Iglesia Católica sobrevivió al nazismo y sobrevivirá a Obama, dice Obispo

mayo 8, 2012
En toda su historia la Iglesia Católica ha recibido intensos ataques

En toda su historia la Iglesia Católica ha recibido intensos ataques


WASHINGTON D.C., 19 Abr. 12 (ACI/EWTN Noticias) .- El Obispo de Peoria, Illinois (Estados Unidos), Mons. Daniel Jenky, afirmó que en toda su historia la Iglesia Católica ha recibido intensos ataques, incluidos los del nazismo y del comunismo a los que sobrevivió, por lo que también sobrevivirá al embate abortista del presidente estadounidense Barack Obama.

En la Misa que presidió en el marco de la celebración anual de la marcha “Un llamado a los Hombres Católicos de Fe”, Mons. Jenky recordó que “durante 2 mil años, los enemigos de Cristo han hecho su mejor esfuerzo. Pero piénsenlo. La Iglesia sobrevivió e incluso floreció durante siglos de terrible persecución en la época del Imperio Romano”.

“La Iglesia sobrevivió invasiones bárbaras. La Iglesia sobrevivió ola tras ola de jihads (“guerras santas” islámicas). La Iglesia sobrevivió la era de la revolución. La Iglesia sobrevivió el nazismo y el comunismo”.

El Prelado remarcó que “en el poder de la resurrección, la Iglesia sobrevivirá al odio de Hollywood, la malicia de los medios de comunicación y la maldad embustera de la industria del aborto”.

Mons. Jenky afirmó que “la Iglesia sobrevivirá a la corrupción reinante y la absoluta incompetencia de nuestro gobierno del estado de Illinois, e incluso el desprecio calculado del Presidente de los Estados Unidos, sus burócratas nombrados en el departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS por sus siglas en inglés), y de la actual mayoría del Senado federal”.

“Que Dios tenga misericordia de las almas de aquellos políticos que fingen ser católicos en la Iglesia, pero en su vida pública, como Judas Iscariote, traicionan a Jesucristo por la forma en que votan y la forma en que voluntariamente cooperan con el mal intrínseco”.

El Obispo de Peoria recordó que tenemos que amar a nuestros enemigos y rezar por quienes nos persiguen, “pero como cristianos debemos también ponernos de pie por lo que creemos y siempre estar listos para pelear por la fe“.

Los días en que vivimos requieren de heroísmo católico, no catolicismo ocasional. No podemos ser por más tiempo católicos por accidente, sino católicos por convicción”.

Mons. Jenky remarcó que debemos ser testimonio del Señorío de Jesucristo, tanto en nuestras familias, en nuestras parroquias y donde vivamos y trabajamos, “como la primera generación apostólica”.

Tenemos que ser un ejército valiente de hombres católicos, dispuestos a dar todo lo que tenemos para el Señor, que lo dio todo por nuestra salvación”.

El Prelado estadounidense recordó que tanto Adolf Hitler como Joseph Stalin apenas toleraron que algunas iglesias permanecieran abiertas, pero no toleraron ninguna competencia contra el estado en educación, servicios sociales y cuidado de la salud.

“En clara violación de nuestros derechos por la Primera Enmienda (de la Constitución de Estados Unidos), Barack Obama, con su agenda radical, pro-abortista y extremadamente laicista, ahora parece intentar seguir un camino similar”.

Mons. Jenky señaló que la situación en Estados Unidos ante el régimen de Obama ha llegado a un extremo tal “que esta es una batalla que podríamos perder, pero ante el tribunal impresionante de Dios Todopoderoso no se trata de una guerra donde cualquier católico creyente puede permanecer neutral“.


Sorprendente, difícil y posible: tres palabras para describir a la Iglesia en China

abril 24, 2012

Cardenal John Tong Hon, obispo de Hong Kong


Entrevista con el nuevo cardenal John Tong Hon, obispo de Hong Kong

Por Gianni Valente/30 Días


El cardenal John Tong Hon se presenta como una persona sencilla y risueña. Prefiere las maneras suaves y un estilo low profile. De entre los nuevos cardenales creados por Benedicto XVI en el Consistorio del 18 de febrero de 2012, su biografía se distingue por varios motivos: jugador de baloncesto, experto en el pensamiento taoísta y confuciano, cristiano “de segunda generación”.

Pero ahora, el actual obispo de Hong Kong será para todos más que nada el séptimo cardenal chino en la historia de la Iglesia. Llamado a ofrecer con mayor intensidad y autoridad su aportación de consejos y valoraciones equilibradas con respecto a la cuestión crucial de las relaciones entre la Santa Sede, la Iglesia de China y el gobierno chino.

Usted es ahora obispo y cardenal. Pero si observamos su biografía, vemos que sus padres no procedían de familias cristianas. Ninguno de sus abuelos estaba bautizado.

JOHN TONG HON: Así es. Fue mi madre la primera en entrar en contacto con la fe católica. De muchacha iba a las escuelas superiores de las hermanas canosianas, donde también había muchas religiosas italianas. Una vez conoció incluso al nuncio en China, que visitaba su escuela: las hermanas la habían elegido a ella para que ofreciera flores al representante del Papa. Y ella estaba muy orgullosa de ello. También había comenzado a estudiar catecismo, pero sin recibir inmediatamente el bautismo, porque en su familia nunca había habido ningún católico. Se bautizó sólo tras la Segunda Guerra Mundial, cuando yo ya tenía seis años.

Los años de su infancia fueron tremendos.

Cuando los japoneses conquistaron Hong Kong escapamos a Macao. Luego a mí me llevaron con mi abuela paterna, que vivía en un pueblo de Guangdong. Sólo al terminar la guerra pude volver a reunirme con mis padres en Cantón. Eran los años de la guerra civil. Comunistas y nacionalistas guerreaban en el norte. A las provincias del sur, mientras tanto, llegaban los refugiados y los soldados heridos. Los misioneros americanos que estaban en Cantón acogían y ayudaban a todos aquellos que lo necesitaban, sin hacer distinciones. También mi madre y yo los ayudábamos a distribuir las ayudas a los supervivientes y los refugiados. Viendo el testimonio de mi párroco Bernard Meyer y de sus hermanos misioneros de Maryknoll, comencé a pensar que yo también, de mayor, podría ser sacerdote.

Estudió usted en Roma precisamente durante los años del Concilio Vaticano II

El Concilio me ayudó mucho a ampliar mi mente. Fui ordenado sacerdote, el Concilio había sido clausurado pocas semanas antes, por el papa Pablo VI el 6 de enero de 1966, con otros 61 diáconos de 23 países de misión, todos estudiantes de Propaganda Fide.

Casi medio siglo después, en el último Consistorio, fue usted quien intervino ante el Sacro Colegio para explicar la situación de la Iglesia en China. ¿Qué les dijo a sus colegas cardenales?

Para describir la situación en China utilicé tres palabras. La primera es wonderful, sorprendente. Es algo sorprendente que en los últimos decenios la Iglesia en China haya crecido y siga creciendo, pese a estar sometida a tantas presiones y restricciones. Este es un hecho objetivo que se puede demostrar con números. En 1949 los católicos en China eran 3 millones, ahora son por lo menos 12 millones. En 1980, después de comenzar la reapertura emprendida por Deng Xiaoping, los sacerdotes eran 1.300. Ahora son 3.500. Y luego hay 5.000 monjas, dos tercios de las cuales pertenecen a las comunidades registradas ante el gobierno.

Y también 1.400 seminaristas, de los que mil se están formando en los seminarios financiados por el gobierno. Hay diez seminarios mayores reconocidos por el gobierno y seis estructuras similares ligadas a las comunidades clandestinas. Desde 1980 hasta hoy han sido ordenados tres mil nuevos sacerdotes, y 4.500 monjas hicieron sus votos. El 90 por ciento de los sacerdotes tiene una edad comprendida entre los veinticinco y los cincuenta años.

Así que, ¿todo bien?

La segunda palabra que utilicé para describir la situación de la Iglesia en China fue la palabra difficult, difícil. Y la prueba más difícil que la Iglesia tiene que afrontar es el control impuesto a la vida eclesial por el gobierno mediante la Asociación patriótica de los católicos chinos (AP).

Cité una carta que me envió un obispo muy respetado de la China continental, que escribía: «En cada país socialista el gobierno recurre al mismo método, usando a algunos cristianos de fachada para crear organizaciones ajenas a las estructuras propias de la Iglesia para que controlen la Iglesia».

La Asociación patriótica es un ejemplo de este modus operandi. Y en la carta del Papa a los católicos chinos publicada en junio de 2007 está escrito que estos organismos no son compatibles con la doctrina católica. Se vio de nuevo en las ordenaciones episcopales ilegítimas impuestas a la Iglesia entre 2010 y 2011.

Pero ¿por qué la superpotencia china siente aún la necesidad de mantener la vida de la Iglesia bajo un control tan férreo?

Según los análisis llevados a cabo por Leo Goodstadt –el conocido estudioso de Hong Kong que fue también asesor del último gobernador británico Chris Patten–, hay varias razones. Los regímenes comunistas temen la competencia de la religión a la hora de influir en las mentes de las personas, en sus ideas, y eventualmente en sus acciones. Se dan cuenta de que las religiones no están desapareciendo de las sociedades humanas, sino que el número de los seguidores de las religiones está aumentando.

Y después del 11 de septiembre la inquietud ha ido creciendo, pues se ha vuelto a ver que las ideas religiosas pueden también empujar a hacer la guerra. En fin, los nuevos líderes que se preparan para tomar posesión en 2012 en este momento han de demostrar que son leales comunistas.

Como escribió claramente el Papa en su Carta a los católicos chinos, «la misión de la Iglesia católica en China no es la de cambiar la estructura o la administración del Estado, sino la de anunciar a Cristo a los hombres». ¿Cómo es posible que el gobierno de una nación poderosa como China tenga miedo de las interferencias políticas del Vaticano?

Vivimos en la sociedad y nuestra vida real tiene que ver necesariamente con la dimensión política. Pero seguro que la Iglesia no es una entidad política. No es precisamente problema nuestro el cambiar los sistemas políticos. Y además, en nuestro caso, la cosa sería completamente imposible.

Volvamos a su intervención en el Consistorio. ¿Cuál fue su tercera palabra?

La tercera palabra que utilicé para describir la situación de la Iglesia en China es la palabra possible, posible. Para que se entendiera el motivo de esta opción, leí otros fragmentos de la carta del obispo que antes cité. Aquel obispo se definía sereno y confiado con respecto al presente, porque miraba a los problemas de hoy partiendo también de las experiencias que vivió en los atormentados decenios de la persecución, entre 1951 y 1979.

En aquellas duras pruebas pasadas, él había podido experimentar que todo está en las manos de Dios. Y Dios puede disponer las cosas de modo que también las dificultades puedan al final concurrir al bien de la Iglesia. Así vemos que de por sí no es el aumento de los controles lo que puede apagar la fe. Antes al contrario, puede ocurrir que el efecto sea el de hacer crecer la unidad en la Iglesia.

De este modo, el futuro puede presentarse incluso luminoso. Y nosotros podemos esperar con confianza la gracia de Dios. Quizá la solución de ciertos problemas no llegue mañana. Pero tampoco hay que esperar un tiempo demasiado lejano.

Hay quien dice que a la hora de afrontar los problemas hay que optar entre dos caminos alternativos: o el camino del diálogo, o el de la defensa de los principios. Pero, según usted, ¿son realmente incompatibles las dos cosas?

Yo por mi parte estoy intentando ser moderado. Es preferible ser paciente y abierto al diálogo con todos, incluso con los comunistas. Estoy convencido de que sin diálogo ningún problema puede resolverse realmente. Pero mientras nosotros dialogamos con todos, deberíamos mantener firmes al mismo tiempo nuestros principios, sin sacrificarlos.

Esto significa que, por ejemplo, un nuevo obispo puede aceptar la ordenación episcopal sólo si el Papa está de acuerdo. A esto no podemos renunciar. Forma parte de nuestro Credo, en el que confesamos la Iglesia como una, santa, católica y apostólica. Y además también la defensa de la vida, los derechos inviolables de la persona, la indisolubilidad del matrimonio… No podemos renunciar a las verdades de fe y de moral tal y como están expuestas también en el Catecismo de la Iglesia católica.

A veces se tiene la impresión de que algunos ambientes católicos de Hong Kong tienen la tarea de “medir” el grado de catolicidad de la Iglesia de China. ¿Es ésta la misión de la Iglesia de Hong Kong?

La fe no procede de nosotros. Procede siempre de Jesús. Y nosotros no somos los controladores ni los jueces de la fe de nuestros hermanos. Nosotros somos sencillamente una diócesis hermana con respecto a las diócesis que hay en el continente. De este modo, si ellos quieren, nosotros estamos encantados de compartir con ellos nuestro camino y nuestro trabajo pastoral. Y si ellos se encuentran en situaciones más difíciles, mientras nosotros gozamos de mayor libertad, nuestra intención es sólo intentar favorecerles. Rezando para que todos puedan mantener la fe incluso bajo las presiones a las que están sometidos.

En ciertos comentarios siempre se habla de una amplia área eclesial en China como si estuviera fuera de la fidelidad a la Iglesia. Al mismo tiempo, se reconoce la gran devoción de los católicos chinos. ¿Cómo pueden ir juntas ambas cosas?

Nunca me parece apropiado hablar de China, que es tan grande, de manera tan omnicomprensiva y genérica. No me convencen las afirmaciones según las cuales «en China la fe es fuerte», ni tampoco las que enfatizan lo contrario. Todo depende de las personas. Hay muchos buenos testigos de la fe, que ofrecen su vida y sus sufrimientos a Jesús. Y luego hay también otras personas que, empujadas por la presión ambiental, sacrifican los principios. Son sólo algunos. Por ejemplo, los sacerdotes que han aceptado recibir la ordenación episcopal sin la aprobación del Papa. Esto no puede ser bueno, y nosotros hemos de decirlo.

Precisamente sobre los jóvenes obispos se concentra la atención de muchos. Según algunos serían frágiles, y entre sus filas habría incluso algunos oportunistas. ¿Qué hacer con éstos? ¿Aislarlos? ¿Condenarlos? ¿Justificarlos siempre y en todo caso?

No, no, ningún aislamiento. En primer lugar, recemos por ellos. También por los que han cometido errores evidentes. Y si alguien puede acercarse a ellos, y puede convertirse en amigo de ellos, que los exhorte a reconocer lo que ha habido de no correcto en sus decisiones. Y también a mandar una carta a las autoridades para explicar cómo sucedieron los acontecimientos y a ser posible pedir perdón. Esta es sencillamente una forma de corrección fraterna.

Las divisiones entre los dos grupos de católicos, los llamados “oficiales” y los llamados “clandestinos”, ¿tienen como único factor desencadenante las presiones y las sumisiones impuestas por el gobierno?

Por desgracia no. Hay también muchas otras razones.

También en China crece el fenómeno de los sitios web que atacan con argumentos doctrinales y morales a los católicos –empezando por los obispos– acusados de haber traicionado la fe y a la Iglesia por oportunismo o cobardía, cediendo a las ilícitas pretensiones del régimen. ¿Qué piensa usted?

Pienso que la corrección fraterna de la que hablaba antes se hace con el diálogo, no con los ataques por internet.

Las dificultades vividas por la Iglesia en China afectan al vínculo de comunión con el obispo de Roma. Con el paso del tiempo, ¿ve usted el peligro de que ese vínculo se perciba con menos intensidad entre el clero y entre los fieles?

En China sigo viendo una gran devoción por el Papa. Aman al Santo Padre, esto es seguro. Están presionados en este punto. Se obstaculiza su deseo de mantener contactos normales con el sucesor de Pedro. También por este motivo su deseo se hace más fuerte. Yo diría que es casi natural.

Quisiera hacerle una pregunta sobre algo que pasó hace bastante tiempo. ¿Es cierto, eminencia, que estaba usted presente en la ordenación episcopal del obispo Aloysius Jin Luxian, hace veintisiete años?

Sí, yo estaba en aquella misa. Era el año 1985. Yo entonces era sacerdote de la diócesis de Hong Kong y desde 1980 dirigía el Holy Spirit Study Centre [el importante centro de investigación sobre la vida de la Iglesia en China, n. de la r.]. Jin me pidió que estuviera presente. Quería mi apoyo en aquel momento. Me había contado que había estado en la cárcel, que quería conservar su fe y su comunión con la Iglesia universal y que iba a mandar cartas a Roma para confirmar su sumisión a la Sede apostólica y al primado del Papa.

Decía que se lo había pensado concienzudamente, y que en aquel momento histórico le parecía que no había otro camino que el de aceptar la ordenación episcopal. Dadas las circunstancias, le parecía una decisión obligada para mantener la diócesis de Shangai y salvar el seminario. Hace siete años la Santa Sede aceptó su petición y lo reconoció como legítimo obispo de Shangai. Pero esto es agua pasada. Ahora hay que mirar al futuro…

Precisamente mirando al presente y al futuro, ¿qué ha aprendido de las experiencias de aquellos tiempos?

He aprendido que time can prove, el tiempo puede demostrar las cosas. A veces sólo a largo plazo puedes darte cuenta de si una cosa es justa o equivocada, de si una decisión estuvo dictada por buenas razones o no. En la inmediatez transitoria del momento no puedes juzgar con claridad cómo están las cosas. Pero a largo plazo sale a relucir si por lo menos la intención del corazón era buena. A veces en China las situaciones son complicadas. Estamos sometidos a presiones, no se encuentran personas con las que dialogar. Pero si se toman decisiones con el amor a Jesús y a la Iglesia en el corazón, la intención justa al final estará a la vista de todos a largo plazo.

Y esto, con respecto a los controvertidos acontecimientos que afectan a la catolicidad china, ¿qué comporta?

No podemos obstinarnos en un solo punto, no podemos criticar cada decisión y pretender que cada gesto y cada decisión tomada por los miembros de la Iglesia en China sean siempre perfectos, en cada instante y en cada situación. Somos seres humanos, ¡somos seres humanos! Todos nosotros nos equivocamos y caemos muchas veces por el camino. Pero luego se puede pedir perdón. Pero si cada error queda aislado y se convierte en motivo de condena sin apelación, ¿quién puede salvarse?

A largo plazo es como se ve si un sacerdote o un obispo tienen en su corazón un propósito bueno. Se ve si lo que hacen lo hacen por amor de Dios, de la Iglesia y del pueblo, pese a todos sus errores humanos. Esto es importante: descubrir que las personas perseveran en la fidelidad porque les mueve el amor de Jesús, incluso en las situaciones difíciles. Al final todos lo verán. Y por supuesto lo ve Dios, que escruta el corazón de cada uno de nosotros.

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Magnate del aborto en España será juzgado por 101 delitos

marzo 15, 2012

Carlos Morín

BARCELONA, 05 Mar. 12 / 10:57 am (ACI/Europa Press).- El médico peruano Carlos Morín, acusado de liderar una trama de abortos ilegales en Barcelona, será juzgado a partir del 14 de septiembre por 101 delitos de aborto ilegal en el que será un macrojuicio de tres meses de duración.

En el juicio, en el que están imputados 12 colaboradores, se darán cita más de 115 testigos, tras la larga instrucción iniciada por el Juzgado de Instrucción 33 de Barcelona a mediados de 2007.

La Fiscalía ha pedido 309 años de cárcel para Morín, acusado de delitos de aborto, asociación ilícita y un delito continuado de falsedad documental, por los abortos practicados en sus clínicas hasta 2007 y destapados por una televisión pública danesa.

Morín y su equipo, que facilitaron abortar a embarazadas de más de siete meses y medio –según consta en los escritos del sumario–, justificaban los abortos más allá de las 22 semanas acogiéndose al supuesto de la antigua ley del aborto española que permitía el aborto sin límite si éste ponía en grave riesgo la salud física y psíquica de la madre.

En la mayoría de los casos, los médicos y colaboradores practicaban los abortos sin que las mujeres fueran visitadas por un psiquiatra que pudiera acreditar este riesgo, contando precisamente con dos de estos profesionales –Pascual Javier Ramón Mora y Javier Carrato– para firmar acreditaciones sin mediar visita.

De igual forma, se realizaban abortos acogiéndose al supuesto de que el bebé nacería con graves taras físicas o psíquicas sin que se incorporase al expediente dictamen previo emitido por los profesionales.

El médico peruano admitió en su declaración ante la juez instructora del caso, Elisabet Castelló, haber atendido últimamente en sus centros a “una gran población de menores”, llegando a facilitar el aborto a adolescentes de 13 años.

En su declaración, integrada en el voluminoso sumario del caso de más de 4.000 páginas, Morín también reconoció prácticas de abortos a embarazadas de siete meses y medio, 29 semanas, en sus clínicas “el último mes” previo a su comparecencia.

www.aciprensa.com


Los nuevos herejes

febrero 19, 2012

Primer lugar en la carta de derechos

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Medidas contra la libertad religiosa en Estados Unidos

Artículo de Rafael Navarro-Valls, miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, en el que analiza lo que está sucediendo en Estados Unidos en relación a uno de los principios constituyentes del país, la libertad religiosa.

ZENIT.org

Algo extraño está ocurriendo en EE.UU. con la primera de las libertades, es decir, la libertad religiosa. Por un lado, la sociedad está arrinconando los últimos rescoldos de la intolerancia religiosa, admitiendo, sin demasiados problemas, la condición de mormón o de católico en los candidatos a la presidencia. Al tiempo, el Tribunal Supremo ratifica la importancia de la libertad religiosa, dictando una importante sentencia -con sorprendente unanimidad, en un tribunal habitualmente dividido- a favor de que las organizaciones religiosas puedan despedir empleados por motivos de coherencia de vida, ortodoxia en su labor de enseñanza o comportamiento. El Supremo (s. 12 de enero 2012) considera que por encima de normas sobre discriminación laboral está la primera enmienda a la Constitución, que garantiza la libertad religiosa.

Sin embargo, la administración Obama parece ir contracorriente, con una serie de medidas que están produciendo reacciones en cadena entre los obispos estadounidenses y en el mismo Vaticano. Así, en pocos días, el arzobispo de Nueva York y presidente de la Conferencia Episcopal estadounidense, cardenal Timothy Dolan, y el arzobispo de Los Ángeles, monseñor José H. Gómez, han intervenido contundentemente contra normas federales que prohíben a centros médicos vinculados con la Iglesia negarse a facilitar el aborto –si en ellos se atiende a personas que no son de la Iglesia–, o que imponen como norma dar a empleados de instituciones religiosas (colegios, asilos, hospitales, universidades, etc.) un pago para servicios de “control de la natalidad” (abortos, esterilizaciones, píldoras abortivas, etc.), como parte de un paquete de seguros.

La primera de las libertades

“Esto no debería suceder en una tierra donde el libre ejercicio de la religión ocupa el primer lugar en la carta de derechos”, subrayó Dolan. Hace unos meses, la propia Conferencia Episcopal había creado una comisión especial para la libertad precisamente por el número “creciente de programas y políticas federales que amenazan los derechos de conciencia, o que pueden socavar el principio fundamental de libertad religiosa”.

Por su parte, Benedicto XVI en un discurso a los obispos católicos de Estados Unidos en visita ad limina, manifestó su preocupación por “algunos intentos de limitar la más querida de las libertades americanas, la libertad religiosa. Muchos de vosotros habéis señalado que ha habido un esfuerzo coordinado para denegar el derecho a la objeción de conciencia a personas e instituciones católicas en lo que se refiere a la cooperación en prácticas intrínsecamente malas. Otros me han hablado de una preocupante tendencia a reducir la libertad religiosa a mera libertad de culto sin garantías de respeto a la libertad de conciencia”.

Es sintomático que Benedicto XVI una libertad religiosa y objeción de conciencia. La razón estriba en que el último reducto defensivo de los ciudadanos frente a los ataques legales a sus convicciones más profundas es, precisamente, los resortes de que dispone la conciencia herida, que puede reaccionar negándose a acatar la ley, cuando esta se convierte en un “simple procedimiento de gobierno” para transmitir consignas ideológicas con precipitación y, a veces, con vulgaridad. Es lo que acaba de ocurrir en el caso de Julea Ward, decidido hace unos días ( 27 de enero de 2012 ) por sentencia de un Tribunal federal de Apelación. Conviene detenerse en él, pues apunta a discriminaciones que sufren los objetores como si fueran una especie de “nuevos herejes”.

Objeción de conciencia y libertad religiosa

Julea Ward era una estudiante en un programa de asesoramiento (terapia) de la Eastern Michigan University. Fue expulsada del programa después de que solicitara permiso para transferir a un cliente homosexual a otro terapista. Ella, refiriéndose a sus creencias cristianas, estaba dispuesta a aconsejar a los pacientes, pero siempre que ese consejo no supusiera “reafirmar” sus comportamientos homosexuales. La Universidad inició un proceso de carácter administrativo, que concluyó con la decisión de dar de baja a la estudiante, motivándola en el argumento de que sus convicciones de conciencia no eran acordes con las normas profesionales de una terapista. La estudiante entabló una demanda ante el tribunal federal, alegando una violación de sus derechos constitucionales a la libre expresión y el ejercicio libre de la religión.

Después de una instancia contraria, el tribunal de apelación (Corte de Apelación para el Sexto Circuito) decidió otorgar el amparo a la objetora. El tribunal critica que la universidad hiciera una excepción en sus normas para respetar las diferencias de opinión de las personas en cuestiones seculares pero no en cuestiones religiosas: esto –concluye- no es respetar las diferencias sino imponer una ortodoxia. Para el Tribunal, “ una universidad no puede obligar a un estudiante a alterar o violar sus sistemas de creencias, como precio para la obtención de un grado”. Se entiende así, que los abogados defensores adujeran que, en el caso Ward, la Universidad denunciante invocaba sesgadamente los códigos de ética profesional “como si fueran códigos que prohíben la blasfemia y que permiten castigar como herejes a los discrepantes”.

La estrella polar de las democracias

Tienen razón. Cuando una sociedad democrática sensata renuncia imponer su voluntad a las minorías disidentes, no da muestras de debilidad sino de fortaleza. El recurso a la objeción de conciencia confirma la vitalidad de la democracia, al garantizar uno de los elementos políticos que lo fundamentan: el respeto a las minorías. Un objetor no es un hereje disidente al que hay que exterminar, es, al contrario, alguien que acepta el sistema legal de forma madura y ética, ya que apunta hacia los valores sin limitarse a la pura formalidad de la regla objetiva. Vistas así las cosas, en el conflicto entre ley y conciencia no hay que ver una especie de contienda entre interés privado e interés público. Lo que existe es una confrontación entre dos intereses públicos: pues también lo es la salvaguardia de ámbitos individuales de autonomía en el marco democrático.

La libertad de conciencia es la “estrella polar” de las leyes morales, que permite al hombre ser lo que es y llegar a un destino cierto. Ignorarla a través de normas de “obligado cumplimiento”, supone ignorar lo que es la naturaleza del hombre. De ahí que desde instancias muy diversas se apela al derecho como un instrumento mediante el que la sociedad trata de organizarse a sí misma, en torno a unos valores que son esencialmente éticos. Valores cívicos, desde luego, pero que frecuentemente tienen origen religioso. Descartar la conciencia individual es una potencial discriminación contra minorías religiosas. De ahí la importancia que el tema va adquiriendo en Estados Unidos y, en general, en todo Occidente.


El secreto de aquella revolución única: Acerca de la película de Popieluszko

febrero 16, 2012

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Por José Luis Restán, director editorial de la Cadena Cope, en Páginas Digital del 02/02/2012

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La libertad de Popieluszko se explica por su cotidiana referencia al Misterio de Cristo

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Soy uno de tantos que han revivido, conmovidos, las imágenes de la gran revolución polaca a través de la película Popieluszko. No pretendo entrar en sus méritos artísticos sino en la memoria que aviva en las gentes de mi generación y, sobre todo, en las lecciones que nacen de aquella experiencia y que siguen siendo de gran utilidad para nosotros.

Frente al totalitarismo de cualquier signo hay dos diques esenciales que Polonia supo levantar, quizás como ninguna otra nación en la historia. La religiosidad auténtica y la pertenencia a un pueblo. Toda experiencia religiosa verdadera dota a quien la vive de una conciencia de su propia dignidad que se remite a la relación con el Infinito, y que por tanto no puede aceptar la esclavitud respecto de ninguna clase de poder. No es extraño que todos los proyectos de dominación ideológica hayan tratado de erradicar o al menos de controlar y domesticar la religiosidad.

Jerzy Popieluszko era un sacerdote del común, físicamente débil y enfermizo, un hombre que sentía miedo y angustia (esto es algo que la película comunica con tremenda eficacia), pero era consciente de que ni las circunstancias ni el poder definían su identidad. Me vienen a la memoria estas palabras de Don Luigi Giussani que explican a la perfección el sorprendente fenómeno del capellán de los obreros de Solidarnosc: “solo en un caso este punto que es el hombre individual y concreto, sería libre… hasta el punto de que ni el mundo entero ni todo el universo podría constreñirlo; sólo en un caso esta imagen de hombre libre es explicable: si se supone que ese punto no está constituido sólo por la biología de su madre y de su padre, que posee algo que no deriva de la tradición biológica de sus antecedentes inmediatos, sino que está en relación directa con el infinito, en relación directa con el origen de todo el flujo del mundo, es decir, con Dios”.

La libertad de Popieluszko y de millones de polacos se explica por su cotidiana referencia al Misterio de Cristo, conocido y amado en la hermosa tradición católica de su país. No se trata de un discurso que oponer a la ideología del Estado, sino de una auténtica experiencia de libertad que permite a las personas, a pesar de su miedo y de sus límites, estar en pie. Todo esto tiene una gran relevancia para quienes vivimos en sociedades marcadas por el anonimato y la dispersión, en las que la opinión común es modelada desde una comunicación sin rostro, en las que la pregunta por el significado de la vida y del mundo es sistemáticamente sofocada y ridiculizada. A menor religiosidad menor libertad en la vida concreta de cada uno y en la ciudad común. Es algo que el genial maestro de la democracia, Alexis de Tocqueville, supo ver con gran agudeza en los tiempos de la fundación de los Estados Unidos.

Beato Jerzy Popieluszko

El otro gran dique frente al poder totalitario es la pertenencia de la gente a un pueblo. No es algo que pueda darse por supuesto; naturalmente no me refiero a una mera agregación física. Recurro una vez más a Don Giussani: “la vida de un pueblo está determinada por un ideal común, por un valor por el que vale la pena existir, esforzarse, sufrir, y si es necesario, incluso morir”.

Como decía San Agustín en De Civitate Dei, “el pueblo es un conjunto de seres razonables asociado en la comunión concorde de las cosas que ama”, y añadía que para conocer la naturaleza de cada pueblo hace falta mirar a las cosas que ama. De ese ideal reconocido y amado surge un ímpetu de acción, una generación de obras.

Es algo que la película transmite también con gran viveza. Hoy vivimos en sociedades en las que frecuentemente falta este ideal compartido, por eso la persona se reduce frecuentemente a individuo aislado, a merced de la opinión dominante, de los resortes del poder político o cultural.

La llamada revolución polaca nos sigue ofreciendo lecciones válidas para el presente. Hoy estamos inmersos muchas veces en la “sociedad líquida” evocada por Benedicto XVI en su visita a Venecia, marcada por lo efímero y lo voluble, donde los vínculos son cada vez más superficiales e insignificantes, donde el individualismo hace a las personas enormemente vulnerables y donde la pregunta religiosa está condenada a los márgenes de lo estrictamente privado, cuando no a las tinieblas de lo patológico. Esto significa que la libertad real (no un mero eslogan vacío) es un bien cada vez más arduo. Tocqueville ya nos lo advirtió.

Recuperar la centralidad de la dimensión religiosa en la vida común y generar un tejido de pueblo, son dos tareas en las que se cruzan (y se encuentran) la misión de la Iglesia y el empeño sanamente laico de una sociedad que no quiera ser una mera jaula de grillos. Empecemos por abrir espacio a las grandes preguntas del hombre en la plaza pública, a mostrar el plus de humanidad, de razón y de libertad, que genera la fe cristiana. Y curémonos del espantoso individualismo que ha contaminado también las filas de los católicos. Hay algo que salta a la vista en esta película que deberíamos ver todos (jóvenes y adultos): ni los tanques, ni los interrogatorios clandestinos, ni la violencia del poder pueden ocultar que la vida es un bien, un bien compartido y transmitido, un bien que se proyecta en un ángulo abierto al Infinito.

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Hay que contar la verdad de la ayuda de la Iglesia católica a los judíos

enero 22, 2012

 

Buscar la verdad y ponerse en el lugar del otro

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Entrevista al hebreo Gary Krupp, fundador de ‘Pave the Way’

 

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ROMA, martes 17 enero 2012 (ZENIT.org).- Gary Krupp, judío, y fundador de Pave the Way (Allanad el camino), organización dedicada al diálogo interreligioso a través de la cultura y la ciencia, explica en esta entrevista la labor de la fundación y sus relaciones con la Iglesia católica.

La fundación Pave the Way es una organización no sectaria, dedicada a lograr la paz tratando de llenar las lagunas que existen en el mundo en tolerancia, educación y relaciones prácticas entre religiones, a través de intercambios culturales, tecnológicos e intelectuales. Se propone eliminar el uso de la religión como un instrumento, usado por algunos a lo largo de la historia, al servicio de sus agendas personales y para causar conflictos.

Gary Krupp es el fundador de esta organización y, en 2000, el beato Juan Pablo II, lo nombró caballero de la Orden Pontificia Ecuestre de San Gregorio el Grande, por sus años de trabajo benéfico para ayudar a la Casa de Alivio del Sufrimiento, el hospital fundado y construido por san Pío de Pietrelcina. Krupp fue el séptimo judío en la historia en recibir un honor similar. Sintiendo que tal reconocimiento le llamaba a construir puentes entre las religiones del mundo, él y su esposa Meredith, fundaron Pave the Way.

En esta entrevista concedida a ZENIT, Gary Krupp explica el trabajo que hace la fundación y comenta su relación con los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Usted es el fundador de Pave the Way. En ocasión del Día del diálogo con el judaísmo organizado por la Iglesia católica en Italia, ¿podría explicar el objetivo de esta Fundación?

–Gary Krupp: La fundación Pave the Way (PTWF) es una organización independiente, que busca eliminar los obstáculos entre las religiones del mundo. El diálogo judío-católico ha sido parte importante en la comprensión de una y otra tradición de fe, que pone fin a prejuicios y al odio. PTWF concentra sus esfuerzos en la identificación de obstáculos concretos y trata de eliminarlos. En primer lugar, establecemos un nivel de confianza a través de nuestros gestos históricos, y luego podemos llevar a cabo nuestra misión principal. La religión debe ser eliminada como una herramienta para justificar agendas privadas. La eliminación de este abuso hace más fácil el diálogo.

El mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz 2012 se centra en educar a la juventud para la justicia y la paz: ¿cómo poner en práctica esta invitación para la paz entre las religiones?

–Gary Krupp: El mensaje del papa Benedicto XVI se sitúa exactamente en esta dirección. Es la juventud la que tiene que aprender la verdad sobre los problemas de hoy, si tenemos la esperanza de resolverlos. El problema que subyace está en conocer los medios de comunicación internacionales y el abuso de su impresionante poder para controlar las ideas y el pensamiento. Las noticias de la prensa editorializan de modo intencionado, e imponen agendas privadas que enturbian la verdad y a la vez crean hostilidad, odio y en algunos casos muerte. En el sentido del mensaje del Papa, me gustaría añadir una advertencia a los jóvenes de hoy. Tengan cuidado en controlar lo que aprenden de las noticias y de los medios de comunicación. Cuestionen el reportaje, vayan a las fuentes originales locales a fin de buscar la verdadera historia. Luego traten de encontrar soluciones basadas en hechos no desequilibrados y sesgados en la información.

Usted ha venido varias veces a Roma y ha sido recibido por Juan Pablo II y Benedicto XVI: ¿ha habido algún encuentro particularmente importante para usted?

–Gary Krupp: Los fantásticos encuentros con ambos papas, Juan Pablo II y Benedicto XVI, me han cambiado la vida. Era el 29 de julio de 2000 y recibí una llamada telefónica del entonces arzobispo Renato Martino, en la que me decía que el papa me había investido como caballero papal de San Gregorio el Grande. Fue esta circunstancia la que cambió el curso de mi vida, que nos llevó a mi mujer Meredith y a mí a formar la fundación Pave the Way (a Merry se le ocurrió el nombre).

En concreto son dos los recuerdos más importantes de las reuniones con los santos padres; el primero fue el 18 de enero de 2005 cuando PTWF organizó la audiencia judía simplemente para agradecer al papa Juan Pablo II todo lo que había hecho en la reconciliación religiosa con el pueblo judío. Ver a los tres rabinos bendiciendo al papa en hebreo, en la Sala Clementina, y verlo a él con lágrimas en los ojos, será algo que quedará grabado siempre en mi memoria.

La segunda reunión memorable fue cuando le llevamos el papiro Bodmer al papa Benedicto XVI junto a nuestro maravilloso amigo y donante, el señor Frank Hanna III, aquel 22 de enero de 2007. Después de la ceremonia de presentación, le regalé al papa una pequeña foto enmarcada del arco iris que apareció en el cielo cuando bendijo el monumento en Auschwitz. Tomé esta foto el 27 de mayo de 2006 cuando acompañamos al papa a Polonia con Jerzy Kluger. El papa Benedicto XVI estaba conmovido con este regalo aparentemente insignificante. El papa me preguntó “¿esto fue en Auschwitz?” Le dije: “Sí, santo padre, yo mismo tomé la foto”. Se le veía tan entusiasmado con esta pequeña foto del arco iris en Polonia, que confirmaba la aprobación de Dios, como aceptando el manuscrito cristiano más importante que existe hoy.

¿Qué importancia tiene la investigación del Yad Vashem, sobre los “Justos entre las Naciones”, para el diálogo entre judíos y católicos?

–Gary Krupp: La investigación del Yad Vashem es precisa y exigente y creo que es muy importante en las relaciones judeo-católicas. A la propuesta de PTWF acerca de la evidencia del caso de Eugenio Pacelli, como “Justo entre las Naciones”, se le debe prestar atención de inmediato a fin de que la leyenda negra contra el papa Pío XII se corrija con la verdad y los hechos. Esta es una responsabilidad judía, ya que hemos acumulado una enorme cantidad de evidencia de que Eugenio Pacelli fue de hecho uno de los grandes héroes del pueblo judío durante el Holocausto.

La ingratitud es uno de los peores defectos de carácter en el judaísmo. La aceptación de la verdad del heroísmo personal de Pacelli, creo que es esencial para que mis hermanos y hermanas judíos le exoneren. La reputación de Eugenio Pacelli debe ser restituida a donde estaba antes de que la KGB comenzara a empañar intencionalmente al más grande personaje del siglo XX. Esta operación de la KGB llamada “Seat Twelve” tuvo éxito en su misión de aislar a los judíos de los católicos en el preciso momento de la reconciliación religiosa de la Nostra Aetate.

¿Cómo pueden los medios de comunicación (ZENIT, por ejemplo), participar en el cambio de mentalidad y de promoción de la paz?

–Gary Krupp: El trabajo de Zenit a lo largo de los años ha sido ejemplar al informar la verdad y siempre de modo positivo. Sólo puedo animarles a que cuando se informe de temas tan sensibles como Tierra Santa, las noticias sean justas y que la historia refleje los dos lados del conflicto. A menudo, muchos informes de los sufrimientos de los palestinos obvian toda mención de lo que sufre Israel con los constantes ataques con cohetes en contra de la población civil. Dado que hay un millón largo de ciudadanos israelíes que son árabes musulmanes, la violencia contra los israelíes es contra todos los israelíes, de cristianos y musulmanes. Son estos actos de violencia los que llevaron por primera vez a la necesidad de bloqueos en el mar, controles de seguridad y un muro de seguridad. Si la violencia termina, entonces estas medidas de seguridad tan a menudo criticadas, podrían ser levantadas. Si uno busca la paz, se debe estar en los zapatos del otro.

¿Cuál es su deseo para 2012 en el diálogo judeo-católico?

–Gary Krupp: Mi deseo para 2012 es que la intensa labor de publicación de 46.000 páginas de documentos y artículos de prensa y grabaciones de video de los testigos de las acciones de la Santa Sede durante la Segunda Guerra Mundial, finalmente sean estudiados de una manera seria, de tal modo que estos 48 años de obstáculos entre judíos y católicos puedan ser erradicados. Nuestro deseo es que Dios otorgue sabiduría a los negociadores de los acuerdos fundamentales entre Israel y la Santa Sede. Este obstáculo diplomático debe ser resuelto por completo luego de 17 años de negociaciones. Es un objetivo de la PTWF reconocer que la resolución de estas dos cuestiones podría “allanar el camino” a las relaciones positivas y maravillosas entre judíos y católicos.

Para saber más sobre la fundación: http://www.ptwf.org/.



Así ve el Papa al mundo en 2012: “Allí donde no resplandece la luz divina el mundo está en sombras”

enero 20, 2012

25 frases de su discurso del lunes 9 de enero de 2012 al Cuerpo Diplomático (179 embajadores de todo el mundo) acreditados ante la Santa Sede

El nacimiento del Príncipe de la paz nos enseña que la vida no termina en la nada

1.- Vuestra presencia hoy nos recuerda la importante contribución de la Iglesia en vuestras sociedades, en sectores como la educación, la sanidad y la asistencia.

2.- Allí donde no resplandece la luz divina el mundo está en sombras. Realmente, el mundo está en la oscuridad allí donde el hombre no reconoce ya su vínculo con el Creador, poniendo en peligro asimismo su relación con las demás criaturas y con la creación misma.

3.- El momento actual está marcado lamentablemente por un profundo malestar y por diversas crisis: económicas, políticas y sociales, que son su expresión dramática.

4.- La crisis puede y debe ser un acicate para reflexionar sobre la existencia humana y la importancia de su dimensión ética, antes que sobre los mecanismos que gobiernan la vida económica: no solo para intentar encauzar las partes individuales o las economías nacionales, sino para dar nuevas reglas que aseguren a todos la posibilidad de vivir dignamente y desarrollar sus capacidades en bien de toda la comunidad.

5.- A continuación deseo recordar que los efectos de la situación actual de incertidumbre afectan de modo particular a los jóvenes. Su malestar ha sido la causa de los fermentos que en los últimos meses han golpeado, a veces duramente, diversas regiones. Me refiero sobre todo a África del Norte y a Medio Oriente, donde los jóvenes que, al igual que otros, sufren la pobreza y el desempleo y temen la falta de expectativas seguras, han puesto en marcha lo que se ha convertido en un vasto movimiento de reivindicación de reformas y de participación más activa en la vida política y social.

6.- En este momento es difícil trazar un balance definitivo de los sucesos recientes y cuáles serán sus consecuencias para el equilibrio de la región. A pesar del optimismo inicial, se abre paso el reconocimiento de las dificultades de este momento de transición y cambio, y me parece evidente que el modo adecuado de continuar el camino emprendido pasa por el reconocimiento de la dignidad inalienable de toda persona humana y de sus derechos fundamentales.

7.- El respeto de la persona debe estar en el centro de las instituciones y las leyes, debe contribuir a acabar con la violencia y prevenir el riesgo de que la debida atención a las demandas de los ciudadanos y la necesaria solidaridad social se transformen en meros instrumentos para conservar o conquistar el poder.

8.- El beato Juan Pablo II recordaba que «el camino de la paz es a la vez el camino de los jóvenes», que ellos son «la juventud de las naciones y de la sociedad, la juventud de cada familia y de toda la humanidad». Los jóvenes, pues, nos llevan a considerar con seriedad sus requerimientos de verdad, justicia y paz. Por esta razón les he dedicado el Mensaje anual para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, titulado Educar a los jóvenes en la justicia y la paz.

9.- Además de un objetivo claro, que es el que los jóvenes conozcan plenamente la realidad y por tanto la verdad, la educación necesita de lugares. El primero es la familia, fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer. No se trata de una simple convención social, sino más bien de la célula fundamental de toda la sociedad. Consecuentemente, las políticas que suponen un ataque a la familia amenazan la dignidad humana y el porvenir mismo de la humanidad. El marco familiar es fundamental en el itinerario educativo y para el desarrollo de los individuos y los estados; por tanto, se necesitan políticas que valoricen y favorezcan la cohesión social y el diálogo.

10.- En la familia la persona se abre al mundo y a la vida y, como tuve ocasión de recordar en mi viaje a Croacia, «la apertura a la vida es signo de apertura al futuro».3 En este contexto de apertura a la vida, he recibido con satisfacción la reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que prohíbe patentar los procedimientos que utilicen células madre embrionarias humanas, así como la resolución de la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, que condena la selección prenatal del sexo.

11.- De forma más genérica, y mirando sobre todo al mundo occidental, estoy convencido de que las medidas legislativas que tantas veces no solo permiten sino que favorecen el aborto, ya sea por motivos de conveniencia o por razones médicas discutibles, se oponen a la educación de los jóvenes y por tanto al futuro de la humanidad.

12.- Un papel igualmente esencial para el desarrollo de la persona corresponde a las instituciones educativas. Ellas son las primeras instancias que colaboran con la familia, y para desempeñar adecuadamente esta tarea propia sus objetivos han de coincidir con los de la realidad familiar. Es necesario realizar políticas de formación que hagan accesible a todos la educación escolar y que, además de promover el desarrollo cognitivo de la persona, se haga cargo del crecimiento armonioso de la personalidad, incluyendo su apertura al Transcendente.

13.- La Iglesia católica se ha mostrado siempre particularmente activa en el área de las instituciones escolares y académicas, cumpliendo una apreciable labor al lado de las instituciones estatales. Deseo por tanto que esta contribución sea reconocida y valorada también por las legislaciones nacionales.

14.- A este respecto, se comprende que una labor educativa eficaz requiera igualmente el respeto de la libertad religiosa. Ésta se caracteriza por una dimensión individual, así como por una dimensión colectiva y una dimensión institucional. Se trata del primer derecho del hombre, porque expresa la realidad más fundamental de la persona.

15.- Este derecho, con demasiada frecuencia y por distintos motivos, se sigue limitando y violando.

16.- En muchos países, los cristianos son privados de sus derechos fundamentales y marginados de la vida pública; en otros, sufren ataques violentos contra sus iglesias y sus casas. A veces son obligados a abandonar los países que han contribuido a edificar, a causa de continuas tensiones y de políticas que frecuentemente los relegan a meros espectadores secundarios de la vida nacional.

17.- En otras partes del mundo, se constatan políticas orientadas a marginar el papel de la religión en la vida social, como si fuera causa de intolerancia, en lugar de contribuir de modo apreciable a la educación en el respeto de la dignidad humana, la justicia y la paz.

18.- Asimismo, el terrorismo con motivaciones religiosas se ha cobrado el pasado año numerosas víctimas, sobre todo en Asia y África, y por esto, como recordé en Asís, los responsables religiosos deben repetir con fuerza y firmeza que «esta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción».

19.- Quisiera mencionar también algunos signos alentadores en el ámbito de la libertad religiosa. Me refiero a la modificación legislativa gracias a la cual la personalidad jurídica pública de las minorías religiosas ha sido reconocida en Georgia; pienso también en la sentencia de la Corte Europea de los Derechos Humanos a favor de la presencia del crucifijo en las aulas de las escuelas italianas.

20.- En África, es esencial que la colaboración entre las comunidades cristianas y los gobiernos permita abrir un camino de justicia, paz y reconciliación, donde los miembros de todas las etnias y religiones sean respetados. Es doloroso constatar que, en distintos países del continente, este objetivo está todavía muy lejano.

21.- Quiero hacer hincapié en que una educación correctamente entendida debe favorecer el respeto a la creación. No se pueden olvidar las graves calamidades naturales que, a lo largo del 2011, han afectado a distintas regiones del Sudeste asiático y los desastres ecológicos como el de la central nuclear de Fukushima en Japón.

22.- La salvaguarda del medio ambiente, la sinergia entre la lucha contra la pobreza y el cambio climático constituyen ámbitos importantes para la promoción del desarrollo humano integral.

23.- Por consiguiente, deseo que después de la 17ª sesión de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se ha concluido recientemente en Durban, la Comunidad internacional, como una auténtica «familia de naciones» y, por tanto, con un gran sentido de solidaridad y responsabilidad hacia las generaciones presentes y futuras, se prepare para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible («Río + 20»).

24.-El nacimiento del Príncipe de la paz nos enseña que la vida no termina en la nada, que su destino no es la corrupción, sino la inmortalidad. Cristo ha venido para que los hombres tengan vida y vida abundante (cf. Jn, 10, 10).

25.- Animada por la certeza de la fe, la Santa Sede sigue ofreciendo su aportación a la Comunidad internacional, según la doble intención que el Concilio Vaticano II –del que este año se celebra el 50 aniversario– ha definido claramente: proclamar la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en él está presente, y ofrecer al género humano una sincera colaboración para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocación.

Ecclesia Digital


Shahbaz era católico, pakistaní, ministro de minorías y mártir; su hermano Paul toma el relevo

noviembre 13, 2011

Paul Bhatti, asesor de minorías del gobierno de Pakistán

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Así se forjan los santos: “fuimos monaguillos, y en la escuela rezábamos por la mañana. Íbamos a misa, nos confesábamos, guardábamos la Cuaresma y orábamos juntos antes de dormir, a menudo el Rosario. Mi padre oraba por vecinos con problemas y por Pakistán”.

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¿Cómo forjar un político santo, un ministro santo, para el siglo XXI?

Los obispos pakistaníes pidieron oficialmente el 25 de marzo que Roma proclame a Shahbaz Bhatti, ministro de minorías asesinado el 2 de marzo, “mártir y patrón de la libertad religiosa“. Así lo pedía su portavoz, el obispo Andrew Francis, otro hombre valiente que está vivo de milagro (dos pistoleros le pusieron una pistola en la cabeza y le dispararon a bocajarro y solo recibió heridas leves, de forma inexplicable).

Este sábado 5 de noviembre, Paul Bhatti, hermano del ministro asesinado, recogió en Madrid el Premio HazteOir 2011, homenaje póstumo al político. Nos explicó cómo se forjó el alma de su hermano, de un mártir, de un santo.

Una infancia en familia y oración

“Nuestro pueblo, Jushpur, cerca de Faisalabad, es cristiano al 90 por ciento, con iglesias, escuelas, catequistas, religiosos… Nuestros abuelos ya eran católicos. Mi padre era oficial del ejército pero se retiró joven para ser maestro. Nuestra familia estaba muy comprometida con la Iglesia. Los cuatro chicos fuimos monaguillos, y en la escuela todos rezábamos por la mañana. Con nuestra hermana mayor íbamos a misa, nos confesábamos, guardábamos la Cuaresma y rezábamos juntos antes de dormir, a menudo el Rosario. Mi padre pedía en las oraciones por vecinos con problemas, o por nuestro país. El pueblo era humilde pero casi todo el mundo poseía su propio terrenito, su casa y su negocio, mientras que en Pakistán es más común que los cristianos sean mucho más pobres . Aún hoy, aunque hay más pobreza, Jushpur mantiene ese estilo de vida”.

Mientras la familia consiguió enviar a Paul a estudiar a Italia, su hermano Shahbaz se matriculó en un instituto público, fuera de la “burbuja” católica donde había crecido. Allí vio como las minorías (hindúes, cristianos y otros grupos) eran oprimidos. “Conoció personas maltratadas y desde entonces decidió luchar por ellas. Su primer éxito fue que el Parlamento de la Nación eliminara el documento escolar que identificaba a las minorías”, explica Paul. Con 17 años, el Shahbaz estudiante fundó el Frente de Liberación Cristiano. Con 34, ayudó a fundar la Alianza de Minorías de Todo Pakistán, de la que fue elegido presidente.

Ministro sin miedo, bajo amenazas de muerte

En noviembre de 2008 fue designado Ministro de Minorías. Y empezaron a llegar amenazas contra él, por su denuncia del fundamentalismo y de la Ley de Blasfemias que se usa para amedrentar a los cristianos. Condenó la matanza de cristianos de Gojra en 2009; en 2010 habló a favor de Asia Bibi, cristiana aún encarcelada por una supuesta blasfemia, y cuando en enero de 2011 los fundamentalistas asesinaron al gobernador de Punjab, Salman Taseer, fue el primero en comparecer ante la prensa y hablar mientras la mayoría callaba y temblaba. Al menos 5 fatwas distintas de líderes fundamentalistas llamaban a asesinar a Shahbaz.

“Era un hombre de personalidad y de fe fuerte”, explica su hermano. “Estábamos orgullosos de él en la familia. Las minorías le veían como un protector, un portavoz, y estaba bien visto en el Gobierno, entre muchos musulmanes, en el extranjero. Pero aunque era de talante optimista, el último año sabía ya lo que pasaría. Visitándome en Milán me dijo: ´Paul, me matarán´. Le dije:´no vuelvas, quédate´. Pero él no podía callar. Fui yo quien le dijo por teléfono que habían asesinado a Taseer. Él no se lo podía creer, pero unos minutos después le vi ya en la televisión condenando el atentado”.

Un vídeo que estremece

Fue por esos días cuando grabó un vídeo que sólo debía publicarse si le mataban. Tras el asesinato, se vio en todo el mundo, en la BBC, en Al Jazeera, en Internet… “Hablo por los cristianos perseguidos, oprimidos y marginados, y por otras minorías, y estos talibanes me amenazan, pero quiero compartir que yo creo en Jesucristo, que ha dado su vida por nosotros, yo sé cuál es el significado de la cruz y sigo la cruz”, anuncia en el vídeo, el acta de un mártir del s.XXI en YouTube. “Estoy dispuesto a morir por una causa; vivo por mi gente, por los que sufren, y moriré por defender sus derechos”.

Sucedió el 2 de marzo en Islamabad, cuando venía de la casa de su madre, de rezar con ella, y de recibir su bendición. Un vehículo blanco se detuvo junto a él y desde allí varios hombres le dispararon. Una franquicia de Al Qaeda en Punjab y Pakistán se atribuyó el atentado. Aún nadie ha sido detenido.

El hermano toma el testigo

“Creo que Dios puso a Shahbaz en el mundo como un testimonio, una señal para todos nosotros”, afirma Paul. Ha tomado el testigo de su hermano, y es ahora consejero especial sobre Minorías del gobierno pakistaní. En concreto, en su tarjeta se lee: “Dr. Paul Bhatti, consejero del Primer MInistro, status de ministro federal; Ministerio de Armonía Nacional, Gobierno de Pakistán”.

“Mi madre quedó destrozada cuando mataron a Shahbaz, porque él la cuidaba, estaba con ella, tenían una relación muy intensa. Cuando supe del asesinato, pensé ante todo en ella. Después acepté ser consejero de Minorías, y ella estuvo tres días sin hablar, pero luego me dijo: ´Creo que Dios te protegerá, es una forma de que ayudes a muchos; tenemos que aceptarlo y seguir trabajando´. Vi su convicción, su fe fuerte, su coraje cristiano”.

Paul Bhatti cree que vale la pena seguir luchando contra el terrorismo y el extremismo, y los gobiernos europeos pueden ayudar. “Una forma es combatir la miseria extrema de los cristianos y otras minorías, que los hace invisibles, irrelevantes. Otra es ayudar a su educación, especialmente la superior, ayudar a que tengan ingenieros, abogados, políticos… Hay que acabar con el abuso de la Ley de Blasfemia. Por último, hay que potenciar el diálogo interreligioso, celebrar fiestas juntos, comer juntos, conocernos. ¡El islam no promueve el odio y el matar; los fundamentalistas engañan a mucha gente de buena voluntad cuando les enseñan a odiar y a matar! Un profesor de la Universidad Islámica de Istambul me dijo que los imanes deberían conocer los valores básicos, comunes, del cristanismo y otras grandes religiones, y es buena idea. Hemos de conocernos mejor, y eso ayudará a que muchas personas cambien a nivel profundo. La naturaleza humana, creo, puede cambiar, al menos hasta cierto punto”.

www.religionenlibertad.com


Notas en el pentagrama de Asís, por José Luis Restán

noviembre 6, 2011

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Nuestra originalidad única viene determinada por la Cruz de Cristo

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Escribir sobre algo cuando ya todos lo han hecho tiene sus ventajas. Permite ver mejor los silencios, los vacíos y las inercias. De todo eso ha habido en los comentarios a la jornada de reflexión y oración por la paz y la justicia que el Papa presidió en Asís el pasado 27 de noviembre. Para mí la clave de este acto se encuentra en el nudo de tres hilos que forman fe, verdad y paz. Curioso, uno de los últimos libros de Joseph Ratzinger antes de ser elegido Papa se titula “Fe, verdad y tolerancia”.

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Alguno pudo pensar que incluir una terna de intelectuales agnósticos en esta cita era una decoración interesante, algo exótico sin demasiada importancia. Pero si leemos con atención el discurso del Papa, vemos que precisamente este asunto ha estado en el centro. Desde hace mucho tiempo él señala que en los primeros siglos la Iglesia privilegió el diálogo con los filósofos (preocupados por la cuestión de la verdad) sobre el diálogo con las otras religiones que estaban presentes, precisamente porque la mayoría de ellas habían abandonado ese espacio, dedicándose a ritualismos vacíos.

En efecto, la cuestión religiosa hoy es relevante en tanto que la fe tiene una pretensión de conocer y proponer la verdad. Si no, queda relegada al ámbito de los buenos sentimientos, de las pasiones privadas y subjetivas. Y por eso el diálogo de la Iglesia debe buscar de manera preferente a aquellos que buscan sinceramente la verdad, sean creyentes o no. Benedicto XVI dedica la parte culminante de su discurso en Asís a esta masa creciente de personas que en nuestro mundo, aun sin gozar del don de la fe, persiguen lealmente la huella de la verdad. Habla con delicadeza y conocimiento de su sufrimiento, de su deseo insatisfecho, de su tenacidad y apertura. Y los pone como espejo en el que todos debemos mirarnos: los ateos combativos, que quedan despojados de su autosuficiencia y de su inclinación a la polémica; y los creyentes, desafiados a comprobar si nuestro modo de vivir la fe dificulta su camino para reconocer el rostro de Dios.

Con su libertad y audacia ya probadas, el Papa nos invita a purificar nuestra fe, a no reducirla a categorías mundanas y a no pretender dominar o apropiarnos de Dios. También los creyentes, también los cristianos, seguimos siendo buscadores de un Dios que nos sorprende cada día. De otro modo, como tatas veces le sucedió a Israel, lo convertimos en un ídolo.

Pero hay otra línea-fuerza del discurso de Asís que ha quedado ensombrecida. Me refiero a su denuncia de las consecuencias a las que conduce la expulsión de Dios de la vida cotidiana de los hombres. Algunos se han recreado en el reconocimiento humilde de que los cristianos han usado la violencia, traicionando así su fe, y han censurado las severas palabras del Papa sobre un mundo cerrado a Dios, en el que el deseo de felicidad degenera en un desenfreno que arrasa lo humano, en el que la violencia se convierte en algo normal, en el que la prepotencia de los poderosos no encuentra límite alguno. La ausencia de Dios conduce a una terrible decadencia de lo humano, y por tanto, abrir espacio al verdadero Dios en nuestra vida personal y comunitaria, es una garantía de justicia y de paz.

Por último el Papa ha aprovechado para mostrar cuál es la especificidad cristiana en el empeño común por la causa de la justicia y de la paz. Nuestra originalidad única viene determinada por la Cruz de Cristo, “el signo del Dios que, en el lugar de la violencia, pone el sufrir con el otro y el amar con el otro”. No por casualidad quiso dedicar la Audiencia General del miércoles anterior a la Jornada de Asís, a ese reino de paz anunciado por los profetas de Israel en el cual Cristo es el rey.

En una catequesis magistral retoma las palabras de San Juan Crisóstomo: “siempre que seamos corderos, venceremos y aunque estemos rodeados de muchos lobos, conseguiremos superarlos. Pero si nos convertimos en lobos, seremos derrotados, porque nos faltará la ayuda del Pastor”. Y advierte que “los cristianos no deben ceder nunca a la tentación de convertirse en lobos entre lobos”, porque el reino de paz de Cristo no se extiende con el poder ni con la violencia sino con el don de uno mismo, con el amor llevado al extremo, también a los enemigos. Palabras extrañas, palabras que muchas veces no queremos oír: “no es la espada del conquistador la que construye la paz, sino la espada del que sufre, del que sabe dar su propia vida”.

Una última reflexión. Mientras Benedicto XVI pronunciaba este discurso histórico que debería colmarnos de humildad y gratitud, algunos foros católicos seguían discutiendo sobre la oportunidad de la convocatoria y sembraban dudas sobre la guía de Pedro en este momento histórico. Es curiosa y preocupante esta contumacia, esta falta de sencillez y también de densidad intelectual. Pero ya sabemos que hay quien tiene tendencia al suicidio, nada nuevo bajo el sol.

Ecclesia Digital


Discurso del Santo Padre en Asís, en el Encuentro por la Paz

noviembre 4, 2011

Basílica de San Francisco de Asís, en Asís

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La Iglesia Católica no cejará en

la lucha contra  la violencia

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ZENIT.org

Discurso del Papa Benedicto XVI a los participantes en el interreligioso y ecuménico Encuentro por la Paz y la Justicia en el mundo, el pasado 27 de octubre.

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Queridos hermanos y hermanas,

Distinguidos Jefes y representantes de las Iglesias y Comunidades eclesiales y de las Religiones del mundo,

queridos amigos:

Han pasado veinticinco años desde que el beato papa Juan Pablo II invitó por vez primera a los representantes de las religiones del mundo a Asís para una oración por la paz. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? ¿A qué punto está hoy la causa de la paz? En aquel entonces, la gran amenaza para la paz en el mundo provenía de la división del planeta en dos bloques contrastantes entre sí. El símbolo llamativo de esta división era el muro de Berlín que, pasando por el medio de la ciudad, trazaba la frontera entre dos mundos. En 1989, tres años después de Asís, el muro cayó sin derramamiento de sangre. De repente, los enormes arsenales que había tras el muro dejaron de tener sentido alguno. Perdieron su capacidad de aterrorizar. El deseo de los pueblos de ser libres era más fuerte que los armamentos de la violencia. La cuestión sobre las causas de este derrumbe es compleja y no puede encontrar una respuesta con fórmulas simples.

Pero, junto a los factores económicos y políticos, la causa más profunda de dicho acontecimiento es de carácter espiritual: detrás del poder material ya no había ninguna convicción espiritual. Al final, la voluntad de ser libres fue más fuerte que el miedo ante la violencia, que ya no contaba con ningún respaldo espiritual. Apreciamos esta victoria de la libertad, que fue sobre todo también una victoria de la paz. Y es preciso añadir en este contexto que, aunque no se tratara sólo, y quizás ni siquiera en primer lugar, de la libertad de creer, también se trataba de ella. Por eso podemos relacionar también todo esto en cierto modo con la oración por la paz.

Pero, ¿qué ha sucedido después? Desgraciadamente, no podemos decir que desde entonces la situación se haya caracterizado por la libertad y la paz. Aunque no haya a la vista amenazas de una gran guerra, el mundo está desafortunadamente lleno de discordia. No se trata sólo de que haya guerras frecuentemente aquí o allá; es que la violencia en cuanto tal siempre está potencialmente presente, y caracteriza la condición de nuestro mundo. La libertad es un gran bien. Pero el mundo de la libertad se ha mostrado en buena parte carente de orientación, y muchos tergiversan la libertad entendiéndola como libertad también para la violencia. La discordia asume formas nuevas y espantosas, y la lucha por la paz nos debe estimular a todos nosotros de modo nuevo.

Tratemos de identificar más de cerca los nuevos rostros de la violencia y la discordia. A grandes líneas –según mi parecer– se pueden identificar dos tipologías diferentes de nuevas formas de violencia, diametralmente opuestas por su motivación, y que manifiestan luego muchas variantes en sus particularidades.

Tenemos ante todo el terrorismo, en el cual, en lugar de una gran guerra, se emplean ataques muy precisos, que deben golpear destructivamente en puntos importantes al adversario, sin ningún respeto por las vidas humanas inocentes que de este modo resultan cruelmente heridas o muertas. A los ojos de los responsables, la gran causa de perjudicar al enemigo justifica toda forma de crueldad. Se deja de lado todo lo que en el derecho internacional ha sido comúnmente reconocido y sancionado como límite a la violencia. Sabemos que el terrorismo es a menudo motivado religiosamente y que, precisamente el carácter religioso de los ataques sirve como justificación para una crueldad despiadada, que cree poder relegar las normas del derecho en razón del «bien» pretendido. Aquí, la religión no está al servicio de la paz, sino de la justificación de la violencia.

A partir de la Ilustración, la crítica de la religión ha sostenido reiteradamente que la religión era causa de violencia, y con eso ha fomentado la hostilidad contra las religiones. En este punto, que la religión motive de hecho la violencia es algo que, como personas religiosas, nos debe preocupar profundamente. De una forma más sutil, pero siempre cruel, vemos la religión como causa de violencia también allí donde se practica la violencia por parte de defensores de una religión contra los otros. Los representantes de las religiones reunidos en Asís en 1986 quisieron decir –y nosotros lo repetimos con vigor y gran firmeza– que esta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción.

Contra eso, se objeta: Pero, ¿cómo sabéis cuál es la verdadera naturaleza de la religión? Vuestra pretensión, ¿no se deriva quizás de que la fuerza de la religión se ha apagado entre vosotros? Y otros dirán: ¿Acaso existe realmente una naturaleza común de la religión, que se manifiesta en todas las religiones y que, por tanto, es válida para todas? Debemos afrontar estas preguntas si queremos contrastar de manera realista y creíble el recurso a la violencia por motivos religiosos. Aquí se coloca una tarea fundamental del diálogo interreligioso, una tarea que se ha de subrayar de nuevo en este encuentro.

A este punto, quisiera decir como cristiano: Sí, también en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Lo reconocemos llenos de vergüenza. Pero es absolutamente claro que éste ha sido un uso abusivo de la fe cristiana, en claro contraste con su verdadera naturaleza. El Dios en que nosotros los cristianos creemos es el Creador y Padre de todos los hombres, por el cual todos son entre sí hermanos y hermanas y forman una única familia. La Cruz de Cristo es para nosotros el signo del Dios que, en el puesto de la violencia, pone el sufrir con el otro y el amar con el otro. Su nombre es «Dios del amor y de la paz» (2 Co 13,11). Es tarea de todos los que tienen alguna responsabilidad de la fe cristiana el purificar constantemente la religión de los cristianos partiendo de su centro interior, para que – no obstante la debilidad del hombre – sea realmente instrumento de la paz de Dios en el mundo.

Si bien una tipología fundamental de la violencia se funda hoy religiosamente, poniendo con ello a las religiones frente a la cuestión sobre su naturaleza, y obligándonos todos a una purificación, una segunda tipología de violencia de aspecto multiforme tiene una motivación exactamente opuesta: es la consecuencia de la ausencia de Dios, de su negación, que va a la par con la pérdida de humanidad. Los enemigos de la religión –como hemos dicho– ven en ella una fuente primaria de violencia en la historia de la humanidad, y pretenden por tanto la desaparición de la religión. Pero el «no» a Dios ha producido una crueldad y una violencia sin medida, que ha sido posible sólo porque el hombre ya no reconocía norma alguna ni juez alguno por encima de sí, sino que tomaba como norma solamente a sí mismo. Los horrores de los campos de concentración muestran con toda claridad las consecuencias de la ausencia de Dios.

Pero no quisiera detenerme aquí sobre el ateísmo impuesto por el Estado; quisiera hablar más bien de la «decadencia» del hombre, como consecuencia de la cual se produce de manera silenciosa, y por tanto más peligrosa, un cambio del clima espiritual. La adoración de Mamón, del tener y del poder, se revela una anti-religión, en la cual ya no cuenta el hombre, sino únicamente el beneficio personal. El deseo de felicidad degenera, por ejemplo, en un afán desenfrenado e inhumano, como se manifiesta en el sometimiento a la droga en sus diversas formas. Hay algunos poderosos que hacen con ella sus negocios, y después muchos otros seducidos y arruinados por ella, tanto en el cuerpo como en el ánimo. La violencia se convierte en algo normal y amenaza con destruir nuestra juventud en algunas partes del mundo. Puesto que la violencia llega a hacerse normal, se destruye la paz y, en esta falta de paz, el hombre se destruye a sí mismo.

La ausencia de Dios lleva al decaimiento del hombre y del humanismo. Pero, ¿dónde está Dios? ¿Lo conocemos y lo podemos mostrar de nuevo a la humanidad para fundar una verdadera paz? Resumamos ante todo brevemente las reflexiones que hemos hecho hasta ahora. He dicho que hay una concepción y un uso de la religión por la que esta se convierte en fuente de violencia, mientras que la orientación del hombre hacia Dios, vivido rectamente, es una fuerza de paz. En este contexto me he referido a la necesidad del diálogo, y he hablado de la purificación, siempre necesaria, de la religión vivida. Por otro lado, he afirmado que la negación de Dios corrompe al hombre, le priva de medidas y le lleva a la violencia.

Junto a estas dos formas de religión y anti-religión, existe también en el mundo en expansión del agnosticismo otra orientación de fondo: personas a las que no les ha sido dado el don de poder creer y que, sin embargo, buscan la verdad, están en la búsqueda de Dios. Personas como éstas no afirman simplemente: «No existe ningún Dios». Sufren a causa de su ausencia y, buscando lo auténtico y lo bueno, están interiormente en camino hacia Él. Son «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz». Plantean preguntas tanto a una como a la otra parte. Despojan a los ateos combativos de su falsa certeza, con la cual pretenden saber que no hay un Dios, y los invitan a que, en vez de polémicos, se conviertan en personas en búsqueda, que no pierden la esperanza de que la verdad exista y que nosotros podemos y debemos vivir en función de ella.

Pero también llaman en causa a los seguidores de las religiones, para que no consideren a Dios como una propiedad que les pertenece a ellos hasta el punto de sentirse autorizados a la violencia respecto a los demás. Estas personas buscan la verdad, buscan al verdadero Dios, cuya imagen en las religiones, por el modo en que muchas veces se practican, queda frecuentemente oculta. Que ellos no logren encontrar a Dios, depende también de los creyentes, con su imagen reducida o deformada de Dios. Así, su lucha interior y su interrogarse es también una llamada a a nosotros creyentes, a todos los creyentes, a purificar su propia fe, para que Dios –el verdadero Dios– se haga accesible. Por eso he invitado de propósito a representantes de este tercer grupo a nuestro encuentro en Asís, que no sólo reúne representantes de instituciones religiosas. Se trata más bien del estar juntos en camino hacia la verdad, del compromiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en común de la causa de la paz, contra toda especie de violencia destructora del derecho.

Para concluir, quisiera aseguraros que la Iglesia católica no cejará en la lucha contra la violencia, en su compromiso por la paz en el mundo. Estamos animados por el deseo común de ser «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz».

Os doy las gracias


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