Recemos el rosario con el corazón y no de modo mecánico

mayo 21, 2012

El Santo Rosario, una forma de oración y también de meditación


Entrevista al cardenal Prosper Grech, OSA

Por Salvatore Cernuzio

ROMA, viernes 18 mayo 2012 (ZENIT.org).- “¿Tienen presente las dos fontanas con dos niveles que están en la Plaza de San Pedro? Aquellas en donde el agua moja el primer nivel y después baja al segundo? Así es la gracia de María: sobreabunda en Ella y después llega a nosotros”.

Este es uno de los significativos ejemplos que el cardenal agustino maltés, Prosper Grech, utilizó en la misa que celebró este miércoles 16 en la iglesia de ‘Santa María de la Gracia en Fornaci’, donde ha sido recibida la imagen de la Virgen de Fátima, que permanecerá hasta el 20 de mayo junto a las reliquias de los beatos Francisco y Jacinta.

El miércoles fue la jornada dedicada a los enfermos y a las personas que sufren. Al concluir su homilía, toda centrada en la oración del Ave María, el purpurado distribuyó el aceite sagrado para la unción de los enfermos, a los numerosos fieles enfermos que llegaron a la iglesia para venerar a la imagen peregrina.

“María es salud de los enfermos”, recordó el cardenal en su meditación. “Ella nos da la fuerza de soportar el sufrimiento y los males”; y al recordar la importancia de la oración invitó a los fieles a “no abandonarla en este mes mariano”, porque la Virgen “es la vía segura que lleva a Cristo, refugio seguro hacia la salvación”.

Entrevistado por ZENIT el cardenal explicó que “depende de nuestra fe” creer en el poder de intercesión de María y por lo tanto de la eficacia de la oración. “Se puede rezar a María sin fe -dijo-, y Ella en su misericordia puede también escucharnos”. Si bien solamente “a través de una relación personal con Cristo y después con su Madre” se puede llegar a “una oración que sale del corazón y que responde con el corazón de María”.

“¿Cuántas ‘Ave María’ hemos rezado en nuestra vida? se preguntó el purpurado que respondió: “Miles, yo creo, y ¿qué es lo que rezamos? Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte”. “María en aquel último momento -explicó-, nos toma por la mano, no solamente para confortarnos, sino para darnos la fe, para hacer ese salto hacia los brazos de Cristo, de manera que Ella nos presente a Jesús, y Jesús al Padre”. Y añadió que “la penitencia, el ayuno y la oración son las vías concretas de salvación indicadas por María”.

Durante la entrevista a ZENIT reafirmó dicho concepto: “Jesús ha predicado en el evangelio la penitencia por todos nuestros pecados, para así poder entrar en el Reino de Dios. Por ello su Madre nos invita en cada aparición a la confesión, como un acto de verdadera y sincera contrición, así como también a la oración”.

La oración en particular es un acto fundamental de la vida del cristiano, especialmente cuando va dirigida a la Virgen: “Lo que no osamos pedir al Padre o por miedo o por falta de fe -dijo-, lo ponemos en las manos de nuestra mamá”.

El purpurado añadió que por ese motivo Ella diversas veces “nos indicó el rosario como un instrumento fuerte en las manos del cristiano, instrumento al cual es necesario retornar. Una vía no solamente de oración, sino también de meditación”.

En el tercer misterio glorioso por ejemplo, decimos: el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles… Padre Nuestro… Ave María.. etc. ¿Pero qué significado tiene esto para nosotros? ¿Estamos realmente reflexionando sobre el hecho de que el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles, sobre la Iglesia y por lo tanto sobre mí? Es necesario entrar plenamente en el significado de estas palabras”, indicó.

A la pregunta sobre el significado del mes mariano, tiempo de gracia en el cual florecen tantas iniciativas que llevan o elevan el corazón a María, el cardenal Grech respondió que se trata de “un tiempo rico de oportunidades para nosotros, porque se descubre la devoción por la Madre de Dios que en la iglesia católica empezó desde el inicio, y seguirá siempre en cuanto está íntimamente unida al Señor”.

Al concluir, el alto prelado dedicó un pensamiento hacia los enfermos y personas que sufren, y que tuvieron el miércoles una jornada dedicada a ellos: “En mi escudo cardenalicio están escritas las palabras “In te, Domine, speravi” y naturalmente “non confundar in aeternum”. O sea, “Oh Dios, espero en ti, y a Ti me confío para no perderme para siempre”. Esta debería ser nuestra oración continua. Confiemos nuestra oración a María, la Madre, para que la ofrezca a Jesús”, concluyó.

Traducido por Sergio H. Mora


Maná y Vivencias Pascuales (44)

mayo 21, 2012

¿Y dejas, Pastor santo, tu grey en este valle hondo, oscuro, en soledad y llanto?

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Lunes de la 7ª semana de Pascua

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DENARIO DEL ESPÍRITU SANTO

QUINTO DÍA

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Hch 1, 8; 1era lectura: Hch 19, 1-8; Salmo: 67, 2-7; Aleluya: Col 3, 1; Evangelio: Jn 16, 29-33; Comunión: 14, 18; 16, 22.

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ANTÍFONA DE ENTRADA.- Cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, recibirán fuerza para ser mis testigos en Jerusalén y hasta los confines del mundo. Aleluya.


ORACIÓN COLECTA

Derrama, Señor, sobre nosotros la fuerza del Espíritu Santo, para que podamos cumplir fielmente tu voluntad y demos testimonio de ti con nuestras obras. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA, Hch 19, 1-8

En aquellos días, mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo llegó afeso atravesando las regiones altas. Encontró allí a unos discípulos y les preguntó: ¿Recibieron el Espíritu Santo cuando abrazaron la fe? Le contestaron: Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo. Pablo les replicó: Entonces, ¿qué bautismo han recibido? Respondieron: El bautismo de Juan.

Pablo les explicó: Si bien Juan bautizaba con miras a un cambio de vida, pedía al pueblo que creyeran en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús. Al oír esto se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús, y al imponerles Pablo las manos, el Espíritu Santo bajó sobre ellos y empezaron a hablar lenguas y a profetizar. Eran unos doce hombres.

Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses habló en público del Reino de Dios, tratando de persuadirlos.

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SALMO 67, 2-7

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian; como el humo se disipa, se disipan ellos; como se derrite la cera ante el fuego, así perecen los impíos ante Dios.

En cambio, los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios, rebozando de alegría. Cantad a Dios, tocad en su honor; su nombre es el Señor.

Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada. Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece.

ACLAMACIÓN, Col 3, 1.- Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios.

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EVANGELIO, Jn 16, 29-33

En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús: Ahora sí que hablas con claridad, sin usar parábolas. Ahora vemos que lo sabes todo y no hay por qué hacerte preguntas. Ahora creemos que saliste de Dios.

Jesús les respondió: ¿Ustedes dicen que creen? Está llegando la hora, y ya ha llegado, en que se dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo. Aunque no estoy solo, pues el Padre está conmigo.

Les he hablado de estas cosas para que tengan paz en mí. Ustedes encontrarán la persecución en el mundo. Pero, ánimo, yo he vencido al mundo.

COMUNIÓN, Jn 14, 18; 16, 22.- No los dejaré desamparados, volveré, dice el Señor, y se alegrarán sus corazones. Aleluya.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

DÍA QUINTO

Los cristianos llevamos los grandes tesoros de la gracia en vasos de barro. Dios ha confiado sus dones a la frágil y débil libertad humana y, aunque la fuerza del Señor ciertamente nos asiste, nuestra concupiscencia, nuestra comodidad y nuestro orgullo la rechazan a veces y nos llevan a caer en pecado.

Lo más importante en la Iglesia no es ver cómo respondemos a los hombres, sino ver lo que hace Dios. La Iglesia es eso: Cristo presente entre nosotros. Es decir, Dios que viene hacia la humanidad para salvarla, llamándonos con su revelación, santificándonos con su gracia, sosteniéndonos con su ayuda constante, en los pequeños y en los grandes combates de la vida diaria.

Señor Jesús, que, glorificado por la diestra de Dios, derramaste sobre tus discípulos el Espíritu, derrama este mismo Espíritu sobre todos los hombres para que puedan forjar un mundo nuevo.

ORACIÓN FINAL

Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio; y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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De los sermones de san Agustín, obispo

Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo

Nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo tal día como hoy; que nuestro corazón as­cienda también con él.

Escuchemos al Apóstol: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Y así como él ascendió sin alejarse de nosotros, nosotros estamos ya allí con él, aun cuando todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que nos ha sido prometido.

Él fue ya exaltado sobre los cielos; pero sigue padeciendo en la tierra todos los traba­jos que nosotros, que somos sus miembros, experimentamos. De lo que dio testimonio cuando exclamó: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Así como: tuve hambre, y me disteis de comer.

¿Por qué no vamos a esforzarnos sobre la tierra, de modo que gracias a la fe, la espe­ranza y la caridad, con las que nos unimos con él, descansemos ya con él en los cielos? Mientras él está allí, sigue estando con nos­otros; y nosotros, mientras estamos aquí, podemos estar ya con él allí. Él realiza aquello con su divinidad, su poder y su amor; noso­tros, en cambio, aunque no podemos llevarlo a cabo como él con la divinidad, sí que pode­mos por el amor hacia él.

No se alejó del cielo, cuando descendió hasta nosotros; ni de nosotros, cuando regresó hasta él. Él mismo es quien asegura que estaba allí mientras estaba aquí: nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

Esto lo dice en razón de la unidad, ya que es nues­tra cabeza, y nosotros su cuerpo. Y nadie, excepto él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con él, en virtud de que él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros, por él, hemos sido hechos hijos de Dios.

En este sentido dice el Apóstol: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. No dice: «Así es Cristo», sino: Así es también Cristo. Por tanto, Cristo es un solo cuerpo formado por muchos miembros.

Bajó, pues, del cielo por su misericordia, pero ya no subió él solo, puesto que nosotros subimos también en él por la gracia. Así, pues, Cristo descendió él solo, pero ya no ascendió él solo; no es que queramos confundir la dignidad de la cabeza con la del cuerpo, pero sí afirmamos que la unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su cabeza (Sermón Mai 98, sobre la Ascensión del Señor, 1-2: PLS 2, 494-495).

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