Fiesta de san Agustín

agosto 28, 2010

 

DESDE SALAMANCA, ESPAÑA

Felicidades por la fiesta de san Agustín a todos los que se sienten hijos espirituales o discípulos del Santo.

En Salamanca, estamos celebrando la Solemnidad de nuestro Padre con los religiosos de la comunidad, con sus familiares, los profesores del colegio y personas allegadas y bienhechoras. En la tarde noche concluiremos el tríduo al Santo con la celebración eucarística unidos a las hermanas Monjas Agustinas Recoletas del convento de La Purísima.

Dentro de la Orden nos sentimos unidos especialmente a las dos vicarías de la Provincia, de Perú y de Venezuela, y a los reunidos en San Millán de la Cogolla y en Madrid.

Felicidades a los religiosos y a sus familiares, a  las monjas y a las religiosas, a las fraternidades seglares,  a las juventudes agustino-recoletas, a las “madres mónicas”  y, en fin, a todos cuantos se sienten cercanos a nuestras comunidades y que participan en el carisma oar.

Felicidades a todos. Dios los bendiga y nos haga dignos de la vocación recibida.

 

 

San Agustín y la Trinidad

El Papa vuelve a hablar de Agustín,

su santo preferido

 

“No encontró la Verdad,

sino que fue encontrado por ella”

 

CASTEL GANDOLFO, miércoles 25 de agosto de 2010 (ZENIT.org).- A pocos días de la fecha en que la Iglesia católica celebra la memoria de san Agustín y su madre, santa Mónica, el Papa Benedicto XVI volvió a dedicarle una catequesis, durante la audiencia general celebrada hoy en el palacio de Castel Gandolfo.

El Papa reconoció ante los peregrinos, muchos de los cuales no pudieron acceder al patio interior por falta de espacio, su predilección por el santo obispo de Hipona, junto con san José y san Benito, de quienes lleva el nombre.

“San Agustín, a quien tuve el gran don de conocer, por así decirlo, de cerca a través del estudio y la oración”, afirmó, “se ha convertido en un buen ‘compañero de viaje’ en mi vida y en mi ministerio”.

Este santo “fue un hombre que nunca vivió con superficialidad”, una lección de vida “actual también en nuestra época, en la que parece que el relativismo sea, paradójicamente, la ‘verdad’ que debe guiar el pensamiento, las decisiones, los comportamientos”.

“En nuestro tiempo se tiene una especie de miedo al silencio, miedo del recogimiento, de pensar en los propios actos, en el sentido profundo de la propia vida, a menudo se prefiere vivir solo el momento fugaz, esperando que traiga felicidad duradera; se prefiere vivir, porque parece más fácil, con superficialidad, sin pensar; se tiene miedo de buscar la Verdad, o quizás se tiene miedo de que la Verdad nos encuentre, nos aferre y nos cambie la vida, como le sucedió a san Agustín”.

El camino vital de Agustín, recordó el Papa, “no fue fácil: creyó encontrar la Verdad en el prestigio, en la carrera, en la posesión de las cosas, en las voces que le prometían la felicidad inmediata”.

Agustín “cometió errores, atravesó tristezas, afrontó fracasos, pero nunca se detuvo, nunca se contentó con lo que le daba solamente un indicio de luz; supo mirar en lo íntimo de sí mismo y se dio cuenta, como escribe en sus Confesiones, de que esa Verdad, ese Dios que buscaba con sus fuerzas era más íntimo a él que él mismo”.

Benedicto XVI recordó su propio comentario durante la presentación, el año pasado, de un reciente film sobre la vida de san Agustín: éste “comprendió, en su inquieta búsqueda, que no era él quien había encontrado la Verdad, sino que la propia Verdad, que es Dios, le persiguió y le encontró”.

En compañía de los santos

Siguiendo la estela de san Agustín, el Papa invitó a todos, “también a quien está en un momento de dificultad en su camino de fe, a quien participa poco en la vida de la Iglesia o a quien vive como si Dios no existiese, que no tengan miedo de la Verdad, que no interrumpan nunca el camino hacia ella, que no cesen nunca de buscar la verdad profunda sobre sí mismos y sobre las cosas con los ojos internos del corazón”.

“Dios no dejará de dar Luz para hacer ver y Calor para hacer sentir al corazón que nos ama y que desea ser amado”, añadió.

Por otro lado, de la misma forma que san Agustín le ha acompañado en su vida personal, el Papa propuso a los presentes que encuentren a su “santo compañero” en el viaje de la vida.

“Cada uno debería tener algún santo que le fuese familiar, para sentirle cercano con la oración y la intercesión, pero también para imitarlo”, sugirió.

“Quisiera invitaros, por tanto, a conocer más a los santos, empezando por aquel cuyo nombre lleváis, leyendo su vida, sus escritos. Estad seguros de que se convertirán en buenos guías para amar cada vez más al Señor y ayudas válidas para vuestro crecimiento humano y cristiano”.

Al saludar a los peregrinos españoles, volvió a insistir en su invitación a familiarizarse “con la vida y los escritos de los Santos, pues os ayudarán a amar cada vez más al Señor y a crecer como personas y como cristianos”.

 

 


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