El día más feliz de Joseph Ratzinger

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Joseph Ratzinger (a la derecha) y su hermano Georg, el día de su ordenación sacerdotal

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60 años de ordenación,

redescubrimiento de la belleza del sacerdocio

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo 26 de junio de 2011 (ZENIT.org).- El próximo 29 de junio Benedicto XVI recodará los sesenta años del “momento más importante de mi vida”, su ordenación sacerdotal, recibida en la catedral de Freising, cerca de Munich.

Recibió el sacramento, junto a su hermano mayor, Georg, de manos del cardenal Michael von Faulhaber, conocido como gran opositor al nazismo. “Adsum”, “Aquí estoy”, fueron las palabras que pronunció en latín, ante Dios y ante el pueblo el joven Joseph Ratzinger, a sus 24 años.

El próximo miércoles la Iglesia universal revivirá ese día, pero el papa no quiere que sea un momento de exaltación de su persona, mas bien espera que sirva para promover entre la Iglesia el agradecimiento a Dios por el don del sacerdocio y pedirle que suscite nuevas vocaciones.

De aquel espléndido día de verano, Joseph Ratzinger recuerda un detalle que para otros pasó desapercibido y que comparte en su libro “Mi vida” (Ed. Encuentro, 1997).

“No se debe ser supersticioso –escribe en esas memorias–, pero en el momento que el anciano arzobispo impuso sus manos sobre las mías, un pajarillo –tal vez una alondra– se elevó del altar mayor de la catedral y entonó un breve canto gozoso; para mí fue como si una voz de lo alto me dijese: va bien así, estás en el camino justo”.

Fue en esos días cuando Joseph Ratzinger descubrió lo que significa el sacerdote para la gente.

“El día de la primera Misa, fuimos acogidos en todas partes –también entre personas completamente desconocidas– con una cordialidad que hasta aquel momento no me podría haber imaginado”, prosigue el papa en sus memorias.

“Experimenté así, muy directamente, cuán grandes esperanzas ponían los hombres en sus relaciones con el sacerdote, cuánto esperaban su bendición, que viene de la fuerza del Sacramento. No se trataba de mi persona ni la de mi hermano: ¿qué podrían significar, por sí mismos, dos hermanos como nosotros, para tanta gente que encontrábamos? Veían en nosotros a unas personas a las que Cristo había confiado una tarea para llevar su presencia entre los hombres; así, justamente porque no éramos nosotros quienes estábamos en el centro, nacían tan rápidamente relaciones de amistad”.

(Re)descubrimiento del sacerdocio

Este mismo (re)descubrimiento del sacerdocio, a nivel universal es el objetivo que se plantea Benedicto XVI al celebrar su aniversario del sacerdocio.

En este contexto, el prefecto de la Congregación vaticana para el Clero, el cardenal Mauro Piacenza, ha enviado una carta a los obispos del mundo para promover 60 horas de adoración eucarística por la santificación de los sacerdotes, por las nuevas vocaciones y por Benedicto XVI.

En el texto, firmado también por el secretario de la Congregación para el Clero, el arzobispo Celso Morga Iruzubieta, se explica que las horas de adoración eucarística dedicadas a esta intención pueden ser continuas o pueden distribuirse durante el mes de junio, y debe comprometer “de manera particular, a los sacerdotes”.

“El culmen de este recorrido de oración podría coincidir con la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús –Jornada de santificación sacerdotal–, el próximo viernes 1 de julio”, añade la carta.

Con esta iniciativa, la Iglesia pretende homenajear “al pontífice con una extraordinaria corona de oraciones y de unidad sobrenatural, capaz de mostrar el centro real de nuestra vida, de la que surge todo esfuerzo misionero y pastoral, así como el auténtico rostro de la Iglesia y sus sacerdotes”.

Ofrecemos a continuación el texto de la oración que el Papa Benedicto XVI ha compuesto para el 60 aniversario de su ordenación como sacerdote, que se cumple mañana miércoles 29 de junio, y que ha sido hecha pública por la Santa Sede.

Señor,
te damos gracias
porque has abierto tu corazón para nosotros;
porque en tu muerte y en tu resurrección
te has convertido en fuente de vida.

Haz que seamos personas vivientes,
vivientes de tu fuente,
y dónanos el poder ser nosotros también fuentes,
capaces de donar a este nuestro tiempo
agua de vida.

Te damos gracias
por la gracia del ministerio sacerdotal.

Señor, bendícenos
y bendice a todos los hombres de este tiempo
que están sedientos y en búsqueda.

Amén.

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