Agustinas de la Conversión

agosto 2, 2012

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El boom de las vocaciones no sólo se circunscribe a Iesu Communio de Lerma… en Palencia crecen con rapidez las Agustinas de la Conversión.

Agustinas de la Conversión

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Casi cualquier católico medianamente informado ya tenía noticia del renacer vocacional que empezó hace unos años en el convento de las clarisas de Lerma (Burgos). Pero parece que el Espíritu no quiere que sea el único.

Ir al desierto… Dios las conduce…

En septiembre de 1999, la madre Prado cerraba por última vez la puerta de la que había sido su celda durante varios años. “La llamada”, como ella la identifica, había sido insistente desde hacía tiempo. “Era una llamada muy fuerte a una vida más contemplativa”, relata con la sencillez propia de las almas consagradas.

Detrás quedaban años dedicados a la enseñanza en el colegio de agustinas de Talavera de la Reina (Toledo). ¿Y delante? ¿Qué quedaba por delante? Tal vez, madre Prado sintió en ese momento la misma mezcla de incertidumbre y confianza que invadió a santa Edith Stein cuando escribió: “¿Adónde nos conduce Dios? No lo sabemos. Sólo sabemos que nos conduce”. Y se dejó conducir.

Seguir la llamada

Madre Prado no se fue sola. Tres agustinas más, que habían escuchado esa misma llamada, la siguieron. Unos meses más tarde, se sumarían otra tres. Las siete llegaron al antiguo convento franciscano de Becerril de Campos, enclavado en medio de la inmensa e inhóspita llanura castellana.

26 religiosas más otras ocho, en reflexión

Allí comenzó una vida de intensa oración y discernimiento. Y, al poco tiempo, el milagro comenzó a suceder. Varias jóvenes empezaron a llegar a ese remoto pueblo de Castilla atraídas por el calor que el Espíritu infundía en esa recién nacida comunidad.

Han pasado casi 13 años. Actualmente, las Agustinas de la Conversión son 26 religiosas procedentes de cinco países. Y ocho más pueden entrar el próximo mes de septiembre, tras un período de reflexión.

Un Lerma enclavado en Palencia

Las Agustinas cantan, ríen, tocan instrumentos, componen música, trabajan con las decenas de jóvenes que se sienten atraídas por su carisma y, en ocasiones, hasta se las ha visto bailar.

Y todo, sin perder de vista su misión y su llamada a la vida contemplativa. Es como un pequeño Lerma enclavado en Palencia. Ellas, sin embargo, rehúyen de las comparaciones: “El Espíritu abre distintos caminos”, afirma con modestia una de las religiosas.

Acogida de peregrinos en el Camino

Uno de sus apostolados es la acogida de peregrinos en el albergue parroquial de Carrión de los Condes (Palencia). Pero lo hacen de un modo distinto y novedoso.

“Llevo seis días de Camino. En todos los albergues llegas, pagas, te dan alojamiento y al día siguiente te vas. Parece que sólo es un negocio. Aquí… es distinto”, afirma gratamente sorprendida Emma, una peregrina irlandesa. Con su piercing en la nariz y su pelo suelto, Emma comenzó el Camino en Logroño.

“Necesitaba pensar; estar conmigo misma”, explica. Así que dejó Bruselas, donde trabaja y, en lugar de regresar a su Irlanda natal durante sus vacaciones de verano, se ha venido a hacer el Camino de Santiago. Hoy ha llegado al albergue de Carrión. Allí se ha encontrado con seis o siete monjas jóvenes y sonrientes, que la han acogido con cariño. Tienen, como diría Machado, “esa expresión serena que, a la pena, da una esperanza infinita”.

“A las seis y media tendremos un encuentro musical. Luego, a las ocho, la misa en la parroquia, con la bendición del peregrino. Y después, la cena compartida, en la que te invitamos a que traigas algo para que lo repartamos entre todos”, le explica una de las agustinas con un inglés un tanto rudimentario pero efectivo.

La bendición del peregrino

A las ocho en punto, Emma ocupa su sitio en un banco de la iglesia románica de Santa María. Julio, el joven párroco de Carrión de los Condes, dedica unas palabras en español y en inglés a los más de 50 peregrinos que ese día han ido a la misa del pueblo.

Cuando termina la eucaristía, les invita a pasar al frente para recibir la bendición de peregrino. Allí se presentan y dicen de dónde provienen: Alemania, Francia, Austria, Noruega, Corea del Sur, Japón, Estados Unidos, Gran Bretaña, Brasil, Irlanda… A Julio parece no sorprenderle esta profusión de nacionalidades. Es habitual que, cualquier día del año, recaben en Carrión de los Condes decenas de peregrinos de los más recónditos países.

Las monjas se sitúan en la escalinata del presbiterio y cantan, con extraordinaria armonía, una de las canciones que han compuesto para los peregrinos: “El Señor te bendiga, hermano, el Señor te guarde”, mientras Julio impone sus manos sacerdotales sobre la cabeza de cada uno de los peregrinos.

El ambiente es especial e inmensamente tierno. Varios peregrinos rompen a llorar con mansedumbre. Otros se retiran a un banco a orar.

Cuando termina la bendición, son numerosos los que se acercan a las hermanas y al sacerdote para hablary abrir sus almas. Otros piden confesión. Otros, hasta abrazan a las hermanas mientras les susurran unas palabras al oído.

Evangelizar a los peregrinos

Estos encuentros han dado sus frutos. Érika, una joven profesora de español de la Universidad de Budapest, vino como peregrina y hoy viste el hábito de agustina de la Conversión. Lo mismo le pasó a Elizabeth, una alemana que jamás había oído hablar de la congregación ni de Carrión de los Condes hasta que comenzó el Camino de Santiago, y aquí es donde se ha quedado a seguir su vocación.

El futuro, conducido por el Espíritu, es esperanzador. Las agustinas acaban de dejar su convento de Becerril de Campos para trasladarse a una nueva casa que han construido por medio de donativos en Sotillo de la Adrada (Ávila).

Se puede conocer más la vida de las Agustinas de la Conversión en su página web: http://comunidadconversion.blogspot.com.es/

www.religionenlibertad.com


El maná de cada día, 2.8.12

agosto 2, 2012

Jueves de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces



PRIMERA LECTURA: Jeremías 18,  1-6

Palabra del Señor que recibió Jeremías: «Levántate y baja al taller del alfarero, y allí te comunicaré mi palabra.»

Bajé al taller del alfarero, que estaba trabajando en el torno. A veces, le salía mal una vasija de barro que estaba haciendo, y volvía a hacer otra vasija, según le parecía al alfarero.

Entonces me vino la palabra del Señor: «¿Y no podré yo trataros a vosotros, casa de Israel, como este alfarero? –oráculo del Señor–. Mirad: como está el barro en manos del alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de Israel.»


SALMO 145

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob.

Alaba, alma mía, al Señor: alabaré al Señor mientras viva, tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes, seres de polvo que no pueden salvar; exhalan el espíritu y vuelven al polvo, ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor, su Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él.


EVANGELIO:  Mateo 13, 47-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?»

Ellos les contestaron: «Sí.»

Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»

Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.
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LOS BUENOS HAN DE TOLERAR A LOS MALOS

San Agustín, comentario al salmo 138, 27-29

Ahora pregunta el cuerpo de Cristo, es decir, la Iglesia: ¿Qué pueden reprocharme los soberbios con sus calumnias? ¿Cómo pueden constituir los pecados de los otros una mancha para mí, y separándose, recibir en la vanidad sus ciudades? ¿No odio, Señor, a los que te odian a ti? (Sal 138, 21).

¿Por qué quienes son peores que los demás exigen de mí la separación, incluso corporal, de los malos? ¿Por qué exigen que antes del tiempo de la cosecha se arranque el trigo junto con la cizaña (Mt 13, 30); que antes del tiempo de la bielda pierda el aguante y no tolere la paja (Mt 3, 12); que rompa las redes de la paz y de la unidad antes de que lleguen toda clase de peces al fin del mundo, como a la orilla, para ser separados? (Mt 13, 47).

¿Acaso pertenecen a los malos los sacramentos que recibo? ¿O acaso estoy en comunión con ellos consintiendo a su vida y obras? ¿Acaso no he odiado, Señor, a quienes te odian, y me consumía en presencia de tus enemigos? ¿No es verdad que, consumido de celo por tu casa, me consumía viendo a los insensatos? ¿No se apoderaba de mí el enfado, a causa de los pecadores que abandonan tu ley? (Sal 118, 139.158.53).

¿Quiénes son tus enemigos, sino los que con su vida proclaman cuánto odian tu ley? Si odio a los tales, ¿por qué me calumnian los que reciben en vanidad sus ciudades, amparándose en que pueden imputarme los pecados de aquellos a quienes odio y en presencia de los cuales me devoraba el celo de Dios?

¿Pero dónde queda el precepto: Amad a vuestros enemigos? ¿Acaso al decir vuestros excluyó a los de Dios? Haced el bien -dijo- a los que os odian; no dice a los que odian a Dios. Por eso el salmista dijo a continuación: ¿No he odiado, Señor, a los que te odian? no «a los que me odian». Y me consumía en presencia de tus enemigos, dijo tuyos; no «míos».

Pero los que nos odian porque servimos a Dios, y esa es la razón de su enemistad, ¿qué hacen, sino odiarle a él y convertirse en sus enemigos? ¿Acaso no debemos amar a tales enemigos nuestros? ¿O no sufren persecución por Dios aquellos a quienes se dice: Orad por quienes os persiguen? (Mt 5, 44).

Presta atención a lo que viene a continuación. Los odiaba con odio perfecto (Sal 138, 22). ¿Qué significa con odio perfecto? Odiaba en ellos sus maldades, pero amaba lo que es creación tuya. Esto significa odiar con odio perfecto: no odiar al hombre a causa de sus vicios, ni amar a los vicios por los hombres.

Considera lo que añade: Se convirtieron en enemigos míos. Ya no son sólo enemigos de Dios; muestra que también lo son suyos. Entonces, ¿cómo compagina en ellos lo que dijo él mismo: No he odiado a los que te odian, y lo que ordenó el Señor: Amad a vuestros enemigos? ¿Como cumplirá esto, sino mediante aquel odio perfecto, es decir, odiando en ellos el que sean malos y amando su ser hombres?

Pues también en el tiempo del Antiguo Testamento, en el que el pueblo carnal era castigado con calamidades visibles, Moisés, el siervo de Dios, que por su ciencia pertenecía ya al Nuevo Testamento, ¿cómo odiaba a los pecadores, si oraba por ellos? Y ¿cómo no los odiaba, si les daba muerte? Porque los odiaba con el odio perfecto. Con esa perfección odiaba la maldad que castigaba, de forma que amaba la condición humana por la que oraba.

Como el cuerpo de Cristo ha de ser separado al fin del mundo de los malvados y perversos, gima mientras tanto entre ellos. Hay pecadores ya como muertos: son los que acusan a los buenos de estar en comunión con los malos y, tomando la ocasión, -por así decir- de la presencia de esos malos, se separan totalmente de los buenos y de los inocentes. De esta manera ellos se conquistan en la vanidad sus ciudades.

Muchos otros malos, por el contrario no se sienten con fuerzas para seguirles en tal separación y quedan dentro. Quedan mezclados con los buenos, que han de soportarlos hasta el fin. Pues bien, en esta situación, ¿cómo se comportará el cuerpo de Cristo que, con su paciencia, da fruto ya sea del ciento, del sesenta o del treinta por uno? (Mt 13, 23).

¿Qué hace la amada de Cristo en medio de las hijas, cual lirio en medio de las espinas? (Cant 2, 2). ¿Cuáles son sus voces? ¿Cuál su conciencia? ¿Cuál la belleza interior de la hija del rey? (Sal 44, 14).

Escucha lo que dice: Pruébame, ¡oh Dios!, y conoce mi corazón. Tú, ¡oh Dios!, ponlo a prueba y conócelo; tú, no un hombre, no un hereje que ni sabe examinar, ni puede conocer mi corazón. Tú lo examinas y sabes que no doy mi asentimiento a los hechos de los malvados, a la vez que ellos piensan que puedo contaminarme con los pecados ajenos.

Así, mientras se prolonga mi peregrinar por la tierra, hago lo que entre gemidos afirmo en otro salmo: Soy pacífico con quienes odian la paz (Sal 119, 7), hasta que llegue a la visión de paz, que así se traduce Jerusalén, la madre de todos nosotros, la ciudad eterna en los cielos.

En cuanto a ellos, sigan litigando, calumniando y separándose y reciban, no en la eternidad, sino en la vanidad sus ciudades.

Pruébame, ¡oh Dios!, y conoce mi corazón: examíname y conoce mis caminos.


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