María, corazón de América

mayo 30, 2012

Una presencia viva en todo el continente

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Por José Antonio Benito

ZENIT.org

Con ironía y agudeza a un tiempo, el literato mexicano Octavio Paz, escribía: «El pueblo mexicano, después de dos siglos de experiencias y fracasos, no tiene más fe que en la Virgen de Guadalupe y en la Lotería Nacional».

Quedémonos con lo primero. Hoy no tenemos otro factor más importante para buscar la identidad mexicana que la Morenita. Ella ha sido el corazón maternal que ha acogido a todos sin excepción, desde el humilde indiecito Juan Diego hasta Emiliano Zapata.

Lo sucedido en esta nación ha tenido lugar en la veintena de naciones engendradas a la fe por España y Portugal. Con razón pudo decir Juan Pablo II en Zaragoza el 10 de mayo de 1984: «Decir España es decir María… Y decir Iberoamericana, es decir también María, gracias a los misioneros españoles y portugueses”.

Una de las naves de Cristóbal Colón será la de Santa María. Su bandera de raso grana llevaba en una y otra cara, bordados en oro, las imágenes de Cristo y María. El 4 de agosto de 1492 salían del convento de Nuestra Señora de la Rábida; fijando sus ojos en la torre todos los marineros, pidieron de rodillas a Nuestra Señora la última bendición. Veamos cómo nos cuenta el mismo Colón en su “Diario” el momento del Descubrimiento, durante el canto de la Salve:

“Esta tierra vida primero un marino que se decía Rodrigo de Triana… Por lo cual, cuando dijeron la Salve, que la acostumbraban decir e cantar a su manera los marineros, y se hallan todos… A las dos horas después de media noche pareció la tierra.”

Dos siglos después del Descubrimiento, la genial poetisa Juana Inés de la Cruz, cumbre del barroco mexicano, dirá por toda Hispanoamérica «¡que no sé que se tiene el que en tratando de María Santísima se enciende el corazón más helado!”.

La Conferencia de Puebla se ratificó en este sentir: «María tiene que ser cada vez más la pedagoga del Evangelio en América Latina» Bastaría para comprobarlo el recorrer la «geografía mariana» o el mapa americano, compuesto a base de advocaciones y santuarios que como hitos de luz alumbran su tierra. La capital argentina, Buenos Aires, debe su nombre a su descubridor Pedro de Mendoza el día de la Purificación de María (2-11-1535) imponiéndole el de Santa María de los Buenos Aires en recuerdo de Nuestra Señora de Buenos Aires, cofradía de navegantes en Triana (Sevilla); Zacatecas, fue en un primer momento Nuestra Señora de Zacatecas; Valparaíso en Chile fue Nuestra Señora de Puerto Claro; la capital de Bolivia fue Nuestra Señora de la Paz por fundarla Alonso de Mendoza en 1543 tras la pacificación del Perú por La Gasca. Si ojeamos un mapa de Sudamérica nos encontraremos con nombres tan familiares como Rosario (Argentina), Santa María de la Antigua en Guatemala, Asunción (capital de Paraguay).

La toponimia es sólo una firme expresión del sentir mariano del continente en el que arraigan costumbres tan populares como la generalización del saludo «Ave María Purísima», la celebración del mes de mayo, la devoción del Rosario de la Aurora que llegó a contar con 15 Rosarios salidos de sus respectivas iglesias en la Lima de 1692. Florecen las cofradías y congregaciones de Nuestra Señora, los romeros y danzantes de la Virgen. Los serenos cantaban también a María al dar la hora en las calladas noches; fachadas adornadas con el anagrama de María o con los versos en zaguanes o esquinas con imágenes de María:

«Nadie traspase este umbral
que no diga por su vida
que es María concebida
sin pecado original».

El templo del Pilar, en Zaragoza (España), antesala de Hispanoamérica, recoge 19 banderas de las repúblicas americanas engendradas por España y que fueron bendecidas por el Papa San Pío X en 1908. Todas ellas tienen un santuario célebre o un patronazgo mariano: México, Guadalupe; Argentina, Uruguay y Paraguay, Nuestra Señora de Luján; Cuba, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre; Venezuela, Nuestra Señora de Coromoto; Colombia, Nuestra Señora de Chiquinquirá; Santo Domingo, Nuestra Señora de Altagracia; Ecuador, Nuestra Senora del Quinche; Bolivia, Nuestra Señora de Copacabana; Brasil, Nuestra Señora de la Aparecida; Chile, Nuestra Señora de Andacollo y Nuestra Señora del Carmen; Perú, Nuestra Señora de las Mercedes y Nuestra Señora del Rosario y Nuestra Señora del Viejo; Honduras, Nuestra Señora de Suyapa: El Salvador, Nuestra Señora de la Paz; Guatemala, Nuestra Señora del Socorro; Costa Rica, Nuestra Señora de los Ángeles.

Juan Pablo 11 en su mensaje a los Congresos Internacionales Mariológico y Mariano celebrados en Zaragoza en 1979 afirmó que “esta distinguida piedad mariana y el fervor por cuanto significa el honor para la Madre de Dios, tienen pulsación propia desde época inmemorial, a ritmo con su historia y su creciente patrimonio espiritual”.

Uno de los máximos especialistas en mariología, padre Enrique Llamas, concluirá en su estudio La Virgen En España y América:

Este patrimonio de fe y devoción mariana, hecho uno con la vida del pueblo y presente en las grandes gestas de carácter socio-religioso, España lo trasvasó a América, íntegro y enriquecido con el descubrimiento y la consiguiente evangelización, que le dieron origen histórico… Es éste un hecho básico y fundamental que constituye la clave para interpretar y entender, no sólo la historia de América Latina, sino su misma historia y el significado de su ser, de su realidad concreta.


El maná de cada día, 30.5.12

mayo 30, 2012

Miércoles de la 8ª semana del Tiempo Ordinario

El que quiera ser primero, sea esclavo de todos

PRIMERA LECTURA: 1 Pedro 1, 18-25

Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por vuestro bien.

Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza. Ahora que estáis purificados por vuestra obediencia a la verdad y habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente.

Mirad que habéis vuelto a nacer, y no de una semilla mortal, sino de una inmortal, por medio de la palabra de Dios viva y duradera, porque «toda carne es hierba y su belleza como flor campestre: se agosta la hierba, la flor se cae; pero la palabra del Señor permanece para siempre.» Y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos.

SALMO 147, 12-13.14-15.19-20

Glorifica al Señor, Jerusalén.

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz.

Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.

EVANGELIO: Marcos 10, 32-45

En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban, y los que seguían iban asustados.

Él tomó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.»

Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»

Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»
Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»
Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»
Contestaron: «Lo somos.»

Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.»

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»


BUSCÁIS A CRISTO GLORIFICADO, VOLVEOS A EL CRUCIFICADO

San Agustín (Sermón 160, 5)

Escuchaste en el evangelio a los hijos del Zebedeo. Buscaban un lugar privilegiado, al pedir que uno de ellos se sentase a la derecha de tan gran Padre y el otro a la izquierda. Privilegiado, sin duda y muy privilegiado era el lugar que buscaban; pero dado que descuidaban el por dónde, el Señor retrae su atención del adónde querían llegar, para que la detengan en el por dónde han de caminar. ¿Qué les responde a quienes buscaban lugar tan privilegiado? ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? (Mt 20,22).

¿Qué cáliz, sino el de la pasión, el de la humildad, bebiendo el cual y haciendo suya nuestra debilidad dice al Padre: Padre, si es posible pase de mí este cáliz? (Mt 26,39). Poniéndose en lugar de quienes rehusaban beber ese cáliz y buscaban el lugar privilegiado, descuidando el camino de la humildad, dijo: ¿Podéis beber el cáliz que he de beber yo? Buscáis a Cristo glorificado; volveos a él crucificado. Queréis reinar y ser glorificados junto al trono de Cristo; aprended antes a decir: ¡Lejos de mí el gloriarme, a no ser en la cruz de nuestro Señor Jesucristo! (Gál 6,14).

Ésta es la doctrina cristiana, el precepto y la recomendación de la humildad: no gloriarse a no ser en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Pues no tiene nada de grande gloriarse en la sabiduría de Cristo, pero sí el hacerlo en la cruz. Donde encuentra el impío motivo para insultar, allí ha de encontrar el piadoso su gloria. Sea idéntico lo que provoca el insulto del soberbio y la gloria del cristiano. No te avergüences de la cruz de Cristo; para eso recibiste su señal en la frente, la sede del pudor, por decirlo así. Piensa en tu frente para no temer la lengua ajena.


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