Vivencias Cuaresmales 2011 (39) – Viernes Santo, Triduo Pascual

abril 22, 2011

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VIERNES SANTO

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AMBIENTACIÓN.- Según costumbre antiquísima, la Iglesia no celebra sacramentos ni hoy ni mañana. Por tanto, hoy no se celebra la Eucaristía, sino una Acción Litúrgica en la tarde, sobre la hora en que se supone que murió nuestro Señor. La acción litúrgica de hoy consta de tres partes:

Liturgia de la Palabra hasta la Solemne Plegaria Universal, modelo de la oración de los fieles de cada domingo.

Adoración de la Cruz.- La Palabra de Dios nos ha explicado el poder salvador de la Cruz llevada con amor, como Jesús la llevó. Tu adoración de la Cruz será: gratitud a Cristo que sufrió por ti; promesa de amar el sufrimiento; compromiso de solidaridad frente al mal; fe en la victoria y resurrección. Al adorar o reverenciar la cruz ama a quien estuvo en ella. Ofrece gratitud y amistad a la persona de Jesús que hoy ofreció su vida por ti desde una cruz.

Comunión eucarística.– Desde la Cruz, levantado, Jesús atrae todas las cosas. Nuestra mejor adoración y amor a él será unirnos con él en su Eucaristía. Y al unirnos a él quedaremos reunidos todos los hombres y solidarios para siempre.

ORACIÓN COLECTA: Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; santifica a tus hijos y protégelos siempre, pues Jesucristo, tu Hijo, a favor nuestro instituyó por medio de su sangre el misterio pascual. Por el mismo Jesucristo.

O bien: Oh Dios, tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, por medio de su pasión ha destruido la muerte que, como consecuencia del antiguo pecado, a todos los hombres alcanza; concédenos hacernos semejantes a él. De este modo, los que hemos llevado grabada, por exigencia de la naturaleza humana, la imagen de Adán, el hombre terreno, llevaremos grabada en adelante, por la acción santificadora de tu gracia, la imagen de Jesucristo, el hombre celestial. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Textos bíblico-litúrgicos.- 1era. Lectura: Isaías 52, 13-53, 12; Salmo: 30, 2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25; 2da. Lectura: Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9; Aclamación: Filipenses 2, 8-9; Evangelio: Juan 18, 1-19, 42.

Las dos primeras lecturas y el salmo de meditación te ofrecerán la actitud de fe para interpretar los hechos de la Pasión. Estas tres lecturas ponen de manifiesto la unidad de toda la historia salvadora: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento confluyen en Cristo y desde Cristo se entienden, e irradian la salvación en plenitud. Todo está dicho y realizado en Cristo, para siempre, para gloria de Dios su Padre y para salvación de los hombres.

DIÁLOGO DE JESUCRISTO CON EL PUEBLO ELEGIDO

Son las quejas de Jesús crucificado al pueblo predilecto, a los de su raza, a sus paisanos y compatriotas, a las personas que dedicó su vida y sus milagros; pero que lo rechazaron. Al meditar esa historia de Israel escúchale a Dios lo que te dice sobre tu propia historia personal. ¡Señor, ten piedad; Cristo, ten piedad; Señor, ten piedad!

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

Yo te saqué de Egipto; tú preparaste una cruz para tu Salvador. Yo te guié cuarenta años por el desierto, te alimenté con el maná, te introduje en una tierra excelente, tú preparaste una cruz para tu Salvador.

¿Qué más pude hacer por ti?

Yo te planté como viña mía, escogida y hermosa. ¡Qué amarga te has vuelto conmigo! Para mi sed me diste vinagre, y con la lanza traspasaste el costado de tu Salvador. Yo por ti azoté a Egipto y a sus primogénitos; tú me entregaste para que me azotaran. Yo te saqué de Egipto, sumergiendo al Faraón en el mar Rojo; tú me entregaste a los Sumos Sacerdotes.

Yo abrí el mar delante de ti; tú con la lanza abriste mi costado. Yo te guiaba con una columna de nubes; tú me guiaste al pretorio de Pilatos. Yo te sustenté con maná en el desierto; tú me abofeteaste y me azotaste. Yo te di a beber el agua salvadora, que brotó de la peña; tú me diste a beber vinagre y hiel.

Yo por ti herí a los reyes cananeos; tú me heriste la cabeza con la caña. Yo te di un cetro real; tú me pusiste una corona de espinas. Yo te levanté con gran poder; tú me colgaste del patíbulo de la cruz.

Estimado Hermano, apreciada Hermana: Se te invita a repasar tu vida personal en sus distintas etapas y experiencias para hacer una relectura de la misma a la luz de la fe. Trata de constatar los gestos de la misericordia de Dios contigo, sus gracias y consuelos, y a la vez, tu respuesta a Dios, tus esfuerzos de correspondencia sincera. Rechaza, una vez más, tu infidelidad; y ratifícate en lo bueno. Dale gracias a Dios por la paciencia que está teniendo contigo, y alábalo. Amor con amor se paga. Al que mucho se le perdonó, mucho amará.

MEDITACIÓN SOBRE LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

Este canto expresa el amor admirativo y lleno de gratitud hacia Jesús en toda su trayectoria humana y divina a la vez. Las estrofas van narrando la historia de salvación desde Adán hasta el abrazo definitivo de Dios a la humanidad por medio de su Hijo en el Espíritu Santo.

¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con un peso tan dulce en su corteza! Cantemos la nobleza de esta guerra, el triunfo de la sangre y del madero y un Redentor, que en trance de Cordero, sacrificado en cruz, salvó la tierra.

Adán.- Dolido mi Señor por el fracaso de Adán, que mordió en la manzana, otro árbol señaló, de flor humana, que reparase el daño paso a paso.

El perdón.- Y así el Señor: ¡Vuelva la Vida y que el Amor redima la condena! La gracia está en el fondo de la pena y la salud naciendo de la herida.

La Encarnación.- ¡Oh plenitud del tiempo consumada! Del seno de Dios Padre en que vivía, ved la Palabra entrando por María en el misterio mismo del Pecado.

El nacimiento.- ¿Quién vio en más estrechez gloria más plena y a Dios como el menor de los humanos? Llorando en el pesebre, pies y manos le faja una doncella nazarena.

La muerte.- En plenitud de vida y de sendero, dio el paso hacia la muerte porque él quiso. Mirad de par en par el paraíso abierto por la fuerza de un cordero.

Los dolores.- Vinagre y sed la boca, apenas gime; y al golpe de los clavos y la lanza, un mar de sangre fluye, inunda, avanza por tierra, mar y cielo y los redime.

El abandono.- Ablándate, madero, tronco abrupto de duro corazón y fibra inerte; doblégate a este peso y esta muerte que cuelga de tus ramas como un fruto.

El abrazo.- Tú solo entre los árboles, crecido para tender a Cristo en tu regazo; tú el arca que nos salva, tú el abrazo de Dios con los verdugos del Ungido. Al Dios de los designios de la Historia, que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza; al que en cruz devuelve la esperanza de toda salvación, honor y gloria.- Amén.

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De las catequesis de san Juan Crisóstomo, obispo 
El valor de la sangre de Cristo

¿Quieres saber el valor de la sangre de Cristo? Remontémonos a las figuras que la profetizaron y recorramos las antiguas Escrituras. Inmolad -dice Moisés- un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa. “¿Qué dices, Moisés? La sangre de un cordero irracional, ¿puede salvar a los hombres dotados de razón?” “Sin duda -responde Moisés- : No porque se trate de sangre, sino porque en esta sangre se contiene una profecía de la sangre del Señor”.

Si hoy, pues, el enemigo, en lugar de ver las puertas rociadas con sangre simbólica, ve brillar en los labios de los fieles, puertas de los templos de Cristo, la sangre del verdadero cordero, huirá todavía más lejos.

¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza y le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la Eucaristía. El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada. Esto fue lo que ocurrió con el cordero: los judíos sacrificaron el cordero y yo recibo el fruto del sacrificio.

Del costado salió sangre y agua. No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan grande misterio, pues me falta explicarte aún otra interpretación mística. He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado ambos del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva.

Por esta misma razón, afirma san Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo con ello al costado de Cristo. Pues del mismo modo que Dios hizo a la mujer del costado de Adán, de igual manera, Jesucristo nos dio el agua y la sangre salida de su costado, para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto.

Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre y con su leche a aquel a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con su sangre a aquellos a quienes él mismo ha hecho renacer.


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