Maná y Vivencias Pascuales (50B)

mayo 27, 2012

Cuando llegó el día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos, y quedaron llenos del Espíritu Santo


Domingo de Pentecostés

Ciclo B


MISA DEL DÍA
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ANTÍFONA DE ENTRADA: Sab 1, 7

El Espíritu del Señor ha llenado toda la tierra; él da unidad a todas las cosas y se hace comprender en todas las lenguas. Aleluya.


ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones; derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles: 2, 1-11

El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu los inducía a expresarse.

En esos días había en Jerusalén judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.

Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: “¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay medos, partos y elamitas; otros vivimos en Mesopotamia, Judea Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene. Algunos somos visitantes, venidos de Roma, judíos y prosélitos; también hay cretenses y árabes. Y sin embargo, cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua”.

SALMO 103

Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice alma mía al Señor, ¡Dios mío, que grande eres! Cuántas son tus obras, Señor; la tierra está llena de tus criaturas.

Les retiras el aliento, y expiran, y vuelven a ser polvo; envías tu aliento y los creas, y repueblas la faz de la tierra.

Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras. Que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor.

SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios: 12, 3-7.12-13

Hermanos: Nadie puede llamar a Jesús “Señor”, si no es bajo la acción del Espíritu Santo.

Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo.

En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.

SECUENCIA

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.


ACLAMACIÓN: Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Aleluya.

EVANGELIO: Juan: 20, 19-23

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

PREFACIO DEL DOMINGO DE PENTECOSTÉS

En verdad es justo y necesario… darte gracias siempre y en todo lugar… Dios todopoderoso y eterno.

Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual, enviaste hoy el Espíritu Santo sobre los que habías adoptado como hijos por su participación en Cristo.

Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente; el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas.

Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales… cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…




EJERCICIO PASCUAL: VEN, ESPÍRITU SANTO

Apreciado hermano, estimada hermana: Ha llegado el momento de coronar el ejercicio cuaresmal y pascual. Han sido noventa días de búsqueda del Señor. Han sido también noventa días en los que el Señor ha salido a nuestro encuentro, un día tras otro, con fidelidad y renovada ilusión.

Concluyendo la pascua, nosotros le presentamos al Señor, con alegría y satisfacción, nuestros esfuerzos. Mereció la pena realizarlos. Y aunque no se puede merecer el don divino, ahora el Señor nos premiará con una nueva efusión del Espíritu Santo: una renovada sensibilidad para captar y seguir las inspiraciones del Espíritu.

Ayer y anteayer nos hemos centrado en el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo, quizás sin darnos cuenta de ello, guió nuestro acercamiento. Hoy queremos tomar mayor conciencia del ser y de la acción del Espíritu en nuestras vidas.

Jesús, al ascender a los cielos, anunció a los discípulos el cumplimiento de la promesa del Espíritu realizada por el Padre en el antiguo Testamento, sobre todo a través de los profetas: “Vendrán días en que enviaré el Espíritu y la tierra entera se llenará del conocimiento del Señor”.

Dios había prometido una nueva ley escrita, no ya en tablas de piedra, sino en el corazón de los creyentes: “Les daré un corazón de carne; les arrancaré, de cuajo, el corazón de piedra; pondré en ellos un corazón nuevo; y entonces, ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios”.

Jesús rogó al Padre que cumpliera la promesa enviando el otro Consolador. Éste no traería nada nuevo, sino que les recordaría a los discípulos todo lo revelado por Jesús y se lo haría comprender claramene y experimentar con fruición. El Espíritu vino sobre los discípulos tan pronto como Jesús fue glorificado: “Si no me voy, no vendrá el Espíritu”.

Pentecostés significa la irrupción del Espíritu que inaugura el nacimiento de la Iglesia, los últimos tiempos y la plenitud de la salvación. Dios ha cumplido su parte. Ahora nos toca a nosotros.

Los discípulos experimentaron una profunda transformación. Comprendieron las Escrituras y todo el misterio de Jesús. Quedaron subyugados, enhechizados, y como enajenados por el Espíritu del Resucitado y, de inmediato, salieron a predicar por todo el mundo, con mucha convicción y entusiasmo, la salvación traída por Cristo y en él perfectamente realizada. Nació la Iglesia y con ella una nueva manera de ver la historia y de construir la sociedad como anticipo del Reino de Dios.

Pero, ojo, esta transformación es la herencia del Resucitado para todo el que crea, sin excepción. “Venid a mí, gritaba Jesús en el atrio del Templo el día de la Fiesta, todos los que tenéis sed, y tomad gratis el agua de la vida”.

El don del Espíritu es para todos. Solamente hace falta reconocer que lo necesitamos. Sólo se necesita reconocer que por naturaleza somos limitados, atrevidos, pecadores. Y entonces, sentiremos la sed de Dios, y desearemos ser llenos del Espíritu de Dios: nacer de arriba, de lo alto.

Hermano, hermana: vamos a pedir, o mejor agradecer, el don del Espíritu al finalizar estas “vivencias pascuales”. Claro que ya tienes el Espíritu, desde que recibiste el bautismo. Pero la cuestión es cómo lo tienes: Si está suelto, vivo y actuante en ti o si lo tienes atado, ignorado y casi anulado por tu pecado o tu inconsciencia.

Vamos a orar con toda sencillez ante quien sabemos nos ama y nos tiene reservadas muchas sorpresas. “Si conocieras el don de Dios y lo que él te puede dar a gustar…” Di  con todas tus ganas: Ven, Espíritu divino, ven, Padre amoroso del pobre; ven, dulce huésped del alma, y habita en mí, pon tu sede y tu trono en el centro de mi ser, de mi corazón. De doy gracias. Amén.

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ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Espíritu divino, creo en ti como la tercera persona de la Santísima Trinidad. Te adoro y te invoco como el Santificador. Tú eres el abrazo del Padre y del Hijo, fuente de toda relación y comunión.

Te doy gracias porque tú estás derramado en mi corazón. Aunque no tenga conciencia expresa de tu presencia, sé que tú guías todos mis buenos pensamientos y deseos. Tú me haces presente al Padre y al Hijo, y me inspiras el conocimiento y el amor a ellos.

Con toda reverencia me pongo en tu presencia, Espíritu Santo. Reconozco mi pobreza, y te invoco porque sé que eres “padre amoroso del pobre”. ¿Adónde iría, Señor, con mi pobreza? Ven, dulce huésped del alma, pues sin ti me abrumaría la mayor y cruel soledad. Tú que eres generoso en tus dones, ten misericordia de mí y lléname de tus gracias.

Te pido perdón, Espíritu Consolador, porque frecuentemente me olvido de ti. Con mi pecado te tengo entristecido. Perdóname. Por el contrario, quiero ser dócil a tus inspiraciones. Ten paciencia conmigo y no me dejes por imposible.

Al finalizar este ejercicio cuaresmal y pascual, ven, Espíritu Santo, a mi vida entera y transfórmala sustancialmente. Quiero recibir como una renovación en toda mi persona, en toda mi existencia. Quiero ser una nueva criatura en Cristo. No quiero defraudar al Padre que tanto me valora y tanto espera de mí. No puedo traicionarle a Jesús que me amó y se entregó por mí. Ayúdame, pues me siento desorientado y desvalido.

En fin, tú sabes mejor que nadie lo que me conviene. Ven, padre amoroso del pobre. Visita mi corazón. Mira mi pobreza y hasta mi propia miseria. Ven a calentar lo que está frío; a iluminar lo oscuro; a enderezar lo torcido; a curar las heridas; a suavizar lo duro; a endulzar la amargura; a calmar lo agresivo y violento. Ven, Espíritu Santificador con todas tus gracias: los dones y los frutos; para que me parezca más a Jesús y pueda glorificar al Padre, como él se merece.

Mira que estoy como la tierra reseca que espera la lluvia; espero el agua que limpia, refresca y fecunda. Quiero ser como la arcilla en manos del alfarero para que tú la modeles según los designios del Padre y la imagen del Hijo. Incluso, quiero ser una vasija nueva: si es preciso, rompe y quiebra mi vida ya hecha y mis planes, y hazme de nuevo. En fin, quiero ser como el leño que se deja invadir y penetrar por el fuego hasta transformarse en luz y calor. Ven, Espíritu Santo, tú que haces nuevas todas las cosas. Tú eres mi única esperanza.

Ven, Espíritu del amor, y enséñame a imitar la generosidad del Padre celestial. Ven, Espíritu Santo, y enséñame a ser hijo en el Hijo de Dios, Jesucristo: que sea verdadero discípulo buscando siempre la gloria del Padre. Dame el celo y la pasión por el Reino, los mismos que tenía Jesús y que manifestaba en sus palabras poderosas y obras maravillosas.

Quiero ser otro Cristo en el mundo. Quiero tener su mismo Espíritu para dejarme conducir por él con obsequiosa docilidad y poder en el Amor del Señor.

Te doy gracias, Espíritu divino, por esta oración que me has inspirado y has presentado al Padre y al Hijo, por mí. Agradezco lo que has hecho en mí, lo que haces, y lo que harás en el futuro para gloria del Padre y contento del Hijo. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

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Maná y Vivencias Pascuales (49)

mayo 26, 2012

Creo, Señor Jesús, que estás vivo y que sigues pasando hoy delante de nosotros y sigues llamándonos

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Sábado de la 7ª semana de Pascua

MISA MATUTINA

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DECENARIO DEL ESPÍRITU SANTO

Décimo día

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Hch 1, 14; 1era lectura: Hch 28, 16-20.30-31; Salmo: 10, 5-6.8; Aclamación: Jn 16, 7.13; Evangelio: Jn 21, 20-25; Comunión: Jn 16, 14.

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TEMA CENTRAL: JESÚS ES MI SEÑOR.

ANTÍFONA DE ENTRADA.- Los discípulos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la Madre de Jesús, y con sus hermanos. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso, concédenos conservar siempre en nuestra vida y en nuestras costumbres la alegría de estas fiestas de pascua que nos disponemos a clausurar. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA, Hch 28, 16-20.30-31

Cuando entramos en Roma, le permitieron a Pablo alojarse en una casa particular con un soldado que lo vigilara. Tres días después Pablo convocó a los judíos principales. Una vez reunidos, les dijo: Hermanos, acaban de traerme preso de Jerusalén. He sido entregado a los romanos sin que yo haya ofendido a las autoridades de nuestro pueblo ni las tradiciones de nuestros padres.

Los romanos querían dejarme en libertad después de haberme interrogado, pues no encontraban en mí nada que mereciera la muerte. Pero los judíos se opusieron y me vi obligado a apelar al César, sin la menor intención de acusar a las autoridades de mi pueblo. Por este motivo yo quise verlos y conversar con ustedes, pues en realidad, por la esperanza de Israel yo llevo estas cadenas.

Pablo, pues, arrendaba esta vivienda privada y permaneció allí dos años enteros. Recibía a todos los que lo venían a ver, proclamaba el Reino de Dios y les enseñaba con mucha seguridad lo referente a Cristo Jesús, el Señor, y nadie le ponía trabas.


SALMO 10, 5-6.8

El Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en el cielo: sus ojos están observando, sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina a inocentes y culpables, y al que ama la violencia., él lo odia. Porque el Señor es justo y ama la justicia, los que son rectos contemplarán su rostro.


ACLAMACIÓN Jn 16, 7.13.- Les enviaré el Espíritu Santo de la verdad, dice el Señor, él les comunicará toda la verdad. Aleluya.

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EVANGELIO, Jn 21, 20-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a Pedro: Sígueme.

Pedro entonces, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba (el que en la cena se había inclinado sobre su pecho y le había preguntado: Señor, ¿quién es el que te va a entregar?) Al verlo, Pedro preguntó a Jesús: ¿Y qué va a ser de éste?

Jesús le contestó: Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa? Tú sígueme.

Por esta razón corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no iba a morir. Pero Jesús no dijo que no iba a morir, sino simplemente: Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa?

Este es el mismo discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito aquí, y nosotros sabemos que dice la verdad.

Jesús hizo también otras muchas cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habría lugar en el mundo para tantos libros.


COMUNIÓN Jn 16, 14.- El Espíritu Santo me glorificará, porque recibirá de mí lo que les irá comunicando, dice el Señor. Aleluya.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

DÍA DÉCIMO

Para concretar, aunque sea de una manera muy general, un estilo de vida que nos impulse a tratar al Espíritu Santo con familiaridad y a través de él, al Padre y al Hijo, podemos fijarnos en tres realidades: docilidad, vida de oración, indulgencia para con el prójimo. El trato con el Paráclito produce en el hombre espiritual la paz y la libertad que Cristo nos ha ganado con su vida, pasión y muerte, y resurrección gloriosa. Es decir, los siete dones del Espíritu: Sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, fortaleza, piedad y temor de Dios.

Más explícitamente y según san Pablo, he aquí las consecuencias, sentimientos y frutos de la presencia del Espíritu Santo en nuestros corazones. Los frutos del Espíritu son caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad (Gál 5, 22-23): y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad (2 Cor 3,17).

Oh Dios, que con tu Espíritu llenaste la tierra, haz que los hombres construyan un mundo nuevo de justicia y de paz.

ORACIÓN FINAL

Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio; y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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EJERCICIO PASCUAL: JESÚS ES MI SEÑOR

Ayer contemplamos que Dios Padre ha tomado la iniciativa para crearnos y después para redimirnos. Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su propio Hijo. El amor consiste, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero. Más que amar a Dios, nosotros tenemos que dejarnos amar por Dios.

Pues bien, Dios Padre ha enviado a su Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo. Todo el que cree en Jesús como enviado del Padre tiene vida eterna. Por tanto, debemos acoger a Jesús y creer todo cuanto nos diga y nos mande porque sólo él ha bajado del cielo, y sólo a él Dios Padre lo ha acreditado con palabras verdaderas y signos maravillosos.

Jesús, lleno del Espíritu de Dios, pasó por el mundo haciendo el bien. Y sufriendo aprendió a obedecer hasta la muerte y muerte de cruz. Dios Padre lo perfeccionó a base a sufrimientos. Pero, después de muerto, no lo dejó en el sepulcro sino que lo glorificó. Es decir, le dio un nombre sobre todo nombre y lo constituyó Señor y Salvador. No hay salvación fuera de él.

Por tanto, en este día, estimados hermanos, debemos hacer un acto de fe en Jesús confesándolo como nuestro Señor y Salvador, sometiéndole a él todo nuestro ser, nuestra persona. Sólo así podemos agradar al Padre y podremos recibir el Espíritu Santificador.

Creer en Jesús significa adherirse vitalmente a él, entregándole todo lo que somos y queremos, y a la vez renunciando a todo cuanto no sea conforme a los designios del Padre. Esta fe ha de comprometer toda nuestra existencia y todos los niveles de nuestra personalidad.

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ORACIÓN A JESÚS EL SEÑOR

Señor Jesús, creo que tú has venido de parte de Dios para revelarnos los designios de su amor. Te doy gracias por tu disponibilidad, pues tú te ofreciste al Padre diciéndole: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Me has dado un cuerpo; mándame a mí. Yo iré y les mostraré a todos tu gloria.

Gracias, Señor Jesús, por esa solidaridad, esa generosidad y fidelidad. Te admiro, te doy gracias y te acojo en lo más profundo de mi corazón como testigo del amor del Padre. Tú te has rebajado tanto que te has hecho hermano nuestro, en todo igual a nosotros, menos en el pecado.

Creo en ti, Señor, te amo, y quiero acoger tu palabra: adónde iría lejos de ti. Sólo tú tienes palabras de vida eterna. Tú eres mi sabiduría y mi todo. Tú pasaste por el mundo haciendo el bien. Y ahora yo creo que tú estás vivo, y eres capaz de transformar mi vida totalmente.

Sé que te has hecho en todo semejante a nosotros, menos en el pecado: tú sabes que somos de barro, y nos puedes comprender. Por eso, me inspiras toda la confianza para entregarme a ti y dejarme llevar adonde tú dispongas. Tú eres mi maestro. No quiero saber nada fuera de ti. Por eso, te consagro mi entendimiento y toda mi persona. Quiero que tú gobiernes mi vida por tu santo Espíritu.

Toma posesión de toda mi persona, de todo mi ser: para que yo tenga tus mismos sentimientos, intereses, deseos y acciones. Que ya no viva yo, sino que tú vivas en mí. Renuncio a dirigir mi vida al margen de ti o contra la voluntad del Padre. Renuncio al pecado y a todas las acciones, promesas y mentiras del espíritu malo. Renuncio a mi personalidad pecadora, al hombre viejo.

Por el contrario, quiero ser una criatura nueva. En ti, Señor Jesús, seré una persona diferente, completamente nueva. Estoy seguro que eso tú lo puedes hacer porque el Padre te ha hecho Salvador.

Ayer, Señor Jesús, tu Espíritu me capacitaba para imitar al Padre Dios que hace brillar el sol sobre justos e injustos. Aprendí a perdonar y a olvidar las ofensas hasta renunciar a toda venganza. Hoy, Señor, tu Espíritu me sugiere que colabore contigo en la salvación del mundo. Quiero continuar tu obra para llevar muchos hermanos a la gloria, para que la casa del Padre se llene de invitados. Para que tus desposorios, Señor Jesús, con la humanidad alcancen a todos los hombres.

Finalmente, sé que has tomado en serio esta declaración de fe y de amor hacia ti, Señor Jesús. Querría hacerla con mayor convicción. Pero tú comprendes mi debilidad y sabes valorar mis esfuerzos. Por eso, te confieso y te proclamo como mi Salvador, mi único Salvador, Dueño de mi vida y de todas mis cosas. No quiere ya ser esclavo de nada ni de nadie sino sólo de ti; y por ti y en ti, esclavo de todos. Lléname de tu Espíritu para realizar las obras que el Padre espera. Amén.

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La fe de María sostiene a toda la Iglesia

mayo 23, 2012

María nos acompaña en los sufrimientos y las penas de cada día



Cardenal Christoph Schönborn fomenta el rezo del santo rosario


Por Salvatore Cernuzio (Zenit) y Massimiliano Menichetti (Radio Vaticano)


ROMA, Jueves 17 mayo 2012 (ZENIT.org).- La fe de María sostiene a toda la Iglesia. Este fue el corazón de la homilía del cardenal Christoph Schönborn, Arzobispo de Viena y presidente de la Conferencia Episcopal de Austria, en sus palabras en honor de la Virgen de Fátima, peregrina en la parroquia romana de ‘Santa Maria delle Grazie alle Fornaci’, adonde llegaron también las reliquias de los beatos Francisco y Jacinta.
El purpurado subrayó la centralidad de la Madre de Dios en nuestra vida y en la vida del hombre, especialmente en este mes mariano. Concluida la ceremonia, el cardenal Schönborn concedió en exclusiva una entrevista a ZENIT y a Radio Vaticano.

Eminencia, en este momento en el cual Europa vive una crisis económica y el hecho de la secularización, ¿qué podemos aprender del ejemplo de María?

– Card. Schönborn: Me impresiona siempre la fe que tenía la Virgen en su vida cotidiana, porque corremos el riesgo de olvidarnos que la mayor parte de la misma la pasó oculta en Nazaret. La vida con san José y con su hijo Jesús, fue una vida cotidiana como la nuestra, una vida laboral con las respectivas dificultades: él debía comprar la madera, hacer contratos, pagar a sus colaboradores, etc.

Además se daban las dificultades creadas por la ocupación romana del territorio: una situación de injusticia, de pobreza, de persecución y de opresión. En medio a todo esto estaba el Hijo de Dios mismo, el hijo de María, para todos nosotros. Concretamente en la vida cotidiana, María nos acompaña durante los sufrimientos y las penas. Lo que es grande en ella es su fe sin sombra de duda. Pienso que este sea el mensaje central.

También en los santuarios marianos…, ¿qué es lo que aprendemos de Lourdes, Fátima y en otros lugares conocidos?

– Card. Schönborn: Que la Virgen siempre se dirige a personas simples. Bernardette no sabía leer ni escribir, era analfabeta. Los niños de Fátima son los que transmitieron el mensaje de la Virgen y fueron llamados a ser apóstoles. Es una buena lección para nosotros, que estamos llenos de orgullo debido al éxito, al progreso o a la riqueza. Ahora la situación de crisis que se vive, puede servir para permitirnos ver cuáles son los verdaderos valores.

Los miles de peregrinos que van a los santuarios marianos, ¿son una reafirmación de que hay motivos de esperanza?

– Card. Schönborn: Absolutamente sí, hay esperanza, porque la esperanza es la virtud que nos ancla en Dios, así como en las palabras de san Pablo: “Se espera contra toda esperanza”. La esperanza humana es una cosa bella, pero la esperanza de la fe es aún más grande; y si hay esperanza es porque está Dios.

Mirando hacia la Virgen de Fátima, usted mencionó que “en la fe de María sobrevivió toda la Iglesia” ¿Puede explicarnos esto mejor?

– Card. Schönborn: Sin fe la Iglesia no existe. En la noche del sábado santo todos estaban envueltos en las tinieblas debido al aparente fracaso. Solamente la Virgen -nos indica la tradición-, mantuvo la fe. Pensemos en los sufrimientos terribles de la muerte real de su hijo. En la fe que ella tuvo, toda la iglesia sobrevivió y sobrevivirá siempre en la fe.

Benedicto XVI exhortó en una audiencia a los jóvenes a no abandonar el rezo del rosario, en cuanto es una oración simple pero eficaz para un diálogo con María… ¿Cuán importante es el rosario?

– Card. Schönborn: Para mí, el rosario es la oración de los pobres, porque cuando uno se siente cansado, exhausto, al sujetarlo en la mano uno se siente siempre seguro. Me impacta cada vez que se reza el Ave María: “ahora y en la hora de nuestra muerte”. “Ahora”: siempre. Y ahora en mi vida, está María. Algunos decían: “Ah, estas mujeres ancianas que rezan el rosario”.

Esto se decía ya en mi juventud, pero las veo aún hoy: ¡y no son las viejas de hace 50 años atrás, son las viejas de hoy y siguen rezando! Porque quien desprecia a las ancianas que rezan, no entendió nada del evangelio.

Eminencia, para concluir ¿Qué mensaje puede dar sobre la Iglesia en su país?

– Card. Schönborn: Un pequeño mensaje sobre la Iglesia en Austria. En los medios de comunicación hay una imagen unilateral. Es verdad que existen protestas, pero hay mucha fe. Pienso por ejemplo en los numerosos grupos de oración compuestos por jóvenes -de lo que no se habla-, y podría dar una larga lista. ¡Cuántos grupos de oración existen! Por ello quiero transmitir la otra versión, quiero que todos sepan que nuestra Iglesia está viva.


Recemos el rosario con el corazón y no de modo mecánico

mayo 21, 2012

El Santo Rosario, una forma de oración y también de meditación


Entrevista al cardenal Prosper Grech, OSA

Por Salvatore Cernuzio

ROMA, viernes 18 mayo 2012 (ZENIT.org).- “¿Tienen presente las dos fontanas con dos niveles que están en la Plaza de San Pedro? Aquellas en donde el agua moja el primer nivel y después baja al segundo? Así es la gracia de María: sobreabunda en Ella y después llega a nosotros”.

Este es uno de los significativos ejemplos que el cardenal agustino maltés, Prosper Grech, utilizó en la misa que celebró este miércoles 16 en la iglesia de ‘Santa María de la Gracia en Fornaci’, donde ha sido recibida la imagen de la Virgen de Fátima, que permanecerá hasta el 20 de mayo junto a las reliquias de los beatos Francisco y Jacinta.

El miércoles fue la jornada dedicada a los enfermos y a las personas que sufren. Al concluir su homilía, toda centrada en la oración del Ave María, el purpurado distribuyó el aceite sagrado para la unción de los enfermos, a los numerosos fieles enfermos que llegaron a la iglesia para venerar a la imagen peregrina.

“María es salud de los enfermos”, recordó el cardenal en su meditación. “Ella nos da la fuerza de soportar el sufrimiento y los males”; y al recordar la importancia de la oración invitó a los fieles a “no abandonarla en este mes mariano”, porque la Virgen “es la vía segura que lleva a Cristo, refugio seguro hacia la salvación”.

Entrevistado por ZENIT el cardenal explicó que “depende de nuestra fe” creer en el poder de intercesión de María y por lo tanto de la eficacia de la oración. “Se puede rezar a María sin fe -dijo-, y Ella en su misericordia puede también escucharnos”. Si bien solamente “a través de una relación personal con Cristo y después con su Madre” se puede llegar a “una oración que sale del corazón y que responde con el corazón de María”.

“¿Cuántas ‘Ave María’ hemos rezado en nuestra vida? se preguntó el purpurado que respondió: “Miles, yo creo, y ¿qué es lo que rezamos? Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte”. “María en aquel último momento -explicó-, nos toma por la mano, no solamente para confortarnos, sino para darnos la fe, para hacer ese salto hacia los brazos de Cristo, de manera que Ella nos presente a Jesús, y Jesús al Padre”. Y añadió que “la penitencia, el ayuno y la oración son las vías concretas de salvación indicadas por María”.

Durante la entrevista a ZENIT reafirmó dicho concepto: “Jesús ha predicado en el evangelio la penitencia por todos nuestros pecados, para así poder entrar en el Reino de Dios. Por ello su Madre nos invita en cada aparición a la confesión, como un acto de verdadera y sincera contrición, así como también a la oración”.

La oración en particular es un acto fundamental de la vida del cristiano, especialmente cuando va dirigida a la Virgen: “Lo que no osamos pedir al Padre o por miedo o por falta de fe -dijo-, lo ponemos en las manos de nuestra mamá”.

El purpurado añadió que por ese motivo Ella diversas veces “nos indicó el rosario como un instrumento fuerte en las manos del cristiano, instrumento al cual es necesario retornar. Una vía no solamente de oración, sino también de meditación”.

En el tercer misterio glorioso por ejemplo, decimos: el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles… Padre Nuestro… Ave María.. etc. ¿Pero qué significado tiene esto para nosotros? ¿Estamos realmente reflexionando sobre el hecho de que el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles, sobre la Iglesia y por lo tanto sobre mí? Es necesario entrar plenamente en el significado de estas palabras”, indicó.

A la pregunta sobre el significado del mes mariano, tiempo de gracia en el cual florecen tantas iniciativas que llevan o elevan el corazón a María, el cardenal Grech respondió que se trata de “un tiempo rico de oportunidades para nosotros, porque se descubre la devoción por la Madre de Dios que en la iglesia católica empezó desde el inicio, y seguirá siempre en cuanto está íntimamente unida al Señor”.

Al concluir, el alto prelado dedicó un pensamiento hacia los enfermos y personas que sufren, y que tuvieron el miércoles una jornada dedicada a ellos: “En mi escudo cardenalicio están escritas las palabras “In te, Domine, speravi” y naturalmente “non confundar in aeternum”. O sea, “Oh Dios, espero en ti, y a Ti me confío para no perderme para siempre”. Esta debería ser nuestra oración continua. Confiemos nuestra oración a María, la Madre, para que la ofrezca a Jesús”, concluyó.

Traducido por Sergio H. Mora


Convivientes son más proclives a separarse, alerta experta psicóloga

mayo 18, 2012

 

BUENOS AIRES, 24 Abr. 12 (ACI/EWTN Noticias) .- Meg Jay, psicóloga clínica de la Universidad de Virginia (Estados Unidos), publicó el artículo “La desventaja de cohabitar antes del matrimonio” donde advirtió que las parejas que conviven antes del matrimonio son más proclives al divorcio.

En el artículo, publicado el 14 de abril por The New York Times, la psicóloga señaló que existe un “efecto cohabitación” que hace que los convivientes tiendan a estar más insatisfechos con sus matrimonios y por tanto más expuestos al divorcio que las parejas que no convivieron antes de casarse.

Según indicó, al principio los investigadores atribuyeron este efecto a que los convivientes eran menos adeptos al matrimonio y más abiertos al divorcio. Sin embargo, nuevas investigaciones señalan que el riesgo se encuentra en la misma convivencia.

El artículo, reproducido por la agencia AICA, señaló que las personas que rondan los 20 años de edad suelen llegar a la convivencia de manera no discernida, como una consecuencia de dormir en la casa del otro periódicamente sin demasiada reflexión.

Por lo tanto, se llega a la decisión de convivir sin demasiado diálogo y sin advertir las diferentes percepciones que varones y mujeres tienen sobre la convivencia.

Según el artículo, las mujeres tienden a ver la convivencia como un paso al matrimonio, mientras que los hombres la ven como una prueba de la relación o forma de posponer un compromiso. Sin embargo, indicó Jay, hombres y mujeres coinciden en que sus estándares para un conviviente son más bajos que para un esposo.

Asimismo, advirtió que contra lo que se cree, los hechos han demostrado que la convivencia no llega a ser más conveniente económicamente, debido a los costos comunes que se comparten y otras razones que dificultan la ruptura.

En Estados Unidos había en 1960 unas 450.000 parejas no casadas. Esta cifra se incrementó en 1.500 por ciento, llegando a más de 7.500.000 en la actualidad.

Ante esto, el Centro de Bioética de Argentina criticó el anteproyecto de reforma al Código Civil impulsado por el Gobierno de Cristina Fernández, pues “resultaría una forma de impulsar las convivencias, a las que regula de manera muy detallada, a la vez que desjerarquiza al matrimonio al que no le impone casi ningún deber y lo reduce a un mero pacto revocable en cualquier momento.

“Creemos que esta reforma proyectada tiene graves consecuencias sobre el bien común y el bien concreto de las personas involucradas”, advirtió.


‘La formación de los propios hijos y de las familias amigas es una gran esperanza’

mayo 17, 2012

Familia, trabajo y fiesta


Entrevista a una pareja de esposos

de la Acción Católica Italiana


Por Sergio H. Mora

ROMA, Martes 15 mayo 2012 (ZENIT.org).- El VII Encuentro Mundial de las Familias, que se realizará en la ciudad de Milán del 30 de mayo al 3 de junio, tiene como tema ‘Familia Trabajo y Fiesta’. Esto permitirá profundizar las problemáticas relacionadas con la familia y contará con la presencia de Benedicto XVI.

Entre las dificultades actuales figuran los adultos que no logran ser adultos, y los jóvenes que no se casan porque no quieren asumir responsabilidades, y por lo tanto muchas veces la familia viene entendida como un problema y no como un gran recurso. Entre las esperanzas figuran en cambio, las familias que forman a sus hijos, que los consideran un don y ayudan a la formación de los hijos de otras familias.

ZENIT entrevistó a Stefano Sereni y Rita Pileri, una pareja elegida por el Consejo Nacional de la Acción Católica Italiana para temas relativos a la familia y que se encuentra muy comprometida con el próximo encuentro mundial.

De la familia se habla poco o solamente cuando hay hechos negativos de crónica, como si la familia fuera solamente esto. ¿Cuál es el principal problema de hoy?

- Stefano: El problema de la familia hoy es que muchas veces es tomada justamente más como un problema que como un recurso. Nos hemos olvidado del aspecto fundamental que es el de hacer crecer y cuidar a las nuevas generaciones. Esto es un trabajo de todos los días que no es elogiado y que fue olvidado. Los medios de información prefieren poner en evidencia todos los problemas, las crisis o la ‘crónica negra’, mientras por así decir ‘la crónica blanca’, que sirve para hacer crecer a las nuevas generaciones, es dejada de lado.

Han hablado de la formación…

- Rita: La familia se ocupa antes que todo de la formación cuando tiene el don de los hijos. Nosotros invitamos a cuidar no solamente a los propios hijos sino también a los de otras familias que quizás no tienen el discernimiento o el tiempo de cuidar su formación, principalmente desde el punto de vista cristiano, aunque no debamos quedarnos solamente en esto. Un servicio que la Acción Católica realiza con grupos de jóvenes, es ayudar a los papás en la tarea de la formación de los hijos.

¿O sea también a los hijos de otras familias?

- Stefano: Las familias que participan en la misa todas las semanas lamentablemente son pocas. Los datos indican que los hijos de estas familias después siguen esta tradición. Ser papás de los otros significa poner en acción esta generación, en que cada papá no lo es solamente del propio hijo, sino que cuida de las nuevas generaciones. Indico por ejemplo, la gran contribución que dan los adultos de la Acción Católica, que volviendo de nuevo a ser los educadores de los más jóvenes, los invitan a cuidar también a otros muchachos.

¿Hay también un problema sicológico, y no solamente de los jóvenes?

- Rita: Está también el problema del adulto que no logró dar una estructura a estos jóvenes y demuestra un malestar total. Un malestar que después se transmite al joven porque el adulto no supo dar respuestas, no logra hacer creer, tener la esperanza de algo mejor.
Lo que nosotros constatamos hoy son adultos que no tuvieron la capacidad de ser adultos, de dar reglas, o al menos certezas, y esto crea un desequilibrio notable.

¿Y por qué se casan menos los jóvenes?

- Stefano: Nosotros nos ocupamos de los novios en nuestra parroquia; en este momento de 15 parejas que se preparan para el matrimonio, 14 ya conviven. Y no logramos entender por qué. Probablemente es por no querer asumir un compromiso. Este es el gran drama, no querer volverse adulto, que significa ‘me comprometo y si me equivoco pago’. El sistema de descargar las culpas un poco sobre los otros es bastante problemático porque falta el adulto. Falta quien asuma las propias responsabilidades, sea en el mundo del trabajo o en cualquier otro sector.

¿Qué se espera de este VII Encuentro Mundial de las Familas?

- Rita: Los frutos son imprevisibles. La primera cosa importante será encontrarnos en esta jornada preparada desde hace tiempo por los movimientos. Hemos intercambiado ideas y hemos entendido diversos puntos. Digamos que como siempre es un momento final de un camino que nos puso interrogantes. A la Acción Católica le sirvió muchísimo para poner en el centro y entender la importancia de la familia en nuestra asociación, teniendo en cuenta que no es una asociación de carácter familiar.

Entretanto nos dimos cuenta que la unidad de nuestra asociación está en la familia y trabajamos juntos. Hemos hecho algunas estrategias, analizamos recorridos realizados y nos detuvimos para reflexionar. Todos tuvimos la oportunidad de decirnos: Viene el evento, ¿qué hacemos?

Para seguir el Encuentro Mundial de las Familias: www.family2012.com/es/


Maná y Vivencias Pascuales (40)

mayo 17, 2012

Jueves de la 6ª semana de Pascua

No se ausenten de Jerusalén hasta que reciban el Espíritu Santo

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¡PENTECOSTÉS A LA VISTA!

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COMIENZA EL DECENARIO

DEL ESPÍRITU SANTO

¡VIDA EN ABUNDANCIA!

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Sal 67, 8-9.20; 1era lectura: Hch 18, 1-8; Salmo: 97, 1-4; Aleluya: Jn 14,18; Evangelio: Jn 16, 16-20; Comunión: Mt 28, 20.

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ANTIFONA DE ENTRADA

Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo, y acampabas con ellos y llevabas sus cargas, la tierra tembló, el cielo destiló. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, que nos haces partícipes de la redención, concédenos vivir siempre la alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina contigo.

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PRIMERA LECTURA: Hch 18, 1-8

En aquellos días, Pablo se marchó de Atenas y se fue a Corinto. Allí se encontró con un judío llamado Aquila, natural del Ponto, que acababa de llegar de Italia con su esposa Priscila, a consecuencia de un decreto del emperador Claudio; porque todos los judíos habían recibido la orden de abandonar Roma.

Pablo se acercó a ellos pues eran del mismo oficio y se dedicaban a fabricar tiendas. Y se quedó a vivir y a trabajar con ellos. Todos los sábados Pablo entablaba discusiones en la sinagoga, tratando de convencer tanto a los judíos como a los griegos.

Al llegar de Macedonia Silas y Timoteo, Pablo se dedicó por entero a la Palabra, y aseguraba a los judíos que Jesús era el Mesías. Como se oponían y le respondían con insultos, se sacudió el polvo de sus vestidos mientras les decía: Nada tengo ya que ver con lo que les suceda; ustedes son los únicos responsables. En adelante me dirigiré a los paganos.

Pablo cambió de lugar y se fue a la casa de un tal Tito Justo, de los que temen a Dios, que estaba pegada a la sinagoga. Crispo, uno de los dirigentes de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia, y de los corintios que escuchaban a Pablo, muchos creían y se hacían bautizar.

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SALMO 97, 1-4

Entonen al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas, su diestra le ha dado la victoria, su santo s brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia, se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Todos, hasta los confines del mundo, han visto la victoria de nuestro Dios.

¡Aclama al Señor, tierra entera; estallen en gritos de alegría!

ALELUYA: Jn 14, 18

No los dejaré huérfanos, dice el Señor; me voy y vuelvo a su lado, y se alegrará su corazón.

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EVANGELIO: Jn 16, 16-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Dentro de poco ya no me verán, pero después de otro poco me volverán a ver. Algunos discípulos se preguntaban: ¿Qué querrá decir con eso: “Dentro de poco ya no me verán y después de otro poco me volverán a ver”? ¿Y qué significa: “Me voy al Padre”? Y se preguntaban: ¿A qué se refiere ese “dentro de poco”? No entendemos lo que quiere decir.

Jesús se dio cuenta de que querían preguntarle y les dijo: Ustedes andan discutiendo sobre lo que les dije: “Dentro de poco tiempo no me verán y después de otro poco me volverán a ver” En verdad les digo que llorarán y se lamentarán, mientras que el mundo se alegrará. Ustedes estarán apenados, pero su tristeza se convertirá en gozo.

COMUNIÓN: Mt 28, 20

Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Aleluya.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

Estimados amigos, estamos entrando en la recta final del tiempo pascual. Ya llevamos cuarenta días celebrando la resurrección de Cristo. En efecto, a los cuarenta días, el Resucitado asciende a los cielos. Tradicionalmente se celebraba en este jueves la Ascensión del Señor. Ahora la celebramos el domingo próximo.

Jesús ha encomendado a los apóstoles predicar el evangelio a todas las naciones, pues se le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Pero antes de salir a evangelizar deben ser capacitados para tal misión: No se ausenten de Jerusalén, les dice Jesús, hasta que reciban el Espíritu Santo. Por eso los apóstoles y discípulos se reunieron junto a María la madre de Jesús, y permanecieron unidos en oración esperando la venida del Espíritu.

Esta espera de diez días constituye la primera oración de la Iglesia que se prepara, durante diez días, para una gran fiesta, un gran acontecimiento salvífico: la efusión del Espíritu y el consiguiente nacimiento de la Iglesia en el día de Pentecostés. Ese tiempo de oración constituye la primera “novena” de la historia de la Iglesia, podríamos decir.

Nosotros, por nuestra parte, hemos tratado de vivir con paciencia y perseverancia, día a día, la ascesis cuaresmal y la alegría pascual. Ahora notamos que lo sembrado está dando frutos. Pero aún no ha culminado este tiempo santo. Debemos continuar abiertos a la acción del Señor.

Por eso, me ha parecido muy conveniente ofrecerles, a partir de hoy, un Decenario al Espíritu Santo. Mediante este ejercicio piadoso queremos sentir con mayor intensidad la fuerza del Espíritu recibido en el bautismo.

La experiencia pascual de los apóstoles estuvo sazonada constantemente por la presencia del Espíritu: antes de Pentecostés, durante Pentecostés y después del mismo. Nosotros también queremos permanecer los próximos días junto a María esperando una nueva efusión del Poder de lo alto en nuestras vidas.

Entremos, pues, con decisión y alegría en el cenáculo de oración donde la Iglesia de Jesús presidida por María y los apóstoles espera la irrupción de Pentecostés. ¡Qué mejor oración que un decenario al Espíritu para disponernos a recibir la vida en abundancia que nos regala el Padre a través del Hijo Resucitado mediante la acción del Espíritu Santo!

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ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

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DÍA PRIMERO

Los Hechos de los Apóstoles, al narrarnos los acontecimientos de aquel día de Pentecostés en el que el Espíritu Santo descendió en forma de lenguas de fuego sobre los discípulos de nuestro Señor, nos hacen asistir a la gran manifestación del poder de Dios, con el que la Iglesia inició su camino entre las naciones.

Los discípulos, que ya eran testigos de la gloria del Resucitado, experimentaron en sí la fuerza del Espíritu Santo: sus inteligencias y sus corazones se abrieron a una luz nueva. El Espíritu Santo, que es espíritu de fortaleza, los ha hecho firmes, seguros, audaces.

Oh Dios, tú que al principio creaste el cielo y la tierra y, al llegar el momento culminante, recapitulaste en Cristo todas las cosas, por tu Espíritu renueva la faz de la tierra y conduce a los hombres a la salvación.

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ORACIÓN FINAL

Ven Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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«Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él»

mayo 16, 2012

También yo, desde el primer momento de mi elección a Sucesor de san Pedro, siempre me he sentido sostenido por vuestra oración



Catequesis de S. S. Benedicto XVI en la Audiencia General del miércoles 9 de mayo de 2012


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy quiero reflexionar sobre el último episodio de la vida de san Pedro narrado en los Hechos de los Apóstoles: su encarcelamiento por orden de Herodes Agripa y su liberación por la intervención prodigiosa del ángel del Señor, en la víspera de su proceso en Jerusalén (cf. Hch 12, 1-17).

El relato está marcado, una vez más, por la oración de la Iglesia. De hecho, san Lucas escribe: «Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él» (Hch 12, 5). Y, después de salir milagrosamente de la cárcel, con ocasión de su visita a la casa de María, la madre de Juan llamado Marcos, se afirma que «había muchos reunidos en oración» (Hch 12, 12).

Entre estas dos importantes anotaciones que explican la actitud de la comunidad cristiana frente al peligro y a la persecución, se narra la detención y la liberación de Pedro, que comprende toda la noche. La fuerza de la oración incesante de la Iglesia se eleva a Dios y el Señor escucha y realiza una liberación inimaginable e inesperada, enviando a su ángel.

El relato alude a los grandes elementos de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, la Pascua judía. Como sucedió en aquel acontecimiento fundamental, también aquí realiza la acción principal el ángel del Señor que libera a Pedro. Y las acciones mismas del Apóstol —al que se le pide que se levante deprisa, que se ponga el cinturón y que se envuelva en el manto— reproducen las del pueblo elegido en la noche de la liberación por intervención de Dios, cuando fue invitado a comer deprisa el cordero con la cintura ceñida, las sandalias en los pies y un bastón en la mano, listo para salir del país (cf. Ex 12, 11). Así Pedro puede exclamar: «Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes» (Hch 12, 11).

Pero el ángel no sólo recuerda al de la liberación de Israel de Egipto, sino también al de la Resurrección de Cristo. De hecho, los Hechos de los Apóstoles narran: «De repente se presentó el ángel del Señor y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó» (Hch 12, 7). La luz que llena la celda de la prisión, la acción misma de despertar al Apóstol, remiten a la luz liberadora de la Pascua del Señor que vence las tinieblas de la noche y del mal.

Por último, la invitación: «Envuélvete en el manto y sígueme» (Hch 12, 8), hace resonar en el corazón las palabras de la llamada inicial de Jesús (cf. Mc 1, 17), repetida después de la Resurrección junto al lago de Tiberíades, donde el Señor dice dos veces a Pedro: «Sígueme» (Jn 21, 19.22). Es una invitación apremiante al seguimiento: sólo saliendo de sí mismos para ponerse en camino con el Señor y hacer su voluntad, se vive la verdadera libertad.

Quiero subrayar también otro aspecto de la actitud de Pedro en la cárcel: de hecho, notamos que, mientras la comunidad cristiana ora con insistencia por él, Pedro «estaba durmiendo» (Hch 12, 6). En una situación tan crítica y de serio peligro, es una actitud que puede parecer extraña, pero que en cambio denota tranquilidad y confianza; se fía de Dios, sabe que está rodeado por la solidaridad y la oración de los suyos, y se abandona totalmente en las manos del Señor.

Así debe ser nuestra oración: asidua, solidaria con los demás, plenamente confiada en Dios, que nos conoce en lo más íntimo y cuida de nosotros de manera que —dice Jesús— «hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo» (Mt 10, 30-31). Pedro vive la noche de la prisión y de la liberación de la cárcel como un momento de su seguimiento del Señor, que vence las tinieblas de la noche y libra de la esclavitud de las cadenas y del peligro de muerte.

Su liberación es prodigiosa, marcada por varios pasos descritos esmeradamente: guiado por el ángel, a pesar de la vigilancia de los guardias, atraviesa la primera y la segunda guardia, hasta el portón de hierro que daba a la ciudad, el cual se abre solo ante ellos (cf. Hch 12, 10).

Pedro y el ángel del Señor avanzan juntos un tramo del camino hasta que, vuelto en sí, el Apóstol se da cuenta de que el Señor lo ha liberado realmente y, después de reflexionar, se dirige a la casa de María, la madre de Marcos, donde muchos de los discípulos se hallan reunidos en oración; una vez más la respuesta de la comunidad a la dificultad y al peligro es ponerse en manos de Dios, intensificar la relación con él.

Aquí me parece útil recordar otra situación no fácil que vivió la comunidad cristiana de los orígenes. Nos habla de ella Santiago en su Carta. Es una comunidad en crisis, en dificultad, no tanto por las persecuciones, cuanto porque en su seno existen celos y disputas (cf. St 3, 14-16).

Y el Apóstol se pregunta el porqué de esta situación. Encuentra dos motivos principales: el primero es el dejarse dominar por las pasiones, por la dictadura de sus deseos de placer, de su egoísmo (cf. St 4, 1-2a); el segundo es la falta de oración —«no pedís» (St 4, 2b)— o la presencia de una oración que no se puede definir como tal –«pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones» (St 4, 3).

Esta situación cambiaría, según Santiago, si la comunidad unida hablara con Dios, si orara realmente de modo asiduo y unánime. Incluso hablar sobre Dios, de hecho, corre el riesgo de perder su fuerza interior y el testimonio se desvirtúa si no están animados, sostenidos y acompañados por la oración, por la continuidad de un diálogo vivo con el Señor.

Una advertencia importante también para nosotros y para nuestras comunidades, sea para las pequeñas, como la familia, sea para las más grandes, como la parroquia, la diócesis o la Iglesia entera. Y me hace pensar que oraban en esta comunidad de Santiago, pero oraban mal, sólo por sus propias pasiones. Debemos aprender siempre de nuevo a orar bien, orar realmente, orientarse hacia Dios y no hacia el propio bien.

La comunidad, en cambio, que acompaña a Pedro mientras se halla en la cárcel, es una comunidad que ora verdaderamente, durante toda la noche, unida. Y es una alegría incontenible la que invade el corazón de todos cuando el Apóstol llama inesperadamente a la puerta. Son la alegría y el asombro ante la acción de Dios que escucha. Así, la Iglesia eleva su oración por Pedro; y a la Iglesia vuelve él para narrar «cómo el Señor lo sacó de la cárcel» (Hch 12, 17).

En aquella Iglesia en la que está puesto como roca (cf. Mt 16, 18), Pedro narra su «Pascua» de liberación: experimenta que en seguir a Jesús está la verdadera libertad, que nos envuelve la luz deslumbrante de la Resurrección y por esto se puede testimoniar hasta el martirio que el Señor es el Resucitado y «realmente el Señor ha mandado a su ángel para librarlo de las manos de Herodes» (cf. Hch 12, 11).

El martirio que sufrirá después en Roma lo unirá definitivamente a Cristo, que le había dicho: cuando seas viejo, otro te llevará adonde no quieras, para indicar con qué muerte iba a dar gloria a Dios (cf. Jn 21, 18-19).

Queridos hermanos y hermanas, el episodio de la liberación de Pedro narrado por san Lucas nos dice que la Iglesia, cada uno de nosotros, atraviesa la noche de la prueba, pero lo que nos sostiene es la vigilancia incesante de la oración.

También yo, desde el primer momento de mi elección como Sucesor de san Pedro, siempre me he sentido sostenido por vuestra oración, por la oración de la Iglesia, sobre todo en los momentos más difíciles. Lo agradezco de corazón.

Con la oración constante y confiada el Señor nos libra de las cadenas, nos guía para atravesar cualquier noche de prisión que pueda atenazar nuestro corazón, nos da la serenidad del corazón para afrontar las dificultades de la vida, incluso el rechazo, la oposición y la persecución.

El episodio de Pedro muestra esta fuerza de la oración. Y el Apóstol, aunque esté en cadenas, se siente tranquilo, con la certeza de que nunca está solo: la comunidad está orando por él, el Señor está cerca de él; más aún, sabe que «la fuerza de Cristo se manifiesta plenamente en la debilidad» (2 Co 12, 9).

La oración constante y unánime es un instrumento valioso también para superar las pruebas que puedan surgir en el camino de la vida, porque el estar unidos a Dios es lo que nos permite estar también profundamente unidos los unos a los otros. Gracias.

http://www.vatican.va/


Día de la Madre 2012, América

mayo 13, 2012

Día de la Madre en América.

DÍA DE LA MADRE EN AMÉRICA, 13 de mayo 2012


 

El domingo pasado, 6 de mayo, celebramos en España el Día de la Madre. Este domingo, 13 de mayo, se celebra en América. Por eso, a continuación enviamos la felicitación correspondiente, con mucho cariño.

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SALUDO A LAS MADRES EN GENERAL POR SU DÍA

Y EN PARTICULAR

A LAS MADRES CRISTIANAS SANTA MÓNICA DE AMÉRICA

(Presentes en Perú, Venezuela, Argentina, Méjico, Chile, Colombia, Guatemala, USA, Panamá, Brasil, Paraguay, Costa Rica, Dominicana, Puerto Rico, etc.)

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Estimadas Madres

En este día especial para ustedes permítanme unirme a sus seres queridos, esposos e hijos, para agradecerles a ustedes la entrega incondicional de su vida. Es justo que dediquemos siquiera una jornada al año para reconocer nuestra deuda inmensa con todas ustedes. Pretender pagarles lo que hemos recibido de ustedes en el pasado, y las mil delicadezas que nos regalan a diario, sería sencillamente algo interminable y por demás imposible. Por eso, reconocemos que no las merecemos, pero a la vez confesamos que las necesitamos.

 

Les deseo, pues, que pasen un día feliz en compañía de las personas más queridas para ustedes, y que más las quieren, respetan y admiran. Que esa comunión familiar, en la medida de lo posible, sea signo de la comunión que tenemos con nuestro Dios, que es padre y madre a la vez, para todos. Ustedes son verdaderamente un “sacramento” o signo elocuente de Dios en la familia y en la sociedad. Desde el principio Dios las hizo muy especiales y les encargó que fueran en el mundo y en la familia sobre todo expresión de su ternura y cercanía; maestras de humanidad. Por eso, con ustedes es más fácil llegar hasta Dios y experimentar su amor y providencia para todos y cada uno de nosotros.

 

Permítanme un recuerdo especial para las madres cristianas santa Mónica que están presentes y activas en muchísimos ministerios que los agustinos recoletos atendemos en América; y en otros lugares. Estas madres cristianas y agustinianas desean llevar hasta las últimas consecuencias su maternidad, siendo transmisoras de la fe a la familia y en particular a los hijos y nietos. Las felicito de todo corazón porque, además de dar vida a los suyos, quieren transmitirles en todo momento el tesoro de la fe y la llave del conocimiento de Dios, conscientes de que nos movemos en un mundo difícil para la práctica religiosa.

 

Las felicito efusivamente en este día y las animo a seguir en su noble y maravillosa misión de encarnar y personalizar el amor y la ternura de Dios en sus hogares, en la sociedad y en la Iglesia. Las necesitamos para seguir edificando la civilización del amor y de la reconciliación. Pueden sentirse orgullosas de la vocación que han recibido de Dios.

 

En verdad, les confesamos que estamos orgullosos de ustedes, y pedimos a Dios que las haga felices mientras reparten, con generosidad e incluso a discreción, el amor que a diario reciben de su bondad infinita. Que la Virgen María, su modelo de mujer creyente y de madre, las ayude a seguir llevando mucho fruto para gloria de Dios, para contento y bien de sus seres queridos, y para la propia satisfacción de ustedes mismas. Santa Mónica interceda por ustedes. Dios las bendiga. ¡Felicidades! Con estima personal, p. Ismael

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TEXTO ILUMINADOR

“Ustedes están llamadas a testimoniar el significado del amor auténtico: la acogida de la otra persona reconocida y amada por la dignidad que tiene por el hecho de ser persona y no por otros factores, como la utilidad, la fuerza, la inteligencia, la belleza o la salud. Esta es la aportación fundamental que la Iglesia y la humanidad esperan de las mujeres. Y es la premisa insustituible para un auténtico cambio cultural” (Encíclica Evangelium Vitae, 99).

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La impactante conversión de Fabio McNamara, icono de la movida: «Soy un milagro viviente»

mayo 11, 2012

La vida nueva de Fabio McNamara


«No es bueno que Dios esté solo» recogió el testimonio de su adiós a la droga y al diablo. Hoy valora por encima de todo estar en gracia de Dios.


Este domingo, fiel a su cita de las 21.30 en Intereconomía TV, No es bueno que Dios esté solo abrió con unas imágenes de hace más de treinta años: Fabio McNamara y Pedro Almodóvar provocaban desde un escenario, con aire travestido, animando una de las noches desatadas de la movida madrileña de los ochenta.

En la siguiente escena, Fabio, frisando ya los 55, abre la puerta a Gonzalo Altozano en el estudio donde vive hoy dedicado a la pintura (religiosa y profana por igual), para explicarle cómo se convirtió y cómo es su vida presente de amistad con Dios.

“La belleza real del rostro de Jesús nunca se ha podido plasmar, pero quiero conseguirlo alguna vez”, explica para introducirnos en la abundancia de sus  cuadros de Cristo y de la Virgen: “Yo hago arte, y el arte que yo tengo me lo da Dios, porque antes de pintar pido a Jesucristo y a la Virgen que me bendigan y me concedan imaginación”. “El arte viene de Dios, porque la belleza la ha creado Dios“, concluye.

Su lucidez es tan absoluta que habla de religión con la precisión conceptual y terminológica de un teólogo, pero se le aprecia muy castigado físicamente por sus años en el infierno de las drogas: “Estuve, no perdido, sino perdidísimo, cuatro veces ingresado, dos veces a punto de morir a causa de tres enfermedades crónicas incurables. Soy un milagro viviente“.

Un milagro que tiene una explicación: las oraciones de su madre. “Le decía al padre Molina: tengo un hijo que no tiene solución, está metidísimo en la droga. Y el padre le decía: usted rece por él, que ya caerá. Y caí. La oración todo lo puede”, cuenta. Y cuando Altozano le pregunta qué es la conversión, lo tiene claro: “Es un regalo que da Dios a quien Él quiere, pero también a quien se la trabaja. ¿Por qué unos sí y otros no…? Yo soy una criatura suya, pero sus designios no los conozco”.

Fabio es un habitual del popular oratorio de Caballero de Gracia, en la Gran Vía madrileña, donde Don Máximo es su confesor: ”Debo ser muy bueno, porque me perdona siempre”, bromea. Allí hace una hora diaria de adoración al Santísimo, reza el rosario y oye misa y comulga: “De rodillas y en la boca, como debe ser“.

Y está apegado a esa iglesia por razones que duda si contar o no: “Es una cosa un poquito fuerte”. Vacila, pero al final vuelca el mal recuerdo de una vida que considera que entregaba a Satanás, porque “estaba sin el Señor, es decir, con el diablo; no hay término medio”: “Allí delante paraban los coches donde se compraba droga. Iba a comprarla, veía la iglesia, y a veces entraba un minuto para rezar y decirle al Señor: Por favor, sácame de este infierno“.


En gracia de Dios

Para el antiguo compañero de aventuras de Alaska o Almodóvar en los tiempos de Rockola, la vida tiene hoy un sentido muy diferente: estar en gracia de Dios. “Por estar en gracia de Dios hago lo que sea, aunque sea revolcarme en un suelo regado de cristales rotos. Estar en gracia de Dios es saber para qué estamos aquí, que esta vida tiene un sentido. Es ser feliz, encontrar el amor puro y tener la seguridad de que no nos vamos a ir al infierno eternamente”.

McNamara insiste mucho en esta verdad, y censura que algunos sacerdotes nunca les recuerden a sus fieles “que no todo el mundo se salva, y que el infierno está ahí”: ”Hay que decirle a la gente la verdad“.

Cuando Fabio comulga, es el mejor momento del día: ”La comunión es Dios que se te mete dentro de ti, el acto más sublime, grandioso y trascendental que puede hacer el hombre… pero para eso tiene que estar en gracia. Lo más importante del mundo es estar en gracia de Dios”.

Y añade una hermosa reflexión espiritual, razón de ser del doble amor que inspira su pincel: ”Al comulgar recibimos también a María, porque Jesucristo tiene la misma sangre que la Virgen”.



www.religionenlibertad.com


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