Primer centenario de la constitución de los Agustinos Recoletos en una congregación religiosa independiente

agosto 1, 2012

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El 16 de septiembre se celebrará el primer centenario de la constitución de los Agustinos Recoletos en una congregación religiosa independiente por disposición de San Pío X.

Conviene recordar esta efemérides, que enlazará con los 425 años de su origen dentro de la Orden de San Agustín (1588-2013), dado sus lazos históricos con Aragón, donde uno de ellos es el actual Obispo de Tarazona, monseñor Eusebio Fernández Sola.

Los Agustinos Recoletos surgieron a raíz del capítulo de la provincia de los agustinos de Castilla en diciembre de 1588, en el seno de la provincia agustiniana de Castilla, con ánimo de instaurar un sistema de vida más austero y perfecto.

Su norma básica es la Forma de vivir, redactada por Fray Luis de León, y que fue aprobada por el definitorio provincial en septiembre de 1589 y, ocho años más tarde, obtuvo la confirmación pontificia.

En 1602 los cinco conventos reformados fueron desligados de la obediencia del provincial agustino de Castilla y formaron una provincia propia. La provincia continuaba dependiendo del prior general de la orden, pero con una autoridad cada vez más limitada.

En 1605 se incorporaron a las misiones. En 1621 se celebró el primer capítulo general, y en él se dividió la congregación en cuatro provincias. Tres tenían todos sus conventos en España; la cuarta, en Filipinas. Más tarde se incorporó la de Colombia.

El Capítulo General de 1908 en San Millán de la Cogolla significa el resurgir de la Orden, que adquirió dicho rango, independiente ya de los Agustinos, en 1912.

En Zaragoza se instalaron en 1602. Los conventos de la Corona de Aragón constituyeron la provincia de Nuestra Señora del Pilar, que duró hasta el siglo XIX.

Entre el 11 de agosto de 1835 y el 15 de enero de 1836 fueron exclaustrados 129 Agustinos Descalzos, frente a los 80 Agustinos Calzados, correspondientes a los conventos de Alagón (16), Benabarre (11), Borja (18), Calatayud (27) Huesca (10), Zaragoza -15 del convento del Portillo y 8 del de San Nicolás de Tolentino, conocido como los “Agustinicos”, cerca del Pilar- Zuera (15), y a otros conventos no aragoneses.

Las Actas de los Capítulos Provinciales se conservan en el Archivo Parroquial de Alagón. Los religiosos aragoneses llegaron a ser más de la cuarta parte de la congregación. Aragoneses fueron los cuatro comisarios generales que gobernaron la Orden entre 1854 y 1908.

En 1902 los religiosos volvieron a Aragón, instalándose en el santuario de Valentuñana, en Sos del Rey Católico (Zaragoza, diócesis de Jaca). En 1907 regresaron a Zaragoza, instalándose en la c/Mayor 66 y, en 1940, en la Avda. de Valencia 290. La casa se fundó como residencia de religiosos ancianos y enfermos y albergue para los misioneros que iban y volvían de Misiones, y más tarde fue residencia del Provincial.

Atienden la parroquia de Santa Mónica -creada en 1972- y el colegio Romareda. En 1923 se hicieron cargo del santuario de Sancho Abarca (Tauste), donde permanecieron varios años. Durante cierto tiempo atendieron varias parroquias rurales de la diócesis.

Hijos ilustres de Aragón son el beato Martín de San Nicolás Lumbreras, zaragozano, mártir en Japón en 1632, y los beatos mártires en Motril en 1936: José Rada Royo, de Tarazona, Vicente Pinilla Ibáñez, de Calatayud, y Vicente Soler Munárriz, de Malón.

San Ezequiel Moreno (1848-1908), Obispo de Pasto en Colombia, y su sobrino, el beato Juan Moreno, mártir también en Motril, nacieron en Alfaro, cuando este pueblo pertenecía a Tarazona.

También hay que citar a fray José de la Consolación –el Padre Consolación-, héroe de los Sitios y consejero de Palafox, asesinado en 1809 por los franceses.

Información de Juan Ramón Royo. Director del Archivo Diocesano

http://www.agenciasic.es/


El maná de cada día, 1.8.12

agosto 1, 2012

Miércoles de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

Los mandamientos del Señor son más preciosos que el oro fino



PRIMERA LECTURA: Jeremías 15, 10.16-21

Ay de mí, ¡madre mía!, ¿por qué me diste a luz? Soy hombre que trae líos y contiendas a todo el país. No les debo dinero, ni me deben; ¡pero todos me maldicen! Cuando me llegaban tus palabras, yo las devoraba. Tus palabras eran para mí gozo y alegría, porque entonces hacías descansar tu Nombre sobre mí, ¡oh Yavé Sabaot!

Yo no me sentaba con otros para bromear, sino que, apenas tu mano me tomaba, yo me sentaba aparte, pues me habías llenado de tu propio enojo. ¿Por qué mi dolor no tiene fin y no hay remedio para mi herida? ¿Por qué tú, mi manantial, me dejas de repente sin agua?

Entonces Yavé me dijo: «Si vuelves a mí, yo te haré volver a mi servicio. Separa el oro de la escoria si quieres ser mi propia boca. Tendrán que volver a ti, pero tú no volverás a ellos. Haré que tú seas como una fortaleza y una pared de bronce frente a ellos; y si te declaran la guerra, no te vencerán, pues yo estoy contigo para librarte y salvarte. Te protegeré contra los malvados y te arrancaré de las manos de los violentos.»


SALMO 58, 2-18

Dios es mi refugio en el peligro.

Líbrame de mi enemigo, Dios mío, protégeme de mis agresores; líbrame de los malhechores, sálvame de los hombres sanguinarios.

Mira que me están acechando  y me acosan los poderosos. Sin que yo haya pecado ni faltado, Señor, sin culpa mía, avanzan para acometerme.

Estoy velando contigo, fuerza mía, porque tú, oh Dios, eres mi alcázar; que tu favor se adelante, oh Dios, y me haga ver la derrota del enemigo.

Yo cantaré tu fuerza, por la mañana aclamaré tu misericordia: porque has sido mi alcázar y mi refugio en el peligro.

Y tañeré en tu honor, fuerza mía, porque tú, oh Dios, eres mi alcázar.


EVANGELIO: Mateo 13, 44-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.»


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INCLINA MI CORAZÓN A TUS PRECEPTOS

Del tratado de san Roberto Belarmino, obispo,
sobre la ascensión de la mente hacia Dios

Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia; ¿quién, que haya empezado a gustar, por poco que sea, la dulzura de tu dominio paternal, dejará de servirte con todo el corazón? ¿Qué es, Señor, lo que mandas a tus siervos? Cargad –nos dices– con mi yugo. ¿Y cómo es este yugo tuyo? Mi yugo –añades– es llevadero y mi carga ligera. ¿Quién no llevará de buena gana un yugo que no oprime, sino que halaga, y una carga que no pesa, sino que da nueva fuerza? Con razón añades: Y encontraréis vuestro descanso.

¿Y cuál es este yugo tuyo que no fatiga, sino que da reposo? Por supuesto aquel mandamiento, el primero y el más grande: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón. ¿Que más fácil, más suave, más dulce que amar la bondad, la belleza y el amor, todo lo cual eres tú, Señor, Dios mío?

¿Acaso no prometes además un premio a los que guar­dan tus mandamientos, más preciosos que el oro fino, más dulces que la miel de un panal? Por cierto que sí, y un premio grandioso, como dice Santiago: La corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman. ¿Y qué es esta corona de la vida? Un bien superior a cuanto podamos pensar o desear, como dice san Pablo, citando al profeta Isaías: Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.

En verdad es muy grande el premio que proporciona la observancia de tus mandamientos. Y no sólo aquel man­damiento, el primero y el más grande, es provechoso para el hombre que lo cumple, no para Dios que lo impone, sino que también los demás mandamientos de Dios per­feccionan al que los cumple, lo embellecen, lo instruyen, lo ilustran, lo hacen en definitiva bueno y feliz.

Por esto, si juzgas rectamente, comprenderás que has sido creado para la gloria de Dios y para tu eterna salvación, com­prenderás que éste es tu fin, que éste es el objetivo de tu alma, el tesoro de tu corazón. Si llegas a este fin, serás dichoso; si no lo alcanzas, serás un desdichado.

Por consiguiente, debes considerar como realmente bueno lo que te lleva a tu fin, y como realmente malo lo que te aparta del mismo. Para el auténtico sabio, lo prós­pero y lo adverso, la riqueza y la pobreza, la salud y la en­fermedad, los honores y los desprecios, la vida y la muerte son cosas que, de por sí, no son ni deseables ni aborrecibles. Si contribuyen a la gloria de Dios y a tu felicidad eterna, son cosas buenas y deseables; de lo contrario, son malas y aborrecibles.


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