Doce Novicios profesan en Monteagudo

agosto 16, 2010

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DOCE JÓVENES NOVICIOS

SE CONSAGRAN A DIOS

COMO AGUSTINOS RECOLETOS

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Jóvenes neoprofesos agustinos recoletos

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Doce jóvenes hacen su profesión religiosa en Monteagudo,

Navarra, España: “símbolo del ayer y del futuro”

09-08-2010 España

En la tarde del día 7 de agosto, en el santuario de la Virgen del Camino de Monteagudo, Navarra, doce jóvenes se comprometieron públicamente a seguir a Jesús en pobreza, castidad y obediencia en la Orden de Agustinos Recoletos, cuya historia está estrechamente unida a la casa-noviciado de esta población navarra, escenario en que se desarrolló la solemne ceremonia.

Ya es un rito que a lo largo del mes de agosto se agolpe un alto número de frailes agustinos recoletos en el convento de Monteagudo para celebrar la fiesta en que un grupo de jóvenes hace públicamente su profesión religiosa después de un año de noviciado, en que experimentan personalmente su idoneidad para asumir la vida consagrada como agustinos recoletos.

Este año, en la tarde del 7 de agosto, a las cinco y media, repleto ya de gente el santuario de la Virgen del Camino, los doce novicios, seguidos por más de cuarenta sacerdotes agustinos recoletos inician la procesión de entrada para la celebración eucarística y el rito de la profesión, mientras todo el pueblo, dirigido por el maestro de novicios, José Manuel González Durán, entona el canto vocacional de la llamada del profeta Jeremías: “Antes que te formaras…”

Preside la celebración Francisco Javier Jiménez, flanqueado por José Ramón Pérez y Manuel Beaumont, priores provinciales de las provincias de San Nicolás de Tolentino, de San José y de Nuestra Señora de la Consolación, respectivamente, que han de recibir la profesión de votos de los novicios y los incardinarán a una u otra de las provincias.

Los ritos se desarrollan con sosiego y solemnidad, a lo que contribuyen de forma destacada los cantos preparados con esmero para la fiesta y el canto del evangelio por el diácono Antonio Antón.

En la homilía Jiménez alude al simbolismo del número doce, de tantas resonancias bíblicas: doce las tribus de Israel, doce los apóstoles, doce el número de los novicios que emitirían su profesión. Como los apóstoles fueron «nombrados» por Jesús y procedían de sitios distintos, igualmente Jesús “os ha nombrado a cada uno de vosotros, que procedéis de lugares distintos: Perú, Venezuela, México, Costa Rica, Inglaterra y Haití”. Pertenecéis a tres provincias agustino-recoletas distintas, lo cual tiene también un valor especial. Monteagudo, que es la casa-madre de toda la Orden, se convierte esta tarde en un símbolo del ayer y del futuro.

Recuerda Jiménez cómo los doce a lo largo del noviciado han tenido una experiencia de comunidad y una vivencia de interioridad, y han efectuado su discernimiento vocacional, pero que su estado presente no debe ser como el de un estudiante que ha superado el curso, sino que “su estado anímico es como el de los enamorados que quieren hacer público su amor y por esto hacen una fiesta”.

“¿Cuáles son los motivos de la fiesta?”, se pregunta el homileta, que responde acudiendo a algunas de las razones que los mismos candidatos indicaron para su admisión al noviciado. La primera frase citada fue “busco ser feliz y la OAR (Orden de Agustinos Recoletos) me ofrece las condiciones para lograrlo”. El comentario de Jiménez fue subrayar que la OAR es un camino de felicidad; que decir sí a Jesús es preferir la OAR como mi camino de seguimiento, desechando otros posibles.

El predicador hizo referencia a otra razón dada por otro de los jóvenes deseosos de comenzar el noviciado: “Me siento llamado por Jesús; quiero responder a una propuesta de Jesús”, afirmación esta que le llevó a Jiménez a subrayar que la vocación es un don, una gracia, una respuesta a Alguien, que nos llama.

Otro de los candidatos para comenzar el noviciado y que estaba a punto de profesar escribió en su momento: “No quiero vivir para mí sino para los demás”, palabras que le brindaron a Jiménez la oportunidad de poner de relieve el aspecto de la fraternidad, característica típica de la comunidad OAR, vivir en comunidad de hermanos. “La comunidad agustino-recoleta quiere ser, ha de ser, recalcó el presidente de la asamblea, hogar y taller. Todos hemos de aportar a la comunidad, todos debemos construir la comunidad mediante la vivencia del amor como consagrados al Señor en castidad, pobreza y obediencia”.

Alude el provincial de San Nicolás de Tolentino a su reciente viaje a China, donde vive una docena de frailes agustinos recoletos que no han podido disfrutar de una formación tan estupenda como los que se han formado en Monteagudo, pero que mantienen un amor entrañable a la OAR, “imbuido sin duda por monseñor Nicolás Shi”. “Vuestra preparación es a todas luces mucho mejor, lo cual debe llevaros a una mayor fidelidad”.

Jiménez agradece a los padres de los profesandos su generosidad, pero también anima a los padres presentes a que vivan este acontecimiento con alegría, a que lo tomen como un motivo de honor y hasta de orgullo y les exhorta a vivir los valores cristianos en el ámbito familiar. Pide a todos que oren por los jóvenes que van a profesar, cerrando la homilía con una frase de san Agustín: “Ya sabéis lo que queremos; orad para que lo consigamos”.

A la homilía le siguieron los ritos de la profesión que harían uno tras otro los doce novicios: lectura pública y firma de la fórmula de la profesión, vestición del hábito y entrega de las Constituciones de la OAR. Con el rito del abrazo de acogida en la comunidad se cerró la ceremonia de la profesión. La misa siguió su ritmo normal.

Antes de finalizar la celebración, como acción de gracias, en atención a la familia del neoprofeso Douglas Beard, inglés, se cantó como acción de gracias el canto “Amazing Grace, how sweet the sound”.

Unas breves intervenciones de José Ramón Pérez, de Manuel Beaumont y de Miguel Ángel Tejada, prior de la comunidad de la casa-noviciado, precedieron a la solemne bendición final.

Vueltos todos los celebrantes hacia la imagen de la Virgen del Camino, toda la asamblea cantó enfervorizada la Salve, con que terminó la prolongada celebración.

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