Capítulo General 0AR 2010 (4)

agosto 9, 2010

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R. P. Prior General y P. Prior Provincial de Santa Rita

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54º Capítulo General OAR 2010

A TRES MESES…

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“El capítulo general es la autoridad suprema de la Orden y ha de ser signo de unidad en la caridad. En él debe haber una adecuada representación de toda la Orden. Cometido suyo es examinar el estado de la misma y la actuación del gobierno general durante el sexenio, promover la unión y colaboración de todos los hermanos y provincias para el bien común, defender el patrimonio de la Orden e impulsar la acomodada (necesaria) renovación de la misma, revisar todo lo relativo a la formación, para mantenerlo siempre actual, tratar los asuntos más importantes y elegir al prior general y a los demás miembros de su consejo” (Constituciones 336).

“Es preciso prepararlo con sumo cuidado, ya que las cuestiones y asuntos que en él hay que tratar son de máxima importancia” (ib. 338).

El final de un sexenio se presenta y se siente lleno de recuerdos y nostalgias y, también, de agradecimiento, de esperanza y de sabiduría, de desarraigo y de serena confianza, de soledad sufrida y, por supuesto, de soledad fecunda. Es el tiempo, ahora mismo, de volver a Dios como Orden pero con amor, con las manos abiertas y el corazón lleno de ilusión: “lo que pertenece en concordia a muchos, pertenece en totalidad a cada uno” (Sermón 88, 18).

Y, todo esto, y antes de nada, para humanizar la Orden. Es la oportunidad providencial de captar la verdad más profunda de nuestra condición humana en una vida consagrada agustino-recoleta, como memoria de la historia y de nuestras raíces más hondas, y como testigos comprometidos ya que “tenemos puesta la esperanza en el Dios vivo”.

Es un objetivo prioritario de la Orden como tal que, consciente de su propia vulnerabilidad, se quiere responsabilizar y comprometer a sacar lo mejor de sí misma: “una familia religiosa, suscitada bajo el impulso del Espíritu Santo y aprobada por la autoridad de la Iglesia” (Constituciones 6).

En el planteamiento de las prioridades, y a tenor de lo establecido en las Constituciones, el capítulo general está obligado a un discernimiento profético, nunca acomodaticio, para discernir claramente las diferencias entre el mensaje evangélico del seguimiento a Jesús en el carisma oar y el modo concreto como ese mensaje se está viviendo actualmente en la Orden.

Aquí es conveniente señalar una palabra que define el presente y el futuro de la Orden: vivificar. La Orden no puede estar ajena a la Iglesia y a una sociedad que están viviendo en una hora convulsa y que requieren, cuanto antes, decisiones y compromisos tajantes, hondamente personalizados. Dios llama a la Orden a “reconstruirse vivificándose”, aunque la expresión pueda extrañar.

Lenguaje como éste implica una fe desbordada que no olvida la vuelta a la fundamentalidad del evangelio y, en nuestro caso, a la fundamentalidad de la recolección. Tal fe exige el desprendimiento de todo cuanto estorba y obstaculiza el camino: “y a fin de buscar con empeño la caridad perfecta, sirviendo a Dios y a la Iglesia en comunidad de hermanos, me entrego de corazón a esta familia, hasta hacernos todos nosotros una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios” (ib. 37).

Desde el inicio de la recolección, el agustino recoleto puede pensar en esta perspectiva, vivir con audacia la renovación humana y espiritual y entrar en la misión que le compete en la Iglesia.

Quremos que el capítulo general conlleve como una inyección del Espíritu porque es el único modo de afrontar el primer tema como razón de todo: la identidad carismática agustino-recoleta; hoy por hoy, muy diluida y totalmente necesitada de conocimiento y profundización.

La Orden requiere en toda ella y, de una manera particular en el capítulo general, hermanos con un estilo de vida, intuición y humanismo esencialmente evangélicos y agustinianos, que se conviertan en clave de interpretación del modelo del seguimiento de Cristo y de su encarnación viva y real en la vida de los hermanos de hoy y de siempre, según “el estilo propio de santificación y apostolado de la Orden (que) requieren a ésta una inserción precisa en la vida de la Iglesia” (ib.283).

Desde el Objetivo hay que plantearse las líneas básicas de “saber y querer volver a las fuentes” para salir de las propias seguridades. Sería un grave pecado oponerse a lo que el Espíritu puede decir hoy a la Orden.

Por eso es tan importante la preparación del Capítulo en lo relativo a una mentalización de las comunidades, a la disposición espiritual y puesta a punto de los hermanos capitulares en todas las cuestiones que se van a estudiar y debatir en el aula capitular; sin olvidar la oración incesante.

¿Hacia dónde esperamos mirar? Todos tenemos que partir de una mentalidad profética siempre que el corazón esté dispuesto a escuchar lo que el Señor nos está recordando, hoy, aquí y ahora. Modestamente creo que ese recordatorio se puede concretar en estos puntos:

1. “la vocación es moción de la gracia” (ib. 31),

2. “la comunidad surgida como fruto del Espíritu Santo que renueva la Iglesia sin cesar, se muestra dócil a la acción divina” (ib. 22),

3. “la comunidad es apostólica y su primer apostolado es la comunidad” (ib. 25),

4. “no solo los religiosos en particular sino las mismas comunidades den testimonio colectivo de pobreza evangélica ante el pueblo de Dios” (ib. 51),

5. “cuanto más sincera e incisamente cultiva la comunidad el espíritu y la práctica de la oración, con más propiedad merece ser llamada comunidad orante y cultual” (ib. 64),

6. “la formación es una tarea que afecta a los individuos, a las comunidades locales, a las provincias y a toda la Orden. Obliga por tanto a todos a la búsqueda de la voluntad de Dios y a asumir las iniciativas apostólicas apropiadas, dentro de las características de nuestra peculiar manera de vivir” (ib. 122),

7. “el espíritu agustino recoleto resplandezca en las actividades apostólicas, siguiendo el espíritu de san Agustín” (ib. 282),

8. “la casa sea una comunidad de hermanos” (ib. 429),

9. “pongan todos los religiosos cuidadoso empeño en conservar la santidad de vida y la paz de los hermanos y en mantener a la comunidad como miembro sano de la Iglesia” (ib. 497).

La mentalidad profética, a la luz de los textos citados, se arriesga luego a denunciar todo aquello que no se ajusta al ser original de la Orden ni secunda las expectativas de la Iglesia. Por eso mismo las líneas básicas del capítulo nunca pueden estar supeditadas por las inquietudes, que más bien son ráfagas oportunistas, sino por cuestiones de fondo.

Y la fundamental línea básica es ser honestos y valientes para afrontar un itinerario nuevo y renovado (cf. experiencia de 1588) de la identidad agustino-recoleta que responda en verdad al momento histórico que nos toca vivir, para “no oponernos al Espíritu Santo”.

En unas líneas básicas no se puede estar a doble juego: se resuelve el tema con un sí totalizante, sin parches, y se pasa a iniciar una experiencia de vida en el ámbito de la propia identidad. De hecho hay un posible abanico, no tanto de temas como de sentidos y aspectos de la vida consagrada, que el Capítulo, debe afrontar, como son:

– renovar en la actualidad la vigencia del carisma agustino recoleto

– señalar el marco verdadero de la identidad

– una formación exacta sobre la “pertenencia” a la Orden

– el sentido de comunión de vida

– la “presencia” de la Orden en base a su esencialidad y no según su utilidad

– la renovación del “carácter misionero” de la Orden

– definir los caminos exactos para actualizar la “recolección” en su originalidad

– crear y ofrecer un ambiente agustino recoleto de interioridad

A tres meses de la celebración del Capítulo examinemos todos nuestro amor a la Orden. Si es nuestra familia religiosa debe contar con nuestra fidelidad y nuestra oración pidiendo el “influjo carismático del Espíritu” que haga resurgir a la Orden desde las entrañas de la historia de la salvación.

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