Desafíos de la Vida Religiosa en la Nueva Evangelización

agosto 3, 2012

Hna. Daría Fernández Ramos

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Entrevista a la superiora general de las Religiosas de María Inmaculada (Primera parte)

Por José Antonio Varela Vidal
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ROMA, Lunes 30 de julio de 2012 (ZENIT.org).- Cada vez son más las congregaciones y órdenes religiosas que vienen respondiendo al llamado del papa a adecuar su trabajo, y su estilo de vida, a los desafíos de una nueva evangelización en la Iglesia. Las reuniones de estudio y las publicaciones se multiplican, así como los lemas y los buenos propósitos.

Entre quienes se vienen preparando para este momento –incluso desde años atrás cuando llamaron a su Capítulo General con el tema de la ‘Nueva Evangelización’–, son las Religiosas de María Inmaculada, conocidas también como las del “Servicio doméstico”, por la importante labor que realizan entre las jóvenes que ejercen los oficios más simples.

Como parte de la serie que venimos ofreciendo a  nuestros lectores, ZENIT tuvo la fortuna de entrevistar a la hermana Daría Fernández Ramos, rmi, a pocas semanas de ser electa superiora general, en un Capítulo que le ha dado como mandato llevar a la familia religiosa fundada por santa Vicenta María en 1876, por renovadas sendas de evangelización.

¿Cómo ha recibido su Congregación el llamado del papa a la Nueva Evangelización?

-Hna. Daría Fernández: Nosotras vimos en este acontecimiento como un ‘kairos’ en la Iglesia. Antes de que el papa convocara al sínodo, ya habíamos elegido como tema central del XXII Capítulo general, la nueva evangelización. Este tema expresaba la inquietud presente en todos lo corazones de las hermanas, sobre cómo poner a las jóvenes con quienes trabajamos, en contacto directo con Jesús, el verdadero evangelio del Padre.

Ustedes que trabajan con jóvenes, ¿cuál debe ser el énfasis de la nueva evangelización?

-Hna. Daría Fernández: Lo que buscamos, como nos enseña nuestra fundadora, es que se encuentren con Jesús, conscientes de que solo El puede transformar a la persona; cuando se  vive una experiencia de encuentro en profundidad con Jesús, cambia la vida; lo vivimos en las jóvenes, tal vez con los mismos deseos de promoción y con grandes expectativas, pero si han vivido esta experiencia, sus vidas tienen un sentido profundo, más pleno.

Hay otras jóvenes que tocan sus puertas para ser religiosas… ¿qué busca la joven de hoy al querer consagrar su vida?

-Hna. Daría Fernández: Los motivos son diversos ya que Dios toca el corazón de cada persona según la propia individualidad. Hay un denominador común, la experiencia de Dios y una gran inquietud por los grandes desafíos sociales. Algunas se sienten llamadas a ser apóstoles entre sus compañeras, como desea Benedicto XVI, les duele saber que hay jóvenes que no encuentran sentido a su vida, y se sienten enviadas a compartir lo que han experimentado, se sienten llamadas y enviadas…

La  oración, la Eucaristía y el contacto con la Palabra de Dios son medios importantes a través de los que Jesús sale al encuentro del joven de hoy de distintas maneras, también en los momentos más difíciles y en experiencias de dolor, cuando han pasado por el sin sentido y recomienzan un nuevo camino.

Para estos tiempos, ¿Qué se debería enfatizar en la formación de las novicias?

-Hna. Daría Fernández: Las jóvenes que desean hoy unirse a la congregación en la vida religiosa vienen de distintos contextos y poseen valores muy diversos. Se sienten atraídas principalmente por el trabajo social que las religiosas de Maria Inmaculada realizamos en el mundo, de acogida y promoción de la mujer y sobre todo por el estilo humano, alegre y desinteresado con el que lo llevamos a cabo que les hace pensar que ese ‘ver las cosas y vivirlas de otra manera’ está basado en el evangelio de Jesús y es algo que merece la pena.

Siempre hay que reforzar algo, ¿no?

-Hna. Daría Fernández: Estas jóvenes, generosas y decididas, con sus fragilidades propias, necesitan un buen equipamiento para poder vivir su consagración en plenitud. Lo más importante es la profundización en la fe y es en el encuentro con el Jesús de la vida y de la historia, que les ayudará a entender la existencia desde un humanismo cristiano, y a entrar en un proceso de salvación para ellas y para las personas con las que entren en contacto.

Una base importante para este proceso formativo es el conocimiento de sí, que cada joven se sienta implicada en su propio proceso y que potencie su propia identidad desde el carisma recibido. La mejor ayuda es el vivir todo esto en una comunidad donde la oración personal, la verdadera fraternidad y el compromiso con la Iglesia y con las jóvenes de hoy sean una realidad palpable.

Usted ha mencionado el Concilio Vaticano II, ¿cuál fue la mayor riqueza que aportó para la vida religiosa y a qué faltaría responder aún?

-Hna. Daría Fernández: Justamente, yo entré a la vida religiosa después de Vaticano II y soy hija del Concilio. Creo que fueron grandes los desafíos. Siempre que voy a la Basílica de san Pedro venero a Juan XXIII por esa gran aventura en que metió a la Iglesia, y después a Pablo VI que fue el papa de mi juventud, durante mi formación en la vida religiosa.

Uno de los grandes desafíos fue acercar la vida religiosa al mundo y abrir las puertas para que entrase la riqueza de la cultura de la modernidad. La vida religiosa se abrió y se acercó más al mundo, para “estar en el mundo sin ser del mundo”, como dijo Jesús. Otro de los desafíos fue volver a las fuentes, reeditar el carisma, porque el carisma es siempre nuevo, como el Evangelio.

Hoy, después de 50 años debemos seguir respondiendo a los “signos de los tiempos”, a lo que Dios y los jóvenes nos siguen pidiendo. Como decíamos en nuestro capítulo: el desafío es vivir nuestra fe y nuestro ser de religiosas de un modo más coherente. Uno de los pilares es la primacía de Dios en la misión.

¿Ve otros desafíos?

-Hna. Daría Fernández: Otro gran desafío es saber vivir ese camino de santidad en común, porque creemos que hoy la fraternidad es un signo en este mundo donde las relaciones se han hecho más difíciles. Somos llamadas a vivir la comunión en la diversidad como hermanas que nos queremos y  nos ayudamos. Y un tercer desafío es un nuevo modo de hacer pastoral…

Evangelizar es ofrecer una Buena Noticia, pero ¿cómo podríamos traducir el lenguaje de Jesús a los tiempos nuevos? Nosotras hemos elaborado un plan de pastoral para que los jóvenes sean capaces de entrar en contacto con su propio misterio, descubran al Dios de Jesús, y puedan encontrar en Él respuestas a los desafíos.


El maná de cada día, 3.8.12

agosto 3, 2012

Que me escuche tu gran bondad, Señor

Viernes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

 

PRIMERA LECTURA: Jeremías 26, 1-9

Al comienzo del reinado de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra del Señor a Jeremías: «Así dice el Señor: Ponte en el atrio del templo y di a todos los ciudadanos de Judá que entran en el templo para adorar, las palabras que yo te mande decirles; no dejes ni una sola.

A ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta, y me arrepiento del mal que medito hacerles a causa de sus malas acciones.

Les dirás: Así dice el Señor: Si no me obedecéis, cumpliendo la ley que os di en vuestra presencia, y escuchando las palabras de mis siervos, los profetas, que os enviaba sin cesar (y vosotros no escuchabais), entonces trataré a este templo como al de Silo, a esta ciudad la haré fórmula de maldición para todos los pueblos de la tierra.»

Los profetas, los sacerdotes y el pueblo oyeron a Jeremías decir estas palabras, en el templo del Señor. Y, cuando terminó Jeremías de decir cuanto el Señor le había mandado decir al pueblo, lo agarraron los sacerdotes y los profetas y el pueblo, diciendo: «Eres reo de muerte. ¿Por qué profetizas en nombre del Señor que este templo será como el de Silo, y esta ciudad quedará en ruinas, deshabitada?»

Y el pueblo se juntó contra Jeremías en el templo del Señor.

SALMO 68

Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Más que los pelos de mi cabeza son los que me odian sin razón; más duros que mis huesos, los que me atacan injustamente. ¿Es que voy a devolver lo que no he robado?

Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro. Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.

Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude.


EVANGELIO: Mateo 13, 54-58

En aquel tiempo fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga.

La gente decía admirada: «¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos, Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?» Y aquello les resultaba escandaloso.

Jesús les dijo: «Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta.» Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.


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SALIÓ DE ALLÍ Y VINO A SU PATRIA

P. Raniero Cantalamessa

«San Agustín decía: “Tengo miedo de Jesús que pasa”. Podría, en efecto, pasar sin que me percate, pasar sin que yo esté dispuesto a acogerle.»

Cuando ya se había hecho popular y famoso por sus milagros y su enseñanza, Jesús volvió un día a su lugar de origen, Nazaret, y como de costumbre se puso a enseñar en la sinagoga.

Pero esta vez no suscitó ningún entusiasmo, ningún ¡hosanna!. Más que escuchar cuanto decía y juzgarle según ello, la gente se puso a hacer consideraciones ajenas: “¿De dónde ha sacado esta sabiduría? No ha estudiado; le conocemos bien; es el carpintero, ¡el hijo de María!”. “Y se escandalizaban de Él”, o sea, encontraban un obstáculo para creerle en el hecho de que le conocían bien.

Jesús comentó amargamente: “Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio”. Esta frase se ha convertido en proverbial en la forma abreviada: Nemo propheta in patria, nadie es profeta en su tierra. Pero esto es sólo una curiosidad.

El pasaje evangélico nos lanza también una advertencia implícita que podemos resumir así: ¡atentos a no cometer el mismo error que cometieron los nazarenos! En cierto sentido, Jesús vuelve a su patria cada vez que su Evangelio es anunciado en los países que fueron, en un tiempo, la cuna del cristianismo.

Nuestra Italia, y en general Europa, son, para el cristianismo, lo que era Nazaret para Jesús: “El lugar donde fue criado” (el cristianismo nació en Asia, pero creció en Europa, ¡un poco como Jesús había nacido en Belén, pero fue criado en Nazaret!).

Hoy corren el mismo riesgo que los nazarenos: no reconocer a Jesús. La carta constitucional de la nueva Europa unida no es el único lugar del que Él es actualmente “expulsado”…

El episodio del Evangelio nos enseña algo importante. Jesús nos deja libres; propone, no impone sus dones. Aquel día, ante el rechazo de sus paisanos, Jesús no se abandonó a amenazas e invectivas. No dijo, indignado, como se cuenta que hizo Publio Escipión, el africano, dejando Roma: “Ingrata patria, ¡no tendrás mis huesos!”.

Sencillamente se marchó a otro lugar. Una vez no fue recibido en cierto pueblo; los discípulos indignados le propusieron hacer bajar fuego del cielo, pero Jesús se volvió y les reprendió (Lc 9, 54).

Así actúa también hoy. “Dios es tímido”. Tiene mucho más respeto de nuestra libertad que la que tenemos nosotros mismos, los unos de la de los otros. Esto crea una gran responsabilidad. San Agustín decía: “Tengo miedo de Jesús que pasa” (Timeo Jesum transeuntem). Podría, en efecto, pasar sin que me percate, pasar sin que yo esté dispuesto a acogerle.

Su paso es siempre un paso de gracia. Marcos dice sintéticamente que, habiendo llegado a Nazaret en sábado, Jesús “se puso a enseñar en la sinagoga”. Pero el Evangelio de Lucas especifica también qué enseñó y qué dijo aquel sábado.

Dijo que había venido “para anunciar a los pobres la Buena Nueva, para proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos; para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lucas 4, 18-19).

Lo que Jesús proclamaba en la sinagoga de Nazaret era, por lo tanto, el primer jubileo cristiano de la historia, el primer gran “año de gracia”, del que todos los jubileos y años santos son una conmemoración.

ReL

 

PRECES DE LAS LAUDES, la oración de la mañana

Adoremos a Cristo, que salvó al mundo con su cruz, y supliquémosle, diciendo: Concédenos, Señor tu misericordia.

+ Oh Cristo, que con tu claridad eres nuestro sol y nuestro día, haz que, desde el amanecer, desaparezca de nosotros todo sentimiento malo.

+ Vela, Señor, sobre nuestros pensamientos, palabras y obras, a fi n de que nuestro día sea agradable ante tus ojos.

+ Aparta de nuestros pecados tu vista y borra en nosotros toda culpa.

+ Por tu cruz y tu resurrección, llénanos del gozo del Espíritu Santo.

+ Oremos a nuestro Padre como Cristo nos enseñó: Padre nuestro…

+ Oh Dios, que has iluminado las tinieblas de nuestra ignorancia con la luz de tu Palabra: acrecienta en nosotros la fe que tú mismo nos has dado; que ninguna tentación pueda nunca destruir el ardor de la fe y de la caridad que tu gracia ha encendido en nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 


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