Una adolescente llamada Alexia, testimonio de fe

mayo 10, 2011

Los ojos de la fe

.

MADRID, 09 May. 11 / 03:25 am (ACI/EWTN Noticias)

Alexia: La adolescente que miró a Dios cara a cara” es el título de la película-documental que se presentará el próximo 13 de mayo en el ciclo de preestrenos de la Jornada Mundial de la Juventud.

La película-documental trata sobre Alexia González-Barros, una niña española que vivió su enfermedad -un tumor en la columna vertebral- con una gran alegría, fe y entereza. Alexia falleció en 1985 cuando tan solo contaba 14 años y en 1993 se abrió su proceso de beatificación.

El largometraje sigue el estilo de “La Última Cima”, otra película-documental sobre la vida del sacerdote Pablo Domínguez, éxito de taquilla dentro y fuera de España. Está producido también por European Dreams Factory.

“Alexia” es dirigida por Pedro Eugenio Delgado Cavilla, miembro de la Academia del Cine y está narrada en primera persona por la propia Alexia -interpretada por Miriam Fernández- y su ángel de la guarda, al que llama Hugo, interpretado por Richard del Olmo. Todo esto mezclado con videos que fueron grabados por sus familiares en su infancia y testimonios de personas que la conocieron.

También se cuentan los últimos meses de su vida, en los que fue ejemplar la forma que tuvo de vivir la enfermedad.

La historia de Alexia

Alexia González-Barros y González nació en Madrid el día 7 de marzo de 1971. Era la hija menor de siete hermanos. Sus padres, Francisco y Moncha, la educaron desde pequeña en un clima de libertad, cariño y alegría.

Fue una niña normal y divertida. Hizo su Primera Comunión el 8 de mayo de 1979 en Roma, junto al lugar donde reposan los restos de San Josemaría Escribá de Balaguer, a quien tenía mucho cariño y devoción.

Al día siguiente de su Primera Comunión, el 9 de mayo de 1979, se acercó a Juan Pablo II durante una audiencia pública en el Vaticano. El Papa la bendijo y le dio un beso en la frente.
Llevó una vida normal, estudiaba, hacía planes con sus amigas, veraneaba con su familia y sus abuelos. Tuvo la oportunidad de peregrinar con sus padres y sus hermanos a Tierra Santa. Estuvo en Belén, donde cumplió una de sus grandes ilusiones: besar el lugar donde nació Jesús.

En febrero de 1985, se le declaró un tumor maligno que la dejó paralítica en muy poco tiempo. Tenía solo 13 años de edad. Fue sometida a dolorosos tratamientos y cuatro intervenciones quirúrgicas en solo diez meses.

Todo lo afrontó con paz y alegría. Aceptó su enfermedad desde el inicio y ofreció su sufrimiento por la Iglesia, el Papa y los demás.

Falleció en Pamplona, rodeaba por su familia, el 5 de diciembre de 1985.

Su causa de beatificación fue introducida en la arquidiócesis en 1993 y actualmente se encuentra en Roma.

Más información en: www.alexialapelicula.com


Vivencias Pascuales 2011 (17)

mayo 10, 2011

Yo soy el Pan de Vida que ha bajado del Cielo

.

MARTES DE LA III SEMANA DE PASCUA

.

Textos bíblicos litúrgicos.- Entrada: Ap 19, 5; 12, 10; 1era. lectura: Hch 7, 51-59; Salmo: 30, 3cd-4.6ab.7b.8a.17 y 21ab; Aleluya: Jn 6,35 ab; Evangelio: Jn 6, 30-35; Comunión: Rm 6, 8.
.

TEXTO ILUMINADOR.- Jesús contestó: En realidad, no fue Moisés quien les dio pan del cielo. Mi Padre es el que les da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da es éste que ha bajado del cielo y que da vida al mundo. Yo soy el Pan de Vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed.
.

ORACIÓN COLECTA.- Señor, tú que abres las puertas de tu reino a los que han renacido del agua y del Espíritu, acrecienta la gracia que has dado a tus hijos, para que, purificados ya de sus pecados, alcancen todas tus promesas. Por nuestro Señor.
.

PRIMERA LECTURA: Hch 7, 51-59.

En aquellos días, Esteban decía a la plebe, a los ancianos y a los letrados: Ustedes, duros de cabeza, endurecieron su corazón y cerraron sus oídos. Siempre se resisten al Espíritu Santo, igual que sus padres. ¿A qué profeta no persiguieron sus padres? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, al que ustedes ahora traicionaron y asesinaron. Ustedes que recibieron la Ley por medio de los ángeles y no la cumplieron.

Al oír este reproche se enfurecieron; rechinaban los dientes contra Esteban. Él, lleno del Espíritu Santo, fijó sus ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús a su derecha y declaró: “Veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre a la derecha de Dios”.

Ellos, gritando fuertemente, se taparon los oídos y todos juntos se lanzaron contra él; lo sacaron fuera de la ciudad para apedrearlo, y los testigos dejaron sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba así: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. Después se arrodilló y dijo en alta voz: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado”. Y diciendo esto expiró.
.

SALMO: 30, 3cd-4.6ab.7b.8a.17 y 21ab.

Sé para mí una roca de refugio, la muralla que me salve.

Porque tú eres mi roca y mi fortaleza, estás a mi lado para llevarme y guiarme. Aborreces a los que adoran ídolos vanos; yo, en cambio, confío en el Señor. Yo gozaré y me alegraré de tu bondad y poder; porque has mirado mi miseria y conoces mis angustias.

Tu siervo espera que le sonrías, sálvame por tu misericordia. Al abrigo de tu rostro los proteges, lejos de las intrigas de los hombres. Los guardas ocultos en tu carpa y no los alcanza el calumniador.
.

Aclamación: Jn 6, 35 ab.

Jesús les dijo: “Yo soy el Pan de Vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed”.
.

EVANGELIO: Jn 6, 30-35

En aquel tiempo dijo a Jesús la gente: “¿Dónde está el signo milagroso para que al ver lo que haces te creamos? ¿Qué puedes hacer? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la Escritura: “se les dio de comer pan del cielo”.

Jesús contestó: “En realidad, no fue Moisés quien les dio pan del cielo. Mi Padre es el que les da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da es éste que ha bajado del cielo y que da vida al mundo”.

Ellos dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les dijo: “Yo soy el Pan de Vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed”.

.

Del tratado de san Ireneo, obispo, contra las herejías

La Eucaristía, arras de la Resurrección

Si la carne no se salva, entonces el Señor no nos ha redimido con su sangre, ni el cáliz de la eucaristía es participación de su sangre, ni el pan que partimos es participación de su cuerpo. Porque la sangre procede de las venas y de la carne y de toda la sustancia humana, de aquella sustancia que asumió el Verbo de Dios en toda su realidad y por la que nos pudo redimir con su sangre, como dice el Apóstol: Por su sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Y, porque somos sus miembros y quiere que la creación nos alimente, nos brinda sus criaturas, haciendo salir el sol y dándonos la lluvia según le place; y también porque nos quiere miembros suyos, aseguró el Señor que el cáliz, que proviene de la creación material, es su sangre derramada, con la que enriquece nuestra sangre, y que el pan, que también proviene de esta creación, es su cuerpo, que enriquece nuestro cuerpo.

Cuando la copa de vino mezclado con agua y el pan preparado por el hombre reciben la Palabra de Dios, se convierten en la eucaristía de la sangre y del cuerpo de Cristo y con ella se sostiene y se vigoriza la sustancia de nuestra carne, ¿cómo pueden, pues, pretender los herejes que la carne es incapaz de recibir el don de Dios, que consiste en la vida eterna, si esta carne se nutre con la sangre y el cuerpo del Señor y llega a ser parte de este mismo cuerpo?

Por ello bien dice el Apóstol en su carta a los Efesios: Somos miembros de su cuerpo, hueso de sus huesos y carne de su carne. Y esto lo afirma no de un hombre invisible y mero espíritu -pues un espíritu no tiene carne y huesos-, sino de un organismo auténticamente humano, hecho de carne, nervios y huesos; pues es este organismo el que se nutre con la copa, que es la sangre de Cristo, y se fortalece con el pan, que es su cuerpo.

Del mismo modo que el esqueje de la vid, depositado en tierra, fructifica a su tiempo, y el grano de trigo, que cae en tierra y muere, se multiplica pujante por la eficacia del Espíritu de Dios que sostiene todas las cosas, y así estas criaturas trabajadas con destreza se ponen al servicio del hombre, y después, cuando sobre ellas se pronuncia la Palabra de Dios, se convierten en la eucaristía, es decir, en el cuerpo y la sangre de Cristo; de la misma forma nuestros cuerpos, nutridos con esta eucaristía y depositados en tierra, y desintegrados en ella, resucitarán a su tiempo, cuando la Palabra de Dios les otorgue de nuevo la vida para la gloria de Dios Padre.

Él es, pues, quien envuelve a los mortales con su inmortalidad y otorga gratuitamente la incorrupción a lo corruptible, porque la fuerza de Dios se realiza en la debilidad (Libro 5, 2, 2-3: SCh 153, 30-38).

.


A %d blogueros les gusta esto: