La fe de María sostiene a toda la Iglesia

mayo 23, 2012

María nos acompaña en los sufrimientos y las penas de cada día



Cardenal Christoph Schönborn fomenta el rezo del santo rosario


Por Salvatore Cernuzio (Zenit) y Massimiliano Menichetti (Radio Vaticano)


ROMA, Jueves 17 mayo 2012 (ZENIT.org).- La fe de María sostiene a toda la Iglesia. Este fue el corazón de la homilía del cardenal Christoph Schönborn, Arzobispo de Viena y presidente de la Conferencia Episcopal de Austria, en sus palabras en honor de la Virgen de Fátima, peregrina en la parroquia romana de ‘Santa Maria delle Grazie alle Fornaci’, adonde llegaron también las reliquias de los beatos Francisco y Jacinta.
El purpurado subrayó la centralidad de la Madre de Dios en nuestra vida y en la vida del hombre, especialmente en este mes mariano. Concluida la ceremonia, el cardenal Schönborn concedió en exclusiva una entrevista a ZENIT y a Radio Vaticano.

Eminencia, en este momento en el cual Europa vive una crisis económica y el hecho de la secularización, ¿qué podemos aprender del ejemplo de María?

– Card. Schönborn: Me impresiona siempre la fe que tenía la Virgen en su vida cotidiana, porque corremos el riesgo de olvidarnos que la mayor parte de la misma la pasó oculta en Nazaret. La vida con san José y con su hijo Jesús, fue una vida cotidiana como la nuestra, una vida laboral con las respectivas dificultades: él debía comprar la madera, hacer contratos, pagar a sus colaboradores, etc.

Además se daban las dificultades creadas por la ocupación romana del territorio: una situación de injusticia, de pobreza, de persecución y de opresión. En medio a todo esto estaba el Hijo de Dios mismo, el hijo de María, para todos nosotros. Concretamente en la vida cotidiana, María nos acompaña durante los sufrimientos y las penas. Lo que es grande en ella es su fe sin sombra de duda. Pienso que este sea el mensaje central.

También en los santuarios marianos…, ¿qué es lo que aprendemos de Lourdes, Fátima y en otros lugares conocidos?

– Card. Schönborn: Que la Virgen siempre se dirige a personas simples. Bernardette no sabía leer ni escribir, era analfabeta. Los niños de Fátima son los que transmitieron el mensaje de la Virgen y fueron llamados a ser apóstoles. Es una buena lección para nosotros, que estamos llenos de orgullo debido al éxito, al progreso o a la riqueza. Ahora la situación de crisis que se vive, puede servir para permitirnos ver cuáles son los verdaderos valores.

Los miles de peregrinos que van a los santuarios marianos, ¿son una reafirmación de que hay motivos de esperanza?

– Card. Schönborn: Absolutamente sí, hay esperanza, porque la esperanza es la virtud que nos ancla en Dios, así como en las palabras de san Pablo: “Se espera contra toda esperanza”. La esperanza humana es una cosa bella, pero la esperanza de la fe es aún más grande; y si hay esperanza es porque está Dios.

Mirando hacia la Virgen de Fátima, usted mencionó que “en la fe de María sobrevivió toda la Iglesia” ¿Puede explicarnos esto mejor?

– Card. Schönborn: Sin fe la Iglesia no existe. En la noche del sábado santo todos estaban envueltos en las tinieblas debido al aparente fracaso. Solamente la Virgen -nos indica la tradición-, mantuvo la fe. Pensemos en los sufrimientos terribles de la muerte real de su hijo. En la fe que ella tuvo, toda la iglesia sobrevivió y sobrevivirá siempre en la fe.

Benedicto XVI exhortó en una audiencia a los jóvenes a no abandonar el rezo del rosario, en cuanto es una oración simple pero eficaz para un diálogo con María… ¿Cuán importante es el rosario?

– Card. Schönborn: Para mí, el rosario es la oración de los pobres, porque cuando uno se siente cansado, exhausto, al sujetarlo en la mano uno se siente siempre seguro. Me impacta cada vez que se reza el Ave María: “ahora y en la hora de nuestra muerte”. “Ahora”: siempre. Y ahora en mi vida, está María. Algunos decían: “Ah, estas mujeres ancianas que rezan el rosario”.

Esto se decía ya en mi juventud, pero las veo aún hoy: ¡y no son las viejas de hace 50 años atrás, son las viejas de hoy y siguen rezando! Porque quien desprecia a las ancianas que rezan, no entendió nada del evangelio.

Eminencia, para concluir ¿Qué mensaje puede dar sobre la Iglesia en su país?

– Card. Schönborn: Un pequeño mensaje sobre la Iglesia en Austria. En los medios de comunicación hay una imagen unilateral. Es verdad que existen protestas, pero hay mucha fe. Pienso por ejemplo en los numerosos grupos de oración compuestos por jóvenes -de lo que no se habla-, y podría dar una larga lista. ¡Cuántos grupos de oración existen! Por ello quiero transmitir la otra versión, quiero que todos sepan que nuestra Iglesia está viva.


Maná y Vivencias Pascuales (46)

mayo 23, 2012

Miércoles de la 7ª semana de Pascua

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Como el agua de la lluvia produce efectos distintos en la naturaleza, así es el Espíritu Santo

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DECENARIO DEL ESPÍRITU SANTO

SÉPTIMO DÍA

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Sal 46, 2; 1era lectura: Hch 20, 28-38; Salmo: 67, 29-30.33-36; Aleluya: Jn 17, 17; Evangelio: Jn 17, 11b-19; Comunión: Jn 15, 26-27.

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ANTÍFONA DE ENTRADA.- Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de jubilo. Aleluya.

CONTINÚAN LOS RELATOS DE LAS DESPEDIDAS

Jesús regresa al Padre y ruega por los discípulos

Padre Santo, guárdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste y los custodiaba. Ahora voy a ti. Como tú me enviaste al mundo, así yo también los envío al mundo. Y por ellos me consagro yo para que también ellos sean consagrados en la verdad.

Pablo debe llevar adelante la misión recibida

Ahora los encomiendo a Dios y a su Palabra portadora de su gracia, que tiene eficacia para edificar sus personas y entregarles la herencia junto a todos los santos. Dicho esto, Pablo se arrodilló con ellos y oró. Entonces empezaron todos a llorar y le besaban abrazados a su cuello. Todos estaban muy afligidos porque les había dicho que no le volverían a ver. Después lo acompañaron hasta el barco.

ORACIÓN COLECTA

Padre, lleno de amor, concede a tu Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, dedicarse plenamente a tu servicio y vivir unida en el amor, según tu voluntad. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA, Hch 20, 28-38

En aquellos días decía Pablo a los principales de la Iglesia de Éfeso: Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño que el Espíritu Santo les ha encargado cuidar como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo. Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no tendrán piedad del rebaño. De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí. Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas.

Ahora los encomiendo a Dios y a su Palabra portadora de su gracia, que tiene eficacia para edificar sus personas y entregarles la herencia junto a todos los santos. De nadie he codiciado plata, oro o vestidos. Miren mis manos: con ellas he conseguido lo necesario para mí y para mis compañeros, como ustedes bien saben. Con este ejemplo les he enseñado claramente que deben trabajar duro para ayudar a los débiles. Recuerden las palabras del Señor Jesús: Hay mayor felicidad en dar que en recibir.

Dicho esto, Pablo se arrodilló con ellos y oró. Entonces empezaron todos a llorar y le besaban abrazados a su cuello. Todos estaban muy afligidos porque les había dicho que no le volverían a ver. Después lo acompañaron hasta el barco.

SALMO 67, 29-30.33-36

Oh Dios, despliega tu poder, tu poder, oh Dios, que manifestaste con nosotros. A tu templo de Jerusalén, traigan los reyes su tributo.

Reyes de la tierra, canten a Dios, toquen para el Señor, que avanza por los cielos, los cielos antiquísimos; que lanza su voz, su voz poderosa: Reconozcan el poder de Dios.

Sobre Israel resplandece su majestad, y su poder, sobre las nubes. ¡Dios sea bendito!

ACLAMACIÓN Jn 17, 17.- Tu palabra, Señor, es verdad; conságralos en la verdad.

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EVANGELIO Jn 17, 11b-19

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús oró diciendo: Padre Santo, guárdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste y los custodiaba, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto al mundo, para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida.

Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo también los envío al mundo. Y por ellos me consagro yo para que también ellos sean consagrados en la verdad.

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COMUNIÓN Jn 15, 26-27.- Cuando venga el Paráclito, que les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí, y también ustedes darán testimonio, dice el Señor. Aleluya.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

DÍA SÉPTIMO

Hemos de vivir de la fe, pues el justo vive de fe. Es lo mismo que vivir según el Espíritu. Ojalá se pudiera decir de cada uno de nosotros lo que escribía hace siglos san Basilio, padre de la iglesia oriental: de la misma manera que los cuerpos transparentes y nítidos, al recibir los rayos de luz, se vuelven resplandecientes e irradian brillo, las almas que son llevadas por el Espíritu Santo se vuelven también ellas espirituales y llevan a los demás la luz de la gracia.

Del Espíritu Santo proviene el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la comprensión de las verdades ocultas, la distribución de los dones, la ciudadanía celeste, la conversación con los ángeles. De él, la alegría que nunca termina, la perseverancia en Dios y, lo más sublime que se pueda pensar o desear: que el hombre llegue a ser como Dios.

Señor Jesús, tú que prometiste darnos el Espíritu Santo para que nos lo enseñara todo y nos fuera recordando todo lo que nos habías dicho, envíanos este Espíritu para que ilumine nuestra fe.

ORACIÓN FINAL

Ven Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio; y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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PREFACIO PASCUAL para después de la Ascensión que acentúa la espera del Espíritu

Es justo y necesario darte gracias… por Jesucristo, tu Hijo, Señor del universo,

el cual, habiendo entrado una vez para siempre en el santuario del cielo,

ahora intercede por nosotros,

como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu.

Pastor y obispo de nuestras almas, no invita a la plegaria unánime,

a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés…

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De las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo

El agua viva del Espíritu Santo

El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. Una nueva clase de agua que corre y salta; pero que salta en los que son dignos de ella.

¿Por qué motivo se sirvió del término agua, para denominar la gracia del Espíritu? Pues, porque el agua lo sostiene todo; porque es imprescindible para la hierba y los anima­les; porque el agua de la lluvia desciende del cielo, y además, porque desciende siempre de la misma forma y, sin embargo, produce efectos diferentes: Unos en las palmeras, otros en las vides, todo en todas las cosas. De por sí el agua no tiene más que un único modo de ser; por eso, la lluvia no transforma su na­turaleza propia para descender en modos distintos, sino que se acomoda a las exigencias de los seres que la reciben y da a cada cosa lo que le corresponde.

De la misma manera, también el Espíritu Santo, aunque es único, y con un solo modo de ser, e indivisible, reparte a cada uno la gracia según quiere. Y así como un tronco seco que recibe agua germina, del mismo modo el alma pecadora que, por la penitencia, se hace digna del Espíritu Santo, produce frutos de santidad. Y aunque no tenga más que un solo e idéntico modo de ser, el Espíritu, bajo el impulso de Dios y en nombre de Cristo, produce múltiples efectos.

Se sirve de la lengua de unos para el caris­ma de la sabiduría; ilustra la mente de otros con el don de la profecía; a éste le concede poder para expulsar los demonios; a aquél le otorga el don de interpretar las divinas Es­crituras. Fortalece, en unos, la templanza; en otros, la misericordia; a éste enseña a prac­ticar el ayuno y la vida ascética; a aquél, a dominar las pasiones; al otro, le prepara para el martirio. El Espíritu se manifiesta, pues, distinto en cada uno, pero nunca distinto de sí mismo, según está escrito: En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

Llega mansa y suavemente, se le experi­menta como finísima fragancia, su yugo no puede ser más ligero. Fulgurantes rayos de luz y de conocimiento anuncian su venida. Se acerca con los sentimientos entrañables de un auténtico protector: pues viene a salvar, a sanar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar el alma primero, de quien lo recibe; luego mediante éste, las de los demás.

Y, así como quien antes se movía en tinie­blas, al contemplar y recibir la luz del sol en sus ojos corporales, es capaz de ver claramente lo que poco antes no podía ver, de este modo, el que se ha hecho digno del don del Espíritu Santo, es iluminado en su alma y, elevado sobrenaturalmente, llega a percibir lo que antes ignoraba (Catequesis 16, sobre el Espíritu Santo, 1,11-12.16: PG 33, 931-935.939-942).

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