Soy sacerdote en la radio, en el escenario, en la música o escribiendo un libro

marzo 30, 2012

P. Reginaldo Manzotti

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Entrevista a Reginaldo Manzotti, fundador de la asociación “Es Preciso Evangelizar”

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BRASILIA, martes 27 febrero 2012 (ZENIT.org).- El fundador y coordinador de la asociación “Es Preciso Evangelizar”, padre Reginaldo Manzotti, conocido comunicador en Brasil explica su original aportación a la nueva evangelización.

ZENIT ha entrevistado a una de las figuras religiosas que más destaca en Brasil, en los medios de comunicación, el padre Reginaldo Manzotti es natural de Paraíso do Norte, en el interior paranaense. Nacido en 1969, fue ordenado sacerdote a los 25 años. Actualmente, es párroco de la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, en Curitiba, y coordina la asociación “Es Preciso Evangelizar”, cuyo objetivo es evangelizar por los medios de comunicación.

Presentador de diversos programas de radio, transmitidos en más de 1.060 emisoras en Brasil y fuera de Brasil; y con programas en televisión, transmitidos por 90 emisoras, que llegan a una audiencia de más de 40 millones de personas.

¿Es difícil evangelizar en Brasil, el mayor país católico del mundo?

–P. Manzotti: Brasil es un país donde las personas son católicas pero existe una diferencia. Es un país tradicionalmente católico, que no significa necesariamente un país verdaderamente católico. Esa es un distinción importante porque encuentro a muchas personas a las que pregunto: ¿usted es católico? Y la persona dice: vengo de una familia tradicionalmente católica; pero eso no significa que la persona me esté respondiendo que es una persona de vida eclesial, de vida sacramental.

¿De dónde surgió su interés evangelizador?

–P. Manzotti: En el cambio de milenio, el papa Juan Pablo II dijo una frase que me inquietó el corazón. Yo era neosacerdote. Dijo: “Evangelizar con nuevo ardor y con nuevos métodos”. Aquello fue como un ácido que cayó en mi corazón, que me inquietó, me incomodó y me provocó. En el sentido de: ¿cómo puedo evangelizar, y realmente llevar a las personas que son de tradición familiar católica a un compromiso católico? Ese fue mi discernimiento.

¿Y después?

–P. Manzotti: Y luego, hubo otra frase, también del beato Juan Pablo II, que para mí fue importante, que dice así: “Hay muchos bautizados y pocos evangelizados”, fue cuando percibí la necesidad, en un primer momento aquí en Curitiba, de empezar un trabajo en la radio, adonde fui invitado.

¿Experiencia de Dios?

–P. Manzotti: Dios está ciertamente en ese programa, porque se llama: experiencia de Dios. Doy fe de que a partir de una experiencia, ontológica, antropológica y teológica con Jesucristo la persona tiene un cambio de vida. A partir de una experiencia que Pablo hizo con Jesús se transformó en un gran apóstol. Percibo que el brasileño necesita ser llevado a esa experiencia única y singular y a partir de ahí hay un cambio.

¿Qué provocó su sed de evangelización?

–P. Manzotti: Mi experiencia de evangelización fue provocada por el propio llamamiento del papa y dentro de aquello que Dios me dio, y que aquí no es falsa humildad, santa Teresa dice: “Aquello que Dios nos dio reconozcamoslo como don de Dios y seamos humildes en valorar los dones de Dios”. Dios me dio una facilidad para hablar. Entonces, ¿por qué no usar esa facilidad de comunicación para aquello para nosotros fundamental: ¿el depósito de la fe?

¿Y la música?

–P. Manzotti: Después la música. Estaba empezando en mi primera parroquia, mi primera experiencia como sacerdote, en cuanto párroco, y fue cuando percibí que cuando las personas sabían las músicas en la misa rezaban mejor. De ahí me vino la idea de grabar un cd. Mi primer cedé fue para el pueblo, de músicas ya conocidas en la Iglesia, para que el pueblo cantara e interactuara más. Fue cuando percibí que la música era un instrumento valiosísimo de evangelización. Y Dios me dio una gracia que no esperaba, que fue una gracia de componer música, que hasta entonces no había hecho.

Y la obra fue creciendo…

–P. Manzotti: Entonces, Dios fue generoso conmigo abriendo muchos caminos. De una radio, hoy estamos en 1.060 emisoras en Brasil. ¿Que muestra eso? No muestra la fuerza del padre Reginaldo sino que muestra cuán sediento está el pueblo de la experiencia de Dios, de cómo el pueblo está buscando la verdad.

¿Y su conexión con el santo padre?

–P. Manzotti: Todas las semanas leo L’Osservatore Romano. Me gustan mucho las catequesis del papa Benedicto XVI. Doy fe de que el papa Benedicto XVI es un hombre de profundo contenido y altamente “en onda”, disculpe la palabra, altamente conectado con las cosas actuales. Ha batido mucho una tecla llamada: “verdad y autenticidad de la fe”. Y lo que procuro en el programa Experiencia de Dios y en los momentos de evangelización a través de la música –algunos llaman presentaciones de show, pero a mí personalmente no me gusta la palabra show, me gusta llamarles momentos de evangelización por la música- es llevar a las personas a esa autenticidad y verdad de la fe. Hasta el proceso de purificación.

Soy Iglesia, soy sacerdote en los medios, soy sacerdote en la radio, soy sacerdote en el escenario, soy sacerdote en la música, soy sacerdote escribiendo un libro. ¿Y por qué digo esto? Porque, a partir de ahí, he percibido que los jóvenes están volviendo. Fue cuando sentí la necesidad de recurrir a otros campos de los medios, como por ejemplo internet, Facebook, Twitter, redes sociales… y, cuando vi al santo padre, el papa, con una tableta en la mano tuiteando, vibré.

Cuando vi el viernes santo, del año pasado, por primera vez en la historia, al santo padre, el papa, ir a un canal de televisión como la RAI a responder a preguntas en un programa abierto al público vibré más. ¿Por qué? Porque está dando ejemplo de esa necesidad de dialogar con el mundo, de dar una respuesta a los problemas actuales.

Entonces…

–P. Manzotti: Ese interés por la evangelización yo lo siento en mi corazón como una respuesta a la propia llamada de Dios.

Por ejemplo, ahora en Aparecida. Los medios de Brasil dijeron que el papa venía para frenar a los comunicadores. Y ahí vi al papa, con los obispos, que en el documento de Aparecida tuvo el coraje de decir que la Iglesia está en un estado de misión. Y qué es eso sino estar en un estado permanente de misión, ¡estar en los nuevos areópagos! ¡Mi corazón vibró!

Usted creó una obra de evangelización: “Es Preciso Evangelizar”. ¿Cómo trabaja?

–P. Manzotti: La obra “Es Preciso Evangelizar” trabaja en la gratuidad y en la ayuda a los colaboradores. Y me gustaría precisar bien esto: el padre Reginaldo Manzotti no cobra caché por sus presentaciones. Yo giro por el Brasil y en la única cosa que las personas ayudan es en el costo del hotel, comida y transporte.

Segundo: no aceptamos venta de billetería. Al máximo, llevar un kilo de alimento, un litro de leche, o un regalo o alguna cosa que ayude a la comunidad local.

Tercero: son 1.060 emisoras de radio. No cobramos un real siquiera porque es en gratuidad. Tenemos programas de televisión. No cobramos nada por las conexiones. Nuestro interés no es ganar dinero en la evangelización, sino llegar al corazón de la familia humana.

¿Cómo pueden ayudar las personas?

–P. Manzotti: Son personas que nos escuchan, por ejemplo hoy tuvimos un millón de accesos por internet. Hoy, además de Brasil, tuvimos Japón, Estados Unidos, Europa… Y todo en la gratuidad. Las personas interesadas en ayudar a esa obra que es para la Iglesia pueden entrar en el sitio y allí pueden hacerse socios.

Sitio web: http://www.padrereginaldomanzotti.org.br/.

Por Thácio Siqueira


Maná y Vivencias Cuaresmales (40)

marzo 30, 2012

Viernes de la 5ª semana de Cuaresma

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

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Antífona de entrada: Salmo 30, 10. 16.18

Ten piedad de mí, Señor, porque estoy angustiado; líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen. Señor, que no me avergüence de haberte invocado.

Primera lectura: Jeremías 20, 10-13

Oía el cuchicheo de la gente: «Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo.» Mis amigos acechaban mi traspié: «A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.»

Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa.

Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.


Salmo: Sal 17, 2-3a.3bc-4.5-6.7

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.

Me cercaban olas mortales, torrentes destructores me aterraban, me envolvían las redes del abismo, me alcanzaban los lazos de la muerte.

En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios. Desde su templo él escuchó mi voz, y mi grito llegó a sus oídos.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 6, 63. 68

Tus palabras, Señor, son Espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.

Evangelio: Juan 10, 31-42

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Él les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?»
Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios.»

Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: Sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.»

Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.

Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.»
Y muchos creyeron en él allí.

Antífona de comunión: 1 Pedro 2, 24

Jesús llevó a la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, fuimos curados.

VIVENCIAS CUARESMALES (40)

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Os he hecho ver muchas obras buenas, ¿por cuál de ellas me apedreáis?

38.- VIERNES

QUINTA SEMANA DE CUARESMA
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TEMA INSPIRADOR.- Sigue el conflicto. Jesús es el Hijo de Dios consagrado y enviado por el Padre. Falta sólo una semana para entrar en el Triduo Pascual. Este viernes es conocido como el “viernes de pasión” y también “viernes de concilio”, sobre todo en América, porque en este día tuvieron consejo los jefes de los judíos para ver la manera de acabar con Jesús de una vez por todas y a como diese lugar. Lo narra el evangelio de la misa de mañana, sábado.

Como norma sería conveniente que al comenzar esta reflexión o tu oración personal, dedicaras un par de minutos a recordar y revivir lo experimentado el día anterior. De esta forma quedaría más grabado en tu interior y en tu vida, y podrías empalmar con lo siguiente. Si no fluye nada, no te preocupes, pasa adelante: al nuevo día, al nuevo mensaje, a la nueva experiencia que Dios te tiene preparada para la nueva jornada.

En este día viernes recuerda y revive la Eucaristía de ayer o del último domingo. Algo te impactaría seguramente, revívelo y agradécelo. Recuerda que la Misa constituye un mar sin fondo; cualquier esfuerzo que hagas para descubrir ese tesoro será muy bien empleado. Por otra parte, cuanto más vayas entendiendo y viviendo, eso mismo será un estímulo para seguir buscando incansablemente.

Considera hoy que la alianza con Dios se establece en lo profundo de tu corazón, mediante la fe sincera; pero como la fe debe ser tan manifiesta como profunda, debes sentir y expresar esa alianza con Dios en la existencia diaria, en una conversión permanente que te conduzca a reforzar tu nueva vida en el Espíritu debilitando en ti al hombre viejo con toda su maldad. Recuerda los frutos del buen Espíritu: Gálatas 5, 13-16-25.

A la Misa llevas esa lucha diaria. Con dos finalidades: primero, para confirmar lo bueno, uniéndolo a la gloria que Cristo tributa a su Padre para perfeccionar o completar, si se puede hablar así, la ofrenda de Cristo; y en segundo lugar, para purificarte de todo lo malo que aún te domina, mediante una nueva efusión del poder de Dios en ti, del Espíritu Santo.

La Eucaristía es culmen y fuente. Te sientas y te dispones a escuchar la Palabra y a tomar el Pan de los ángeles para poder tú después preparar algo parecido para Dios mediante una vida santa. Aceptas la invitación de Dios con la intención de poder invitarlo tú después a tu propia mesa. Por eso, toma agradecido el don de Dios y estarás dispuesto a convertirte tú mismo en don para Dios, haciéndote don de Dios para los demás, pan partido para tus hermanos.

Sólo así se puede comulgar dignamente. Si cada Misa no supone el ascender un peldaño en la escala de santidad, no estás comulgando bien. Debes convertirte cada día más y más en lo que recibes: Cuerpo de Cristo, hermano universal para construir el Reino y realizar la obra de Dios.

Analiza todo esto siguiendo, hoy especialmente, más de cerca la celebración de la Misa en el corazón de la misma: en la palabra y la acción del sacerdote durante la plegaria eucarística y la comunión.

Reza de corazón la oración sobre las ofrendas: “Concédenos, Dios de misericordia, servir siempre a tu altar con dignidad y, participando en él frecuentemente, danos la salvación”.

Hoy constatamos en el Evangelio la oposición más radical a Jesús, y a la vez la fe sencilla de otros, que creen en Jesús; muy diferente suerte, que se libra no sólo fuera sino también dentro de nosotros mismos. De ahí que la oración colecta pida que la bondad y amor de Dios “Nos libren del poder del pecado al que nos ha sometido nuestra debilidad”.

Ese poder es muy grande y siempre constatamos su fuerza dentro de nosotros mismos por más que procuramos con sinceridad convertirnos a Dios. Por eso la oración después de la Comunión pide que: “El don de la eucaristía nos proteja siempre y aleje de nosotros todo mal”.

Puedes completar tu oración con la lectura de Jeremías 20, 10-13: Oía el cuchicheo de la gente: “Pavor en torno”. –Delatadlo, vamos a delatarlo. Mis amigos acechaban mi traspiés: -A ver si se deja seducir y lo violaremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él. Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.

Salmo 17: En el peligro invoqué al Señor y me escuchó.

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De las instrucciones de san Doroteo, abad
La falsa paz de espíritu

El que se acusa a sí mismo acepta con alegría toda clase de molestias, daños, ultrajes, ignominias y otra aflicción cualquiera que haya de soportar, pues se considera merecedor de todo ello, y en modo alguno pierde la paz. Nada hay más apacible que un hombre de ese temple. Pero quizá alguien me objetará: “Si un hermano me aflige, y yo, examinándome a mí mismo, no encuentro que le haya dado ocasión alguna, ¿por qué tengo que acusarme?”

En realidad, el que se examina con diligencia y con temor de Dios nunca se hallará del todo inocente, y se dará cuenta de que ha dado alguna ocasión, ya sea de obra, de palabra o con el pensamiento. Y, si en nada de esto se halla culpable, seguro que en otro tiempo habrá sido motivo de aflicción para aquel hermano, por la misma o por diferente causa; o quizá habrá causado molestia a algún otro hermano. Por esto, sufre ahora en justa compensación, o también por otros pecados que haya podido cometer en muchas otras ocasiones.

Otro preguntará por qué deba acusarse si, estando sentado con toda paz y tranquilidad, viene un hermano y lo molesta con alguna palabra desagradable o ignominiosa y, sintiéndose incapaz de aguantarla, cree que tiene razón en alterarse y enfadarse con su hermano; porque, si éste no hubiese venido a molestarlo, él no hubiera pecado.

Este modo de pensar es, en verdad, ridículo y carente de toda razón. En efecto, no es que al decirle aquella palabra haya puesto en él la pasión de la ira, sino que más bien ha puesto al descubierto la pasión de que se hallaba aquejado; con ello, le ha proporcionado ocasión de enmendarse, si quiere. Éste tal es semejante a un trigo nítido y brillante que, al ser roto, pone al descubierto la suciedad que contenía.

Así también el que está sentado en paz y tranquilidad según cree, esconde, sin embargo, en su interior una pasión que él no ve. Viene el hermano, le dice alguna palabra molesta y, al momento, aquél echa fuera todo el pus y la suciedad escondidos en su interior. Por lo cual, si quiere alcanzar misericordia, mire de enmendarse, purifíquese, procure perfeccionarse, y verá que, más que atribuirle una injuria, lo que tenía que haber hecho era dar gracias a aquel hermano, ya que le ha sido motivo de tan gran provecho. Y, en lo sucesivo, estas pruebas no le causarán tanta aflicción, sino que, cuanto más se vaya perfeccionando, más leves le parecerán. Pues el alma, cuanto más avanza en la perfección, tanto más fuerte y valerosa se vuelve en orden a soportar las penalidades que le puedan sobrevenir (Instr. 7, sobre la acusación de sí mismo, 2-3; PG 88, 1699).

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