Presentación de la plataforma digital “Aleteia” en el Vaticano

octubre 26, 2011

Lanzamiento oficial el 31.10.11

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Este sábado en el congreso de

nuevos evangelizadores

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CIUDAD DEL VATICANO, martes 18 de octubre de 2011 (ZENIT.org)

Ofrecemos a continuación la presentación de la nueva plataforma digital Aleteia, que realizaron sus directores, Jesús Colina y Guillaume Anselin, este sábado en el primer encuentro internacional de nuevos evangelizadores en el Vaticano.

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Si tenéis que cocinar algo especial para vuestros invitados ¿dónde buscáis la receta? Si queréis saber cuando vivió Miguel Ángel y admirar sus obras, ¿dónde buscáis? Creo que todos los presentes darían la misma respuesta: internet.

Internet se ha convertido en el lugar de las respuestas de las preguntas de las personas, incluso las preguntas relacionadas con la fe y el sentido de la vida: ¿quién es Dios?, ¿hay vida después de la muerte?, ¿por qué la Iglesia?, ¿cómo se reza?

También buscan las personas respuestas a estas preguntas a través de internet. ¿Y qué encuentran? ¡De todo!

Esta es la nueva expresión del relativismo. Quien busca la verdad hoy se pierde en este instrumento de búsqueda en el que se ha convertido internet. Con frecuencia, grupos ideológicos o incluso sectas, gracias a medios técnicos o financieros, consiguen tener una visibilidad superior a la de la Iglesia católica en los instrumentos de búsqueda.

Vosotros sabéis cuál es el gran reto lanzado por el pontificado de Benedicto XVI: la verdad existe, y tiene un nombre, incluso un rostro, el de Cristo.

Estamos verdaderamente frente a una cuestión central para la nueva evangelización. La nueva evangelización hoy pasa por internet, obviamente no sólo.

Y el reto del relativismo se afronta ofreciendo respuestas que sean claras, documentadas, precisas, cercanas a la gente, vividas y sobre todo que sean verdaderas, que reflejen fielmente el magisterio de la Iglesia. Respuestas también experimentadas, multimedia, con un testimonio de vida, una obra de arte, una canción…

Hoy, gracias a Dios, hay muchas iniciativas de católicas, entre las que os encontráis muchos de vosotros, que estáis evangelizando en la red. En estos años han nacido muchos portales y la Santa Sede se ha convertido en un punto de referencia con nuevas iniciativas multimedia, hay webs estupendas, grupos extremadamente dinámicos en Facebook.

¿Qué falta para que todos estos esfuerzos lleguen a los primeros lugares en los instrumentos de búsqueda? Debemos crear sinergias, trabajar en equipo, compartir lo mejor que ofrecen los católicos en la red. No debemos sustituir a quien ya está en la red, debemos federarnos, apoyarnos, ofrecer contenidos y recursos… Crear redes en la red.

Este es el servicio que hoy queremos presentaros: una plataforma que pretende promover, dar visibilidad, agregar, lo mejor que los católicos están produciendo en internet.

Y lo queremos hacer a partir de un formato que es tan antiguo como el ser humano: desde que tenéis memoria os habéis hecho preguntas y habéis buscado respuestas. Si tenéis hijos, sabéis por experiencia que os pueden enloquecer con sus preguntas a las que a veces no sabéis responder. Lo mismo le sucede a quien busca a Dios.

Este es el servicio que quiere hacer Aleteia (la verdad, en griego): responder de un modo claro, documentado, cercano a la gente, a sus preguntas de fe y de vida, reuniendo lo mejor que se puede encontrar en la red.

Estamos muy agradecidos al Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización que nos ha ofrecido la oportunidad de presentaros esta iniciativa para que vosotros seáis partícipes, contriuyentes y beneficiarios. Sí, porque estos contenidos, estas respuestas en diferentes formatos podrán viajar a través de vuestras plataformas e iniciativas de la nueva evangelización en Internet. Aleteia comienza a partir de hoy con vosotros.

¿Habéis intentado buscar recientemente en Google… quién es Jesús?, ¿qué es la fe?, ¿quién es Dios?, o incluso ¿Dios me ama?

Podréis ver los resultados vosotros mismos: A menudo, demasiado a menudo todavía, no aparece ningún sitio católico en los diez primeros resultados de la búsqueda.

A veces, gustaría encontrar en internet un sitio de referencia, para comprender la fe católica, y detrás, una comunidad abierta con la que intercambiar.

Aleteia nace de esta idea. Decir la belleza de la fe católica y proponer a cada uno hablar de ello a partir de un contenido fiable.

El Santo Padre nos llama a evangelizar con creatividad el continente digital, estos callejones y estas calles, estas avenidas virtuales, estos nuevos ágoras, y ser testimonios auténticos y verdaderos.

Entonces, ¿Aleteia.org qué es ? Aleteia es una plataforma de preguntas/respuestas sobre la fe, la vida y la sociedad.

El objetivo es sencillo:

Producir las respuestas más completas posibles a las preguntas que se formula la gente, sobre el contenido de nuestra fe, sobre la actualidad, la espiritualidad, la vida de oración, sobre la ciencia, la cultura y otros temas, con la ayuda de periodistas experimentados y especialistas en estas cuestiones. Todos los días en Aleteia, responderemos a las preguntas que hagan los miembros.

Trabajar con los comunicadores católicos, para seleccionar las mejores fuentes disponibles entre nuestros compañeros y proponer a la comunidad Aleteia lo mejor de la web católica multimedia.

Aprovechar estos contenidos de calidad para lanzar una conversación, y hacer de Aleteia no sólo un lugar de saber, sino un lugar de intercambio, y de compartir, de transmisión. Una catequesis a cielo abierto, para el continente digital.

Hoy es un día especial. Ahora hemos preparado para vosotros un pequeño video para presentaros el proyecto Aleteia.

[El contenido del vídeo puede verse en www.aleteia.org]

Aleteia.org es en primer lugar y ante todo un proyecto de colaboración. Con vosotros, que estáis implicados en la nueva evangelización, en las comunicaciones sociales, es con quienes nosotros vamos a construir juntos Aleteia.

Eres sacerdote, educador, responsable de comunicación de una diócesis o de un movimiento: nosotros vamos a daros estos contenidos y servicios para alimentar vuestra web o vuestra acción sobre el terreno. Contenidos, vídeos, fichas prácticas y todavía más, gracias al Programa Media de Aleteia, que se lanzará próximamente.

Eres periodistas o blogger: ¿Tienes alguna contribución que aportar sobre un tema de fe? Hazte socio, porque Aleteia existe para aportar visibilidad a todos los que informan, al servicio del Evangelio.

¿Eres fan de internet y te apasionan los debates de fe? Hazte miembro de Aleteia, hazte moderador voluntario, hazte community manager, y lancemos juntos en las redes sociales el debate, con todos los buscadores de la verdad.

Una última cosa : Si nos hemos reunido estos días aquí en torno a San Pedro, es para encontrar soluciones nuevas para anunciar a este mundo la Buena Nueva y proponer nuestra fe en nuestras sociedades modernas.

Aleteia.org es una propuesta editorial nueva, comunitaria, cotidiana, positiva, para el mundo digital, pero Aleteia no puede desarrollarse sin vosotros.

Por eso, en los próximos días, se os enviará un e-mail para recoger vuestra opinión sobre esta primera versión del sitio y mejorarlo a partir de vuestras ideas.

¡Con vosotros construiremos la comunidad de buscadores de la verdad !

Gracias por vuestra atención.


El maná de cada día, 26.10.11

octubre 26, 2011

Esforzaos en entrar por la puerta estrecha

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Miércoles de la 30ª semana del

Tiempo Ordinario
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Primera lectura: Romanos 8, 26-30

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios. Sabemos también que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.
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Salmo 12, 4-5.6

R/. Yo confío, Señor, en tu misericordia

Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío; da luz a mis ojos para que no me duerma en la muerte, para que no diga mi enemigo: «Le he podido», ni se alegre mi adversario de mi fracaso.

Porque yo confío en tu misericordia: alegra mi corazón con tu auxilio, y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
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Evangelio: Lucas 13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»

Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”; y él os replicará: “No sé quiénes sois.” Entonces comenzaréis a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.” Pero él os replicará: “No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.” Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»
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LO ENTENDERÁS MÁS TARDE

— Estamos en las manos de Dios. Todo los acontecimientos que Él manda o permite tienen su significado y están dirigidos a nuestro provecho.

— El sentido de nuestra filiación divina. Omnia in bonum!, todo es para bien.

— La confianza en Dios no nos lleva a la pasividad, sino a poner los medios a nuestro alcance.

I. La última noche que Jesús pasó con sus discípulos antes de su Pasión y Muerte, en un momento de aquella Cena entrañable, se levantó de la cena, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó1. San Juan, el Evangelista que nos ha dejado escritos sus recuerdos inolvidables del Jueves Santo, describe pausadamente aquellos acontecimientos, que con tanta hondura se le quedaron grabados para siempre: después echó agua en una jofaina y comenzó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido. Todo transcurría con normalidad, ante el asombro de los Apóstoles, que no se atrevían a decir palabra, hasta que el Señor llegó a Pedro, que mostró su sorpresa y su negativa: ¿Tú me vas a lavar a mí los pies? Jesús le respondió: Lo que Yo hago no lo entiendes ahora, lo comprenderás más tarde. Después de un afable forcejeo, Jesús lavará los pies a Pedro como a los demás Apóstoles. Con la venida del Espíritu Santo, al rememorar de nuevo aquellos sucesos, Simón comprendió el significado profundo de aquel gesto del Maestro, que quiso enseñar su misión de servicio a los que iban a ser las columnas de la Iglesia.

Lo que Yo hago no lo entiendes ahora… También a nosotros nos ocurre lo mismo que a Pedro: no comprendemos a veces los acontecimientos que el Señor permite: el dolor, la enfermedad, la ruina económica, la pérdida del puesto de trabajo, la muerte de un ser querido cuando estaba en los comienzos de la vida… Él tiene unos planes más altos, que abarcan esta vida y la felicidad eterna. Nuestra mente apenas alcanza lo más inmediato, una felicidad a corto plazo. Incluso nos ocurre que no entendemos muchos asuntos humanos que, sin embargo, aceptamos. ¿No nos vamos a fiar del Señor, de su Providencia amorosa? ¿Solo vamos a confiar en Él cuando los acontecimientos nos parezcan humanamente aceptables? Estamos en sus manos, y en ningún otro sitio podíamos estar mejor. Un día, al final de la vida, el Señor nos explicará con pormenores el porqué de tantas cosas que aquí no entendimos, y veremos la mano providente de Dios en todo, hasta en lo más insignificante.

Si ante cada fracaso, ante los sucesos que no sabemos discernir, ante la injusticia que nos subleva, oímos la voz consoladora de Jesús que nos dice: Lo que Yo hago, tú no lo entiendes ahora. Lo entenderás más tarde, entonces no habrá lugar para el resentimiento o la tristeza. «Porque todo cuanto sucede está previsto por Dios y ordenado a la salvación del hombre y su plena realización en la gloria; si lo que ocurre es bueno, Dios lo quiere; si es malo, no lo quiere, lo permite, porque respeta la libertad del hombre y el orden de la naturaleza, pero tiene en su mano el poder sacar bien y provecho para el alma incluso del mal»2. Ante los acontecimientos y sucesos que hacen padecer, nos saldrá del fondo del alma una oración sencilla, humilde, confiada: Señor, Tú sabes más, en Ti me abandono. Ya entenderé más tarde.

II. En una de las lecturas previstas para la Misa de hoy, San Pablo escribe a los primeros cristianos de Roma: Diligentibus Deum omnia cooperantur in bonum… Todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios3. «¿Penas?, ¿contradicciones por aquel suceso o el otro?… ¿No ves que lo quiere tu Padre-Dios…, y Él es bueno…, y Él te ama –¡a ti solo!– más que todas las madres juntas del mundo pueden amar a sus hijos?»4. El sentido de la filiación divina nos lleva a descubrir que estamos en las manos de un Padre que conoce el pasado, el presente y el futuro, y que todo lo ordena para nuestro bien, aunque no sea el bien inmediato que quizá nosotros deseamos y queremos porque no vemos más lejos. Esto nos lleva a vivir con serenidad y paz, incluso en medio de la mayores tribulaciones.

Por eso seguiremos siempre el consejo de San Pedro a los primeros fieles: Descargad sobre Él todas vuestras preocupaciones, porque Él cuida de vosotros5. No existe nadie que pueda cuidarnos mejor: Él jamás se equivoca. En la vida humana, incluso aquellos que más nos quieren, a veces no aciertan y, en vez de arreglar, descomponen. No pasa así con el Señor, infinitamente sabio y poderoso, que, respetando nuestra libertad, nos conduce suaviter et fortiter6, con suavidad y con mano de padre, a lo que realmente importa, a una eternidad feliz. Incluso las mismas faltas y pecados pueden acabar siendo para bien, pues «Dios endereza absolutamente todas las cosas para su provecho (de sus hijos), de suerte que aun a los que se desvían y extralimitan les hace progresar en la virtud, porque se vuelven más humildes y experimentados»7. La contrición conduce al alma a un amor más hondo y confiado, a una mayor cercanía de Dios.

Por eso, en la medida en que nos sentimos hijos de Dios, la vida se convierte en una continua acción de gracias. Incluso detrás de lo que humanamente parece una catástrofe, el Espíritu Santo nos hace ver «una caricia de Dios», que nos mueve a la gratitud. ¡Gracias, Señor!, le diremos en medio de una enfermedad dolorosa o al tener noticia de un acontecimiento lleno de pesar. Así reaccionaron los santos, y así hemos de aprender nosotros a comportarnos ante la desgracias de esta vida. «Es muy grato a Dios el reconocimiento a su bondad que supone recitar un “Te Deum” de acción de gracias, siempre que acontece un suceso algo extraordinario, sin dar peso a que sea –como lo llama el mundo– favorable o adverso: porque viniendo de sus manos de Padre, aunque el golpe del cincel hiera la carne, es también una prueba de Amor, que quita nuestras aristas para acercarnos a la perfección»8.

III. El abandono y la confianza en Dios no nos llevan de ninguna manera a la pasividad, que en muchos casos sería negligencia, pereza o complicidad. Hemos de combatir el mal físico y el moral con los medios que están a nuestro alcance, sabiendo que ese esfuerzo, con muchos resultados o aparentemente con ninguno, es grato a Dios y origen de muchos frutos sobrenaturales y humanos. Ante la enfermedad, además de aceptarla y ofrecer los padecimientos y dolores que lleve consigo, pondremos el remedio que el caso requiera: acudir al médico, descansar, tomar la medicina que nos indiquen… Y la injusticia, la desigualdad social, la penuria de tantos… nos llevarán a los cristianos, junto a otros hombres de buena voluntad, a buscar los recursos o las soluciones que nos parezcan más aptas, y lo mismo reaccionaremos ante la ignorancia y la falta de formación de tantas gentes… Nada más ajeno al espíritu cristiano que una mal entendida confianza en Dios que nos llevara a quedarnos inactivos ante el sufrimiento y la necesidad en cualquiera de las formas que se presente.

Dios es nuestro Padre y cuida amorosamente de nosotros, pero cuenta con la inteligencia y el buen sentido de sus hijos para seguir en el camino por el que Él nos quiere llevar, y también con el amor fraterno para actuar a través de nosotros en la vida de otros hijos suyos. Nos ha dado unos talentos para ponerlos constantemente en juego. Nos santificamos aun cuando al poner los medios que el caso requería nos parece que hemos fracasado, que no han dado el resultado esperado. El Señor santifica los «fracasos» que se originan después de haber puesto los medios que parecían oportunos, pero no bendice las omisiones, pues nos trata como a hijos inteligentes, de quienes espera que pongan en juego los remedios adecuados.

Apliquemos en cada caso lo que esté de nuestra parte, y después, omnia in bonum! todo será para bien. Los resultados, aparentemente buenos o malos, nos llevarán a amar más a Dios, nunca a separarnos de Él. En el sentido de la filiación divina encontraremos la protección y el calor paternal que todos necesitamos. «Si tenéis confianza en Él y ánimos animosos, que es muy amigo Su Majestad de esto, no hayáis miedo que os falte nada»9, escribe Santa Teresa después de una larga experiencia. Junto al Señor se ganan todas las batallas, aunque, aparentemente, algunas se pierdan.

1 Jn 13, 4 ss. — 2 F. Suárez, Después, p. 208. — 3 Primera lectura. Año I. Rom 8, 28. — 4 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 929. — 5 1 Pdr 5, 8. — 6 Sab 8, 1. — 7 San Agustín, Sobre la conversión y la gracia, 30. — 8 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 609. — 9 Santa Teresa,Fundaciones, 27, 12.

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