El Dios de la comunicación y de la comunión

abril 13, 2012

 

El cristianismo y la Iglesia no se limitan a un grupo, sino que llevan la Buena Nueva a toda la humanidad

El director de programas de Radio Vaticano, el padre Andrea Koprowski, siguiendo el ciclo de reflexiones mensuales en vista del próximo Sínodo de los obispos sobre la Nueva Evangelización, que tendrá lugar en el Vaticano de 7 al 28 de octubre de este año, ha escrito una nueva nota que lleva por título “Los medios de comunicación y la transmisión de la fe”.

Dice el padre Koprowski que “en los países de tradición cristiana nos hemos acostumbrado a un clima cultural y social que favorece un estilo de vida basado en la fe. Pero hoy en día todo está en movimiento: crece la población y también la cantidad de jóvenes que buscan profundizar en la identidad cristiana, pero aún es mayor el porcentaje de personas que “viven como si Dios no existiera.”

Se observa, pues, un contraste entre el clima de la vida civil, especialmente en Europa, “en el mundo atlántico, post-cristiano”, en el que se desea reducir los signos de las convicciones religiosas a la esfera de la vida privada, y el clima de las regiones dominadas por el mundo islámico donde la vida civil está impregnada por la religión.

Los Lineamenta del Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización “hablan de estos retos, que el contexto social y cultural plantea hoy a la fe cristiana, a su anuncio y a su testimonio. “Los desafíos en el contexto social y cultural” representan un factor muy importante -señala el padre Koprowski-, porque no se refieren sólo a la “política” o a la “nueva tecnología”, sino que incluyen también una verdadera transformación cultural.

Se están consolidando “nuevas formas de vida” en las que prevalece la tendencia a refugiarse en el individualismo, y a no tener en cuenta el tejido social, la dignidad de la persona y el bien común. A este respecto, Benedicto XVI dice a menudo que: “la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica. Mientras los pobres del mundo llaman a la puerta de la riqueza, el mundo rico hace oídos sordos”.

Las nuevas tecnologías están cambiando no sólo el modo de comunicar, sino la misma comunicación. El Papa ha dicho que: si los nuevos lenguajes tienen un impacto en el pensamiento y la vida, esto implica, de alguna manera, también al mundo de la fe.

Ante esto afirma el padre Koprowski, la Iglesia, cada uno de nosotros, tiene que encontrarse a sí mismo en este nuevo tipo de cultura, en este cambio cultural rápido y profundo. Debemos ser conscientes de la profundidad del cambio cultural provocado por los “nuevos medios”, que también son responsables de nuevos itinerarios de pensamiento, formas de aprendizaje, creación de específicos vínculos interpersonales y comunitarios.

“El cristianismo” debe encontrarse en este mundo. Es importante y urgente construir nuestra comunidad a través de nuestro lenguaje: recordando que nadie debe ser excluido del nuevo tipo de comunidad que el cristianismo tiene por objeto crear y transmitir.

Como con frecuencia recuerda Benedicto XVI, el cristianismo y la Iglesia no se limitan a un grupo, sino que llevan la Buena Nueva a toda la humanidad.

Esto implica la necesidad de entrar en el significado más profundo de una comunicación capaz de crear comunidad. Tenemos delante nuevas posibilidades y nuevos riesgos, porque las nuevas tecnologías ofrecen las ventajas de la comunicación planetaria, veloz y conforme con el carácter universal del Evangelio y la Iglesia.

Pero, al mismo tiempo, implican riesgos como la pérdida de la interioridad, la superficialidad en las relaciones, la fuga de la emotividad, el encantamiento de las palabras y las imágenes que degradan al ser humano, o la opinión más convincente que prevalece, a veces, ante el deseo de la verdad.

El padre Koprowski invita, pues, a entender el significado más profundo de la comunicación llevando la riqueza del misterio cristiano a la realidad de la cultura de la comunicación, a la realidad del ambiente digital en el que vivimos hoy. De este modo contribuiremos a dar al mundo globalizado, la dimensión comunitaria y el sentido de la vida, el fundamento de la esperanza y la alegría de construir “juntos” la polis contemporánea.

Benedicto XVI resumió todo esto en el Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2009:

“Cuando tenemos necesidad de acercarnos a los demás, cuando deseamos conocerlos mejor y darnos a conocer, estamos respondiendo a la llamada de Dios, una llamada que está grabada en nuestra naturaleza de seres creados a imagen y semejanza de Dios, el Dios de la comunicación y de la comunión. El deseo de contacto y el instinto de comunicación, que son tan evidentes en la cultura contemporánea, son en realidad manifestaciones modernas de la fundamental y permanente propensión de los seres humanos de buscar la comunión con los demás”.

Hoy estamos llamados a descubrir, en la cultura digital, símbolos y metáforas significativas que pueden ayudar a hablar del Reino de Dios al hombre moderno.

http://www.radiovaticana.org/


Amar y respetar la vida

abril 4, 2012

26 MARZO 2012


Ante la Jornada por la Vida 2012

Artículo de Mons. Juan del Río Martín, arzobispo castrense de España


La Iglesia en España celebra la Jornada por la Vida 2012 bajo el lema “Amar y cuidar toda la vida humana”, en el marco litúrgico de la solemnidad de la Encarnación del Verbo (25-26 de marzo). La luz salvadora de este acontecimiento ha elevado al nivel más sublime la dignidad del hombre.

Pero ¿Qué es la vida humana? Es la eterna pregunta que cada uno tenemos que responder si queremos encontrar el camino de la felicidad. Para la filosofía de moda es simplemente: “un frenesí, una ilusión, un sueño”, sin embargo, esta respuesta nos deja insatisfecho y descubrimos que no es más que una evasiva para no ir al fondo de la cuestión. En cambio otros, movidos por el sentir de todas las culturas y por la experiencia acumulada de la humanidad responderán que la vida humana es el don por excelencia que nos posibilita a existir como “espíritus encarnado”, que nos diferencia de los animales y de la naturaleza, y que da sentido a toda realidad.

Nos encontramos, por tanto, en un debate crucial donde se quiere imponer una nueva concepción de la vida humana, carente de su valor sagrado, entendida como mera propiedad inmanente de ciertos seres y prevaleciendo la libertad y el bienestar de los adultos sobre ella misma. Digamos que el valor de la vida se ha cosificado, se ha separado del amor y la entrega que constituyen el eje esencial del hombre y de la mujer. Ante esta realidad, es imperioso que no olvidemos o infravaloremos los componentes esenciales del gran misterio del don de la vida.

Recordemos, por una parte, que la vida humana, a diferencia de las máquinas, no se puede domesticar ni programar ya que la vida es la biografía de cada persona que cuenta con los elementos irrenunciables de sus sentimientos y emociones, de su responsabilidad y sobre todo de la libertad. Ello hace que cada ser humano sea único e irrepetible.

Por otra parte, es necesario tener presente que nadie se da la vida a sí mismo, nadie es dueño de ella. No es el resultado de ningún ordenamiento político, sino que en toda vida humana resplandece la realidad de la alteridad del ser humano, de ahí que el derecho a la vida sea el primer derecho del hombre y debe ser tutelado eficazmente en las costumbres y en las leyes como valor fundamental para que la convivencia sea justa, democrática y pacífica. Todo el mundo tiene derecho a vivir y a vivir con plena dignidad.

No caigamos en la trampa y en el engaño. La mentalidad anti-vida revela la crisis moral que padece la modernidad. Lo verdaderamente progresista no es ir contra la vida fomentando la cultura de la muerte mediante el aborto, la eutanasia y otras prácticas, sino en acoger, proteger y respetar la vida humana desde el primer instante hasta su final natural, porque ello construye un mañana mucho más esperanzador para el hombre y la sociedad.

Por eso, no es razonable, ni humano, que en estos tiempos en que las ciencias médicas han logrado una mayor capacidad de velar por la salud y la vida se atente contra los no nacidos y contra aquellos que están al final de sus días. Como tan poco es coherente, que mientras se lucha por el respeto de la naturaleza animal y vegetal, no se propugne con el mismo vigor el respeto a todos los estadios de la existencia de la persona. Como dice Benedicto XVI: “respetar la naturaleza supone respetar la inviolabilidad de la vida humana”. ¡Esto es un valor no negociable!

Por todo ello y mucho más, se entenderá cómo la defensa de la vida se ha convertido para la Iglesia en la primera preocupación de su acción misionera en el actual siglo XXI y no deja de invitar a todos a amar la vida apasionadamente, no sólo en la flor de la juventud, sino también cuando llega el otoño de la existencia y afloran las flaquezas y enfermedades. Porque no amar y valorar el tesoro más genuino de nuestro ser “imagen y semejanza del Creador” (Gn 1, 26), es haber sucumbido a la muerte antes que ésta haya llamado a nuestras puertas. ¡Sólo el amor es más fuerte que la muerte y únicamente se tiene vida en abundancia cuando la donamos a los demás! (cf. Cant 8, 6; Mc 8, 34-38).

Los cristianos y todos los hombres y mujeres de buena voluntad somos convocados a: “ser promotores de una civilización que ame la vida, la respete y la proteja según la voluntad del Creador” (Benedicto XVI).

ZENIT.org


Los escenarios de la nueva evangelización

marzo 23, 2012

Juan Antonio Rubio

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Los días 29 de febrero y 14 de marzo el Aula de Teología, que está desarrollándose en las instalaciones de la Parroquia Santa Rita de Madrid, versó sobre los escenarios de la nueva evangelización. Juan Antonio Rubio, director de la revista semanal Vida Nueva, fue el conferenciante ambos días.

 
Esta Aula de Teología está programada por el Secretariado de espiritualidad-formación de la Provincia agustino-recoleta de San Nicolás de Tolentino y está abierta a la familia agustino-recoleta y a los agentes de pastoral relacionados con ella.

En torno a treinta fueron los asistentes a las charlas impartidas por Juan Antonio Rubio, al que se encomendó el tema de los escenarios de la nueva evangelización, que fue comentando en sus ponencias, ajustándose básicamente al documento La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana –Lineamenta–, que será el material central de estudio de la XIII Asamblea General Ordinaria del sínodo de los obispos, que tendrá lugar en Roma en el próximo mes de octubre.

Juan Antonio Rubio acudirá al próximo sínodo de los obispos como observador, por lo que su interés por estar a punto en cuanto se refiere a este singular evento queda manifiesto en cuanto expone.


PRIMERA JORNADA: DÍA 29 DE FEBRERO

En la primera jornada Rubio procuró aclarar los conceptos de evangelizar y nueva evangelización para que todos los asistentes estuvieran en sintonía con su pensamiento.

En opinión del ponente es la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi de Pablo VI de donde arranca la idea-motriz de la nueva evangelización, que Juan Pablo II asumió y precisó en qué habría de ser “nueva” en el lenguaje, en los métodos y en el ardor. Pero Benedicto XVI concreta en quiénes piensa al hablar de nueva evangelización. Si evangelizar es la misión primera de la Iglesia, que debe extender su acción a todos los hombres, el Papa actual habla especialmente de evangelizar a los que habiendo oído hablar de Cristo viven como si Cristo no hubiera pasado por sus vidas.

Por esto, consciente Benedicto XVI de esta compleja situación, se pregunta cómo llevar a cabo esta “nueva evangelización” en los escenarios en que se desenvuelve el hombre actual.

El primer escenario que abordó Rubio fue el de la cultura, que es una cosmovisión, una forma nueva de ver e interpretar la realidad, incluido el hombre. Se está hablando hoy de una cultura y una sociedad “líquida”, superficial, fragmentaria, una cultura del “fast”, de las prisas.

La Iglesia, en este mundo tan diferente y opuesto a su “tradición”, no debe renunciar a su función profética; debe dar alma a este mundo del “fast”, hacer ver lo nuclear y diferenciarlo de lo accesorio. No cabe entrar en este mundo con miedos, sino a corazón abierto, amando a los hombres cuales son, mirándolos, cual otros “cristos”, con ternura y compasión.

La via pulchitudinis es sin duda una forma excelente de entrar y significar en la cultura “líquida”, pues la belleza –por ejemplo, la de la música– es un lenguaje espiritual que hay que saber valorar y explotar en la nueva evangelización. La multiculturalidad, característica aneja al ser de la Iglesia, debe convertirse en una forma válida de entrada en nuestra sociedad multiétnica y multicultural, llevando el diálogo y la comprensión como forma primera de evangelización.

El segundo escenario que el ponente desarrolló fue el mundo de la globalización, en el que la Iglesia ha de aprender a desenvolverse haciendo propuestas, no dictando mandatos. Como la Iglesia está formada por “gentes de toda tribu, lengua, pueblo y nación”, pertenece a su ser el sentirse siempre en proceso de “globalización”, lo cual exige abandonar todo exclusivismo o fundamentalismo, y, en unión con las grandes religiones y con las iglesias no cristianas, hacer grandes propuestas (de paz, de justicia, de ecología…).

En este escenario la Iglesia debe enriquecerse de lo bueno de la globalización y al mismo tiempo sentirse con derecho a tener un puesto en el concierto cultural, porque tiene una verdad que proponer.

Los medios de comunicación, la red, es otro de los escenarios a los que tiene que llegar la evangelización para poder evangelizar a los infinitos usuarios. El conferenciante para subrayar la importancia de la red, imitando el verso de Quevedo, afirmó: “Érase un hombre a una pantalla pegado”.

Lamentó Rubio que no tuviéramos misioneros en internet, como los tuvimos y enviamos a América o a Asia. La Iglesia debe estar presente en la red y revisar su lenguaje, ininteligible para amplios sectores de nuestra sociedad, que están configurados como “hombres enredados”. “Para evangelizar este mundo hay que estar en él, conocerlo y amarlo”, sentenció Rubio.

Sobre la ciencia-tecnologías, como escenario de evangelización, Juan Antonio Rubio hizo una breve disertación abriéndose a una mirada positiva. Los conflictos multiseculares entre ciencia y fe deben desaparecer de escena y cambiar de actitud, pues la ciencia es alentadora de esperanzas, aunque no nos da la esperanza. A la ciencia el creyente debe llevarle el alma, de que carece. No debería caber en la Iglesia -mejor, en los eclesiásticos– una postura de desdén ante la ciencia, en cualquiera de sus modalidades, sino desde el conocimiento buscar su evangelización.

En una situación prolongada de crisis económica es fácil hablar sobre ella y captar la atención del oyente. Sin embargo, el conferenciante no cayó en la morosidad al hablar de la economía como escenario de la nueva evangelización, sino que, como en otros “escenarios”, afirmó que para la evangelización de la economía el cristiano debe hacer propuestas, no olvidar las claves ecológicas y preconizar los siguientes valores: es más importante ser que tener; una buena economía se traduce en compartir los bienes, en practicar la justicia y la solidaridad.

Otro escenario complicado de evangelización es el de la política, ante el cual Rubio una vez más exhortó a mantener una actitud profética y predicar los valores de la austeridad, de la solidaridad, el diálogo, la no-apropiación; en una palabra: trabajar por dignificar la política haciendo que prevalezca la verdad unida a la caridad.

Para evangelizar estos y otros escenarios, afirmó con decisión el conferenciante la actitud básica es espiritual, la formación de la interioridad; “forjar gigantes dentro” (subrayado del presente redactor).


SEGUNDA JORNADA: DÍA 14 DE MARZO

En la segunda jornada de trabajo, el conferenciante centró su exposición sobre el complejo mundo de la inmigración y el nuevo escenario eclesial, el Atrio de los Gentiles.

Especial importancia otorgó Juan Antonio Rubio al tema de la inmigración, que puede considerarse como un escenario transversal, que afecta a todos los anteriormente citados y ante el cual son válidas las actitudes apuntadas ya, pero que podrían resumirse en la mutua aceptación y el diálogo: nadie es más que nadie, sino todos tenemos nuestra cultura y nuestros valores, lo cual llama al buen entendimiento y al enriquecimiento mutuo.

Ante esta cultura de increencia la Iglesia no puede encerrarse en las sacristías, sino abrirse a todos, dialogar con todos. Es necesario, dijo el conferenciante, recobrar el espíritu de la encíclica Ecclesiam suam, es decir, la actitud de diálogo, abierta por el concilio Vaticano II con la Gaudium et spes y encauzada en la encíclica aludida y en la Evangelii nuntiandi de Pablo VI.

Esta actitud de diálogo y apertura ha adquirido una nueva versión en la expresión el “atrio de los gentiles”, que más que un espacio es una manera de estar, de posicionarse ante la nueva evangelización. El Atrio de los Gentiles es una iniciativa promovida por Benedicto XVI en diciembre de 2009, cuando presentó la imagen del patio que se encontraba junto al Templo de Jerusalén al que podían acceder los no judíos.

El cardenal Gianfranco Ravasi es el creador del foro y presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, que explicó en su momento que el “atrio de los gentiles” es un complemento al diálogo interreligioso y constituye un compromiso a largo plazo de la Iglesia.

El objetivo del “atrio de los gentiles” consiste en contribuir a que sean tenidos en cuenta en las sociedades actuales y debatidos con una reflexión racional común los grandes interrogantes de la existencia humana, sobre todo los de carácter espiritual (subrayado del presente redactor).

En el atrio de los gentiles caben muchos hombres de la cultura, de la filosofía, de las artes, de la intelectualidad, de la música, de los amantes de la belleza. El atrio de los gentiles, en el mundo judío, era el espacio al que podían entrar los “incircuncisos”, los no judíos, a orar.

Fue este espacio el que purificó Jesús porque se lo habían apropiado los mercaderes del templo. A entrar en el atrio de los gentiles tienen derecho todos, pues es un lugar de oración, de diálogode duda y de fede búsqueda de Dios, de nostalgia de espiritualidad: “Mi casa es casa de oración para todos los pueblos”.

El escenario “atrio de los gentiles” es un nuevo escenario al que Benedicto XVI llama a que la Iglesia entre para evangelizarlo con su presencia y sus propuestas.

 www.agustinosrecoletos.org


Dean Koontz, el super-ventas del terror que se convirtió por la alegría del catolicismo

marzo 22, 2012

Koontz y su esposa

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Denuncia el horror de la medicina y la ciencia sin ética, y la hipocresía del poder relativista. Los débiles y enfermos suelen ser héroes en sus novelas y el mal es presentado en su fealdad, sin glamur alguno.

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Dean Koontz sabe mucho de terror. Durante cuarenta años ha escrito más 70 novelas de esta temática, sus libros se han traducido a 38 idiomas y vende unos 17 millones de ejemplares al año. Más de 15 de sus títulos han sido trasladados a la pantalla.

A Koontz le gusta la obra del bioético personalista Wesley J. Smith, y al experto en bioética le gustaron las novelas de terror de Koontz. “Los malvados de Koontz son personajes obsesionados consigo mismos, solipsistas, avariciosos y resentidos con la gente que lleva vidas buenas y decentes. Nos enseña a reconocer el mal”, dice Smith.

Contra los médicos locos

Koontz siempre dice que su principal objetivo es entretener como novelista. No busca hacer alta literatura, sino estremecer. Hay muchos elementos sobrenaturales en su terror, pero casi siempre se explican al final con alguna justificación que suene más o menos científica.

En una de sus mejores novelas, “El lugar maldito” (en español desde 2005), unos personajes monstruosamente mutados usan sus poderes con crueldad sobre gente inocente. Pero más monstruoso es el doctor abortista que está detrás, que se ha enriquecido con abortos y experimentos, el frankestein detrás del monstruo. Al final del libro, el doctor se explaya con argumentos utilitaristas a favor de la eliminación de fetos, bebés y débiles en general.

La sabiduría de los débiles

Por contraste, en las novelas de Koontz los enfermos, débiles o niños suelen ser sabios en bondad y humanidad. En “El lugar maldito”, uno de los protagonistas es un chaval con síndrome de down, que demuestra ser una joya de humanidad y bondad y tener dones ocultos a la sociedad. Los discapacitados son frecuentes en sus obras. Una de las asociaciones que Koontz patrocina está especializada en entrenar perros para trabajar con todo tipo de personas con minusvalías.

¿Y cuáles son los monstruos de estas novelas que causan terror? Son fruto de la frialdad, la falta de amor, el interés o malos tratos de los mayores… o de la genética y la ciencia sin ética. Médicos que aceleran la muerte de pacientes para obtener sus órganos, o su sangre, o experimentar con ellos. Terrible como las revistas bioéticas que uno puede leer cada día.

Una infancia dura

Koontz se crió como unitarista (United Church of Christ), una iglesia protestante muy progresista que permite el divorcio, el aborto, las prácticas homosexuales, etc… Su madre le llevaba a la Iglesia y le hablaba de algunos valores positivos.

A menudo ha explicado cómo su infancia fue de lo más disfuncional. Su padre era un sociópata, borracho y violento. Cuando Dean se casó, se alegró de poner 3.000 kilómetros de distancia, pero años después, muerta su madre, alojaron al padre enfermo en su casa durante 14 años. En dos brotes psicóticos intentó asesinarle. En una ocasión, cuando el ya anciano le amenazaba con un cuchillo, sólo le frenó la llegada de dos policías pistola en mano.

La alegría de la fe católica

Su descubrimiento de la fe católica llegó a través de su esposa Gerda, de familia italoamericana. “Me asombraba lo bien que se trataba toda esa gente, su familia italiana, un mundo distinto al que estaba yo acostumbrado. Lo empecé a relacionar con el catolicismo”, explicaba en 2007 en el National Catholic Register.

Fue en sus años universitarios cuando decidió hacerse católico. Era un lector compulsivo y leyó mucho sobre la fe y la cultura católica. “Notaba en el catolicismo lo mismo que Chesterton, una exuberancia, un gozo de vivir. Pienso que mi conversión fue un crecimiento natural. Incluso en los peores momentos de mi infancia yo era irreprimiblemente optimista, siempre encontraba cosas que me llenasen de asombro, maravilla y deleite. La fe católica me explicó por qué siempre me sentí lleno de esperanza”, afirma el novelista.

Sólo lamenta que con el Vaticano II se perdió el latín y otras “costumbres muy antiguas”, pero afirma que “ahora eso está empezando a cambiar y a mejorar”.

No ocultar la maldad

Aunque sus novelas están llenas de cosas horribles, Koontz cree que al final el mal no prevalece, algo que ha visto en su vida, al pasar de una infancia terrible a una vida adulta plena. “Mi vida me ha mostrado que el mal puede ganar a corto plazo, pero nunca vence a la larga”, proclama.

“Como cristiano, creo que es mi tarea escribir libros sobre el mal, porque este reino es de Satán, y él es el príncipe del mundo; está aquí, y está entre nosotros”, afirma el artista.

“Mis villanos son patéticos, nunca glorifico a un villano. No puedo escribir algo como Hannibal, porque ahí hay algo que hace que el villano sea el personaje más glamuroso de la historia. Yo no encuentro glamuroso al mal. No lo verás así en mis libros”.

Pero tampoco tiene sentido ocultar la maldad. “En nuestra vida cotidiana, el mal nos tienta. No hablar de ello, no pensar en ello, me parece que no es un punto de vista cristiano de verdad. Evitar reconocer el mal es produndamente pecaminoso. Nuestra vida tiene un propósito, un sentido, que es enfrentarse al mal, no sucumbir a él”.

A Dios por la belleza

“La espiritualidad siempre ha sido un elemento de mis libros”, declara Koontz. “Si el mundo es solo una máquina compleja y eficiente, la belleza no es necesaria. La belleza, de hecho, es superflua. Por lo tanto, la belleza, al existir, es para nosotros, es un don. Si fuéramos máquinas de carne, sin alma, el instinto de supervivencia es todo lo que necesitaríamos para motivarnos. Los placeres de los sentidos, como el gusto y el olfato, serían superfluos en un mundo sin Dios. Por lo tanto, son regalos para nosotros, evidencia de la gracia divina. Cuanto más viejo me hago, más belleza, maravilla y misterio veo en el mundo, y por eso aparecen más estas tres cosas en mis libros”.

Las sugerencias de la física

Otro tema que refuerza su espiritualidad es su interés por la física cuántica. “Me ha pasado varias veces que he visto en la mecánica cuántica y en la física moderna confirmaciones de descripciones espirituales de cómo funciona el universo. Cuanto más profundizas en el mundo cuántico, más te da la sensación de que lo que se dice sobre ese mundo encaja perfectamente con ideas que te da la fe y la religión sobre la naturaleza del mundo. Me fascina que en la mecánica cuántica, y hasta en la biología molecular encontremos confirmaciones de un universo creado, si estás dispuesto a pensar en ello”.

De hecho, mezcló varias ideas cuánticas y otras artístico-morales en su libro “From the Corner of His Eyes”, donde cada pequeño acto en la vida adquiere una gran significación que reverbera en la vida de los demás de forma impensable. Un amigo lo leyó y le dijo: “Todo este libro está explorando el concepto del cuerpo místico de Cristo”. “Le respondí que así era, pero que casi nadie se había dado cuenta”.

www.religionenlibertad.com


El 70% de la población mundial vive en países que limitan gravemente la libertad religiosa

marzo 20, 2012

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El cristianimso es la confesión religiosa más perseguida en el mundo

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Los ataques terroristas contra los cristianos en África, Oriente Medio y Asia han aumentado un 309% desde 2003 a 2010. Casi el 70% de la población mundial vive en países con graves limitaciones a la fe y a la práctica religiosa, y las minorías religiosas son las que pagan el precio más alto”.

Así lo ha afirmado el arzobispo Silvano Maria Tomasi, observador permanente de la Santa Sede ante la Oficinade las Naciones Unidas en Ginebra y otras Organizaciones Internacionales, durante su intervención -el 1 de marzo- en la XIX sesión ordinaria del Consejo de Derechos Humanos.

El arzobispo Tomasi recordó que “en general, las crecientes medidas restrictivas contra la religión atañen a 2.200 millones de personas. Los individuos afectados han perdido la protección de su sociedad, o han experimentado restricciones injustas impuestas por el gobierno, o bien han sido víctimas de la violencia ocasionada por un fanatismo impulsivo”.

Entre las causas de este fenómeno, monseñor Tomasi citó “la cambiante situación política, concepciones erradas del papel de la religión, el provecho personal, las sutiles ambigüedades al entender el secularismo”.

En la situación actual, es urgente que la comunidad internacional realice ulteriores esfuerzos “para asegurar la protección de las personas en el ejercicio de la libertad de religión y de la práctica religiosa”, de modo que puedan contribuir como ciudadanos de pleno derecho a la vida social y al progreso de sus respectivos países.

En este sentido, el Observador de la Santa Sede subrayó que los estados deben asegurar a todos los ciudadanos el derecho a gozar de la libertad de religión tanto de modo individual como comunitario.

La libertad de religión no es un derecho concedido, sino “un derecho fundamental e inalienable de la persona humana… La tarea del gobierno no es definir la religión… sino conferir a las comunidades de fe una personalidad jurídica para que puedan operar pacíficamente dentro de una estructura legal”.

La libertad religiosa de todos los ciudadanos corre mayor riesgo “allí donde se reconoce el concepto de ‘religión de Estado’, especialmente cuando éste se convierte en la fuente del tratamiento injusto de los otros, tanto si pertenecen a una fe diversa como si no profesan ninguna”.

Respaldar la tolerancia recíproca entre los ciudadanos de religión diversa

“Más allá de las consideraciones institucionales -observó el arzobispo- el problema fundamental con respecto a la promoción y la tutela de los derechos humanos en el ámbito de la libertad religiosa es la intolerancia que, año tras año, desemboca en la violencia y en la matanza de personas inocentes sólo por sus convicciones religiosas”.

“Por lo tanto, la responsabilidad, realista y colectiva, es la de respaldar la tolerancia recíproca y el respeto de los derechos humanos, además de una mayor igualdad entre los ciudadanos de religiones diversas para fomentar una sana democracia que reconozca el papel público de las religiones y la distinción entre la esfera religiosa y la temporal… Para alcanzar este objetivo deseable, es necesario superar una cultura que disminuye a la persona humana e intenta eliminar la religión de la vida pública”.

Las religiones no son una amenaza, sino, al contrario, un recurso. Contribuyen al desarrollo de las civilizaciones y esto supone un beneficio para todos. Hay que proteger sus libertades y actividades para que la colaboración entre credos religiosos y sociedades favorezca el bien común… El sistema educativo y los medios de comunicación desempeñan un papel importante a la hora de excluir los prejuicios y el odio de los libros de texto, de los noticiarios y los periódicos, y de difundir informaciones correctas y ecuánimes sobre todos los grupos que forman la sociedad”.

“La carencia de educación e información, que facilita la manipulación de las personas para obtener beneficios políticos, a menudo está unida al subdesarrollo, a la pobreza, a la imposibilidad de participar de forma efectiva en la gestión de la sociedad. Una mayor justicia social ofrece un terreno fértil para la puesta en práctica de todos los derechos humanos. Las religiones son comunidades basadas en convicciones, y su libertad garantiza una contribución de valores morales sin los cuales no es posible la libertad de todos”.

“Por ese motivo -concluyó el prelado-, la comunidad internacional tiene la responsabilidad, urgente y benéfica, de contrarrestar la tendencia a la violencia creciente contra los grupos religiosos y la engañosa neutralidad que, de hecho, apunta a neutralizar la religión”.

www.forumlibertas.com


Benedicto XVI y la familia

marzo 19, 2012

Logo del VII Encuentro Mundial de las Familias Milán 2012

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En preparación al Encuentro Mundial de Milán
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Artículo del obispo de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel 

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HECHOS

Las tres diócesis de Chiapas hemos organizado un encuentro de familias para reflexionar, orar, celebrar la fe y compartir la alegría de estar juntos, en sintonía con el Encuentro Mundial de la Familia, que se realizará en Milán, Italia, en junio próximo, al que asistirá el papa. Se desarrollarán los mismos temas: Familia, trabajo y fiesta.

La razón que generó esta iniciativa es la prioridad que debemos dar a las familias, pues también en Chiapas ya está llegando el contagio de la cultura postmoderna, que menosprecia, destruye y relativiza este cimiento de la sociedad y de la Iglesia: Aumentan los embarazos precoces y los abortos, los divorcios y la inestabilidad conyugal.

Muchos jóvenes deciden vivir en pareja, sin matrimonio eclesiástico ni civil, al que ven como una atadura esclavizante. Les parece bueno pasar así varios años de prueba, o sólo por estar juntos, sin estabilidad ni solidez, lo que produce incertidumbre en ellos y en los hijos. Se pretende imponer como modelo de familia la unión entre personas del mismo sexo, como algo normal y legal.

El trabajo de la pareja fuera del hogar está afectando a los hijos, que no gozan de la presencia afectiva y efectiva de sus padres.

Cada quien vive sus fiestas por su lado y no con la familia. Jóvenes que carecen de una familia armoniosa son enganchados por el crimen organizado para cometer todo tipo de tropelías. En vez de sólo lamentar lo que sucede, o de sólo criticar a las instituciones, deseamos ofrecer un espacio de reflexión y oración, para que las familias se consoliden en armonía y en paz.

CRITERIOS

El Papa Benedicto XVI ha dicho al respecto: “La familia es el valor más querido de esas nobles tierras. Se constata con dolor, sin embargo, cómo los hogares sufren cada vez más situaciones adversas provocadas por los rápidos cambios culturales, por la inestabilidad social, por los flujos migratorios, por la pobreza, por programas de educación que banalizan la sexualidad y por falsas ideologías.

No podemos quedar indiferentes ante estos retos. En el Evangelio encontramos luz para responder a ellos sin desanimarnos. Cristo con su gracia nos impulsa a trabajar con diligencia y entusiasmo para acompañar a cada uno de los miembros de las familias en el descubrimiento del proyecto de amor que Dios tiene sobre la persona humana.

Ningún esfuerzo, por tanto, será inútil para fomentar cuanto contribuya a que cada familia, fundada en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, lleve a cabo su misión de ser célula viva de la sociedad, semillero de virtudes, escuela de convivencia constructiva y pacífica, instrumento de concordia y ámbito privilegiado en el que, de forma gozosa y responsable, la vida humana sea acogida y protegida desde su inicio hasta su fin natural.

Por este motivo, la pastoral familiar tiene un puesto destacado en la acción evangelizadora de cada una de las Iglesias particulares” (A las comisiones episcopales de familia en América Latina: 28-III-2011).

“La nueva evangelización depende en gran parte de la Iglesia doméstica. En nuestro tiempo, como ya sucedió en épocas pasadas, el eclipse de Dios, la difusión de ideologías contrarias a la familia y la degradación de la ética sexual, están vinculados entre sí. Y del mismo modo que están en relación el eclipse de Dios y la crisis de la familia, así la nueva evangelización es inseparable de la familia cristiana” (Al Consejo Pontificio para la familia: 1-XII-2011).

PROPUESTAS

¿Cómo está tu familia? ¿Te sientes a gusto en ella? Si tú eres factor de armonía y estabilidad, ¡felicidades! Si no lo eres, conviértete; sé humilde y cambia tus actitudes negativas. Verás que sí es posible disfrutar del tesoro que es tu familia. Ánimo. Te sentirás feliz.

Preparémonos a recibir al papa con apertura de corazón, con madurez humana y eclesial, con fe, sin dejarnos distraer por grupitos irrespetuosos, hostiles y hasta faltos de educación; ni por quienes tienen los ojos manchados y todo lo ven sucio. Centrémonos en lo fundamental de su mensaje, pues su intención no es intervenir en política partidista, sino fortalecernos en la fe.

ZENIT.org


Emigrantes en su mitad cristianos

marzo 12, 2012

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Resultados de una investigación del Instituto de análisis político-sociales Pew Research de Washington

Mientras que en el mundo una de cada tres personas es cristiana, en el caso de los inmigrantes la relación es: una de cada dos

El enorme crecimiento de los flujos migratorios de un continente a otro representa uno de los fenómenos más interesantes y estudiados de inicios del siglo XXI. Según una investigación reciente, realizada por el Instituto  independiente de análisis político-sociales «Pew Research» —con sede en Washington— casi la mitad de los emigrantes en el mundo son cristianos, mientras que más de un cuarto son de religión musulmana. Se trata de una investigación que tiene como referencia temporal el año 2010 y en la que se confrontan datos basados en varios estudios sobre inmigración. En ella, de modo particular, se define a los emigrantes como «quienes viven desde hace más de un año en un país que no es aquel en el que nacieron».

Desde 1960 —observan los investigadores— el número de emigrantes casi se ha triplicado, alcanzando en el año 2010 la cifra de 214 millones. De estos, se subraya, 106 millones eran cristianos (49 por ciento) mientras que más de 60 millones (el 27 por ciento) eran musulmanes. México, Rusia y Ucrania son las principales naciones de las que han emigrado los cristianos. Por lo que atañe, en cambio, a los países de destino, ocupan el primer puesto los Estados Unidos, que han acogido a un inmigrante de cada cinco. Con porcentajes muy inferiores figuran luego los fieles de otras religiones: en 2010 once millones de emigrantes (el 5 por ciento) eran hindúes, siete millones (el 3 por ciento) budistas y poco más de tres millones y medio (menos del 2 por ciento) judíos.

Según el Pew Research, el análisis, titulado «La fe en movimiento», refleja aproximadamente la situación general por lo que se refiere a la consistencia de la población cristiana en el mundo: de hecho, mientras que en el mundo una de cada tres personas es cristiana, en el caso de los inmigrantes la relación es: una de cada dos. Como se ha dicho, Estados Unidos y América del Norte son quienes han acogido, en el año analizado, el mayor número de inmigrantes (43 millones); siguen Europa, Australia y países árabes. Después de Estados Unidos, las naciones con mayores porcentajes de acogida de inmigrantes son Rusia y Alemania (con más de diez millones cada una). México es el país con población emigrante más numerosa (trece millones), que en su mayoría elige como meta precisamente los Estados Unidos. Arabia Saudí es, en cambio, el destino de inmigración privilegiada de musulmanes, seguida por Rusia, Alemania y Francia. India e Israel, por último, son los destinos principales respectivamente para hindúes y judíos de otras naciones. Por lo demás, en el análisis del Pew Research, se pone de relieve que Europa, contrariamente a lo que se cree, resulta meta de emigración más para cristianos que para musulmanes.

En un precedente estudio del Pew Research, se había destacado otro fenómeno: la distribución de la población cristiana en el mundo ha ido cambiando notablemente en el tiempo. En efecto, los cristianos en los diferentes países son 2,18 millardos, casi un tercio de la población mundial  (6,9 millardos) pero su presencia se ha ido desplazando de Europa a América, a África y a Asia. El número de cristianos en los últimos cien años prácticamente se ha cuadruplicado. Se subraya en particular el hecho de que el continente europeo ya no es la región donde se encuentra el mayor número de cristianos. En 1910, el 66,3 por ciento de los fieles de las diversas confesiones cristianas se encontraba en Europa, el 27,1 por ciento en América y, con porcentajes menores, en otras áreas geográficas. En 2010 la situación ha cambiado completamente: el 25,9 por ciento de los cristianos estaba presente en Europa, el 36,8 por ciento en América y el 23,6 por ciento en el África subsahariana.

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L’Osservatore Romano

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¿Qué debe decir un católico en un debate hostil de televisión para convencer a la audiencia?

febrero 29, 2012

Jack Valero, creador de Catholic Voices

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El areópago de la televisión generalista parece vetado para la transmisión serena de la fe cristiana… pero hay esperanza con Catholic Voices.

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Es frecuente ver ciertos debates en televisión planteados con hostilidad a la cosmovisión cristiana de la sociedad, y las dificultades de muchos de los representantes de la Iglesia en convencer a la audiencia con sus reflexiones.

Catholic Voices nació en el Reino Unido de la mano del periodista español Jack Valero, tras comprobar el gran interés de las televisiones por cubrir el viaje de Benedicto XVI al país, y las dificultades de los portavoces eclesiales por transmitir el mensaje en el siempre difícil mundo del debate televisivo con formato más bien superficial.

Jack Valero, curtido en el mundo de la comunicación, decidió con otros colegas formar a portavoces católicos no oficiales, preferentemente seglares, para que pudieran ir a la televisión y dar un mensaje veraz y convincente sobre el viaje papal y la Iglesia.

En concreto, Catholic Voices toma como modelo al Cardenal Newman, beatificado por el Papa el pasado septiembre, el cual decía: “Quiero un laicado, que no sea arrogante, ni charlatán, ni polemizador, sino hombres [y mujeres] que conozcan su religión, que entran en ella, que saben dónde están, que saben lo que tienen y lo que no, que conocen su fe tan bien que pueden dar testimonio, que saben mucho de la historia que se puede defender. Quiero un laicado inteligente, bien instruido, […que…] entienda cómo la fe y la razón están cada una en la base y los principios del Catolicismo”.

La iniciativa de Jack Valero tuvo tanto éxito, que su Catholic Voices se está implantando en otros países, además del Reino Unido, como España, México, Polonia, Costa Rica…

ReL extracta los diez principios básicos que Catholic Voices considera que debe interiorizar un católico que acude a un debate televisivo para exponer la fe:

1. Busca la intención positiva detrás de la crítica

«En vez de pensar en los argumentos que vas a tener que rebatir, piensa en los valores que están detrás de esos argumentos. Busca el principio ético cristiano (a veces escondido) que sostiene esos valores. ¿Qué otros valores (cristianos) está ignorando o no teniendo en cuenta el que critica? Los problemas acaban siendo neurálgicos cuando tratan de valores absolutos; los conflictos, como las guerras, surgen cuando esos valores se ven amenazados.

»Eso es lo que genera la mentalidad defensiva y el antagonismo.

»En lugar de caer en esta trampa, cuando estés discutiendo piensa en los diferentes valores en juego y en cómo se deben sopesar. Después, reflexiona sobre cómo puedes, al principio de la discusión, unirte al valor que sostiene el que critica. Esto tiene un efecto cautivador y permite tener una discusión mucho más tranquila y considerada. Ya no eres un guerrero en una batalla cultural de valores absolutos, sino alguien que aporta tolerancia y sabiduría a un problema contencioso.

»A veces el valor que revelas puede no ser cristiano sino lo contrario, un valor opuesto a la concepción cristiana.

2. Aporta luz y no calor

»Como personas de fe, queremos arrojar luz sobre los temas difíciles: los temas ya son acalorados de por sí. Y también queremos que se vea, por nuestro comportamiento y manera de hablar, la Iglesia a la que pertenecemos y que nos ha formado. Cuando hablamos (y por la manera en la que hablamos), dejamos ver lo que queremos decir.

»Si acudes a una discusión para aportar luz en vez de calor, el énfasis será completamente diferente. Escucharás con atención la opinión del otro por mucho que estés en desacuerdo. Tu objetivo será dejar que entren rayos de luz sobre el tema, y así abrir la discusión, respetando el punto de vista del otro pero manteniendo el tuyo.

»Al igual que se puede llegar a la fe al ver la vida de personas de fe que impresionan, también se puede llegar a la luz en una discusión por la manera en que se habla. Mantener la calma nunca falla.

3. La gente no se acuerda de lo que has dicho, pero sí de cómo les has hecho sentir

»Intelectuales y teólogos: cuidado. La erudición es lo contrario a la comunicación, la cual se sirve de palabras sencillas para explicar ideas complejas. La finalidad no consiste en que tus argumentos sean lúcidos, sino en que tus palabras sean entendidas.

»Por supuesto, es muy importante la verdad que hay en tus palabras. El objetivo de ser un Catholic Voice es, por encima de todo, aclarar. Lo que nos proponemos al responder a preguntas o críticas no es más que iluminar allá donde haya oscuridad o confusión. Pero no somos nosotros los que persuadimos; es la Verdad.

»Nuestra tarea consiste en servir a la Verdad lo mejor que podamos. Y cuando mejor servimos a la Verdad es cuando no intentamos “derrotar” al que se opone, sino lo contrario, buscamos actuar con civismo, empatía y claridad.

»Así, pues, evalúa, tras cada intercambio, según este criterio: ¿he ayudado a que los demás entiendan mejor la enseñanza o posturas de la Iglesia? ¿Y cómo les he hecho sentir: animados o derrotados? ¿Inspirados o acosados? ¿Con ganas de escuchar más o aliviados de que se haya terminado?

4. No cuentes, muestra

»Solemos preferir una historia a una charla, y prestamos más atención a la experiencia que a los argumentos. Eso no quiere decir que no se deban utilizar argumentos. Pero siempre que puedas, compleméntalos con ilustraciones: anécdotas sobre experiencias personales o situaciones hipotéticas que ayuden a “imaginar” lo que quieres decir. En lugar de contar que la Iglesia ayuda a los que padecen el SIDA en África, habla de los hospitales y dispensarios en los pueblos más remotos del campo africano, donde las monjas cuidan de los pacientes en cabañas que se caen a trozos.

»No te sientas el portavoz de una compañía distante, sino un discípulo encantado de compartir historias.

5. Piensa en triángulos

»Las discusiones pueden ser muy desorganizadas, deslizándose a ciegas cuesta abajo hasta que se nos olvida cuál era el tema principal. Asegúrate de que tu contribución es concisa, clara y que no dejas de lado a nadie. Pule tus ideas reduciéndolas a los tres argumentos que quieres proponer; suele ser difícil sacarlos todos, así que con que puedas tocar dos de los tres puedes darte por satisfecho. Aun así, es esencial que ordenes tus ideas en tres argumentos principales.

6. Sé positivo

»Este es un principio básico de la comunicación y más importante aún cuando estamos argumentando el punto de vista de la Iglesia en contra de algo, lo cual puede ser común en la sociedad de hoy. La Iglesia se opone a muchas cosas, pero porque desea proteger y mejorar.

»Casi todo lo que proclama la Iglesia lo hace porque quiere conducir a la gente, y a la sociedad en general, a la plenitud de la vida, la salud y la prosperidad sostenible. La Iglesia no es como un policía moral con cara de huraño; es más bien como la Madre Teresa, que se entrega a la gente olvidada y débil.

»Los miembros de Catholic Voices tienen que ser idealistas y radicales, e invitar a la sociedad a escoger otro camino, uno mejor. Los pro-vidas tienen que ser como los que luchaban contra la esclavitud, no moralistas que riñen a la gente; los que se oponen a la muerte asistida tienen que ser promotores de hospicios en cada esquina. No seas el ángel del juicio, sino el que señala el camino luminoso.

7. Sé compasivo

»La compasión es la cualidad que debería distinguir a los cristianos, pero desafortunadamente, puede estar ausente en discusiones con un católico.

» Aquellos que creen fervientemente en sus valores suelen sentirse frustrados cuando otros rechazan o ignoran lo que es tan importante para ellos. Sin embargo, ese sentimiento es esencialmente egocéntrico. Pretenden que otra persona entienda y valore lo que ellos consideran importante. Pero el que critica también tiene sus propios principios y puede que también se sienta frustrado si no se valoran.

»Entramos así en un círculo vicioso. Ser compasivo, incluso en grandes discusiones, es esencial para salir de este círculo vicioso de reproche mutuo.

» Es muy probable que la persona con la que estés discutiendo haya tenido una experiencia directa con el tema neurálgico, ya sea personalmente o como testigo de primera mano; también es posible que haya tenido una mala experiencia con las autoridades o alguna institución que le haya dejado huella. Puede que sepas que esa persona ha tenido esa experiencia, o puede que no; si no, lo mejor es asumirlo. Dios es la cabeza de turco para la furia, un polo de atracción para las frustraciones, aunque sean vagas o imprecisas.

»Ser compasivo es poder entender esta furia y dolor, y así relacionarse con los demás como un ser humano a otro. Los que critican a la Iglesia se muestran particularmente sensibles al hecho de que los católicos aparezcan de forma sistemática repitiendo lo que les “dijeron” que debían pensar.

»La experiencia personal se opone a la ortodoxia institucional, la experiencia de cada víctima se contrapone al interés colectivo, y así sucesivamente.

»Para un Catholic Voice supone un reto constante evitar ser el frío e insensible representante de una institución humana distante. Hay muchas maneras de salir de esta trampa: hablar de tu propia experiencia, contar historias que muevan a la emoción, o dar ejemplos. Pero también puede ser que simplemente necesitemos saber escuchar y estar preparados para absorber la furia y el dolor que algunos sienten hacia la Iglesia; tan solo esto ya supone una herramienta de compasión completamente válida. Si es la primera experiencia que tienen de que alguien con fe les escuche, la compasión es el mejor testimonio que podemos ofrecer.

8. Ten datos preparados, pero evita actuar como un robot

»Hay que partir de una buena preparación y tener datos que enmarquen la discusión. Pero recuerda que las estadísticas pueden resultar abstractas e inhumanas, o simplemente una tapadera: se suele pensar que los políticos que hacen uso de ellas están mintiendo.

»Sobre todo, intenta que la discusión no se convierta en un ping-pong de estadística, un juego del que muchos pagan por alejarse. Si usas estadísticas, no te compliques. Asegúrate de que las cifras sean redondas, claras y que todo el mundo pueda entenderlas: en vez de 30 de 100 personas, di “uno de cada tres”; y en vez de “25 por ciento” di “un cuarto”. Úsalas solo cuando realmente las necesites, no como simples refuerzos.

»La crítica hacia la Iglesia suele estar fundamentada en citas erróneas o falta de comprensión global. Por lo tanto, es importante ir a la fuente y comprobar dónde se ha torcido la verdad o en qué parte se ha interpretado mal.

9. No se trata de ti

»Para una buena comunicación es esencial aparcar el ego. No es que el crítico no te valore o no te respete a ti, sino a lo que tú representas. Tu miedo, timidez y defensiva son los productos de tu ego que se queja. Piensa en Juan el Bautista, un comunicador sin miedo; la fuente de su fuerza fue saber que él era la puerta por la que tenía que pasar la gente para llegar a Jesucristo.

»Ahora pasemos a zanjar la cuestión de si tu intervención va a ser fantástica o espantosa. Es inevitable sentirse un poco nervioso antes de hablar en público, la adrenalina ayuda a concentrarse. Pero un exceso de nervios suele tomarse como una señal de timidez. Recuerda que a la gente no le interesa lo que tú pienses, sino lo que tú sientas (¿?).

»Sin embargo, el ego nos engaña y nos hace pensar que nosotros somos el centro de la atención, lo que nos hace temblar por los nervios o hincharnos de absurdo orgullo.

»Respira hondo para calmarte antes de empezar y haz una pausa antes de responder a la pregunta. Por supuesto, la mejor forma de apagar los nervios es prepararse bien.

»Rezar antes de entrar en un plató o de empezar un debate es vital: no solo para apagar los nervios y aparcar el ego, sino también para recordar para qué y para quién vas a hablar. Reza para que el Espíritu Santo esté contigo y hable a través de ti.

»Si sale mal, ¡alégrate! El éxito no tiene casi nada que enseñarnos. Pídele a alguien de confianza que repase la intervención contigo para ver dónde te equivocaste y lo que puedes mejorar. Es una oportunidad para aprender, así que agradece la lección.

»Y recuerda: es mucho menos importante de lo que crees y seguro que no lo hiciste tan mal como piensas.

»Estás trabajando para Dios lo mejor que puedes y eso ya es suficiente, aunque no salga bien. El ego intentará persuadirnos de que somos el mejor orador del mundo o la criatura más desgraciada que jamás haya hablado por un micrófono. La verdad es que no somos ni lo uno ni lo otro, y por lo general somos bastante buenos, por lo que te puedes quedar tranquilo.

10. Vas a dar testimonio, no a ganar

»Uno de los periodistas encargados de cubrir el viaje papal estaba descansando en Londres después de escribir sobre el segundo día de Benedicto XVI en dicha ciudad. En la mesa de al lado había dos mujeres que miraban sin demasiado interés el seguimiento en directo de la llegada del Papa a Hyde Park. Dos miembros de Catholic Voices estaban siendo entrevistados y comentaban, explicando con precisión y entusiasmo, lo que el Papa significaba para ellos, para los católicos y para el Reino Unido. También contaban por qué creían que el viaje en cuestión era un beneficio para la sociedad en general. Una vez hubieron terminado, una de las mujeres se giró y le dijo a la otra: “Bueno, parece que no todos están locos”.

»El periodista nos dijo: “¡Habéis ganado el partido!”.

»El poder de estas reacciones no es algo fácil de medir. Sin embargo, bastante gente que vuelve a la Iglesia después de muchos años o que decide interesarse por convertirse al catolicismo, suele alegar haber oído o visto a alguien decir algo que les causó impresión y seguía dándole vueltas en la mente.

»No obstante, no suele ser el resultado de una discusión brillante o de una frase bonita. Casi siempre se trata de una “reformulación”: un prejuicio o una preconcepción que es rebatida o incluso dada la vuelta. A esto lo llamamos “conversión”.

»Catholic Voices existe para contarle a la gente la verdad sobre la Iglesia y que así la puedan ver con otros ojos. En la Introducción, hablamos de cómo la fe católica puede “escandalizar”: provoca reacciones bruscas así como preguntas difíciles. Dijimos que “escandalizar” es un obstáculo en el camino. Hace que la gente se pare y piense; que se pregunte cosas. Y esto puede significar el comienzo de un nuevo camino: un camino que nos lleve a ver la vida de otra manera. O por el contrario, que nos lleve a abandonar el camino y darnos la vuelta, de lo que nos previene Jesús.

»El cometido de Catholic Voices es entrar en ese momento preciso, el momento del “escándalo”, cuando la gente todavía no se ha dado la vuelta pero está indignada, confundida o curiosa. Cualquier reto es para nosotros una oportunidad de ser testigos: disipar malentendidos, difundir luz donde hay mito y confusión, demostrar empatía y compasión así como una visión más profunda.

»El enemigo de ese testimonio es el deseo de “vencer” y “derrotar”. Una actitud de rivalidad y victoria, de ganadores y perdedores, de “nosotros contra ellos”, de “bien y mal”…

»Este es el idioma de las batallas y ataques, de la guerra y la persecución. Hay algunos católicos a los que les gustaría levantar el puño en contra de los que atacan a un Papa que, según ellos, está siendo injustamente atacado en temas como la adopción por homosexuales o el abuso sexual clerical. Pero aunque tienen el derecho a defenderlo y a explicar mejor las cosas, también deberían evitar formar parte del ciclo de acusación y defensa.

»Y, como es bien sabido, nadie está más fuera de ese ciclo que el mismo Papa Benedicto. ¿Qué fue lo que hizo tras aterrizar en Escocia? Bendijo al país, agradeció su hospitalidad, besó bebés y derritió corazones. Dijo palabras fuertes, palabras provocadoras, a los que lo escuchaban; pero eran palabras razonables, llenas de compasión y dichas con convicción. No daba órdenes, sino que hacía un llamamiento. Demostró compasión, empatía y verdadero amor. Por ese testimonio que dio de sí mismo, la gente del Reino Unido estuvo dispuesta a escucharle. Esa fue su victoria, el único tipo de victoria que tenemos que perseguir».

Catholic Voices tiene publicado Catholic Voices: Putting the Case for the Church in the Era of 24-Hour News

Más información: www.CatholicVoices.org.es

www.religionenlibertad.com


El mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma 2012 en 40 frases

febrero 24, 2012

Responsabilidad para con el hermano

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«Fijémonos los unos en los otros

para estímulo de la caridad

y las buenas obras» (Hb 10, 24)

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1.- La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario.

2.- Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.

“Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano

3.- Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10, 24).

4.- Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios.

5.- El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24).

6.- Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25).

7.- El primer elemento es la invitación a “fijarse”: Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos.

8.- Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada».

9.- También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4, 9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado recíproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien.

10.- El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero “alter ego” -otro yo-, a quien el Señor ama infinitamente.

11.- Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad.

12.- La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual.

13.-  La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119, 68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión.

14.- La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades.

15.- ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre.

16.- En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía.

17.- El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna.

18.- Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos.

19.- No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último.

20.- Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien.

21.- Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano.

22.- En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad.

23.- Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22, 61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.

 “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad

24.- Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual (Anotación personal: permisivismo, tolerancia).

25.-Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así.

26.- Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.

27.- Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación.

28.- Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social.

29.- En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican.

30.- La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común.

31.- Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos.

“Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad

32.- Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12, 31-13,13).

33.- La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4, 18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios.

34.- El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4, 13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.

35.- Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos han dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25, 25ss).

36.- Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12, 21b; 1 Tm 6, 18).

37.- Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31).

38.- Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).

39.- Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6, 10).

40.- Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.

Ecclesia Digital


Los nuevos herejes

febrero 19, 2012

Primer lugar en la carta de derechos

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Medidas contra la libertad religiosa en Estados Unidos

Artículo de Rafael Navarro-Valls, miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, en el que analiza lo que está sucediendo en Estados Unidos en relación a uno de los principios constituyentes del país, la libertad religiosa.

ZENIT.org

Algo extraño está ocurriendo en EE.UU. con la primera de las libertades, es decir, la libertad religiosa. Por un lado, la sociedad está arrinconando los últimos rescoldos de la intolerancia religiosa, admitiendo, sin demasiados problemas, la condición de mormón o de católico en los candidatos a la presidencia. Al tiempo, el Tribunal Supremo ratifica la importancia de la libertad religiosa, dictando una importante sentencia -con sorprendente unanimidad, en un tribunal habitualmente dividido- a favor de que las organizaciones religiosas puedan despedir empleados por motivos de coherencia de vida, ortodoxia en su labor de enseñanza o comportamiento. El Supremo (s. 12 de enero 2012) considera que por encima de normas sobre discriminación laboral está la primera enmienda a la Constitución, que garantiza la libertad religiosa.

Sin embargo, la administración Obama parece ir contracorriente, con una serie de medidas que están produciendo reacciones en cadena entre los obispos estadounidenses y en el mismo Vaticano. Así, en pocos días, el arzobispo de Nueva York y presidente de la Conferencia Episcopal estadounidense, cardenal Timothy Dolan, y el arzobispo de Los Ángeles, monseñor José H. Gómez, han intervenido contundentemente contra normas federales que prohíben a centros médicos vinculados con la Iglesia negarse a facilitar el aborto –si en ellos se atiende a personas que no son de la Iglesia–, o que imponen como norma dar a empleados de instituciones religiosas (colegios, asilos, hospitales, universidades, etc.) un pago para servicios de “control de la natalidad” (abortos, esterilizaciones, píldoras abortivas, etc.), como parte de un paquete de seguros.

La primera de las libertades

“Esto no debería suceder en una tierra donde el libre ejercicio de la religión ocupa el primer lugar en la carta de derechos”, subrayó Dolan. Hace unos meses, la propia Conferencia Episcopal había creado una comisión especial para la libertad precisamente por el número “creciente de programas y políticas federales que amenazan los derechos de conciencia, o que pueden socavar el principio fundamental de libertad religiosa”.

Por su parte, Benedicto XVI en un discurso a los obispos católicos de Estados Unidos en visita ad limina, manifestó su preocupación por “algunos intentos de limitar la más querida de las libertades americanas, la libertad religiosa. Muchos de vosotros habéis señalado que ha habido un esfuerzo coordinado para denegar el derecho a la objeción de conciencia a personas e instituciones católicas en lo que se refiere a la cooperación en prácticas intrínsecamente malas. Otros me han hablado de una preocupante tendencia a reducir la libertad religiosa a mera libertad de culto sin garantías de respeto a la libertad de conciencia”.

Es sintomático que Benedicto XVI una libertad religiosa y objeción de conciencia. La razón estriba en que el último reducto defensivo de los ciudadanos frente a los ataques legales a sus convicciones más profundas es, precisamente, los resortes de que dispone la conciencia herida, que puede reaccionar negándose a acatar la ley, cuando esta se convierte en un “simple procedimiento de gobierno” para transmitir consignas ideológicas con precipitación y, a veces, con vulgaridad. Es lo que acaba de ocurrir en el caso de Julea Ward, decidido hace unos días ( 27 de enero de 2012 ) por sentencia de un Tribunal federal de Apelación. Conviene detenerse en él, pues apunta a discriminaciones que sufren los objetores como si fueran una especie de “nuevos herejes”.

Objeción de conciencia y libertad religiosa

Julea Ward era una estudiante en un programa de asesoramiento (terapia) de la Eastern Michigan University. Fue expulsada del programa después de que solicitara permiso para transferir a un cliente homosexual a otro terapista. Ella, refiriéndose a sus creencias cristianas, estaba dispuesta a aconsejar a los pacientes, pero siempre que ese consejo no supusiera “reafirmar” sus comportamientos homosexuales. La Universidad inició un proceso de carácter administrativo, que concluyó con la decisión de dar de baja a la estudiante, motivándola en el argumento de que sus convicciones de conciencia no eran acordes con las normas profesionales de una terapista. La estudiante entabló una demanda ante el tribunal federal, alegando una violación de sus derechos constitucionales a la libre expresión y el ejercicio libre de la religión.

Después de una instancia contraria, el tribunal de apelación (Corte de Apelación para el Sexto Circuito) decidió otorgar el amparo a la objetora. El tribunal critica que la universidad hiciera una excepción en sus normas para respetar las diferencias de opinión de las personas en cuestiones seculares pero no en cuestiones religiosas: esto –concluye- no es respetar las diferencias sino imponer una ortodoxia. Para el Tribunal, “ una universidad no puede obligar a un estudiante a alterar o violar sus sistemas de creencias, como precio para la obtención de un grado”. Se entiende así, que los abogados defensores adujeran que, en el caso Ward, la Universidad denunciante invocaba sesgadamente los códigos de ética profesional “como si fueran códigos que prohíben la blasfemia y que permiten castigar como herejes a los discrepantes”.

La estrella polar de las democracias

Tienen razón. Cuando una sociedad democrática sensata renuncia imponer su voluntad a las minorías disidentes, no da muestras de debilidad sino de fortaleza. El recurso a la objeción de conciencia confirma la vitalidad de la democracia, al garantizar uno de los elementos políticos que lo fundamentan: el respeto a las minorías. Un objetor no es un hereje disidente al que hay que exterminar, es, al contrario, alguien que acepta el sistema legal de forma madura y ética, ya que apunta hacia los valores sin limitarse a la pura formalidad de la regla objetiva. Vistas así las cosas, en el conflicto entre ley y conciencia no hay que ver una especie de contienda entre interés privado e interés público. Lo que existe es una confrontación entre dos intereses públicos: pues también lo es la salvaguardia de ámbitos individuales de autonomía en el marco democrático.

La libertad de conciencia es la “estrella polar” de las leyes morales, que permite al hombre ser lo que es y llegar a un destino cierto. Ignorarla a través de normas de “obligado cumplimiento”, supone ignorar lo que es la naturaleza del hombre. De ahí que desde instancias muy diversas se apela al derecho como un instrumento mediante el que la sociedad trata de organizarse a sí misma, en torno a unos valores que son esencialmente éticos. Valores cívicos, desde luego, pero que frecuentemente tienen origen religioso. Descartar la conciencia individual es una potencial discriminación contra minorías religiosas. De ahí la importancia que el tema va adquiriendo en Estados Unidos y, en general, en todo Occidente.


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