Rezar por los que nos dañan y perdonarlos siempre, exhorta el Papa

marzo 2, 2012

Rezar también por los que nos hacen mal

VATICANO, 15 Feb. 12 (ACI/EWTN Noticias) .- En la habitual Audiencia General celebrada este miércoles, el Papa Benedicto XVI reflexionó sobre la oración de Jesús en la Cruz y dijo que como Él, los fieles deben rezar por quienes les hacen mal o dañan, perdonándolos siempre como Dios perdona.

Ante unos seis mil peregrinos reunidos en el Aula Pablo VI en el Vaticano, el Santo Padre dijo en su resumen de la catequesis en español que en la oración de Jesús en la cruz, Él “nos llama a imitarle y cumplir con el difícil gesto de orar también por aquellos que nos hacen el mal, sabiendo perdonar siempre, viviendo la misericordia y el amor”.

En su catequesis en italiano, el Papa se refirió a las frases del Señor en la Cruz. La primera, “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, en relación a los soldados, es una oración -de intercesión-, “que dirige al Padre de intercesión: pide perdón para sus verdugos”.

Al mismo tiempo “brinda una lectura de lo que está acaeciendo. Según sus palabras, los hombres que lo crucifican ‘no saben lo que hacen’. Jesús aduce la ignorancia, el ‘no saber’, como motivo de su súplica al Padre, porque esa ignorancia deja abierto el camino a la conversión”.

La segunda frase: “En verdad te digo; hoy estarás conmigo en el Paraíso”, dirigida al “buen ladrón”, crucificado al lado de Cristo, es “una palabra de esperanza”.

A través de ella, Jesús reafirma que “la bondad de Dios puede alcanzarnos hasta en el último instante de la vida, y que la oración sincera, incluso después de una vida equivocada, encuentra los brazos abiertos del Padre bueno que espera el regreso del hijo”.

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, las últimas palabras de Cristo, constituyen “una oración de confianza, llena de certeza del amor de Dios. La plegaria de Jesús ante la muerte es dramática, como lo es para todo ser humano, pero, al mismo tiempo, posee una calma profunda que nace de la confianza en el Padre y de la voluntad de entregarse totalmente a Él”.

“Ahora que la vida está a punto de dejarlo sella con la oración su decisión última: Jesús se ha dejado ‘entregar’ en las manos de los hombres, pero es en las manos del Padre donde deposita su espíritu. De este modo –como afirma San Juan Evangelista– todo se ha cumplido, el acto supremo de amor llega hasta el final”.

El Papa dijo que las palabras de Jesús en la cruz “en sus últimos instantes de vida terrenal son fuertes indicaciones de cómo debemos rezar, y nos dan también una confianza serena y una esperanza firme. Jesús que pide al Padre que perdone a los que lo crucifican nos invita al difícil gesto de rezar también por los que nos hacen mal, que nos dañan, para que la luz de Dios ilumine su corazón”.

“Nos invita, así, a adoptar en nuestra oración, la misma actitud de misericordia y de amor que Dios adopta con nosotros”, observó el Papa.

Finalmente el Papa dijo que “Jesús, que en el momento extremo de la muerte se abandona totalmente en manos de Dios Padre, nos comunica la certeza de que por muy duras que sean las pruebas (…) o agobiantes los sufrimientos, no caeremos nunca de las manos de Dios: las manos que nos crearon, que nos sostienen y nos acompañan en el camino de la existencia”.

En español el Santo Padre resaltó que “Jesús, que en el momento de la muerte se confió totalmente en las manos de Dios Padre, nos comunique la certeza de que, a pesar de las duras pruebas, los problemas, el sufrimiento, estamos acompañados de su gran amor. Muchas gracias”.


Maná y Vivencias Cuaresmales (12)

marzo 2, 2012

Viernes de la 1ª semana de Cuaresma

La misericordia y el perdón vienen de Dios

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Antífona de entrada: Salmo 24, 17-18

Sálvame, Señor, de todas mis angustias. Mira mis trabajos y mis penas, y perdona todos mis pecados.
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Primera lectura: Ezequiel 18,21-28

Así dice el Señor Dios:

«Si el malvado se convierte de los pecados cometidos y guarda mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se le tendrán en cuenta los delitos que cometió, por la justicia que hizo, vivirá. ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado –oráculo del Señor–, y no que se convierta de su conducta y que viva? Si el justo se aparta de su justicia y comete maldad, imitando las abominaciones del malvado, ¿vivirá acaso?; no se tendrá en cuenta la justicia que hizo: por la iniquidad que perpetró y por el pecado que cometió, morirá.

Comentáis: “No es justo el proceder del Señor.” Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.»
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Salmo: Sal 129, 1-2.3-4.5-7a.7bc-8

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora.

Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos.
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Aclamación antes del Evangelio: Ezequiel 18, 31

Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
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Evangelio: Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego.

Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.»
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Antífona de comunión: Ezequiel 33, 11

Tan cierto como que vivo, dice el Señor, no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.
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VIVENCIAS CUARESMALES (12)

La Santísima Trinidad y la Pasión y Muerte del Señor

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10. VIERNES

PRIMERA SEMANA DE CUAREMA

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TEXTO ILUMINADOR: 
Dios quiere que el pecador se convierta y viva.

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TEMA:  Reconciliación con Dios y con el hermano.

Dios es amor y no puede negarse a sí mismo. Él hizo todo para que exista y es principio de vida, de toda vida. Nosotros recibimos la bendición de Dios, cuando su Espíritu asegura a nuestro espíritu que somos hijos bien amados del Padre e hijos coherederos en el Hijo.

Todo es gracia, no merecimiento propio. La única paga que se nos pide por ello es imitar la liberalidad de Dios, portándonos con los demás como Dios se portó con nosotros, perdonándonos mutuamente como Dios nos perdonó en Cristo. Es la única condición que pone Dios, no caprichosamente sino como ley de vida y fidelidad a su propio ser. Lo contrario sería negarse a sí mismo.

El texto bíblico es Mt. 5, 20-26: “Por eso cuando presentes una ofrenda ante el altar, si recuerdas que tu hermano tiene una queja contra ti, deja allí tu ofrenda junto al altar, anda primero a hacer las paces con tu hermano y entonces vuelve a presentarla”.

Por eso la conversión de la Cuaresma no puede concluir sin haber hecho una sincera y sentida confesión sacramental que se prolongue en un talante de vida reconciliada.  Vivir reconciliado implica: recibir el amor de Dios y transmitirlo a toda la creación, amando a discreción a todos, dando vida y festejando todo lo bueno, olvidando todo lo malo, ahogando el mal a fuerza de bien.

El que ama, ora necesariamente por el hermano; y la oración del hermano reconciliado o justo tiene mucho poder delante de Dios porque eleva las manos limpias de sangre, y sólo los limpios de corazón pueden ver a Dios. Nada impuro puede ver a Dios, porque el que no perdona camina en tinieblas, vive en la oscuridad y permanece maniatado en la cárcel.

“No saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo”. Hasta que tú mismo quieras salir aceptando el amor de Dios y su perdón para ti, en primer lugar; y así, capacitándote para darlo en consecuencia a los demás…

A la hora de pedir perdón, no debemos mirar quién comenzó, quién ofendió primero para que sea él quien se adelante a pedir perdón. El que más ama es el que se adelanta a pedir perdón porque la enemistad daña al reino de Dios, venga de donde viniere. Todos somos solidarios en el bien y en el mal. Por tu parte, que no quede el pedir perdón, pues el reino está cerca; si no te escucha tu hermano o se endurece en su aversión, sigue perdonando y devolviendo bien por mal; así amontonarás ascuas sobre su cabeza y su conciencia hasta que le llegue la hora del perdón y de la paz.

Por eso, hermano, junto con el vivir reconciliado, pide por la conversión de los pecadores.

En la Cuaresma, toda la Iglesia, como madre próvida, sufre por sus hijos que se han olvidado de su bautismo y caminan en la confusión y el pecado. La Iglesia clama, hasta con lágrimas, día y noche para que los pecadores se conviertan del mal camino. Ellos se han apartado de la familia de la fe, sufren y hacen sufrir necesariamente a los demás, y se pueden perder para siempre si no cambian.

Estimado hermano, en este viernes de Cuaresma te ofrezco una consideración de la pasión del Señor. Muchos fieles acostumbran rezar el Via Crucis todos los viernes de Cuaresma. Es un ejercicio muy conveniente para acompañar a Cristo en los misterios de su pasión y muerte. Cada uno es libre para manifestar su amor al Señor y a los hermanos. Pero es verdad que en este tiempo debemos hacer algo especial. Pues amor con amor se paga. Feliz día. Dios te bendiga.

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Del Espejo de caridad, del beato Elredo, abad

Debemos practicar la caridad fraterna
según el ejemplo de Cristo

Nada nos anima tanto al amor de los enemigos, en el que consiste la perfección de la caridad fraterna, como la grata consideración de aquella admirable paciencia con la que aquél que era el más bello de los hombres entregó su atractivo rostro a las afrentas de los impíos, y sometió sus ojos, cuya mirada rige todas las cosas, a ser velados por los inicuos; aquella paciencia con la que presentó su espalda a la flagelación, y su cabeza, temible para los principados y potestades, a la aspereza de las espinas; aquella paciencia con la que se sometió a los oprobios y malos tratos, y con la que, en fin, admitió pacientemente la cruz, los clavos, la lanza, la hiel y el vinagre, sin dejar de mantenerse en todo momento suave, manso y tranquilo. En resumen, como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.

¿Habrá alguien que, al escuchar aquella frase admirable, llena de dulzura, de caridad, de inmutable serenidad: “Padre, perdónalos”, no se apresure a abrazar con toda su alma a sus enemigos?  Padre -dijo-, perdónalos.  ¿Quedaba algo más de mansedumbre o de caridad que pudiera añadirse a esta petición?

Sin embargo, se lo añadió. Era poco interceder por los enemigos; quiso también excusarlos. “Padre -dijo-, perdónalos, porque no saben lo que hacen.  Son, desde luego, grandes pecadores, pero muy poco perspicaces; por tanto, Padre, perdónalos. Crucifican; pero no saben a quién crucifican, porque, si lo hubieran sabido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria; por eso, Padre, perdónalos. Piensan que se trata de un prevaricador de la ley, de alguien que se cree presuntuosamente Dios, de un seductor del pueblo. Pero yo les había escondido mi rostro, y no pudieron conocer mi majestad; por eso, Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

En consecuencia, para que el hombre se ame rectamente a sí mismo, procure no dejarse corromper por ningún atractivo mundano. Y para no sucumbir ante semejantes inclinaciones, trate de orientar todos sus afectos hacia la suavidad de la naturaleza humana del Señor. Luego, para sentirse serenado más perfecta y suavemente con los atractivos de la caridad fraterna, trate de abrazar también a sus enemigos con un verdadero amor.

Y para que este fuego divino no se debilite ante las injurias, considere siempre con los ojos de la mente la serena paciencia de su amado Señor y Salvador (Libro 3, 5:  PL 195, 582).

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Consideración de la humanidad de Cristo:

1.  Para compadecerlo como víctima de nuestros pecados.

2.  Para imitarlo en su paciencia y perdón.

3.  Para comprender y acompañar a los demás cuando sufren por cualquier motivo.

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