemission.org/statements/statement.aspx?id=38 ; y
http://www.holyseemission.org/statements/statement.aspx?id=383.

La Santa Sede precisó su punto de vista respecto al desarrollo sostenible en el curso de un evento colateral que tuvo lugar en el contexto de la conferencia y en su intervención formal en la plenaria de la misma conferencia.

Las dos intervenciones se encuentran en los  enlaces: http://www.holyseemission.org/pdf/Remarks% 20di% 20Cardinal%20Scherer.pdf, y

http://www.holyseemission.org/statements/statement.aspx?id=385.

¿Cuáles han sido los temas de especial interés suscitados por la Santa Sede?

–Mons. Chullikat: El primer punto fue el de reafirmar “la centralidad de los seres humanos para el desarrollo sostenible”.

La Santa Sede puso de relieve las numerosas amenazas que gravan sobre la familia humana y sobre su casa terrena. Subrayó que la persona humana está en el centro de la creación y, por tanto, en el centro de un desarrollo sostenible. De este modo, subrayó el primer principio así como fue descrito en la Declaración de Río en 1992 sobre medio ambiente y desarrollo.

La Santa Sede ha explicado que los derechos al agua, a los servicios higiénicos, a la comida, a la asistencia sanitaria de base y a la educación están intrísecamente ligados al derecho a la vida, a la supervivencia y al desarrollo. Estos derechos están al servicio de la persona humana y de la familia.

El segundo tema fue el de hacer comprender al necesidad de una revisión profunda y con visión de futuro del desarrollo.

Desde este punto de vista, los principios fundamentales que deben permear las políticas de desarrollo sostenible son: la responsabilidad, la promoción y el compartir el bien común, el acceso a los bienes primarios, la solidaridad universal capaz de reconocer la unidad de la familia humana, la tutela de la creación estrechamente conectada con la igualdad y la solidaridad intergeneracional, el destino universal de los bienes como frutos de la empresa humana y, por último, la subsidiariedad que permite a las autoridades públicas, desde el nivel local hasta las más altas instituciones, actuar eficazmente por la valorización de toda persona y de toda familia. Por último, la tutela de los recursos y la promoción del bien común.

Cuando tales principios se apliquen a nivel internacional, especialmente en relación a la transferencia de tecnología hacia los países en vías de desarrollo, a la promoción de un sistema financiero más justo y al incremento de las ayudas al desarrollo, entonces contribuirán a la promoción de la intrínseca dignidad humana, al desarrollo humano integral, a la familia, al bien común, a la solidaridad y a la salvaguardia del medio ambiente como centro de las actividades económicas.

El tercer tema se refiere a la necesidad de un modelo de desarrollo integralmente humano con dimensiones éticas y morales.

La crisis económica y financiera debe tomar en consideración y analizar también la crisis moral y cultural. Ciertamente es un desafío complejo el de pasar de un modelo de desarrollo meramente tecnológico a un modelo integralmente humano, que parte de la intrínseca dignidad y valor de la persona humana y su fundamental dimensión social, que es la familia. Al final, son las personas las que están encargadas de administrar la naturaleza, pero como todas las cosas humanas, la gestión necesita una dimensión ética.

El cuarto tema se refiere a la economía verde, a la dignidad humana, al desarrollo integral y a la familia.

La conferencia de las Naciones Unidas ha tratado de señalar la green economy como punto de intersección en el cruce entre ambiente y desarrollo. Un buen número de países en vías de desarrollo (PVD), sobre todo de África, se ha dicho sospechar de políticas económicas presentadas como “verdes y amigas del medio ambiente” suscitando el problema de la dificultad de los PVD de acceder a las tecnologías más respetuosas con el medio ambiente y a las fuentes de energía.
Por este motivo, los PVD han pedido que la green economy sea acompañada por un apoyo mayor y más coordinado de los países desarrollados. Los PVD piden poder reforzar su capacidad constructiva, un incremento en la transferencia de tecnologías, financiación y soportes técnicos, y el fin de la brecha tecnológica entre los países avanzados y los países en vías de desarrollo.

Según la Santa Sede, para que la economía verde pueda tener éxito, debe ser promovida y aplicada en manera inclusiva, dirigiéndola claramente hacia la promoción del bien común y la erradicación de la pobreza a nivel local. Dos objetivos que son esenciales para el logro de un desarrollo sostenible. En otras palabras, necesitamos forjar una alianza entre medio ambiente y desarrollo, de manera tal que cada persona humana pueda beneficiarse de ello. Por tanto, con el fin de poner a la green economy en su justa perspectiva, la Santa Sede ha subrayado que debe ser anclada a aquellos principios que son esenciales para promover eficazmente el respeto y la dignidad intrínseca de toda persona y debe tener como fin el desarrollo integral, el reforzamiento de la familia, fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer, como núcleo natural y fundamental de la sociedad (cf. UDHR, art. 16, ICCPR, art. 23, ICESCR, art. 10).


El maná de cada día, 8.8.12

agosto 8, 2012

Miércoles de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David



PRIMERA LECTURA: Jeremías 31, 1-7

En aquel tiempo –oráculo del Señor–, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo. Así dice el Señor: Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina Israel a su descanso, el Señor se le apareció de lejos.

Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia. Todavía te construiré y serás reconstruida, Doncella de Israel; todavía te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros; todavía plantarás viñas en los montes de Samaría, y los que plantan cosecharán.

«Es de día» gritarán los centinelas en la montaña de Efraín: «Levantaos y marchemos a Sión, al Señor nuestro Dios.» Porque así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el amor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: “El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel.”»

SALMO: Jeremías 31, 10-13

El Señor nos guardará como pastor a su rebaño.

Escuchen, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como pastor a su rebaño.»

Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor.

Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas.


EVANGELIO: Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»

Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»

Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»

Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»

Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.


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UNA MUJER CANANEA SE PUSO A GRITAR

P. Raniero Cantalamessa

Si Jesús hubiera escuchado a la mujer cananea a la primera petición, sólo habría conseguido la liberación de la hija. Habría pasado la vida con menos problemas. Pero todo hubiera acabado en eso y al final madre e hija morirían sin dejar huella de sí. Sin embargo, de este modo su fe creció, se purificó, hasta arrancar de Jesús ese grito final de entusiasmo: “Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas”.

Desde aquel instante, constata el Evangelio, su hija quedó curada. Pero, ¿qué le sucedió durante su encuentro con Jesús? Un milagro mucho más grande que el de la curación de la hija. Aquella mujer se convirtió en una “creyente”, una de las primeras creyentes procedentes del paganismo. Una pionera de la fe cristiana. Nuestra predecesora.

¡Cuánto nos enseña esta sencilla historia evangélica! Una de las causas más profundas de sufrimiento para un creyente son las oraciones no escuchadas. Hemos rezado por algo durante semanas, meses y quizá años. Pero nada. Dios parecía sordo. La mujer Cananea se presenta siempre como maestra de perseverancia y oración.

Quien observara el comportamiento y las palabras que Jesús dirigió a aquella pobre mujer que sufría, podía pensar que se trataba de insensibilidad y dureza de corazón. ¿Cómo se puede tratar así a una madre afligida? Pero ahora sabemos lo que había en el corazón de Jesús y que le hacía actuar así. Sufría al presentar sus rechazos, trepidaba ante el riesgo de que ella se cansara y desistiera. Sabía que la cuerda, si se estira demasiado, puede romperse.

De hecho, para Dios también existe la incógnita de la libertad humana, que hace nacer en él la esperanza. Jesús esperó; por eso, al final, manifiesta tanta alegría. Es como si hubiera vencido junto a la otra persona.

Dios, por tanto, escucha incluso cuando… no escucha. En él, la falta de escucha es ya una manera de atender. Retrasando su escucha, Dios hace que nuestro deseo crezca, que el objeto de nuestra oración se eleve; que de lo material pasemos a lo espiritual, de lo temporal a lo eterno, de los pequeño a lo grande. De este modo, puede darnos mucho más de lo que le habíamos pedido en un primer momento.

Con frecuencia, cuando nos ponemos en oración, nos parecemos a ese campesino del que habla un antiguo autor espiritual. Ha recibido la noticia de que será recibido en persona por el rey. Es la oportunidad de su vida: podrá presentarle con sus mismas palabras su petición, pedirle lo que quiere, seguro de que le será concedido.

Llega el día, y el buen hombre, emocionadísimo, llega ante la presencia del rey y, ¿qué le pide? ¡Un quintal de estiércol para sus campos! Era lo máximo en que había logrado pensar.

A veces nosotros nos comportamos con Dios de la misma manera. Lo que le pedimos comparado a lo que podríamos pedirle no es más que un quintal de estiércol, nimiedades que sirven de muy poco, es más, que a veces incluso pueden volverse contra nosotros.

San Agustín era un gran admirador de la Cananea. Aquella mujer le recordaba a su madre, Mónica. También ella había seguido al Señor durante años, pidiéndole la conversión de su hijo. No se había desalentado por ningún rechazo. Había seguido al hijo hasta Italia, hasta Milán, hasta que vio que regresaba al Señor.

En uno de sus discursos, recuerda las palabras de Cristo: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; tocad y se os abrirá”, y termina diciendo: “Así hizo la Cananea: pidió, buscó, tocó a la puerta y recibió”. Hagamos nosotros también lo mismo y también se nos abrirá.

Homilética.org


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