El Papa anuncia “Año de la Fe” para 2012

octubre 18, 2011

Será un momento de gracia

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VATICANO, 16 Oct. 11 / 10:11 am (ACI/EWTN Noticias)

En la homilía de la Misa que presidió esta mañana en la Basílica de San Pedro, el Papa Benedicto XVI anunció para el año 2012 el “Año de la Fe” que se extenderá hasta 2013.

El Santo Padre hizo el anuncio durante la Eucaristía conclusiva del encuentro “Nuevos evangelizadores para la nueva evangelización” que se realizó el fin de semana en el Vaticano en el que participaron, entre otros, el tenor italiano Andrea Bocelli y la hermana Verónica Berzosa.

Esta hermana es fundadora de Iesu Communio, la nueva comunidad de religiosas de clausura que surgió en la localidad española de Lerma, que asombró al mundo con un “boom” de vocaciones que reunió a unas 150 hermanas en pocos años.

El Papa explicó que este Año de la Fe comenzará el 11 de octubre de 2012, en el 50 aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II y concluirá el 24 de noviembre de 2013, en la Solemnidad de Cristo Rey del Universo.

El Concilio Vaticano II es uno de los eventos más importantes en la historia de la Iglesia. Se realizó 1962 y 1965 congregando a obispos de todo el mundo. Produjo un cuerpo de doctrina que busca promover la fe católica, renovar la vida de los fieles, adaptar la liturgia y alentar la presencia de los laicos.

Al anunciar el Año de la Fe, el Papa dijo que este tiempo busca “dar un renovado impulso a la misión de toda la Iglesia, para conducir a los hombres lejos del desierto, en el cual muy a menudo se encuentran en sus vidas, a la amistad con Cristo que nos da su vida plenamente”.

Este Año de la Fe, dijo el Santo Padre, “será un momento de gracia y de compromiso por una cada vez más plena conversión a Dios, para reforzar nuestra fe en Él y para anunciarlo con gozo al hombre de nuestro tiempo”.

Los detalles de este Año de la Fe serán explicados en los próximos días por Benedicto XVI a través de una carta apostólica.

El Papa recordó luego en el Ángelus que uno de sus predecesores, el Siervo de Dios Pablo VI, también convocó a un Año de la Fe similar, en 1967, al cumplirse 900 años del martirio de San Pedro y San Pablo.

 

 


El maná de cada día, 18.10.11, y novena 8

octubre 18, 2011

San Lucas

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San Lucas, evangelista
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Primera lectura: 2 Timoteo 4, 9-17a

Dimas me ha dejado, enamorado de este mundo presente, y se ha marchado a Tesalónica; Crescente se ha ido a Galacia; Tito, a Dalmacia; sólo Lucas está conmigo. Coge a Marcos y tráetelo contigo, ayuda bien en la tarea. A Tíquico lo he mandado a Éfeso.

El abrigo que me dejé en Troas, en casa de Carpo, tráetelo al venir, y los libros también, sobre todo los de pergamino. Alejandro, el metalúrgico, se ha portado muy mal conmigo; el Señor le pagará lo que ha hecho. Ten cuidado con él también tú, porque se opuso violentamente a mis palabras. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone.

Pero el Señor me ayudó y me dio salud para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran los gentiles.
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Salmo 144, 10-11.12-13ab.17-18

Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.

Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.

El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.
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Evangelio: Lucas 10, 1-9

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”»
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18 de octubre

SAN LUCAS, EVANGELISTA*

Fiesta

— El Evangelio de San Lucas. La perfección de nuestro trabajo.

— Lo que el Evangelista nos transmite. El pintor de la Virgen.

— Leer con piedad el Santo Evangelio.

I. ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria!1.

Hemos de agradecer hoy a San Lucas que sea para nosotros un buen mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, pues fue un fiel instrumento en manos del Espíritu Santo. Nos ha transmitido un precioso Evangelio y la historia de la primitiva Cristiandad en los Hechos de los Apóstoles, movido por la gracia de la inspiración divina, pero a la vez con el esfuerzo humano de un trabajo bien hecho, pues la ayuda de Dios no suplanta lo humano.

Él mismo nos indica que redactó su obra después de haberse informado con exactitud de todo desde los comienzos, y que lo hizo de forma ordenada2, no de cualquier manera. Esto le debió suponer buscar cuidadosamente fuentes de primera mano, muy probablemente la Virgen, los Apóstoles, incluso las mismas personas que aún vivían y que fueron protagonistas de los milagros, sucesos y narraciones… Nos señala expresamente que recoge esas noticias conforme nos las transmitieron quienes desde el principio fueron testigos oculares3. Incluso su mismo estilo literario, como hace notar San Jerónimo4, indica la seguridad de las fuentes de las que se nutre.

Gracias a este esfuerzo y a su correspondencia a las gracias que recibió del Espíritu Santo, hoy podemos leer, maravillados, los relatos de la infancia de Jesús, algunas bellísimas parábolas que solo él recoge, como la del hijo pródigo, la del buen samaritano, la del administrador infiel, la del pobre Lázaro y el mal rico… Propio también de San Lucas es el relato de los dos caminantes de Emaús, lleno de finura y acabado hasta en sus menores detalles.

Ninguno de los Evangelistas nos ha mostrado la misericordia divina para con los más necesitados como lo hace San Lucas. Resalta el amor de Jesús por los pecadores, quien declara que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido5, relata el perdón a la mujer pecadora6, el alojamiento en casa de un pecador como Zaqueo7, la mirada de Jesús que transforma el corazón de Pedro después de las negaciones8, la promesa del Reino al ladrón arrepentido9, la oración por los que le crucifican y le insultan en el Calvario10…

Las mujeres y el empeño de Jesús por devolverles su dignidad, poco considerada en aquel tiempo, ocupan un lugar muy importante en su Evangelio: la viuda de Naín11, la pecadora arrepentida12, las mujeres galileas que ponen a disposición de Jesús sus bienes y van también en su seguimiento13, las visitas de Jesús a casa de las dos hermanas de Betania14, la curación de una mujer encorvada15, las mujeres de Jerusalén que dan a Jesús muestras de su compasión en el camino de la cruz16… son todas figuras nombradas y realzadas solo por este Evangelista.

Es mucho lo que hemos de agradecer hoy a san Lucas. «Eres el único, escribía el que más tarde había de ser el Papa Juan Pablo I en una carta figurada al Evangelista, que nos ofrece un relato del nacimiento e infancia de Cristo, cuya lectura escuchamos siempre con renovada emoción en Navidad. Hay, sobre todo, una frase tuya que me llama la atención: Envuelto en pañales fue reclinado en un pesebre. Esta frase ha dado origen a todos los belenes del mundo y a miles de cuadros preciosos»17. Ha permitido que acompañemos, tantas veces, a la Sagrada Familia en Belén y en su vida cotidiana entre sus paisanos de Nazareth.

También nosotros nos detenemos hoy a considerar la perfección humana con que debemos realizar nuestro trabajo, aunque nos parezca que quizá no tiene mucha trascendencia. Las obras bien hechas permanecen y resulta fácil ofrecerlas a Dios, que las acogerá como un don. El trabajo realizado con poco esfuerzo, sin interés, sin cuidar lo pequeño, no merece ser humano, y no permanecerá ni delante de Dios, ni de los hombres. Examinemos hoy cómo llevamos a cabo lo que tenemos entre manos, lo que debemos ofrecer cada día al Señor.

II. En el Evangelio de san Lucas encontramos la doctrina fundamental del Señor sobre la humildad, la sinceridad, la pobreza, la penitencia, la aceptación de la cruz cada día, la necesidad de ser agradecidos… El gran amor que tenemos a Nuestra Señora nos mueve hoy a dar gracias a este santo evangelista que supo presentar la grandeza y hermosura de su alma con una exquisita delicadeza.

Por eso, se le dio desde muy antiguo el título de pintor de la Virgen18, y de ahí se pasó más tarde a que se le atribuyera la autoría de algunas tallas y pinturas de Nuestra Señora. En cualquier caso, el Evangelio de San Lucas es fundamental para el conocimiento y la devoción a la Virgen, y ha servido de inspiración a una buena parte del arte cristiano. Ningún personaje de la historia evangélica fuera, naturalmente, de Jesús es descrito con tanto amor y admiración como Santa María. Nos enseña, inspirado por el Espíritu Santo, los dones y la fiel correspondencia de la Virgen Santísima: es la llena de gracia, el Señor está con ella; concibió por obra del Espíritu Santo, siendo Madre de Jesús sin dejar de ser Virgen; íntimamente unida al misterio redentor de la Cruz, será bendecida por todas las generaciones, pues el Todopoderoso hizo en Ella grandes cosas. Con razón una mujer del pueblo alabó entusiasmada y de forma muy expresiva a la Madre de Jesús19.

De la misma forma nos enseña la fidelísima correspondencia de la Virgen: recibe con humildad el anuncio del Arcángel acerca de su dignidad de Madre de Dios; acepta rendidamente los planes divinos; se apresura a ayudar a los demás… Por dos veces20 nos muestra a Nuestra Señora que ponderaba estas cosas en su corazón… Son conocimientos que solo la Virgen pudo transmitir en momentos en que abrió su intimidad.

En ese camino de las cosas bien hechas, acabadas con perfección, pidámosle a san Lucas dar a conocer a los demás la devoción a la Virgen, la riqueza casi infinita de su alma, como él lo hizo. Especialmente, en este mes de octubre, procuremos propagar esa devoción del santo Rosario, que tantas gracias nos obtiene del Cielo.

III. Honremos la memoria de san Lucas contemplando la atrayente y alentadora figura del Salvador que nos pone delante. Y pidámosle, al leer y meditar los Hechos de los Apóstoles el Evangelio del Espíritu Santo, como se le ha llamado, la alegría y el espíritu apostólico de nuestros primeros hermanos en la fe que allí se refleja.

Según una antigua costumbre cristiana, cuando alguien se encontraba en un apuro o en una duda abría al azar el Evangelio y leía el primer versículo encontrado. Muchas veces no se encontraba la respuesta adecuada, pero siempre se hallaba paz y serenidad; se había entrado en contacto con Jesús. Salía de Él una virtud que sanaba a todos21, comenta en cierta ocasión el Evangelista. Y esa virtud sigue saliendo de Jesús cada vez que entramos en contacto con Él.

La obra de San Lucas, inspirada por Dios, nos enseña a mantener esa relación directa con el Señor, nos anima a acudir frecuentemente a su misericordia, a tratarle como al Amigo fiel que dio su vida por nosotros. A la vez, nos permite meternos de lleno en el misterio de Jesús, especialmente hoy, cuando tantas y tan confusas ideas circulan sobre el tema más trascendental para la Humanidad desde hace veinte siglos: Jesucristo, Hijo de Dios, piedra angular, fundamento de todo hombre.

Ninguna lectura tiene la virtud de acercarnos tanto a Dios como la que está escrita bajo la misma inspiración divina. Por eso en el santo Evangelio debemos aprender la ciencia suprema de Jesucristo22, como decía San Pablo a los Filipenses, «pues desconocer la Escritura es desconocer a Cristo»23.

El Evangelio debe ser el primer libro del cristiano porque nos es imprescindible conocer a Cristo; hemos de mirarlo y contemplarlo hasta conocer de memoria todos sus rasgos. «Al abrir el santo Evangelio, piensa que lo que allí se narra, obras y dichos de Cristo, no solo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia.

»-El Señor nos ha llamado a los católicos para que le sigamos de cerca y, en ese Texto Santo, encuentras la Vida de Jesús; pero, además, debes encontrar tu propia vida.

»Aprenderás a preguntar tú también, como el Apóstol, lleno de amor: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?…” ¡La Voluntad de Dios!, oyes en tu alma de modo terminante.

»Pues, toma el Evangelio a diario, y léelo y vívelo como norma concreta. Así han procedido los santos»24.

San Lucas, que tantas veces meditaría los hechos que relata, nos enseñará a amar, como lo hacían los primeros cristianos, el santo Evangelio. En él encontraremos «el alimento del alma, la fuente límpida y perenne de la vida espiritual»25.

1 Antífona de entrada, Is 52, 7. — 2 Cfr. Lc 1, 3. — 3 Lc 1, 2. — 4 Cfr. San Jerónimo, Epístola 20, 4. — 5 Lc 19, 10. — 6 Lc 7, 36-50. — 7 Lc 19, 1-10. — 8 Lc 22, 61. — 9 Lc 23, 42 ss. — 10 Lc 23, 34. — 11 Lc 7, 11-17. — 12 Lc 7, 36-50. — 13 Lc 8, 1-3. — 14 Lc 10, 38-42. — 15 Lc 13, 10-17. — 16 Lc 23, 27-32. — 17 A. Luciani, Ilustrísimos señores, BAC, 2.ª ed., Madrid 1978, pp. 234-235. — 18 Eusebio, Historia Eclesiástica, II, 43. — 19 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, introd. a San Lucas, pp. 706-707. — 20 Lc 2, 19; 51. — 21 Cfr. Mc 6, 56. — 22 Flp 3, 8. — 23 San Jerónimo, Comentarios sobre el Profeta Isaías, prol.: PL 24, 17. — 24 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 754. — 25 Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, 21.

* San Lucas Evangelista nació en Antioquía, en el seno de una familia pagana. Era médico, según muchos indicios. Se convirtió a la fe hacia el año 40, acompañó a San Pablo en su segundo viaje apostólico y estuvo a su lado en la última parte de la vida del Apóstol. Autor del tercer Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles, es el Evangelista que mejor nos ha dado a conocer la infancia de Jesús y quien ha recogido algunas de las parábolas más conmovedoras de la misericordia divina.

www.enlacecatolico.com

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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (8)

Dibujo de Gonzalo Tassier

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Rito de entrada para todos los días:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe, concédenos, por su intercesión, que sepamos, ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
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Reflexión para el día octavo:

Magdalena se entrega voluntariamente

Magdalena quiere dar su vida por Cristo, y dar ejemplo a los cristianos vacilantes en su fe. Pero si quiere ser arrestada y condenada a muerte, tendrá que autodenunciarse, ya que los guardias han tenido tantas ocasiones de apresarla y no lo han hecho. Ella lo ha pensado mucho y decide entregarse. Sus amigos le suplican que no los abandone.

Pero su espíritu victimal, sus ansias de ser como Jesús, hostia propiciatoria, sus anhelos de ir a gozar de la compañía de sus familiares y de sus padres espirituales, pueden más que los ruegos de los amigos.

Un buen día de septiembre de 1634 se viste con el hábito de terciaria, y se arregla como quien va a una fiesta, y, después de despedirse de los terciarios y cristianos, baja decidida a la ciudad. En su mano lleva un hatillo. La valerosa catequista se presenta a los guardias, vestida de terciaria. Un verdadero desafío.

Pero los guardias, dice un cronista, “le dicen que es mujer moza y flaca y no podrá sufrir tan terribles tormentos… Y aunque ella replicó que quisiera quedar presa, no la oyeron y ni la quisieron prender”.

No se da por vencida Magdalena y decide presentarse directamente a los jueces. Alega que es cristiana, que los guardias no la han querido apresar y que quiere ser juzgada. Los jueces registran su misterioso hatillo: hay en él un libro espiritual en japonés de Fr. Luis de Granada -¿La Guía de Pecadores?- y un calendario para seguir las fiestas de precepto. Son el cuerpo del delito.

Los jueces mandan meterla en una de las jaulas-prisión. Las autoridades demuestran sumo interés en hacer apostatar a la joven. Sus padres eran nobles y ella tenía mucha fama en Nagasaki. Le dicen que es joven, que es hermosa, le ofrecen riquezas, le prometen casarla con uno de los principales señores del Japón.

Pero ella responde que ya estaba casada, que era esposa de Cristo Nuestro Señor, que nadie la apartará de su Amado. De las promesas pasan a las amenazas y a las torturas. Esperan doblegar a Magdalena, aplicándole los tormentos que ya han doblegado a otros. La cuelgan de los brazos, dejándola varias horas suspendida en el aire.

Parecióles a los jueces, sigue el testigo, que con el dolor, descoyuntados los brazos, habría mudado su intento, y volviéronla a preguntar si quería dejar la ley de los cristianos… Respondió “que estuvieran ciertos que ni por éste, ni por otros favores mucho mayores que la diesen, dejaría la ley cristiana”.

Intensifican el tormento: “le meten cañas tostadas entre las uñas de los dedos de las manos y le ordenan que con los dedos así clavados y acañaverados arase y arañase la tierra…” Después de otros variados y refinados tormentos, vuelven a Magdalena a la jaula.

Durante todo ese mes, Magdalena se dedica a prepararse para el martirio. Los amigos que la visitan, la ven: “alabando al Señor”, “llena de alegría por sus tribulaciones”.
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Oración de los fieles para todos los días:

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.

Para añadir a la oración comunitaria:

– Por todas nuestras fraternidades seglares agustino-recoletas, para que imiten la intrepidez de santa Magdalena en testificar su fe. Oremos.

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


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