Marco en Kamabai: “¿Se puede ser felizmente pobre?”

septiembre 17, 2011

“Pienso que es un grave error —a la vez muy común— intentar cambiar la cultura local de los pueblos africanos por nuestra cultura, por considerar de antemano que nosotros somos los realmente felices. ¿Pero de verdad crees que si le preguntas a un mandingo o a un limba si es feliz, te iba a contestar que no?”

Marco con Allie, uno de sus colaboradores de la Misión en el invernadero

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Marco, ingeniero agrónomo, escribe en su blog las experiencias que va adquiriendo en sus seis meses de estancia en la misión de los Agustinos Recoletos en Kamabai (Sierra Leona). Esta vez, habla de sus reflexiones en torno a la felicidad y al compromiso real de muchos sierraleoneses con su propio desarrollo personal y social.

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¿SE PUEDE SER FELIZMENTE POBRE?

Primero sería importante definir el término felicidad. Para unos, la felicidad es la ausencia de toda necesidad. Para otros es tener todo aquello que se desee. Para mí, es conseguir no necesitar nada y sentirte a gusto contigo mismo.

Cuando era pequeño mi padre siempre me preguntaba al acostarme:

— ¿Eres feliz?
Yo siempre contestaba afirmativamente.
— ¿Y por qué eres feliz?, volvía a preguntarme.
— Porque soy alegre
— ¿Y por qué eres alegre?
— Porque soy feliz.

Entonces, aquí en Kamabai, miras a tu alrededor y ves sólo caras sonrientes, con una sonrisa que, al mirarla, te hace suspirar. Y entonces te planteas seriamente si ellos son los que realmente son felices o lo eres tú.

Pienso que es un grave error —a la vez muy común— intentar cambiar la cultura local de los pueblos africanos por nuestra cultura, por considerar de antemano que nosotros somos los realmente felices. Pero, ¿de verdad crees que si le preguntas a un mandingo o a un limba si es feliz, te va a contestar que no?

Entonces me pregunto: si les ayudáramos a alcanzar al menos un nivel de vida digno en el que las enfermedades fueran una elección y no una obligación, ¿les ayudaríamos?

Claro está que en la actualidad existe un claro contraste entre nuestra sociedad y su sociedad. Nosotros estamos muy por encima de lo necesario y ellos muy por debajo. Cubrimos nuestras necesidades básicas y creamos otras necesidades que están fuera de lugar. Ellos apenas tienen agua potable con la que limpiar sus heridas. Pero, ¿cuál de los dos extremos es el realmente bueno?

Ahora me voy a echar la bronca como un profesor a un alumno insolente. ¿Quién soy yo para juzgar si ellos son felices o no? Las necesidades las creamos nosotros y ellos no requieren de cosas tan superfluas como las que hemos ido adquiriendo en la sociedad occidental.

Creo que no deberíamos ser tan hipócritas y mirar más allá. Tal vez Saramago en su Ensayo sobre la ceguera tuviera razón, salvo que a lo mejor, los que han dejado de ver realmente no son nuestros ojos, sino nuestros corazones.

Voy a contar un par de situaciones que me han sucedido últimamente: la primera fue en un poblado llamado Kamahera. Llegamos allí para hacer unas fotos y para conocer el entorno. Después de presentarnos al líder de la aldea y de jugar con los niños, nos disponíamos a irnos, cuando de una baffa salió una mujer cojeando.

Nos acercamos y pudimos ver que tenía el pie con una gran infección. Prometimos regresar por la tarde con el médico voluntario (Gonzalo) y así lo hicimos. Le curó el pie y después de tres curas, regresamos de nuevo a la aldea. Posiblemente Gonzalo le salvó la vida a aquella mujer, que curiosamente tenía seis hijos.

Como muestra de agradecimiento, nos quiso regalar un gallo. Inmediatamente le expliqué que no podíamos aceptar tal regalo porque para ellos suponía una comida necesaria y para nosotros no. Entonces me quedé totalmente de piedra cuando la mujer me contestó:

— Hijo, tú no eres nadie para quitarme la felicidad que supone dar.

La segunda situación la vivo diariamente en la misión. Cada vez que salgo de la casa de los voluntarios veo muchísimos niños que vienen sonriendo hacia mí. Simplemente me cogen de la mano y me acompañan los 200 metros que me separan del invernadero. No paran de sonreír en todo momento y simplemente porque se sienten a gusto en tu presencia.

La vida nos regala momentos de gran felicidad y son esos los momentos que tenemos que apuntar en nuestra libreta, como bien dice Jorge Bucay“la vida de uno se define por los momentos de felicidad que experimenta. Súmalos todos y obtendrás tu verdadera edad”.

Si me preguntaras directamente si pienso que los habitantes de Sierra Leona son felices, yo te contestaría con un rotundo “por supuesto”.

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SE BUSCA

Se busca persona de entre 15 y 30 años de edad, de nacionalidad sierraleonesa, seria y justa, con valores morales y de carácter afable. Con facilidad de asimilación y de compromiso para un trabajo realizado por objetivos y no por tiempo. Que busque una relación de amistad en el trabajo, astuta pero que no defienda la pillería.
Con posibilidad de ascender en el trabajo. Se ofrece un buen salario mensual. Interesados manden su currículum vitae. Gracias

El uso de ordenadores es algo muy complicado en esta sociedad. No se tiene acceso a internet, salvo algunos privilegiados, y lógicamente no se dispone de tanto dinero como para comprarse un ordenador. Haría falta vender 30 cosechas de cacahuetes enteras para poder pagar la primera entrada.

Pero al margen de ello, en la siguiente entrada, no quiero dar a entender que todos los habitantes de Sierra Leona carezcan de estos valores morales, o de falta de seriedad en el trabajo, o de falta de asimilación y demotivaciones, no. Lo que trato de explicar es que dadas las necesidades claramente patentes en la sociedad, elgrado de compromiso de los sierraleoneses es bastante bajo.

Es una contradicción que sea difícil encontrar una persona que destaque, que sepas que va a responder ante las adversidades y solucionar problemas por sí misma. Dada la situación de necesidad, la pillería es una obligación, no una alternativa y este hecho injustificable hace que se desmitifique la cita de Einstein“Ante las crisis, aparecen los progresos”.

Entonces es cuando más valor se le da a los pequeños progresos. Actitudes, acciones, soluciones… que de vez en cuando aparecen en el momento más inesperado y te hacen plantearte nuevamente si su potencial estádisfrazado tras una máscara de conformismo.

Conozco gente en Sierra Leona que únicamente aspira a poder tomarse dos galones de poyo (bebida fermentada de savia de palmera) desde la salida del sol hasta su ocaso. Pero también conozco a otras personas que aspiran a ser presidente de Sierra Leona, no por ellos, sino por su pueblo. Algún día os hablaré de esta persona, algún día os contaré como logró ser quien es.

www.agustinosrecoletos.org


Sábado de la 24ª semana del Tiempo Ordinario

septiembre 17, 2011

La semilla que cayó en tierra buena dio fruto al ciento por uno.

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Primera lectura: 1 Timoteo 6, 13-16

En presencia de Dios, que da la vida al universo, y de Cristo Jesús, que dio testimonio ante Poncio Pilato con tan noble profesión: te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor e imperio eterno. Amén.

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Salmo 99

Entrad en la presencia del Señor con vítores.

Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre.

«El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.»

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Evangelio: Lucas 8, 4-15

En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.»
Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»

Entonces le preguntaron los discípulos: «¿Qué significa esa parábola?» Él les respondió: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan.

El sentido de la parábola es éste: La semilla es la palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero, con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Los de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando.»


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