“Primeros Cristianos”, cinco años en Internet

diciembre 2, 2011

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Si seguimos a Cristo hoy, se lo debemos a ellos

Para los católicos esta web se podría considerar un álbum de familia

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PAMPLONA, lunes 28 noviembre 2011 (ZENIT.org).- Un portal sobre los primeros cristianos cumple cinco años. Es una iniciativa de estudiantes universitarios y con este motivo uno de los organizadores, Juan Carlos Carrillo, explica el origen de este “album de familia”, dado que los cristianos de hoy entroncan con los primeros seguidores de Jesús.

Hace cinco años surgió el portal que busca informar de manera sencilla sobre los primeros seguidores de Cristo. Es una iniciativa promovida por algunos estudiantes de la Universidad de Navarra.

Juan Carlos Carrillo, uno de los organizadores, explica a ZENIT el origen de la idea y la evolución de la misma.

¿Cómo se les ocurrió crear una web sobre los primeros cristianos?

–J.C. Carrillo: En primer lugar, porque advertimos que –en aquellos momentos- no existía ninguna web que abordara el tema desde una perspectiva católica, así que decidimos llenar nosotros ese vacío. También porque consideramos importante acercar el modelo de vida de los primeros cristianos al mundo de hoy.

Para los católicos esta web se podría considerar un álbum de familia. Por eso la página está diseñada para que cualquier persona interesada pueda aprender y enseñar la historia de los primeros cristianos.

Además, queríamos hacernos eco de las catequesis del papa Benedicto XVI, que durante varios años ha ido tratando en sus audiencias las figuras del cristianismo primitivo y de los Padres de la Iglesia.

Siempre nos ha movido el propósito de acercar al hombre de hoy la idea de imitar y vivir como los primeros cristianos que con el ejemplo y la fuerza de su vida ordinaria lograron cambiar el mundo en el que vivían.

¿Qué pretenden conseguir?

–J.C. Carrillo: Buscamos dar a conocer la vida de los primeros cristianos a las mujeres y a los hombres del siglo XXI: hacer presente el espíritu que ellos vivieron, tal como ellos mismos lo han contado. Eran personas como nosotros, con sus dificultades, con sus luchas… y que sabían confiar por encima de todo en la fuerza de su fe.

Pretendemos con nuestra web que los primeros cristianos hablen directamente al usuario, y que este diálogo directo sea enriquecedor para quien lo mantenga con ánimo abierto y oído atento.

También tratamos de poner al alcance de todos, algunos de los tesoros que se encuentran en sus escritos, y que no son fácilmente conocidos por quienes no son especialistas. Si resultan accesibles a un público más amplio se conseguirá que todos podamos acercarnos y familiarizarnos con ellos.

Hablar de los primeros cristianos en pleno siglo XXI parecería, a los no informados, propio de una mentalidad del pasado.

–J.C. Carrillo: No lo es de ninguna manera. Los primeros cristianos tienen una extraordinaria vigencia cultural, sobre todo a la hora de comprender el mundo en el que vivimos y la interacción entre cristianismo y mundo contemporáneo.

Los cristianos de hoy tenemos mucho que aprender de la fe de los primeros cristianos, y hemos de saber –como ellos- descubrir y dar a conocer el verdadero sentido de la novedad cristiana a nuestros contemporáneos.

Nos viene muy bien considerar que tenemos una gran deuda de gratitud con aquellos primeros, que merecen toda nuestra veneración y agradecimiento: su vida era una apuesta en la que se jugaba el destino de la Iglesia y de los hombres. Si somos cristianos hoy, se lo debemos a ellos.

A través de la web viajamos a los tiempos del nacimiento de la Iglesia. Nos permite acercarnos a aquellos que constituyen los primeros eslabones de esta fabulosa cadena que a lo largo de la historia va transformando el mundo: eslabones fuertes y sólidos, que continúan sosteniéndonos a los cristianos de hoy.

Y ¿qué respuesta han encontrado?

–Desde el principio, nos llamó la atención el gran interés que despertaba entre la gente. En estos cinco años escasos de vida ya han pasado de once mil las personas suscritas a la página, con deseos de ir recibiendo información referente a la vida de los primeros cristianos.

Además, hemos recibido mensajes de apoyo y de agradecimiento de los sitios más diversos del planeta. Es muy gratificante darte cuenta de que estás animando a vivir la fe a personas que están en una situación difícil o en circunstancias en las que no es fácil mantenerse firme. En esos momentos tener en la cabeza el ejemplo de vida de los primeros les ha ayudado mucho.

¿Qué podemos encontrar en la página?

–Actualmente se puede encontrar información sobre la vida de las primeras comunidades cristianas, las persecuciones, la expansión del cristianismo, el testimonio de los mártires, los Padres de la Iglesia, las catacumbas, etc.

La página alberga algunos documentos, vídeos y archivos sonoros que se pueden descargar. También ofrece listados de libros y películas relacionados con el mundo del cristianismo primitivo, así como de las actas de los mártires o la situación del cristianismo en los cuatro primeros siglos.

Así mismo, procuramos informar de todo lo referente a la situación en Tierra Santa y de los cristianos perseguidos en tantos lugares del planeta.

En la página, es posible suscribirse al boletín de novedades que enviamos con las últimas actualizaciones.

Para saber más: www.primeroscristianos.com.


El maná de cada día, 2.12.11

diciembre 2, 2011

La fe, nuestro mayor tesoro

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Viernes de la 1ª semana de Adviento

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Primera lectura: Isaías 29, 17-24

Así dice el Señor: «Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque; aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse con el Señor, y los más pobres gozarán con el Santo de Israel porque se acabó el opresor, terminó el cínico; y serán aniquilados los despiertos para el mal, los que van a coger a otro en el hablar y, con trampas, al que defiende en el tribunal, y por nada hunden al inocente.»

Así dice a la casa de Jacob el Señor, que rescató a Abrahán: «Ya no se avergonzará Jacob, ya no se sonrojará su cara, pues, cuando vea mis acciones en medio de él, santificará mi nombre, santificará al Santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la enseñanza.»
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Salmo 26, 1.4.13-14

R/. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.
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Evangelio: Mateo 9, 27-31

En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando: «Ten compasión de nosotros, hijo de David.»
Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: «¿Creéis que puedo hacerlo?»
Contestaron: «Sí, Señor.»
Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe.»
Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Cuidado con que lo sepa alguien!»
Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.
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AUMENTAR NUESTRA FE

– Necesidad de la fe. Pedirla.

– La fe, el tesoro más grande que tenemos. Guardarla. Comunicarla.

– La fe de María.

I. En aquel día, los sordos oirán las palabras del libro, y desde las tinieblas y desde la oscuridad verán los ojos del ciego. Y los mansos se alegrarán más y más en el Señor, y los pobres se regocijarán en el Santo de Israel (1).

La nueva era del Mesías es anunciada por los Profetas llena de alegría y de prodigios. Una sola cosa pedirá el Redentor: fe. Sin esta virtud el reino de Dios no llega a nosotros.

El Evangelio de la Misa (2) nos presenta a dos ciegos que seguían a Cristo, pidiéndole a voces su curación: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David, le dicen. El Señor les pregunta: ¿Creéis que yo puedo hacer esto? Cuando ellos le dijeron que sí, Él los despidió curados con estas palabras: Hágase en vosotros según vuestra fe (3). A otro ciego, en Jericó, le devolvió igualmente la vista y le dijo: Anda, tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista, y le seguía por el camino (4). Al padre de una niña muerta le asegura: No temas, basta que creas y vivirá (5). Pocos momentos antes había curado a una mujer, enferma durante mucho tiempo, que sólo había manifestado su fe tocando la orla de su vestido, y le había dicho: Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz (6).  ¡Oh mujer, grande es tu fe!, le dirá a una mujer cananea. Y luego: Hágase como tú quieras (7). No hay obstáculo para el creyente.  Todo es posible para el que cree (8), le dice al padre del muchacho que estaba poseído por un espíritu mudo.

Los Apóstoles se manifiestan al Señor con toda sencillez. Conocen su fe insuficiente en muchos casos ante lo que ven y oyen, y un día le piden a Jesús: ¡Auméntanos la fe! El Señor les responde: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este moral: arráncate y plántate en el mar, y os obedecería (9).

También nosotros nos encontramos como los Apóstoles; nos falta fe ante la carencia de medios, ante las dificultades en el apostolado, ante los acontecimientos, que nos cuesta interpretar desde un punto de vista sobrenatural.

Si vivimos con la mirada puesta en Dios no hemos de temer nada: “la fe, si es fuerte, defiende toda la casa” (10); defiende toda nuestra vida. Con ella podemos alcanzar frutos que están por encima de nuestras pocas fuerzas; no tendremos imposibles. “Jesucristo pone esta condición: que vivamos de la fe, porque después seremos capaces de remover los montes. Y hay tantas cosas que remover…, en el mundo y, primero, en nuestro corazón” (11).

Imitemos a los Apóstoles y con ánimo humilde, porque conocemos nuestras pocas fuerzas y nuestras cobardías, pidamos al Señor que tenga piedad de nosotros.  “Señor, ¡auméntanos la fe!”, le decimos en nuestra oración. ¡Santa María, pídele a tu Hijo que aumente nuestra fe flaca y débil en tantas ocasiones!

Con esta confianza aguardamos la Navidad, y por eso rezamos con la Iglesia: Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe el nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad -fiesta de gozo y salvación- y poder celebrarla con alegría desbordante (12).

II. La fe es el tesoro más grande que tenemos y, por eso, hemos de poner todos los medios para conservarla y acrecentarla. También es lógico que la defendamos de todo aquello que le pueda hacer daño: lecturas (especialmente en épocas en que los errores están más difundidos), espectáculos que ensucian el corazón, provocaciones de la sociedad de consumo, programas de televisión que puedan dañar este tesoro que hemos recibido. Pongamos los medios para una adecuada formación, tanto más sólida cuanto más difíciles sean los ambientes y situaciones en los que se desarrolla nuestra vida; procuremos rezar con atención el Credo en la Misa de los domingos y fiestas, haciendo una verdadera profesión de fe.

En un época de confusión doctrinal hay que velar con especial cuidado para no ceder en el contenido de nuestra fe, ni aun en lo más pequeño, porque “si se cede en cualquier punto del dogma católico, después será necesario ceder en otro, y después en otro más, y así hasta que tales abdicaciones se conviertan en algo normal y lícito. Y una vez que se ha metido la mano para rechazar el dogma pedazo a pedazo, ¿qué sucederá al final, sino repudiarlo en su totalidad?” (13).

Si guardamos la fe y la reflejamos en nuestra vida ordinaria sabremos comunicarla a los demás. Daremos al mundo el mismo testimonio que dieron los primeros cristianos: fueron fuertes como la roca ante dificultades inimaginables. Muchos de nuestros amigos, al ver que nuestra conducta es coherente con la fe que profesamos, se verán movidos por este testimonio sereno y firme y se acercarán a Nuestro Señor.

A todo el que me confiese delante de los hombres, también yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos (14). ¡Qué gran promesa para alentarnos a una vida apostólica!

Reconocer al Señor delante de los hombres es ser testigos vivos de su vida y de su palabra. Nosotros queremos cumplir nuestras tareas cotidianas según la doctrina de Jesucristo, y debemos estar dispuestos a que se transparente nuestra fe en todas nuestras obligaciones familiares y profesionales. Pensemos un momento en nuestro trabajo, en nuestros compañeros, en nuestras amistades: ¿se nos reconoce como personas cuya conducta es coherente con su fe? ¿Nos falta audacia para hablar de Dios a nuestros amigos? ¿Nos sobran respetos humanos? ¿Cuidamos la fe de aquellos que, de alguna forma, el Señor ha puesto a nuestro cargo?

Una consecuencia de la fe firme es el optimismo y la seguridad de que las cosas saldrán adelante. El poder de Dios está con nosotros y disipa todo posible temor. El que nos ha dado una vocación de santidad y una misión divina, nos dará también la gracia para cumplirla.

III. En todo tiempo hemos de fijarnos en Nuestra Señora, que vivió toda su existencia movida por la fe, pero especialmente en este tiempo de Adviento que es tiempo de espera, de esperanza segura, antes de que naciera el Mesías de su seno virginal. Bienaventurada tú que has creído (15), le dice su prima Santa Isabel.

Confianza y serenidad de la Virgen ante el descubrimiento mismo de su vocación. ¡Ella es la Madre de Dios! Es aquella criatura de quien venían hablando los Libros Sagrados desde los mismos comienzos del Génesis, la que aplastaría la cabeza del enemigo de Dios y de los hombres (16), la anunciada tantas veces por los Profetas (17). Yahvé ha mirado la humildad, la sencillez, de su esclava (18).

Serenidad confiada de la Virgen en el silencio que ha de mantener ante San José. María quería a José y le ve sufrir (19). Ella confía en Dios. Es posible que al seguir la propia vocación, o al actuar cumpliendo la voluntad de Dios, temamos hacer sufrir a las personas queridas. ¡Él sabe arreglar bien las cosas! “¡Dios sabe más!” (20), ve más lejos. El cumplimiento de la voluntad de Dios, que siempre exige fe, es el mayor bien para nosotros y para quienes habitualmente tratamos.

Fe de la Virgen en los momentos difíciles que preceden al Nacimiento de Jesús. San José llamó a muchas puertas aquella noche santa, y la Virgen oyó muchas negativas. Fe ante la huida precipitada a Egipto. ¡Dios huyendo a un país extraño…!

Confianza de María cada día de los treinta años que Jesús vivió oculto en Nazaret, cuando no hay signos prodigiosos de la divinidad de su Hijo, sino un trabajo sencillo y normal.

Fe de María en el Calvario. “Avanzó la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe, y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la Cruz, junto a la cual no sin designio divino permaneció en pie, sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su Sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la Víctima que Ella misma había engendrado” (21).

María vive con la mirada puesta en Dios. Ha puesto toda su confianza en el Altísimo y se ha rendido por completo a Él. Eso nos pide Ella a nosotros: que vivamos con una confianza inquebrantable en Jesús. Y esto, porque desea vernos serenos en medio de todas las tempestades, y porque debemos dar serenidad a quienes están cerca de nosotros. Quiere, sobre todo, vernos un día en el Cielo, junto a su Hijo.

Con la liturgia de la Iglesia rezamos: Dios y Señor nuestro, que en el parto de la Virgen has querido revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria: asístenos con tu gracia, para que proclamemos con fe íntegra y celebremos con piedad sincera el misterio admirable de la encarnación de tu Hijo (22).

[Adviento]

(1) Primera lectura de la Misa, Is 29, 1724. – (2) Mt 9, 2731. – (3) Mt 9, 2829. – (4) Mc 10, 52. – (5) Lc 8, 50. – (6) Lc 8, 48. – (7) Mt 15, 28. – (8) Mc 9, 23. – (9) Lc 17, 510. – (10) SAN AMBROSIO,  Comentario sobre el Salmo 18, 12, 13. – (11) J. ESCRIVA DE BALAGUER,  Amigos de Dios, 203. – (12) Oración de la Misa del 3er domingo de Adviento. – (13) SAN VICENTE DE LERINS,  Conmonitorio, n. 23. – (14) Mt 10, 32. – (15) Lc 1, 45. – (16) Gen 3, 15. – (17) Cfr.  Is 7, 14; Miq 5, 2. – (18) Cfr.  Lc 1, 48. – (19) Cfr.  Mt 1, 1819. – (20) A. DEL PORTILLO, en la presentación de “Amigos de Dios”. – (21) CONC. VAT. II, Const.  Lumen gentium, 58. – (22) Oración de la Misa del día 19 de diciembre.


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