Las diez cosas que han cambiado en el culto dominical de protestantes y católicos en apenas 15 años

junio 22, 2014

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Emigrantes venezolanos rezan y lloran en una Misa por la paz en su país

Emigrantes venezolanos rezan y lloran en una Misa por la paz en su país

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Cada vez hay menos coros, y se canta con pantallas, no cantorales, y el clero es más viejo…

Pablo J. Ginés/ReL

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En los últimos 10 ó 15 años, el culto dominical de los católicos no ha cambiado mucho en Occidente. Sin embargo, el de los protestantes sí, como analiza en su blog Thom S. Rainer, un especialista baptista-evangélico en evangelización, y presidente de LifeWay Christian Resources (www.lifeway.com).

Parte de la información la obtiene de un detallado estudio, que abarca hasta 2007, de la Duke University de EEUU (está en http://www.soc.duke.edu/natcong/), un estudio que incluía entrevistas de una hora con el ministro (o en el caso católico, el sacerdote) encargado de una comunidad. Se estudiaron más de mil congregaciones de EEUU.

Otra parte de la información procede de la experiencia de Thom S. Rainer, algunas de sus investigaciones “de mercado” y consultas de iglesias. Rainer no valora estos cambios, sólo los expone “desde la perspectiva de un investigador”.

1) Los coros están desapareciendo

De 1998 a 2007, el porcentaje de iglesias con coro disminuyeron del 54% al 44%. Si la tendencia hubiera seguido hasta 2014, habría sólo un 37% de iglesias con coro (entre católicas y protestantes, ya que usa los datos de la Duke University).

Un coro es distinto a un ministerio de alabanza o un animador de cantos. El coro tiende a implicar más personas y más ensayos que un ministerio de alabanza y así aumenta el número de feligreses “activos”, implicados en la comunidad.

2) Se viste más informal en la iglesia

En regiones cálidas o frías, urbanas o rurales, en iglesias de cualquier raza o etnia, blancas, negras o vietnamitas, cada vez son menos los hombres que se ponen la corbata para ir a la iglesia. De hecho, en casi todas partes son ya minoría. De nuevo, esto se da tanto entre católicos como entre protestantes.

En España y países hispanos, el cambio a la ropa informal o semi-formal (y más con calor) se ha dado hace décadas entre los católicos, pero en EEUU aún se mantenía en ciertos sitios.

Otro tema distinto que habría que estudiar es si los protestantes en España e Hispanoamérica tienden a vestir más elegante y formal que sus correligionarios en EEUU para distinguirse de la mayoría católica.

En cualquier caso, los Adventistas del Séptimo Día (una rama protestante muy conservadora pero que no cree en el infierno) son un paradigma de “vestir formal” en sus servicios aún hoy.

3) Las pantallas han ocupado las iglesias

Al principio, lo de proyectar power points, letras de las canciones o ilustraciones en una pantalla en pleno servicio dominical era visto por muchos como poco menos que una profanación. Hoy está generalizado.

Por supuesto, el uso e incluso la colocación de las pantallas en las iglesias católicas norteamericanas (en las españolas aún no es frecuente) es distinto al de las protestantes.

Las parroquias católicas las colocan en laterales, bien lejos del altar, y las usan casi exclusivamente para proyectar las letras de las canciones (y quizá algunas oraciones largas como el Credo o el Gloria). Apenas hay curas que usen pantallas para apoyar sus homilías.

En cambio, en ambientes protestantes tienen una colocación prominente, central, y más larga, y apoyan con imágenes ilustrativas o simbólicas, o con esquemas las predicaciones o los temas tratados.

En el culto católico, todo busca dirigir la mirada hacia el altar. En el protestante, hoy, la mirada va más hacia la pantalla que hacia el predicador.

Hay gente que se queja de que desde que es tan fácil proyectar las letras, cada semana los responsables de cantos ponen canciones nuevas; así no hay forma de aprenderlas, interiorizarlas ni tomarles cariño. Como son nuevas y no se aprenden nunca, la gente tiende a dejar de cantar.

Además, quedan olvidadas las clásicas en los cantorales. Las pantallas tienen, pues, sus riesgos junto con sus ventajas.

4) La predicación es más larga

Esto es algo que Rainer admite que aún no ha demostrado matemáticamente pero que nace de su experiencia: sermones más y más largos en el mundo protestante. Y tiene sentido, ya que con las pantallas se pueden apoyar con imágenes.

Por el contrario, en el mundo católico Benedicto XVI se pronunció varias veces a favor de que los párrocos hagan sermones cortos y bien estructurados, y el Papa Francisco parece proponer lo mismo desde el ejemplo de sus homilías de Santa Marta. Su homilía de la solemnísima beatificación de Juan Pablo II y Juan XXIII fue muy breve también.

La Iglesia Católica recomienda al cura no dedicar más de 7 minutos a su homilía dominical (frente a los sermones de entre 30 y 60 minutos de muchos pastores protestantes).

5) Junto con el servicio… hay otras ofertas

Las congregaciones protestantes han multiplicado la “oferta”. Antes del servicio dominical, puede haber un grupo de adultos, o de formación bíblica, o de técnicas de familia, o de apoyo ante una adicción; después puede haber una sesión de “cine y debate”, o de deportes, o de teatro… Los niños y adolescentes tienen sus propias ofertas comunitarias.

“Ir a la iglesia” no es sólo participar en el culto, sino muchas más cosas. Y eso, que era minoritario hace 15 años, es hoy la norma entre los protestantes, y de hecho empieza a darse en algunas iglesias católicas grandes de EEUU.

6) La feligresía es étnica y culturalmente más diversa

Cada vez hay menos iglesias donde todos son blancos-anglosajones-protestantes. Los hispanos y otros inmigrantes ya abundan en todo el país, en congregaciones católicas o evangélicas.

7) Los conflictos internos, estadísticamente, no crecen

Aunque Rainer no lo comenta, desde ReL localizamos tres fuentes de conflicto: los originados en gustos litúrgicos, musicales, etc…; los morales y doctrinales; y la gente “tóxica”, que envenena la vida parroquial.

El primero y el tercer tipo de conflictos se mantiene más o menos estable en unos porcentajes fijos.

En cuanto a las guerras morales (por ejemplo, episcopalianos pro-vida y pro-familia hartos de obispos progresistas gays o lesbianas o abortistas) se han ido acabando por la vía de salir de las denominaciones “progres” y crear nuevas congregaciones e iglesias conservadoras.

8) Cada vez más feligreses pertenecen a iglesias “grandes”

Para los protestantes, una comunidad de más de 400 feligreses es “grande”… y el 90% acuden a ellas. La típica iglesia diminuta de pueblecito con decenas de fieles es hoy la excepción, no la norma. Sólo un 10% acude a iglesia menores de 400 feligreses.

9) Los servicios del domingo por la tarde tienden a desaparecer

En el mundo católico, siempre está la opción del sábado noche para cumplir con la obligación dominical. En el protestante, donde no se vive igualmente el concepto de “cumplir la obligación”, la gente prefiere un evento más grande y elaborado por la mañana, que deje libre para el deporte y el ocio las tardes de los domingos.

Las causas pueden ser variadas y Rainer anuncia más datos sobre este tema.

10) Como media, los pastores son más viejos que hace 15 años

Este no lo comenta Rainer, pero sí el estudio de Duke University. Lo que sucede es que este envejecimiento de los pastores se da sobre todo entre el clero católico y aún más en las iglesias liberales (progres) “mainstream” (unitaristas, episcopaliamos, luteranos, presbiterianos, metodistas liberales…).

Las congregaciones evangélicas y baptistas conservadoras aún mantienen una renovación de edad de sus líderes.

Por supuesto, todos estos puntos describen el caso de EEUU, pero las tendencias de EEUU suelen acabar influyendo en el resto de Occidente. ¿Cuántas de estas se podrían constatar en las parroquias católicas de España o Hispanoamérica?

 

 


Papa Francisco recibe a Obama

marzo 27, 2014

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El Papa Francisco y Obama en el Vaticano

El Papa Francisco y Obama en el Vaticano, hoy jueves 27 de marzo

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VATICANO, 27 Mar. 14 / 09:48 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco recibió esta mañana al Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, con quien dialogó sobre una serie de importantes temas como la libertad religiosa, los conflictos internacionales, el derecho a la objeción de conciencia y la defensa de la vida, entre otros.

El Santo Padre conversó con el mandatario por espacio de 50 minutos, en lo que constituye el primer encuentro entre ambos. Francisco y Obama comenzaron la reunión con un apretón de manos.

“Bienvenido, señor Presidente”, le dijo el Pontífice en inglés. “Es un gran honor. Soy un gran admirador suyo. Muchas gracias por recibirme”, le contestó el mandatario.

Obama también le dio al Papa los saludos de su familia y le comentó al Santo Padre que “la última vez que vine a visitar a su predecesor lo hice con mi esposa y mis hijas”.

En el encuentro, descrito como cordial, ambos líderes intercambiaron sus opiniones sobre diversos temas internacionales, expresando su esperanza de que los lugares en donde hay conflicto exista un gran respeto por el derecho humanitario e internacional y que todas las partes involucradas puedan llegar a una solución negociada.

En cuanto a las relaciones bilaterales y los asuntos que tienen que ver con la cooperación entre la Iglesia y el Estado, ambos conversaron sobre aspectos relevantes para la Iglesia en Estados Unidos.

Entre ellos están el derecho de los ciudadanos a la libertad religiosa, el derecho a la vida y la objeción de conciencia, así como el asunto de la reforma migratoria. Un asunto final fue el de la lucha contra el tráfico de personas en todo el mundo.

Luego intercambiaron regalos. El Papa Francisco le obsequió a Obama su primera exhortación apostólica, “Evangelii Gaudium”, y un medallón artístico que representa al “Ángel de la Paz”, como el mismo Papa explicó a Obama.

También le entregó una colección de monedas de su pontificado, que se cayeron cuando eran mostradas al presidente de los Estados Unidos, lo que provocó la risa de ambos.

Al recibir el documento, Obama dijo al Pontífice: “sabe, creo que voy a leer esto en el Salón Oval (de la Casa Blanca) cuando esté muy frustrado y estoy seguro de que la lectura me dará la fuerza y me permitirán calmarme”. El Papa le respondió en inglés “I hope” (Eso espero).

En tanto, Obama le regaló al Papa un estuche con algunas semillas de árboles y especies que crecen en el jardín de la Casa Blanca.

“Si tiene la posibilidad de venir a la Casa Blanca podría también visitar el jardín”, dijo Obama en lo que significó una invitación informal al Pontífice, quien contestó en español con un diplomático: “cómo no”.

Al despedirse, Obama agradeció en español al Santo Padre con un “muchas gracias” y luego le pidió que “rece por mí y por mi familia. Están conmigo en este camino”.

Acompañados por los guardias suizos, Obama y su equipo salieron de la Biblioteca y luego el presidente y el Secretario de Estado de EEUU, John Kerry, se reunieron con el Secretario de Estado Vaticano, Monseñor Pietro Parolin, quien el pasado enero ya mantuvo una larga conversación en el Vaticano con su homólogo estadounidense.

En una entrevista que publica hoy el diario italiano Corriere della Sera, Barack Obama afirma que el compromiso del Papa con la justicia social es un desafío para todos y resaltó la “gran autoridad moral” del Santo Padre y el hecho de que no sólo predique el Evangelio, sino que dé el ejemplo viviéndolo.

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UNO DE LOS ASUNTOS  que han tratado el Papa Francisco y el Presidente Obama ha sido la POLÍTICA MIGRATORIA de Estados Unidos. Tema que preocupa a la población hispana. Ayer se publicaba lo siguiente:

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Latinos de EEUU piden al Papa que medie con Obama para detener extradiciones

Entrevista al encargado de la pastoral con los latinoamericanos en Chicago. En la audiencia le entregarán una carta para agradecerle cuanto hace por los migrantes

Por H. Sergio Mora

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ROMA, 25 de marzo de 2014 (Zenit.org) – Una delegación de latinoamericanos residentes en Estados Unidos entregará este miércoles al papa Francisco una carta en la que le solicitan su mediación para que el presidente Obama detenga las extradiciones de personas ‘sin papeles’, mientas el Congreso estudia una reforma migratoria.

La carta, que le agradece al Santo Padre todo lo que está haciendo por los inmigrantes en el mundo, será entregada al concluir la audiencia general de los miércoles en la plaza de San Pedro. Le pedirán también un mensaje para darles coraje a esos millones de personas que viven en el temor de ser deportados.

La entrega de la carta es un día antes del encuentro del Santo Padre con el presidente de Estados Unidos, fijada para el jueves 27. Entre los temas seguramente figurará el de los inmigrantes que allí viven y trabajan, y de la necesidad que estas personas puedan salir de esa zona gris e ingresar a la legalidad.

Para conocer más, ZENIT entrevistó al padre Marco Mercado, encargado para atender a la comunidad hispana por el cardenal de Chicago, Francis Eugene George.

El padre Mercado indicó que ya le han confirmado el ingreso en la zona reservada de la Plaza de San Pedro, en donde podrán encontrar al Santo Padre: “Sí está confirmado, somos 11 de la delegación de Chicago y además hay otra delegación de Los Ángeles. Le vamos a pedir al papa Francisco su mediación para solicitar al presidente Obama que ojalá pueda, en cuanto Poder Ejecutivo, detener las deportaciones mientras el Congreso pueda aprobar una reforma migratoria”.

“Como el tema que va a tratar con el Santo Padre –precisó el padre Mercado– es la lucha contra la desigualdad y la pobreza en el mundo, la inmigración es un tema atinente y por ello pedimos se detengan las deportaciones mientras el Congreso de Estados Unidos se ponga de acuerdo sobre una reforma de la actual legislación migratoria”.

“Le pediremos también al Santo Padre si puede enviar un mensaje de esperanza y de fortaleza a los tantos millones de personas que están viviendo la incertidumbre de la entre comillas ilegalidad”, dijo.
Sobre el número de personas que se encuentran en esta situación el encargado de la pastoral en Chicago con los latinos indicó: “Los deportables son 2,2 millones mientras 11,5 millones es el total de personas indocumentadas que tenemos en Estados Unidos”.

Interrogado sobre la labor de la Iglesia en Chicago precisó: “Proveemos todos los servicios que los inmigrantes necesitan a través de las 137 parroquias en las que hay personas que hablan idioma español y que atienden directamente a la comunidad hispana. Prestamos servicios espirituales, pero también los de solidaridad como: asesoría legal, de inmigración, clases de inglés, clases de ciudadanía, servicios sociales, etc”.

Sobre la atención sanitaria en Chicago, el sacerdote precisó: “Para la atención médica en Estados Unidos, tenemos algunos centros atentidos por entidades católicas. Aunque la comunidad emigrante sabe que a través de las ‘emergencias’ de los hospitales tienen que ser atendidos. Posteriormente allí, un trabajador social toma el caso y les cobrará de acuerdo a sus posibilidades. Si bien tenemos también algunas clínicas atendidas por comunidades católicas en las que damos servicios básicos mientras que para los más grandes se ingresa por ‘emergencias’”.

Sobre la comunidad de los latinoamericanos en Estados Unidos, el padre Mercado elogió la norma Dream Act, aprobada por el gobierno Obama, que concedió permiso de trabajo para todos los jóvenes de hasta 30 años que llegaron al país antes de los 16, que estuvieran estudiando, sin antecedentes penales en Estados Unidos. “O sea jóvenes que llegaron ilegalmente siendo pequeños y que toda su vida han vivido allí y que su primer idioma se puede considerar el inglés, pero debido a que no habían nacido en el territorio de Estados Unidos no tenían documentos”.

Sobre la actual legislación migratoria el padre Marco no tiene dudas: “La iglesia ha levantado su voz porque la ley actual es obsoleta y rinde difícil a un inmigrante llegar a una situación de legalidad”. Si bien reconoció: “Somos conscientes también que eso no depende sólo del presidente, se necesita el Congreso”. Entretanto consideró que “el presidente puede hacer una ‘resolución ejecutiva’ para detener las deportaciones mientas se realiza la reforma”.

“Al papa Francisco –concluyó– le vamos a entregar un pliego petitorio y una carta de agradecimiento por lo que ha hecho por los emigrantes de todo el mundo. Sabemos que uno de sus primeros actos oficiales fue precisamente ir a la isla de Lampedusa y que su voz se ha alzado fuerte como un reclamo y que ha recordado la obligación moral que los países ricos tienen de acoger y ayudar a aquellos que buscan un mejor nivel de vida y también a quienes huyen de guerras o persecuciones”.

 


Vida religiosa en América Latina

febrero 9, 2014

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La vida religiosa clama

La vida religiosa clama

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La vida de los religiosos clama en América Latina

Escrito por José María Arnáiz

En la Asamblea General de la CLAR del mes de junio del 2012 en Quito se elaboró el Horizonte inspirador de la Vida consagrada en América Latina y el Caribe.

De él nació el Plan Global inspirado en el icono de Betania y aprobado en la Junta General que se tuvo en México en marzo de este año y que lleva por título: “Escuchemos a Dios donde la vida clama”.

En él hemos querido situar la vida consagrada en los nuevos escenarios y unir nuestra voz a la de los sujetos emergentes y parte de la sinfonía que se originó es la que presentamos en este artículo.

Tuvimos la impresión de que el que dirigía la orquesta era el Espíritu Santo, que estaba presente y sugería, proponía y a ratos forzaba la máquina para que hubiera compromiso y propuesta nueva.

La letra y la música de esta canción fueron presentadas, también, en el Vaticano y al Papa Francisco. Las escuchó con atención. La visita y el mensaje que nos dejó se han convertido para nosotros en gracia y compromiso.

Podemos decir que nuestro clamor es su clamor ya que él es de todos en la Iglesia y la vida consagrada, pero de nosotros procede.

Hilo conductor del plan global

En él hay palabras claves que amalgaman el corto texto: vida, consagrada, nueva. En los religiosos y religiosas del Continente y del Caribe se sufre y se goza; se vive un momento fuerte. Los consagrados claman.

Hay que estar atentos y escuchar su voz que va unida a la de los emigrantes, jóvenes, indígenas, afroamericanos, mujeres, encarcelados y excluidos.

El clamor de los religiosos es por una nueva forma de vida religiosa. El icono bíblico de Betania ha inspirado el plan. Tiene cuatro protagonistas: Jesús, Marta, María y Lázaro.

Si uno los contempla sitúan la vida consagrada en tres situaciones que en el momento actual son reales: la vida consagrada enferma, dormida o muerta.

Pero la más real nos la ofrece la escena central y las palabras de Jesús: en ella se resucita, se pasa de la muerte a la vida y se escucha decir a Jesús: Yo soy la resurrección y la vida.

La Asamblea quiso ver en Betania una casa de encuentro, una comunidad de amor y corazón de humanidad. Nos desafía a todos a juntar bien estas seis palabras: casa, comunidad, corazón, encuentro, amor y humanidad.

Entrelazarlas adecuadamente da como resultado una nueva forma de vida consagrada.

El clamor que sale de los religiosos es el de esta nueva forma de vida consagrada. En la edición del texto final publicado por la CLAR y PPC se encuentran expresiones de este clamor de vida religiosa nueva en las páginas 3, 6, 7, 8, 9, 10, 13, 15, 16, 17, 18, 19, 20 y 23.

Es decir, atraviesa todo el documento y bien podemos decir que es su hilo conductor. Se nos pide que se escuche este clamor porque suena a evangelio puro; así la vida consagrada entrará en el dinamismo de la vida resucitada; este grito será auténtico si nace en los nuevos escenarios y lleva la fuerza y pasión de los sujetos emergentes del Continente.

La vida consagrada es sujeto emergente y está en un nuevo escenario. Sólo así desaparecerá la impresión repetida en algunas comunidades y personas consagradas de que en esta forma de vida cristiana ha cambiado mucho para que en realidad no haya cambiado nada o al menos lo esencial no se haya tocado.

Se siente la amenaza y el riesgo del presente y del futuro. Urge ver los signos de vida que hay en torno a la vida consagrada y “salir del sepulcro” ya que una nueva forma de vida consagrada es posible y para ello estamos urgidos de un nuevo seno que engendre un nuevo modo de ser humanos y de ser religiosos.

Las nuevas generaciones de religiosos tienen un rol importante en esta tarea que no puede faltar. La convicción de que una nueva forma de vida consagrada es posible se repite varias veces.

El documento termina afirmando que esa nueva forma es semilla, está en gestación, es la alternativa. A describir esa alternativa se dedican los últimos párrafos del documento. En ellos se desciende a precisiones concretas.

Pero el tono y el momento en que nos deja el Plan Global es el mismo en el que nos dejan en nuestros días la mayor parte de las instancias de encuentro, reflexión, programación y propuesta.

Hago referencia, de un modo especial a los capítulos generales. Por lo que puedo saber, por ser protagonista en varios de la propia congregación marianista o de otras, estas asambleas se están desarrollando en ambientes buenos y fraternos.

Se alza menos la voz de lo que se alzaba en el pasado; hay menos denuncia. Se llega a ponerse de acuerdo bastante fácilmente. Se realizan análisis y evaluaciones oportunas y atinadas; las sugerencias y propuestas son buenas y del buen espíritu vienen.

Nos dejan con alimento para hacer el próximo tramo de la historia de la congregación pero no para llegar a la meta. Quedamos en búsqueda, en buena compañía, en sala de espera. No tocamos fondo.

Se termina con la impresión de que algo nos falta y que nos falta lo que necesitamos. No damos con los compromisos que produzcan grandes cambios.

Una muerte que lleva a la vida

No hay duda que este texto del Horizonte inspirador ha llegado e inspirado mucho a esta Presidencia de la CLAR, al Equipo de reflexión teológica, a las diferentes Conferencias nacionales y no pocas Provincias y comunidades religiosas.

Sé que está siendo “horizonte inspirador” de bastantes religiosos. A todos deja con buen tono, buen espíritu, inquietos. Pero con dificultad para describir y poner nombre a lo que realmente necesitamos: una nueva forma de vida consagrada.

Nos ofrece icono, evaluación, convicciones teológicas, tareas para la Presidencia y el Etap; inspiración e intuiciones que no siempre habíamos tenido. Y sobre todo con una: la muerte lleva a la vida.

Betania es el icono que necesitábamos. Tenemos que apuntar a una vida que multiplica la vida. No nos sirve el “y-y” ni el “o-o”. Necesitamos alternativa.

Y alternativa a la vida consagrada actual. No se está terminando la vida consagrada; se está terminando una forma de vivir la vida consagrada. Tiene que nacer otra. Pero la vida consagrada tiende a conservar, a no moverse y, con mucha frecuencia, lo consigue.

Es verdad que para cambiar bien, como dice H. Maturana, hay que tener dónde poner el pie, dónde apoyarse y desde dónde partir. Pero también a dónde llegar y qué concebir.

Supone olvidar, dejar de hacer, des-aprender, suprimir, terminar. Supone, también, sacarse las vendas como tuvo que hacer Lázaro; si no, no habrá movimiento.

En una espontánea lluvia de ideas de contexto latinoamericano y caribeño debemos decir que estamos hablando de un nuevo paradigma, de vino nuevo y odres nuevos, de cambio estructural, de estructuras distintas, de evangelio viviente y vibrante, de alternativa cultural, de más carisma y menos tradición, de transformación.

Lo hacemos recordando la historia que nos dice: cuando una forma nueva de vida consagrada ha aparecido no han desaparecido las anteriores; se han transformado.

No estamos hablando de nada fácil. Nos estamos refiriendo a lo exigente que es concebir, engendrar, ser fecundos, generar y dar vida. Según el documento las alternativas girarán en torno a la indignación y la creatividad. Estas se convierten, una vez más, en clamor.

La vida consagrada es escenario donde se clama y sujeto emergente que clama y en este clamor hay que escuchar a Dios. Pero todo esto no siempre lo entendemos así.

“Estas semillas de alternativas quieren llegar al lugar donde sabemos germinar como signos impredecibles del Reino”.

Esto es especialmente urgente e indispensable para la vida consagrada apostólica. La urgencia está recogida en el plan global. Para algunos es delicado el argumento que vivimos ya que supone un juicio al pasado y porque muchas veces se ha quitado sin poner.

Además, las nuevas generaciones no dan muchos elementos pero sí no pocas interpelaciones; ayudan a saber qué es lo que se precisa dejar de hacer y dan pocas sugerencias para identificar lo que hay que introducir y proponer.

Toca a las generaciones ya en andadura indicar cómo será un presente que tenga futuro. De todas formas, en el Plan Global no hay nada muy concreto en relación con el necesario cambio institucional.

Cuando se lee atentamente sí queda uno con provocación, ganas, inspiración, empuje y motivación.

De la conversación con el Papa el 6 de junio sobre este tema bien podríamos decir que “nos dio permiso” para ensayar, buscar y hasta equivocarnos. No hay duda que esta forma nueva de vida consagrada es una semilla.

Semilla que puede caer en el camino, entre piedras o hierbas malas o en buen terreno. Pero la semilla no cae sola. Hay sembradores.

Se necesitan nuevos sembradores que permitan a la vida consagrada o la muestren caminos y procesos para “salir fuera del sepulcro”, desatarse las vendas, comenzar a andar y agradecer la vida nueva recibida.

En este momento yo personalmente, y sé que otros, nos encontramos en búsqueda y confiados en que meta y etapa nueva se van a encontrar y al mismo tiempo viviendo auténticamente lo que es propuesta ahora y confiando en el Señor que muestra caminos.

Es verdad que la institución vida consagrada y bastantes religiosos “claman” y hay que escuchar a Dios en esas vidas que en más de una ocasión se convierten en grito.

Para llegar a la meta, dar el primer paso

Se precisa “comenzar siempre” según el estupendo consejo de Santa Teresa de Ávila. Siguiendo con su vocabulario, cuando corren “tiempos recios” se necesitan “amigos fuertes de Dios” para sacar del riesgo; y la vida consagrada está en riesgo.

Por tanto, hay urgencia de dar el primer paso que no es otro que ir a Betania y en compañía de Jesús, Marta, María y Lázaro aprender a resucitar. En Betania se descubre y se vive en “una casa de encuentro, con una comunidad de amor y un corazón de humanismo”.

Ahí, en Betania, y con esa compañía, la vida consagrada puede escuchar, mirar, hablar y llevar al corazón y recrear la vida y la consagración. Ahí se pondrá en contacto con otros clamores.

Hay algunas recomendaciones de fondo que pueden servir para dar el primer paso y los pasos siguientes: revisar nuestro lenguaje en torno a la vida religiosa; quizás, como un ejemplo, la palabra “superior” no sirve más.

Reelaborar nuestra antropología y optar por la que nos lleve a pensar, sentir y proceder humanamente, a orar, convivir y trabajar por el Reino de diferente manera. Repensar nuestra eclesiología y nuestra espiritualidad. Basar nuestra acción carismática no en la urgencia de la eficacia sino en la humildad del signo.

Convertir nuestras comunidades en grupos de contacto vital y de servicio y que sean verdaderos signos maternos que ayuden a vivir en la verdad y no en la apariencia.

No hay duda que para emprender esta tarea se requiere imaginación; así llegaremos a respuestas audaces y creativas; así se ensayará y encontrará camino y no sólo desde una visión mono dimensional, ya que estamos inmersos en realidades pluridimensionales.

Realidades, por lo demás, que a veces nos dificultan vivir intensamente. No podemos olvidar que somos una generación híbrida.

Es la oportunidad

Si queremos que así sea, así será. Este plan global deja con tarea para andar en esta dirección. Por este camino nos quiere el Papa Francisco. Después de presentarle este plan global en sus palabras percibí que nos ofrecía método, camino, proyecto; nos trasmitía pasión y visión y nos presentaba una dirección.

Nos invitó a ver los signos de vida y los signos de vitalidad que hay hoy en la vida consagrada. Comunicó entusiasmo.

Un paso más e importante es ponerles nombre. En otro momento tenemos que acertar a situarles en el contexto cultural y eclesial actual y ver cómo la propuesta tiene algo de nuevo paradigma.

A partir de esto, comenzar a vivir etapa nueva; evitar quedarse en el camino y no aprovechar esta oportunidad que se nos presenta.

Indispensable para nosotros celebrar este nuevo comienzo: pedir perdón, interceder, agradecer, alabar al Señor ya que la vida consagrada sigue siendo “quilla” (Pablo VI al cardenal Pironio) de la barca de la Iglesia. Así se llega a la alternativa.

Tuve la impresión al terminar el encuentro del día 6 de junio del Papa con la CLAR que el Papa Francisco bendecía este plan y este proyecto. Estaba contento con él. Haber aceptado y querido el encuentro distendido y muy confidencial ya era mucho.

El modo como se llevó a cabo fue una confirmación de su estilo de animación de la Iglesia y de la vida consagrada y de las ganas que tenía de estar con nosotros.

Nos invitó a abrir puertas y a preferir una vida consagrada que se la juzgue y se la critique por alguna de las cosas que hace a una vida consagrada que está enferma por vivir aislada, pasiva y sin implicarse en nada… Nos invitó a querer y hacer lo que el Espíritu quiere.

Así ha procedido él desde que le eligieron Papa… a poner oído atento ahí donde la vida clama. Muy fuerte la invitación a defender a los pobres.

En este tema hay que cambiar de rueda. Esto es evangelio puro. Metodológicamente se precisa llegar hasta las causas de la crítica situación actual y no quedarnos en los síntomas de la aberrante fuerza de los poderes financieros.

Algunos, se diría que están empeñados sistemáticamente en que haya pobres y en que sean muchos ya que es la mejor manera para que haya ricos.

Más de una vez repitió una de sus palabras preferidas: no hay que ser autorreferentes; en la Iglesia y en la vida hay que vivir con y para los demás. No tener miedo de denunciar…

Nos invitó a la novedad; nos convidó a la audacia; a no seguir los pasos de algunos grupos “conservadores” ni a caer en un pelagianismo renovado.

Aparecida no se ha puesto en práctica, nos recordó. No fue solo un documento; ha sido y es un envío en misión. Hay congregaciones muy pequeñas y que no tienen vocaciones y se aferran al dinero. Algo hay que hacer por ellas y con ellas. Transmitió ánimo.

La suya es una presencia de anciano pero del que se olvida un poco que lo es y sí acierta transmitir sabiduría y audacia, las propias de quien se sabe con propuesta alternativa.

Este Plan Global y este encuentro con el Papa hay que situarlos en una historia larga y a ratos complicada y tormentosa. La historia de más de 50 años de la CLAR. Ahora los protagonistas han cambiado en el Continente y en Roma.

Ciertamente hoy, los religiosos y las religiosas latinoamericanos que se sospechaba que estaban animados de un cierto sentimiento anti romano y “liberacionista” de no buena ley ahora queremos ser apoyo y compañía para la persona, las palabras, los gestos y el proyecto de reforma de la curia y de la Iglesia del Papa.

Sabemos, por lo demás, que el plan que nos hemos dado es querido, impulsado y bendecido por el Papa. Así lo sentíamos al terminar nuestro encuentro con él.

 http://www.vidareligiosa.es/index.php?option=com_content&view=article&id=622:la-vida-de-los-religiosos-clama-en-america-latina-&catid=2:articulos&Itemid=3


Los católicos hispanos en USA, hacia 2015

octubre 30, 2013

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Salió el sembrador a sembrar

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Estados Unidos: Los hispanos podrían ser la mitad de los católicos en 2015

Organizaciones como CALL trabajan en la promoción de los líderes hispanos. Su presidenta, Diana Richardson-Vela tiene esperanza en la actual reforma migratoria.

Por José Antonio Varela Vidal

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LIMA, 29 de octubre de 2013 (Zenit.org) –  Un reciente estudio de la Universidad Georgetown en Washington DC, reveló que los hispanos en la Iglesia católica estadounidense alcanzaron ya la cifra del 38 por ciento, seguidos por la minoría asiática y de las Islas del Pacífico, con una cifra que se acerca al cinco por ciento.

Estos números se dieron a conocer días atrás por el Centro para la Investigación Aplicada para el Apostolado de dicho centro de estudios, el cual reveló que los estadounidenses “blancos no-hispanos” aún mantienen una mayoría con el 54 por ciento de los bautizados en la fe católica.

El estudio, encargado por el Secretariado de Diversidad Cultural en la Iglesia de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), sacó a la luz otras realidades. Se supo que cerca de 6.700 parroquias son consideradas “multiculturales”, la mayoría ubicadas en el sur y oeste del país.

En estas parroquias -unas 5.000 en todo el país, y que exceden el número ideal de hogares por jurisdicción (1.445 ante 1.168 en promedio)-, se celebra al menos una misa al mes en un idioma que no sea el inglés o el latín.

¿El milagro americano?

El tema de los migrantes no es para seguir evadiéndolo, más aún si los números fluctúan entre nueve y once millones de indocumentados en el país…

Por ello, los congresistas estadounidenses vienen librando sus propias batallas desde ambos bandos políticos. Encabezados por el presidente Barack Obama, los demócratas han querido cumplir con su promesa electoral y presentaron una propuesta de reforma legislativa, aunque obtuvo la férrea oposición de los republicanos.

Pero un milagro a favor de los indocumentados sí podría darse. Esto debido a que algunos líderes republicanos anunciaron que tienen lista “su propia versión” en la Cámara de Representantes, a fin de que sea una alternativa al proyecto de ley aprobado en junio último en el Senado, el cual fue reformulado por los demócratas a principios de octubre, pero que aún lo rechazan.

Un llamado permanente

Tanto la Iglesia católica, como otras organizaciones mantienen una mirada atenta a lo que sucede en el país ante el fenómeno migratorio. Han habido declaraciones y llamados, pero también acciones e iniciativas que contribuyen a aliviar más la carga de los hispanos en los Estados Unidos e insertarlos mejor en la sociedad.

Una de estas organizaciones es la Asociación Católica de Líderes Latinos (CALL, por su sigla en inglés), que trabaja con líderes latinos en los Estados Unidos a fin de contribuir en su crecimiento espiritual y profundización de la fe católica.

ZENIT dialogó con Diana Richardson-Vela, presidenta y CEO de la organización con sede en Los Ángeles, acerca del tema actual de los migrantes y la valiosa labor que CALL viene haciendo en medio de ellos.

¿Cómo vienen observando el crecimiento de los católicos hispanos en la Iglesia de los Estados Unidos?

- Diana Richardson-Vela: El último censo en los Estados Unidos nos informa que hay 52 millones de hispanos y esto representa el 16.7% de la población total de EE.UU. De estos hispanos, el 68% de ellos son católicos.

Si analizamos el porcentaje de crecimiento de la población hispana en EE.UU. entre el 2000 y el 2012, esto representa un 56% de crecimiento, lo cual nos indica que en los próximos años habrá una explosión demográfica de la comunidad hispana y se estima que para el 2015 más del 50% de los católicos en EE.UU. serán hispanos.

¿Cuál debe ser la actitud tanto de hispanos como de los americanos para vivir una mayor unidad e integración?

- Diana Richardson-Vela: Los hispanos en EE.UU. están dispuestos a integrarse al país al aceptar hablar inglés, trabajar arduamente, respetar las leyes y al mostrar su confianza en las instituciones. Buscan crear comunidad y esforzarse por mejorar su situación económica personal y de su comunidad.

Los americanos deberían eliminar las percepciones erróneas de que la mayoría de los inmigrantes representan una amenaza a la seguridad pública, y examinar las causas de la inmigración buscando soluciones a largo plazo.

¿Por qué es tan importante unir la vida personal y profesional del líder hispano con la fe?

- Diana Richardson-Vela: CALL busca la transformación de sus miembros para vivir su vida de acuerdo al evangelio, buscando crecer en su fe y entender a fondo las razones por las cuales cree.

Al ser hijo de Dios, se entiende que toda la vida va dirigida a servir y dar gloria a Dios, sabiendo que antes de ser hispano, uno es católico y la luz de la fe tiene que iluminar cada decisión y acción de la vida.

Al lograr esto, la ética y la defensa de los valores de la fe, la vida, y la familia se logra en todos los ámbitos, cambiando así familias, comunidades y la propia nación.

¿Cuáles son los temas que ustedes quieren reforzar en la vida del hispano católico, por ejemplo entre los jóvenes?

- Diana Richardson-Vela: CALL ofrece un programa de formación para sus miembros estudiando en las reuniones de los capítulos locales y en las conferencias anuales los siguientes temas: 1) Familia, 2) Educación, 3) Doctrina social, 4) Apologética y 5) Ética profesional. El objetivo de la formación es ayudar a cada miembro de CALL a integrar plenamente su vida de fe en su día a día.

Para los jóvenes, lo más importante es hacerles ver cómo el sistema educativo americano termina secularizando a los estudiantes, por lo cual el estudio de la fe y la integración de la razón con la fe es de primordial importancia.

¿Qué esperanza tienen en la reforma migratoria del gobierno? ¿Han venido haciendo aportes como CALL, cuál es su posición?

- Diana Richardson-Vela: En el pasado la reforma migratoria a nivel nacional se ha enfocado a castigar a los inmigrantes ilegales sin ofrecer soluciones reales y a largo plazo. Es extraordinario ver que por primera vez en la historia el gobierno americano se percibe comprometido a pasar una reforma migratoria a nivel federal.

El fundador y moderador episcopal de CALL, el arzobispo José Gómez, funge como presidente del Comité de Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos y ha declarado profusamente la postura de la Iglesia en la defensa y protección del inmigrante.

CALL ha apoyado en los medios de comunicación y en la transmisión de las enseñanzas de la doctrina social de la Iglesia. Como afirma el arzobispo Gómez: “Se trata de nuestra identidad nacional y destino”.

Finalmente, ¿cuáles son los planes de CALL a mediano plazo?

- Diana Richardson-Vela: CALL busca ayudar a los líderes hispanos en EE.UU. a crecer en su fe y entendimiento de las enseñanzas católicas y estar al servicio de los obispos en proyectos de evangelización, específicamente en las áreas de educación, medios de comunicación y legislación.

Buscamos crecer y empezar capítulos en varios estados americanos, continuando con la implementación de proyectos de evangelización de nuestros asociados.

Los proyectos de evangelización incluyen programas de educación en virtudes, teología del cuerpo, genio femenino, lectura orante de la Biblia y apoyo a seminaristas hispanos.

Para conocer más de CALL (en inglés) aquí


Novedad en los recursos de renovación de los OAR

octubre 24, 2013

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Colombia, El Desierto, Cursillo: Participantes de varios países.

Colombia, El Desierto, Cursillo: Participantes de varios países latinoamericanos

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Éxito del primer curso para líderes agustinianos que impartirán talleres de oración y ejercicios espirituales

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Han participado 43 personas -entre ellas once laicos- procedentes de Argentina, Perú, Venezuela, Guatemala y Colombia.

Se trata del primero de los cinco cursos que la Orden de Agustinos Recoletos impartirá en todo el mundo para capacitar a líderes agustinianos en la dirección de ejercicios espirituales y talleres de oración al estilo de san Agustín.

Filipinas, México, Brasil y España serán los próximos escenarios para los cuatro cursos programados en 2013.

Colombia 2013-10-21 OAR/ E. Eguiarte

El Desierto de la Candelaria (Boyacá, Colombia) acogió entre el 7 y el 12 de octubre el primer curso de capacitación para líderes agustinianos con el objeto de que sean ellos los que dirijan y coordinen los nuevos ejercicios espirituales agustinianos y los talleres de oración según san Agustín.

Los cursos han sido diseñados por el Equipo de Revitalización de la Orden. Esta primera edición ha contado con la coordinación y animación de los agustinos recoletos Enrique Eguiarte y Carlos María Domínguez.

El éxito del curso ha quedado patente con la creación, entre los nuevos líderes, de diversos equipos para coordinar la impartición de los ejercicios espirituales y de los talleres de oración en las diversas demarcaciones de la Orden en América Latina.

Silencio

Enrique Eguiarte, director de la revista “Augustinus”, explicó que los ejercicios según san Agustín intentan abordar diferentes temas desde la perspectiva agustiniana y recoleta.

Para ello el equipo de revitalización ha redactado un texto “canónico” de los ejercicios, así como una serie de estrategias y dinámicas que se deben llevar a cabo dentro de estos nuevos ejercicios agustinianos, entre las que destacan el silencio absoluto que debe reinar durante los días de los ejercicios, así como la importancia y centralidad de la eucaristía y la liturgia de las horas.

Después de la bienvenida y de la introducción al curso, Carlos María Domínguez animó la dinámica de presentación de todos los participantes procedentes de diferentes lugares de América Latina. Posteriormente hizo entrega de los diversos materiales preparados para estos ejercicios. La calidad de la impresión y su excelente presentación fue señalada y reconocida por todos.

Por la tarde Eguiarte explicó la dinámica que se seguía dentro de los ejercicios, así como las líneas maestras de la temática escogida para este año que, concretamente, es el tema de la revitalización y vida fraterna en comunidad.

Práctica

El segundo y el tercer día del encuentro correspondieron a dos días de ejercicios espirituales en la práctica. Todos los participantes fueron invitados a vivir dos días de los ejercicios que después ellos tendrán que impartir.

El cuarto día después de los ejercicios en absoluto silencio, se dedicó a hacer una evaluación de la experiencia vivida, así como a recoger sugerencias y responder a preguntas.

Esta dinámica estuvo animada por Jairo Soto, Prior Provincial de la provincia de la Candelaria y miembro del Equipo de Revitalización. Por la tarde del cuarto día, Eguiarte hizo una presentación e introducción a los talleres de oración con san Agustín.

El quinto día fue dedicado por la mañana a hacer una práctica de los talleres de oración, y por la tarde Carlos María respondió a las preguntas suscitadas por los talleres y coordinó la evaluación sobre los mismos.

El sexto y último día se clausuró el curso con la misa de acción de gracias previa al regreso de cada uno al país donde ejerce sus labores pastorales.

Entre los participantes del curso se encontraban la Superiora General de las Misioneras Agustinas Recoletas, Myriam Neira; el Vicario de Venezuela de la Provincia de Santo Tomás, Hugo Sánchez, el Vicario de Perú, Ricardo Rebolleda; el Vicario de Argentina, Darío Rubén Quintana, y Sofía López, de las Agustinas Recoletas de los Enfermos.

Participaron también dos laicos de Colombia, cuatro de Argentina y cinco de Venezuela.

Próximas fechas

Dentro del proceso de revitalización de la Orden, el Padre General había nombrado un equipo compuesto por seis religiosos de diferentes provincias para diseñar una serie de medios y estrategias espirituales que ayudaran a la revitalización dentro de la Orden.

Como fruto del encuentro que dicho equipo tuvo en Roma en la semana de Pascua del año en curso, surgieron dos iniciativas: los ejercicios agustinianos y los talleres de oración según san Agustín.

Este curso en El Desierto de la Candelaria es el primero de los cinco que se impartirán en las diversas demarcaciones de la Orden para capacitar en los ejercicios espirituales agustinianos y en los talleres de oración según san Agustín.

Los siguientes cursos serán los de Filipinas, del 28 de octubre al 1 de noviembre; el de México, del 4 al 8 de noviembre; el de Brasil, del 25 al 29 de noviembre; el de España y Europa, del 2 al 6 de diciembre.

http://www.agustinosrecoletos.com/news/view/4-noticias-actualidad/4457-exito-del-primer-curso-para-lideres-agustinianos-que-impartiran-talleres-de-oracion-y-ejercicios-esp

 


El espiritismo le alejó de la New Age y una escena de cama, de Hollywood: hoy es apologeta católico

agosto 18, 2013

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Todavía hoy, 17 años después de su conversión, no se atreve a decir que lo que experimentó con la médium fuese sólo un fraude.

Matthew Arnold

Matthew Arnold

www.religionenlibertad.com
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Quien lea o escuche hoy a Matthew Arnold, quien a sus 52 años acaba de inaugurar un programa en Radio María y tiene su propia organización apostólica, Pro Multis Media, para transmitir la fe a través de los medios, no sospechará que no siempre fue el apologeta católico que hoy es.

Se convirtió en 1996, pero había nacido en el sur de California en una familia protestante y cristiana sólo de nombre: “Lo más que había oído de la Biblia eran las citas evangélicas de Lino en el show navideño de Snoopy”, bromea hoy.

En su adolescencia conoció a algunos fundamentalistas y eso le produjo tal rechazo que le condujeron al agnosticismo.

Tras graduarse trabajó de músico, tocando el bajo en una banda, al tiempo que estudiaba en la Escuela Chávez de Prestidigitación. De allí salió como mago en ejercicio, y comenzó a actuar en restaurantes y en fiestas infantiles y privadas, para luego empezar a despuntar en Hollywood:

su talento como músico, mago y cómico era ideal para “calentar” a la audiencia de las series de televisión que se grababan en directo y con público in situ.

A pesar de que se había alejado de toda práctica religiosa, sentía que algo le faltaba: “Tenía un agujero del tamaño de Dios dentro de mí, y lo intenté llenar con un estilo de vida basado en las fiestas rockeras”, recuerda.

Y algo más que eso: se introdujo en el ámbito de la Nueva Era, incluyendo la astrología y las cartas del tarot.

¿Fraude o intervención demoniaca?

Un día, una mujer a quien Matthew conocía le invitó a una sesión de espiritismo: varios espíritus -le dijo- querían contactar con él, con ella como médium.

Él accedió, y el mensaje fue en líneas generales reconfortante (los espíritus le orientaron en su carrera profesional), aunque también hubo algunos insultos. Y al final costó despertar a la chica del trance.

A día de hoy, Arnold aún no está seguro de si lo que vivió aquel día fue un fraude… o algo más: “Todo fue muy raro, pero yo no tenía formación para interpretarlo, así que estaba dispuesto a creerlo”.

Lo cierto es que sintió ciertas manifestaciones físicas, como un golpe en el pie por parte de una fuerza desconocida o, poco después, despertarse con la sensación de tener a alguien sentado encima y con un rostro mirándole.

Ese día Matthew recordó el Padrenuestro, lo rezó, encendió todas las luces de la casa y esperó así al amanecer leyendo la primera Biblia que encontró.

Al día siguiente, cuando le llamaron para otra sesión, el dijo a la médium que ni hablar: “Díles a los espíritus que he captado el mensaje y que no quiero volver”.

La New Age le había llevado al espiritismo, y el espiritismo acabó apartándole de la New Age.

Palmero del pecado

Al cabo de un tiempo Matthew conoció a su actual mujer, Betty, que también trabajaba en Hollywood. Ella era católica e indujo a su novio a estudiar la fe, y Arnold, voraz lector, cogió la tarea con gusto.

Se casaron, y entre las oraciones de su esposa y la intercesión de la Santísima Virgen -a quien atribuye él su cambio radical-, y la formación de un sacerdote local, acabó convirtiéndose. En la Vigilia Pascual de 1996 entró en la Iglesia.

Continuó trabajando en la industria del cine y ganando mucho dinero, pero invadido por “el celo del neófito” empezó a valorar de forma muy distinta la inmoralidad de Hollywood.

Su última noche en ese mundo estaba haciendo de telonero de un capítulo de Friends en el que Tom Selleck y Courtney Cox, novios en la ficción, se acostaban juntos en la cama: “Estoy haciendo de palmero del pecado mortal”, reflexionó Matthew.

Al día siguiente se despidió y no volvió más.

Lo que anticipó la Virgen en Quito hace cuatro siglos

Pero no desaprovechó su talento. Joven pero en una edad ya madura, utilizó su experiencia para crear y producir cintas de audio y DVD católicos, así como programas de radio y televisión de corte apologético, y en 2006 fundó Pro Multis Media, a la que sigue dedicándose.

En los últimos meses ha producido una versión audiovisual de la clásica obra de espiritualidad de Dom Jean-Baptiste Chautard El alma de todo apostolado, así como un audio para Ignatius Press del libro de Benedicto XVI Jesús de Nazaret.

Y es muy devoto de la Virgen del Buen Suceso, cuyas apariciones en Quito (Ecuador) en 1594 anticipan, a su juicio, la situación de “revolución sexual, costumbres inmorales, crisis de vocaciones y declive del matrimonio” que hoy padecen la Iglesia y el mundo.


Discurso del papa Francisco en la vigilia de oración en Copacabana

agosto 4, 2013

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vigilia

Dejen que Cristo y su Palabra entren en su vida, dejen entrar la simiente de la Palabra de Dios, dejen que germine, dejen que crezca

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Queridos jóvenes:

Al verlos a ustedes, que están hoy aquí, me viene a la mente la historia de San Francisco de Asís. Ante el crucifijo oye la voz de Jesús, que le dice: «Ve, Francisco, y repara mi casa». Y el joven Francisco responde con prontitud y generosidad a esta llamada del Señor: reparar su casa.

Pero, ¿qué casa? Poco a poco se da cuenta de que no se trataba de hacer de albañil y reparar un edificio de piedra, sino de dar su contribución a la vida de la Iglesia; se trataba de ponerse al servicio de la Iglesia, amándola y trabajando para que en ella se reflejara cada vez más el rostro de Cristo.

También hoy el Señor sigue necesitando a los jóvenes para su Iglesia. Queridos jóvenes, el Señor los necesita. También hoy llama a cada uno de ustedes a seguirlo en su Iglesia y a ser misioneros.

Queridos jóvenes el Señor hoy los llama. No al montón. A vos, a vos, a vos, a cada uno. Escuchen en el corazón qué les dice. Pienso que podemos aprender algo de lo que pasó en estos días: cómo tuvimos que cancelar por el mal tiempo la realización de esta vigilia en el Campus Fidei, en Guaratiba.

¿No estaría el Señor queriendo decirnos que el verdadero campo de la fe, el verdadero Campus Fidei, no es un lugar geográfico sino que somos nosotros? ¡Si! Es verdad. Cada uno de nosotros, cada uno de ustedes, yo, todos. Y, ser discípulo misionero significa saber que somos el Campo de la fe de Dios.

Por eso, a partir de la imagen del Campo de la fe, pensé en tres imágenes, tres, que nos pueden ayudar a entender mejor lo que significa ser un discípulo-misionero: la primera imagen, la primera, el campo como lugar donde se siembra; la segunda, el campo como lugar de entrenamiento; y la tercera, el campo como obra de construcción.

1. Primero: El campo como lugar donde se siembra. Todos conocemos la parábola de Jesús que habla de un sembrador que salió a sembrar en un campo; algunas simientes cayeron al borde del camino, entre piedras o en medio de espinas, y no llegaron a desarrollarse; pero otras cayeron en tierra buena y dieron mucho fruto (cf. Mt 13,1-9).

Jesús mismo explicó el significado de la parábola: La simiente es la Palabra de Dios sembrada en nuestro corazón (cf. Mt 13,18-23). Hoy, todos los días, pero hoy de manera especial, Jesús siembra. Cuando aceptamos la Palabra de Dios, entonces somos el Campo de la Fe.

Por favor, dejen que Cristo y su Palabra entren en su vida, dejen entrar la simiente de la Palabra de Dios, dejen que germine, dejen que crezca. Dios hace todo pero ustedes déjenlo hacer, dejen que Él trabaje en ese crecimiento.

Jesús nos dice que las simientes que cayeron al borde del camino, o entre las piedras y en medio de espinas, no dieron fruto. Creo que con honestidad podemos hacernos la pregunta: ¿Qué clase de terreno somos, qué clase de terreno queremos ser?

Quizás a veces somos como el camino: escuchamos al Señor, pero no cambia nada en nuestra vida, porque nos dejamos atontar por tantos reclamos superficiales que escuchamos. Yo les pregunto, pero no contesten ahora, cada uno conteste en su corazón. ¿Yo soy un joven, una joven, atontado, atontada?

O somos como el terreno pedregoso: acogemos a Jesús con entusiasmo, pero somos inconstantes ante las dificultades, no tenemos el valor de ir a contracorriente. Cada uno contestamos en nuestro corazón: ¿Tengo valor o soy cobarde?

O somos como el terreno espinoso: las cosas, las pasiones negativas sofocan en nosotros las palabras del Señor (cf. Mt 13,18-22). ¿Tengo en mi corazón la costumbre de jugar a dos puntas, y quedar bien con Dios y quedar bien con el diablo? ¿Querer recibir la semilla de Jesús y a la vez regar las espinas y los yuyos que nacen en mi corazón? Cada uno en silencio se contesta.

Hoy, sin embargo, yo estoy seguro de que la simiente puede caer en buena tierra. Escuchamos estos testimonios, cómo la simiente cayó en buena tierra. No, padre, yo no soy buena tierra, soy una calamidad, estoy lleno de piedras, de espinas, y de todo. Sí, puede que eso esté allá arriba, pero hacé un pedacito, hacé un cachito de buena tierra y dejá que caiga allí, y vas a ver cómo germina.

Yo sé que ustedes quieren ser buena tierra, cristianos en serio, no cristianos a medio tiempo, no cristianos «almidonados» con la nariz así, que parecen cristianos y en el fondo no hacen nada. No cristianos de fachada. Esos cristianos que son pura facha, sino cristianos auténticos. Sé que ustedes no quieren vivir en la ilusión de una libertad chirle que se deja arrastrar por la moda y las conveniencias del momento.

Sé que ustedes apuntan a lo alto, a decisiones definitivas que den pleno sentido. ¿Es así, o me equivoco? ¿Es así? Bueno, si es así hagamos una cosa: todos en silencio, miremos al corazón y cada uno dígale a Jesús que quiere recibir la semilla.

Dígale a Jesús: mirá, Jesús, las piedras que hay, mirá las espinas, mirá los yuyos, pero mirá este cachito de tierra que te ofrezco, para que entre la semilla. En silencio dejamos entrar la semilla de Jesús. Acuérdense de este momento. Cada uno sabe el nombre de la semilla que entró. Déjenla crecer y Dios la va a cuidar.

2. El campo, además de ser lugar de siembra, es lugar de entrenamiento. Jesús nos pide que le sigamos toda la vida, nos pide que seamos sus discípulos, que «juguemos en su equipo». A la mayoría de ustedes les gusta el deporte. Aquí, en Brasil, como en otros países, el fútbol es pasión nacional. ¿Sí o no?

Pues bien, ¿qué hace un jugador cuando se le llama para formar parte de un equipo? Tiene que entrenarse y entrenarse mucho. Así es nuestra vida de discípulos del Señor. San Pablo, escribiendo a los cristianos, nos dice: «Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible» (1 Co 9,25).

Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo; ¡algo más grande que la Copa del Mundo! Jesús nos ofrece la posibilidad de una vida fecunda y feliz, y también un futuro con él que no tendrá fin, allá en la vida eterna. Es lo que nos ofrece Jesús. Pero nos pide que paguemos la entrada. Y la entrada es que nos entrenemos para «estar en forma», para afrontar sin miedo todas las situaciones de la vida, dando testimonio de nuestra fe.

A través del diálogo con él: la oración –“Padre, ahora nos va hacer rezar a todos, ¿no?”–. Te pregunto, pero contestan en su corazón, ¡eh! No en voz alta, en silencio. ¿Yo rezo? Cada uno se contesta. ¿Yo hablo con Jesús? O le tengo miedo al silencio. ¿Dejo que el Espíritu Santo hable en mi corazón? ¿Yo le pregunto a Jesús: Qué querés que haga? ¿Qué querés de mi vida? Esto es entrenarse.

Pregúntenle a Jesús, hablen con Jesús. Y si cometen un error en la vida, si se pegan un resbalón, si hacen algo que está mal, no tengan miedo. Jesús, mirá lo que hice: ¿qué tengo que hacer ahora? Pero siempre hablen con Jesús, en las buenas y en las malas. Cuando hacen una cosa buena y cuando hacen una cosa mala. ¡No le tengan miedo! Eso es la oración. Y con eso se van entrenando en el diálogo con Jesús en este discipulado misionero.  Y también a través de los sacramentos, que hacen crecer en nosotros su presencia.

A través del amor fraterno, del saber escuchar, comprender, perdonar, acoger, ayudar a los otros, a todos, sin excluir y sin marginar. Estos son los entrenamientos para seguir a Jesús: la oración, los sacramentos y la ayuda a los demás, el servicio a los demás. ¿Lo repetimos juntos todos? “Oración, sacramentos y ayuda a los demás” [todos repiten en voz alta]. No se oyó bien. Otra vez [ahora más fuerte].

3. Y tercero: El campo como obra de construcción. Acá estamos viendo cómo se ha construido esto aquí. Se empezaron a mover los muchachos, las chicas. Movieron y construyeron una iglesia. Cuando nuestro corazón es una tierra buena que recibe la Palabra de Dios, cuando «se suda la camiseta», tratando de vivir como cristianos, experimentamos algo grande: nunca estamos solos, formamos parte de una familia de hermanos que recorren el mismo camino: somos parte de la Iglesia.

Estos muchachos, estas chicas no estaban solos, en conjunto hicieron un camino y construyeron la iglesia, en conjunto hicieron lo de San Francisco, construir, reparar la iglesia. Te pregunto: ¿Quieren construir la iglesia? ¿Se animan? ¿Y mañana se van a olvidar de este sí que dijeron? ¡Así me gusta! Somos parte de la iglesia, más aún, nos convertimos en constructores de la Iglesia y protagonistas de la historia.

Chicos y chicas, por favor: no se metan en la cola de la historia. Sean protagonistas. Jueguen para adelante. Pateen adelante, construyan un mundo mejor. Un mundo de hermanos, un mundo de justicia, de amor, de paz, de fraternidad, de solidaridad. Jueguen adelante siempre. San Pedro nos dice que somos piedras vivas que forman una casa espiritual (cf. 1 P 2,5). Y miramos este palco, vemos que tiene forma de una iglesia construida con piedras vivas.

En la Iglesia de Jesús, las piedras vivas somos nosotros, y Jesús nos pide que edifiquemos su Iglesia; cada uno de nosotros es una piedra viva, es un pedacito de la construcción, y si falta ese pedacito cuando viene la lluvia entra la gotera y se mete el agua dentro de la casa. Cada pedacito vivo tiene que cuidar la unidad y la seguridad de la Iglesia.

Y no construir una pequeña capilla donde sólo cabe un grupito de personas. Jesús nos pide que su Iglesia sea tan grande que pueda alojar a toda la humanidad, que sea la casa de todos. Jesús me dice a mí, a vos, a cada uno: «Vayan, hagan discípulos a todas las naciones».

Esta tarde, respondámosle: Sí, Señor, también yo quiero ser una piedra viva; juntos queremos construir la Iglesia de Jesús. Quiero ir y ser constructor de la Iglesia de Cristo. ¿Se animan a repetirlo? Quiero ir y ser constructor de la Iglesia de Cristo. A ver ahora…  Después van a pensar lo que dijeron juntos.

Tu corazón, corazón joven, quiere construir un mundo mejor. Sigo las noticias del mundo y veo que tantos jóvenes, en muchas partes del mundo, han salido por las calles para expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna. Los jóvenes en la calle. Son jóvenes que quieren ser protagonistas del cambio. Por favor, no dejen que otros sean los protagonistas del cambio. Ustedes son los que tienen el futuro.

Ustedes… Por ustedes entra el futuro en el mundo. A ustedes les pido que también sean protagonistas de este cambio. Sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas que se van planteando en diversas partes del mundo. Les pido que sean constructores del futuro, que se metan en el trabajo por un mundo mejor.

Queridos jóvenes, por favor, no balconeen la vida, métanse en ella, Jesús no se quedó en el balcón, se metió, no balconeen la vida, métanse en ella como hizo Jesús. Sin embargo, queda una pregunta: ¿Por dónde empezamos? ¿A quién le pedimos que empiece esto? ¿Por dónde empezamos?

Una vez, le preguntaron a la Madre Teresa qué era lo que había que cambiar en la Iglesia, para empezar, por qué pared de la Iglesia empezamos. ¿Por dónde –dijeron–, Madre, hay de empezar? Por vos y por mí, contestó ella. ¡Tenía garra esta mujer!

Sabía por dónde había que empezar. Yo también hoy le robo la palabra a la madre Teresa, y te digo: ¿Empezamos? ¿Por dónde? Por vos y por mí. Cada uno, en silencio otra vez, pregúntese si tengo que empezar por mí, por dónde empiezo. Cada uno abra su corazón para que Jesús les diga por dónde empiezo.

Queridos amigos, no se olviden: ustedes son el campo de la fe. Ustedes son los atletas de Cristo. Ustedes son los constructores de una Iglesia más hermosa y de un mundo mejor.

Levantemos nuestros ojos hacia la Virgen. Ella nos ayuda a seguir a Jesús, nos da ejemplo con su «sí» a Dios: «Aquí está la esclava del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho» (Lc 1, 38).

Se lo digamos también nosotros a Dios, junto con María: Hágase en mí según tu palabra. Que así sea

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Impresionante exhortación del Papa Francisco a los obispos de Brasil

julio 28, 2013

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Papa Francisco

Papa Francisco en Brasil

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La humildad que pertenece a Dios como un rasgo esencial

Discurso del Santo Padre al episcopado brasileño

Por Francisco Papa

RíO DE JANEIRO, 27 de julio de 2013 (Zenit.org) – El santo padre se ha reunido hoy a las 13.00 en el edificio João Paulo II en el arzobispado de Río de Janeiro, con los cardenales de Brasil, la presidencia de la Conferencia Episcopal de Brasil y los obispos brasileño y ha comido con ellos.

Publicamos a continuación el discurso que el santo padre ha dirigido al episcopado brasileño:

Queridos hermanos

¡Qué bueno y hermoso encontrarme aquí con ustedes, obispos de Brasil!
Gracias por haber venido, y permítanme que les hable como amigos; por eso prefiero hablarles en español, para poder expresar mejor lo que llevo en el corazón. Les pido disculpas.

Estamos reunidos aquí, un poco apartados, en este lugar preparado por nuestro hermano Mons. Orani, para estar solos y poder hablar de corazón a corazón, como pastores a los que Dios ha confiado su rebaño.

En las calles de Río, jóvenes de todo el mundo y muchas otras multitudes nos esperan, necesitados de ser alcanzados por la mirada misericordiosa de Cristo, el Buen Pastor, al que estamos llamados a hacer presente. Gustemos, pues, este momento de descanso, de compartir, de verdadera fraternidad.

Deseo abrazar a todos y a cada uno, comenzando por el Presidente de la Conferencia Episcopal y el Arzobispo de Río de Janeiro, y especialmente a los obispos eméritos.

Más que un discurso formal, quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones.

La primera me ha venido a la mente cuando he visitado el santuario de Aparecida.

Allí, a los pies de la imagen de la Inmaculada Concepción, he rezado por ustedes, por sus Iglesias, por los sacerdotes, religiosos y religiosas, por los seminaristas, por los laicos y sus familias y, en particular, por los jóvenes y los ancianos; ambos son la esperanza de un pueblo: los jóvenes, porque llevan la fuerza, la ilusión, la esperanza del futuro; los ancianos, porque son la memoria, la sabiduría de un pueblo.


1. Aparecida: clave de lectura para la misión de la Iglesia

En Aparecida, Dios ha ofrecido su propia Madre al Brasil. Pero Dios ha dado también en Aparecida una lección sobre sí mismo, sobre su forma de ser y de actuar. Una lección de esa humildad que pertenece a Dios como un rasgo esencial, está en el adn de Dios.

En Aparecida hay algo perenne que aprender sobre Dios y sobre la Iglesia; una enseñanza que ni la Iglesia en Brasil, ni Brasil mismo deben olvidar.

En el origen del evento de Aparecida está la búsqueda de unos pobres pescadores. Mucha hambre y pocos recursos. La gente siempre necesita pan. Los hombres comienzan siempre por sus necesidades, también hoy.

Tienen una barca frágil, inadecuada; tienen redes viejas, tal vez también deterioradas, insuficientes.

En primer lugar aparece el esfuerzo, quizás el cansancio de la pesca, y, sin embargo, el resultado es escaso: un revés, un fracaso. A pesar del sacrificio, las redes están vacías.

Después, cuando Dios quiere, él mismo aparece en su misterio. Las aguas son profundas y, sin embargo, siempre esconden la posibilidad de Dios; y él llegó por sorpresa, tal vez cuando ya no se le esperaba. Siempre se pone a prueba la paciencia de los que le esperan.

Y Dios llegó de un modo nuevo, porque siempre puede reinventarse: una imagen de frágil arcilla, ennegrecida por las aguas del río, y también envejecida por el tiempo. Dios aparece siempre con aspecto de pequeñez.

Así apareció entonces la imagen de la Inmaculada Concepción. Primero el cuerpo, luego la cabeza, después cuerpo y cabeza juntos: unidad. Lo que estaba separado recobra la unidad.

El Brasil colonial estaba dividido por el vergonzoso muro de la esclavitud. La Virgen de Aparecida se presenta con el rostro negro, primero dividida y después unida en manos de los pescadores.

Hay una enseñanza perenne que Dios quiere ofrecer. Su belleza reflejada en la Madre, concebida sin pecado original, emerge de la oscuridad del río. En Aparecida, desde el principio, Dios nos da un mensaje de recomposición de lo que está separado, de reunión de lo que está dividido.

Los muros, barrancos y distancias, que también hoy existen, están destinados a desaparecer. La Iglesia no puede desatender esta lección: ser instrumento de reconciliación.

Los pescadores no desprecian el misterio encontrado en el río, aun cuando es un misterio que aparece incompleto. No tiran las partes del misterio. Esperan la plenitud. Y ésta no tarda en llegar. Hay algo sabio que hemos de aprender.

Hay piezas de un misterio, como teselas de un mosaico, que encontramos y vemos. Nosotros queremos ver el todo con demasiada prisa, mientras que Dios se hace ver poco a poco. También la Iglesia debe aprender esta espera.

Después, los pescadores llevan a casa el misterio. La gente sencilla siempre tiene espacio para albergar el misterio. Tal vez hemos reducido nuestro hablar del misterio a una explicación racional; pero en la gente, el misterio entra por el corazón. En la casa de los pobres, Dios siempre encuentra sitio.

Los pescadores «agasalham»: arropan el misterio de la Virgen que han pescado, como si tuviera frío y necesitara calor. Dios pide que se le resguarde en la parte más cálida de nosotros mismos: el corazón.

Después será Dios quien irradie el calor que necesitamos, pero primero entra con la astucia de quien mendiga. Los pescadores cubren el misterio de la Virgen con el pobre manto de su fe. Llaman a los vecinos para que vean la belleza encontrada, se reúnen en torno a ella, cuentan sus penas en su presencia y le encomiendan sus preocupaciones.

Hacen posible así que las intenciones de Dios se realicen: una gracia, y luego otra; una gracia que abre a otra; una gracia que prepara a otra. Dios va desplegando gradualmente la humildad misteriosa de su fuerza.

Hay mucho que aprender de esta actitud de los pescadores. Una iglesia que da espacio al misterio de Dios; una iglesia que alberga en sí misma este misterio, de manera que pueda maravillar a la gente, atraerla. Sólo la belleza de Dios puede atraer.

El camino de Dios es el de la atracción, la fascinación. A Dios, uno se lo lleva a casa. Él despierta en el hombre el deseo de tenerlo en su propia vida, en su propio hogar, en el propio corazón. Él despierta en nosotros el deseo de llamar a los vecinos para dar a conocer su belleza.

La misión nace precisamente de este hechizo divino, de este estupor del encuentro. Hablamos de la misión, de Iglesia misionera. Pienso en los pescadores que llaman a sus vecinos para que vean el misterio de la Virgen. Sin la sencillez de su actitud, nuestra misión está condenada al fracaso.

La Iglesia siempre tiene necesidad apremiante de no olvidar la lección de Aparecida, no la puede desatender. Las redes de la Iglesia son frágiles, quizás remendadas; la barca de la Iglesia no tiene la potencia de los grandes transatlánticos que surcan los océanos.

Y, sin embargo, Dios quiere manifestarse precisamente a través de nuestros medios, medios pobres, porque es siempre él quien actúa.

Queridos hermanos, el resultado del trabajo pastoral no se basa en la riqueza de los recursos, sino en la creatividad del amor.

Ciertamente, es necesaria la tenacidad, el esfuerzo, el trabajo, la planificación, la organización, pero hay que saber ante todo que la fuerza de la Iglesia no reside en sí misma, sino que está escondida en las aguas profundas de Dios, en las que ella está llamada a echar las redes.

Otra lección que la Iglesia ha de recordar siempre es que no puede alejarse de la sencillez, de lo contrario olvida el lenguaje del misterio, y no sólo se queda fuera, a las puertas del misterio, sino que ni siquiera consigue entrar en aquellos que pretenden de la Iglesia lo que no pueden darse por sí mismos, es decir, Dios mismo.

A veces perdemos a quienes no nos entienden porque hemos olvidado la sencillez, importando de fuera también una racionalidad ajena a nuestra gente. Sin la gramática de la simplicidad, la Iglesia se ve privada de las condiciones que hacen posible «pescar» a Dios en las aguas profundas de su misterio.

Una última anotación: Aparecida se hizo presente en un cruce de caminos. La vía que unía Río de Janeiro, la capital, con San Pablo, la provincia emprendedora que estaba naciendo, y Minas Gerais, las minas tan codiciadas por las Cortes europeas: una encrucijada del Brasil colonial.

Dios aparece en los cruces. La Iglesia en Brasil no puede olvidar esta vocación inscrita en ella desde su primer aliento: ser capaz de sístole y diástole, de recoger y difundir.

2. Aprecio por la trayectoria de la Iglesia en Brasil

Los obispos de Roma han llevado siempre en su corazón a Brasil y a su Iglesia. Se ha logrado un maravilloso recorrido. De 12 diócesis durante el Concilio Vaticano I a las actuales 275 circunscripciones.

No ha sido la expansión de un aparato o de una empresa, sino más bien el dinamismo de los «cinco panes y dos peces» evangélicos, que, en contacto con la bondad del Padre, en manos encallecidas, han sido fecundos.

Hoy deseo reconocer el trabajo sin reservas de ustedes, Pastores, en sus Iglesias. Pienso en los obispos que están en la selva, subiendo y bajando por los ríos, en las zonas semiáridas, en el Pantanal, en la pampa, en las junglas urbanas de las megalópolis. Amen siempre con una dedicación total a su grey.

Pero pienso también en tantos nombres y tantos rostros que han dejado una huella indeleble en el camino de la Iglesia en Brasil, haciendo palpable la gran bondad de Dios para con esta iglesia.

Los obispos de Roma siempre han estado cerca; han seguido, animado, acompañado.

En las últimas décadas, el beato Juan XXIII invitó con insistencia a los obispos brasileños a preparar su primer plan pastoral y, desde entonces, se ha desarrollado una verdadera tradición pastoral en Brasil, logrando que la Iglesia no fuera un trasatlántico a la deriva, sino que tuviera siempre una brújula.

El Siervo de Dios Pablo VI, además de alentar la recepción del Concilio Vaticano II con fidelidad, pero también con rasgos originales (cf. Asamblea General del celam en Medellín), influyó decisivamente en la autoconciencia de la Iglesia en Brasil mediante el Sínodo sobre la evangelización y el texto fundamental de referencia, que sigue siendo la Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi.

El beato Juan Pablo II visitó Brasil en tres ocasiones, recorriéndolo «de cabo a rabo», de norte a sur, insistiendo en la misión pastoral de la Iglesia, en la comunión y la participación, en la preparación del Gran Jubileo, en la nueva evangelización.

Benedicto XVI eligió Aparecida para celebrar la V Asamblea General del Celam, y esto ha dejado una huella profunda en la Iglesia de todo el continente.

La Iglesia en Brasil ha recibido y aplicado con originalidad el Concilio Vaticano II y el camino recorrido, aunque ha debido superar algunas enfermedades infantiles, ha llevado gradualmente a una Iglesia más madura, generosa y misionera.

Hoy nos encontramos en un nuevo momento. Como ha expresado bien el Documento de Aparecida, no es una época de cambios, sino un cambio de época. Entonces, también hoy es urgente preguntarse: ¿Qué nos pide Dios? Quisiera intentar ofrecer algunas líneas de respuesta a esta pregunta.

3. El icono de Emaús como clave de lectura del presente y del futuro.

Ante todo, no hemos de ceder al miedo del que hablaba el Beato John Henry Newman: «El mundo cristiano se está haciendo estéril, y se agota como una tierra sobreexplotada, que se convierte en arena».

No hay que ceder al desencanto, al desánimo, a las lamentaciones. Hemos trabajado mucho, y a veces nos parece que hemos fracasado, como quien debe hacer balance de una temporada ya perdida, viendo a quienes se han marchado o ya no nos consideran creíbles, relevantes.

Releamos una vez más el episodio de Emaús desde este punto de vista (Lc 24, 13-15). Los dos discípulos huyen de Jerusalén. Se alejan de la «desnudez» de Dios. Están escandalizados por el fracaso del Mesías en quien habían esperado y que ahora aparece irremediablemente derrotado, humillado, incluso después del tercer día (vv. 24,17-21).

Es el misterio difícil de quien abandona la Iglesia; de aquellos que, tras haberse dejado seducir por otras propuestas, creen que la Iglesia —su Jerusalén— ya no puede ofrecer algo significativo e importante. Y, entonces, van solos por el camino con su propia desilusión.

Tal vez la Iglesia se ha mostrado demasiado débil, demasiado lejana de sus necesidades, demasiado pobre para responder a sus inquietudes, demasiado fría para con ellos, demasiado autorreferencial, prisionera de su propio lenguaje rígido; tal vez el mundo parece haber convertido a la Iglesia en una reliquia del pasado, insuficiente para las nuevas cuestiones; quizás la Iglesia tenía respuestas para la infancia del hombre, pero no para su edad adulta.4

El hecho es que actualmente hay muchos como los dos discípulos de Emaús; no sólo los que buscan respuestas en los nuevos y difusos grupos religiosos, sino también aquellos que parecen vivir ya sin Dios, tanto en la teoría como en la práctica.

Ante esta situación, ¿qué hacer?

Hace falta una Iglesia que no tenga miedo a entrar en su noche. Necesitamos una Iglesia capaz de encontrarse en su camino. Necesitamos una Iglesia capaz de entrar en su conversación.

Necesitamos una Iglesia que sepa dialogar con aquellos discípulos que, huyendo de Jerusalén, vagan sin una meta, solos, con su propio desencanto, con la decepción de un cristianismo considerado ya estéril, infecundo, impotente para generar sentido.

La globalización implacable, la urbanización a menudo salvaje, prometían mucho. Así que muchos se han enamorado de las posibilidades de la globalización, y en ella hay algo realmente positivo.

Pero muchos olvidan el lado oscuro: la confusión del sentido de la vida, la desintegración personal, la pérdida de la experiencia de pertenecer a un cualquier «nido», la violencia sutil pero implacable, la ruptura interior y las fracturas en las familias, la soledad y el abandono, las divisiones y la incapacidad de amar, de perdonar, de comprender, el veneno interior que hace de la vida un infierno, la necesidad de ternura por sentirse tan inadecuados e infelices, los intentos fallidos de encontrar respuestas en la droga, el alcohol, el sexo, convertidos en otras tantas prisiones.

Y muchos han buscado atajos, porque la «medida» de la gran Iglesia parece demasiado alta. Muchos han pensado: la idea del hombre es demasiado grande para mí, el ideal de vida que propone está fuera de mis posibilidades, la meta a perseguir es inalcanzable, lejos de mi alcance.

Sin embargo —siguen pensando—, no puedo vivir sin tener al menos algo, aunque sea una caricatura, de eso que es demasiado alto para mí, de lo que no me puedo permitir. Con la desilusión en el corazón, han ido en busca de alguien que les ilusione de nuevo.

La gran sensación de abandono y soledad, de no pertenecerse ni siquiera a sí mismos, que surge a menudo en esta situación, es demasiado dolorosa para acallarla. Hace falta un desahogo y, entonces, queda la vía del lamento: ¿Cómo hemos podido llegar hasta este punto?

Pero incluso el lamento se convierte a su vez en un boomerang que vuelve y termina por aumentar la infelicidad. Hay pocos que todavía saben escuchar el dolor; al menos, hay que anestesiarlo.

Hoy hace falta una Iglesia capaz de acompañar, de ir más allá del mero escuchar; una Iglesia que acompañe en el camino poniéndose en marcha con la gente; una Iglesia que pueda descifrar esa noche que entraña la fuga de Jerusalén de tantos hermanos y hermanas; una Iglesia que se dé cuenta de que las razones por las que hay quien se aleja, contienen ya en sí mismas también los motivos para un posible retorno, pero es necesario saber leer el todo con valentía.

Quisiera que hoy nos preguntáramos todos: ¿Somos aún una Iglesia capaz de inflamar el corazón? ¿Una Iglesia que pueda hacer volver a Jerusalén? ¿De acompañar en casa?

En Jerusalén residen nuestras fuentes: Escritura, catequesis, sacramentos, comunidad, la amistad del Señor, María y los Apóstoles… ¿Somos capaces todavía de presentar estas fuentes, de modo que se despierte la fascinación por su belleza?

Muchos se han ido porque se les ha prometido algo más alto, algo más fuerte, algo más veloz.

Pero, ¿hay algo más alto que el amor revelado en Jerusalén? Nada es más alto que el abajamiento de la cruz, porque allí se alcanza verdaderamente la altura del amor. ¿Somos aún capaces de mostrar esta verdad a quienes piensan que la verdadera altura de la vida esté en otra parte?

¿Alguien conoce algo más fuerte que el poder escondido en la fragilidad del amor, de la bondad, de la verdad, de la belleza?

La búsqueda de lo que cada vez es más veloz atrae al hombre de hoy: internet veloz, coches y aviones rápidos, relaciones inmediatas… Y, sin embargo, se nota una necesidad desesperada de calma, diría de lentitud.

La Iglesia, ¿sabe todavía ser lenta: en el tiempo, para escuchar, en la paciencia, para reparar y reconstruir? ¿O acaso también la Iglesia se ve arrastrada por el frenesí de la eficiencia?

Recuperemos, queridos hermanos, la calma de saber ajustar el paso a las posibilidades de los peregrinos, al ritmo de su caminar, la capacidad de estar siempre cerca para que puedan abrir un resquicio en el desencanto que hay en su corazón, y así poder entrar en él. Quieren olvidarse de Jerusalén, donde están sus fuentes, pero terminan por sentirse sedientos.

Hace falta una Iglesia capaz de acompañar también hoy el retorno a Jerusalén. Una Iglesia que pueda hacer redescubrir las cosas gloriosas y gozosas que se dicen en Jerusalén, de hacer entender que ella es mi Madre, nuestra Madre, y que no están huérfanos. En ella hemos nacido.

¿Dónde está nuestra Jerusalén, donde hemos nacido? En el bautismo, en el primer encuentro de amor, en la llamada, en la vocación.

Se necesita una Iglesia que también hoy pueda devolver la ciudadanía a tantos de sus hijos que caminan como en un éxodo.

4. Los desafíos de la Iglesia en Brasil

A la luz de lo dicho, quisiera señalar algunos desafíos de la amada Iglesia en Brasil.

La prioridad de la formación: obispos, sacerdotes, religiosos y laicos

Queridos hermanos, si no formamos ministros capaces de enardecer el corazón de la gente, de caminar con ellos en la noche, de entrar en diálogo con sus ilusiones y desilusiones, de recomponer su fragmentación, ¿qué podemos esperar para el camino presente y futuro?

No es cierto que Dios se haya apagado en ellos. Aprendamos a mirar más profundo: no hay quien inflame su corazón, como a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 32).

Por esto es importante promover y cuidar una formación de calidad, que cree personas capaces de bajar en la noche sin verse dominadas por la oscuridad y perderse; de escuchar la ilusión de tantos, sin dejarse seducir; de acoger las desilusiones, sin desesperarse y caer en la amargura; de tocar la desintegración del otro, sin dejarse diluir y descomponerse en su propia identidad.

Se necesita una solidez humana, cultural, afectiva, espiritual y doctrinal.

Queridos hermanos en el episcopado, hay que tener el valor de una revisión profunda de las estructuras de formación y preparación del clero y del laicado de la Iglesia en Brasil. No es suficiente una vaga prioridad de formación, ni los documentos o las reuniones.

Hace falta la sabiduría práctica de establecer estructuras duraderas de preparación en el ámbito local, regional, nacional, y que sean el verdadero corazón para el episcopado, sin escatimar esfuerzos, atenciones y acompañamiento.

La situación actual exige una formación de calidad a todos los niveles. Los obispos no pueden delegar este cometido. Ustedes no pueden delegar esta tarea, sino asumirla como algo fundamental para el camino de sus Iglesias.

Colegialidad y solidaridad de la Conferencia Episcopal

A la Iglesia en Brasil no le basta un líder nacional, necesita una red de «testimonios» regionales que, hablando el mismo lenguaje, aseguren por doquier no la unanimidad, sino la verdadera unidad en la riqueza de la diversidad.

La comunión es un lienzo que se debe tejer con paciencia y perseverancia, que va gradualmente «juntando los puntos» para lograr una textura cada vez más amplia y espesa. Una manta con pocas hebras de lana no calienta.

Es importante recordar Aparecida, el método de recoger la diversidad. No tanto diversidad de ideas para elaborar un documento, sino variedad de experiencias de Dios para poner en marcha una dinámica vital.

Los discípulos de Emaús regresaron a Jerusalén contando la experiencia que habían tenido en el encuentro con el Cristo resucitado. Y allí se enteraron de las otras manifestaciones del Señor y de las experiencias de sus hermanos.

La Conferencia Episcopal es precisamente un ámbito vital para posibilitar el intercambio de testimonios sobre los encuentros con el Resucitado, en el norte, en el sur, en el oeste…

Se necesita, pues, una valorización creciente del elemento local y regional. No es suficiente una burocracia central, sino que es preciso hacer crecer la colegialidad y la solidaridad: será una verdadera riqueza para todos.

Estado permanente de misión y conversión pastoral

Aparecida habló de estado permanente de misión y de la necesidad de una conversión pastoral. Son dos resultados importantes de aquella Asamblea para el conjunto de la Iglesia de la zona, y el camino recorrido en Brasil en estos dos puntos es significativo.

Sobre la misión se ha de recordar que su urgencia proviene de su motivación interna: la de transmitir un legado; y, sobre el método, es decisivo recordar que un legado es como el testigo, la posta en la carrera de relevos: no se lanza al aire y quien consigue agarrarlo, bien, y quien no, se queda sin él.

Para transmitir el legado hay que entregarlo personalmente, tocar a quien se le quiere dar, transmitir este patrimonio.

Sobre la conversión pastoral, quisiera recordar que «pastoral» no es otra cosa que el ejercicio de la maternidad de la Iglesia. La Iglesia da a luz, amamanta, hace crecer, corrige, alimenta, lleva de la mano…

Se requiere, pues, una Iglesia capaz de redescubrir las entrañas maternas de la misericordia. Sin la misericordia, poco se puede hacer hoy para insertarse en un mundo de «heridos», que necesitan comprensión, perdón y amor.

En la misión, también en la continental, es muy importante reforzar la familia, que sigue siendo la célula esencial para la sociedad y para la Iglesia; los jóvenes, que son el rostro futuro de la Iglesia; las mujeres, que tienen un papel fundamental en la transmisión de la fe. No reduzcamos el compromiso de las mujeres en la Iglesia, sino que promovamos su participación activa en la comunidad eclesial. Si pierde a las mujeres, la Iglesia se expone a la esterilidad.

La tarea de la Iglesia en la sociedad

En el ámbito social, sólo hay una cosa que la Iglesia pide con particular claridad: la libertad de anunciar el Evangelio de modo integral, aun cuando esté en contraste con el mundo, cuando vaya contracorriente, defendiendo el tesoro del cual es solamente guardiana, y los valores de los que no dispone, pero que ha recibido y a los cuales debe ser fiel.

La Iglesia sostiene el derecho de servir al hombre en su totalidad, diciéndole lo que Dios ha revelado sobre el hombre y su realización.

La Iglesia quiere hacer presente ese patrimonio inmaterial sin el cual la sociedad se desmorona, las ciudades se verían arrasadas por sus propios muros, barrancos, barreras.

La Iglesia tiene el derecho y el deber de mantener encendida la llama de la libertad y de la unidad del hombre.

Las urgencias de Brasil son la educación, la salud, la paz social. La Iglesia tiene una palabra que decir sobre estos temas, porque para responder adecuadamente a estos desafíos no bastan soluciones meramente técnicas, sino que hay que tener una visión subyacente del hombre, de su libertad, de su valor, de su apertura a la trascendencia.

Y ustedes, queridos hermanos, no tengan miedo de ofrecer esta contribución de la Iglesia, que es por el bien de toda la sociedad.

La Amazonia como tornasol, banco de pruebas para la Iglesia y la sociedad brasileña

Hay un último punto al que quisiera referirme, y que considero relevante para el camino actual y futuro, no solamente de la Iglesia en Brasil, sino también de todo el conjunto social: la Amazonia.

La Iglesia no está en la Amazonia como quien tiene hechas las maletas para marcharse después de haberla explotado todo lo que ha podido. La Iglesia está presente en la Amazonia desde el principio con misioneros, congregaciones religiosas, y todavía hoy está presente y es determinante para el futuro de la zona.

Pienso en la acogida que la Iglesia en la Amazonia ofrece también hoy a los inmigrantes haitianos después del terrible terremoto que devastó su país.

Quisiera invitar a todos a reflexionar sobre lo que Aparecida dijo sobre la Amazonia, y también el vigoroso llamamiento al respeto y la custodia de toda la creación, que Dios ha confiado al hombre, no para explotarla salvajemente, sino para que la convierta en un jardín.

En el desafío pastoral que representa la Amazonia, no puedo dejar de agradecer lo que la Iglesia en Brasil está haciendo: la Comisión Episcopal para la Amazonia, creada en 1997, ha dado ya mucho fruto, y muchas diócesis han respondido con prontitud y generosidad a la solicitud de solidaridad, enviando misioneros laicos y sacerdotes.

Doy gracias a Monseñor Jaime Chemelo, pionero en este trabajo, y al Cardenal Hummes, actual Presidente de la Comisión. Pero quisiera añadir que la obra de la Iglesia ha de ser ulteriormente incentivada y relanzada.

Se necesitan instructores cualificados, sobre todo profesores de teología, para consolidar los resultados alcanzados en el campo de la formación de un clero autóctono, para tener también sacerdotes adaptados a las condiciones locales y fortalecer, por decirlo así, el «rostro amazónico» de la Iglesia.

Queridos hermanos, he tratado de ofrecer de una manera fraterna algunas reflexiones y líneas de trabajo en una Iglesia como la que está en Brasil, que es un gran mosaico de teselas, de imágenes, de formas, problemas y retos, pero que precisamente por eso constituye una enorme riqueza.

La Iglesia nunca es uniformidad, sino diversidad que se armoniza en la unidad, y esto vale para toda realidad eclesial.

Que la Virgen Inmaculada de Aparecida sea la estrella que ilumine el compromiso de ustedes y su camino para llevar a Cristo, como ella ha hecho, a todo hombre y a toda mujer de este inmenso país.

Será él, como lo hizo con los dos discípulos confusos y desilusionados de Emaús, quien haga arder el corazón y dé nueva y segura esperanza.


Papa Francisco: ¡Pon a Cristo en tu vida, pon tu confianza en él y no quedarás defraudado!

julio 26, 2013
Papa Francisco

Papa Francisco


TEXTO Y VIDEO: Discurso del Papa Francisco en fiesta de bienvenida JMJ Río 2013

Río de Janeiro, 25 Jul. 13  (ACI)


Queridos jóvenes:

“Qué bien se está aquí”, exclamó Pedro, después de haber visto al Señor Jesús transfigurado, revestido de gloria. ¿Podríamos repetir también nosotros esas palabras? Pienso que sí, porque para todos nosotros, hoy, es bueno estar aquí reunidos en torno a Jesús. Él es quien nos acoge y se hace presente en medio de nosotros, aquí en Río.

Pero en el Evangelio también hemos escuchado las palabras del Padre: “Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle” (Lc 9, 35).

Por tanto, si por una parte es Jesús el que nos acoge; por otra, también nosotros hemos de acogerlo, ponernos a la escucha de su palabra, porque precisamente acogiendo a Jesucristo, Palabra encarnada, es como el Espíritu nos transforma, ilumina el camino del futuro, y hace crecer en nosotros las alas de la esperanza para caminar con alegría (cf. Carta enc. Lumen fidei, 7).

Pero, ¿qué podemos hacer? “Bota fé – Pon fe”. La cruz de la Jornada Mundial de la Juventud ha gritado estas palabras a lo largo de su peregrinación por Brasil. ¿Qué significa “Pon fe”? Cuando se prepara un buen plato y ves que falta la sal, “pones” sal; si falta el aceite, “pones” aceite… “Poner”, es decir, añadir, echar.

Lo mismo pasa en nuestra vida, queridos jóvenes: si queremos que tenga realmente sentido y sea plena, como ustedes desean y merecen, les digo a cada uno y a cada una de ustedes:

“pon fe” y tu vida tendrá un sabor nuevo, tendrá una brújula que te indicará la dirección; “pon esperanza” y cada día de tu vida estará iluminado y tu horizonte no será ya oscuro, sino luminoso; “pon amor” y tu existencia será como una casa construida sobre la roca, tu camino será gozoso, porque encontrarás tantos amigos que caminan contigo.

¡Pon fe, pon esperanza, pon amor!

Pero, ¿quién puede darnos esto? En el Evangelio hemos escuchado la respuesta: Cristo. “Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle”.

Jesús es quien nos trae a Dios y nos lleva a Dios, con él toda nuestra vida se transforma, se renueva y nosotros podemos ver la realidad con ojos nuevos, desde el punto de vista de Jesús, con sus mismos ojos (cf. Carta enc. Lumen fidei, 18).

Por eso hoy les digo con fuerza: “Pon a Cristo” en tu vida y encontrarás un amigo del que fiarte siempre; “pon a Cristo” y verás crecer las alas de la esperanza para recorrer con alegría el camino del futuro; “pon a Cristo” y tu vida estará llena de su amor, será una vida fecunda.

Hoy me gustaría que todos nos preguntásemos sinceramente: ¿en quién ponemos nuestra fe? ¿En nosotros mismos, en las cosas, o en Jesús?

Tenemos la tentación de ponernos en el centro, de creer que nosotros solos construimos nuestra vida, o que es el tener, el dinero, el poder lo que da la felicidad. Pero no es así.

El tener, el dinero, el poder pueden ofrecer un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices, pero, al final, nos dominan y nos llevan a querer tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos, y terminamos empachados, pero no alimentados y es muy triste ver una juventud empachada, pero débil.

La juventud tiene que ser fuerte, alimentarse de su fe y no empacharse de otras cosas.

¡”Pon a Cristo” en tu vida, pon tu confianza en él y no quedarás defraudado!

Miren, queridos amigos, la fe lleva a cabo en nuestra vida una revolución que podríamos llamar copernicana, porque nos quita del centro y pone en él a Dios; la fe nos inunda de su amor que nos da seguridad, fuerza, esperanza.

Aparentemente no cambia nada, pero, en lo más profundo de nosotros mismos, todo cambia.

En nuestro corazón habita la paz, la dulzura, la ternura, el entusiasmo, la serenidad y la alegría, que son frutos del Espíritu Santo (cf. Ga 5, 22) y nuestra existencia se transforma, nuestro modo de pensar y de obrar se renueva, se convierte en el modo de pensar y de obrar de Jesús, de Dios.

En el Año de la Fe, esta Jornada Mundial de la Juventud es precisamente un don que se nos da para acercarnos todavía más al Señor, para ser sus discípulos y sus misioneros, para dejar que él renueve nuestra vida.

Querido joven, querida joven: “Pon a Cristo” en tu vida. En estos días, Él te espera en su Palabra; escúchalo con atención y su presencia enardecerá tu corazón.

“Pon a Cristo”: Él te acoge en el Sacramento del perdón, para curar, con su misericordia, las heridas del pecado. No tengas miedo de pedir perdón. Él no se cansa nunca de perdonarnos, como un padre que nos ama.

¡Dios es pura misericordia! “Pon a Cristo”: Él te espera en el encuentro con su Carne en la Eucaristía, Sacramento de su presencia, de su sacrificio de amor, y en la humanidad de tantos jóvenes que te enriquecerán con su amistad, te animarán con su testimonio de fe, te enseñarán el lenguaje de la caridad, de la bondad, del servicio.

También tú, querido joven, querida joven, puedes ser un testigo gozoso de su amor, un testigo entusiasta de su Evangelio para llevar un poco de luz a este mundo nuestro.

“Qué bien se está aquí”, poniendo a Cristo, la fe, la esperanza, el amor que él nos da, en nuestra vida.

Queridos amigos, en esta celebración hemos acogido la imagen de Nuestra Señora de Aparecida. Con María, queremos ser discípulos y misioneros. Como ella, queremos decir “sí” a Dios. Pidamos a su Corazón de Madre que interceda por nosotros, para que nuestros corazones estén dispuestos a amar a Jesús y a hacerlo amar.

¡Él nos espera y cuenta con nosotros! Amén.




Aparecida 2007: Allá comenzó la elección del Papa Francisco

julio 24, 2013

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Aparecida 2007: Aquí comenzó la elección de Papa Francisco

El programa del Pontificado de Bergoglio: Salir a las calles para transmitir la fe

Andrea Tornielli

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La Iglesia debe «abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe». Es lo que dice el número 365 del documento de Aparecida, el Santuario mariano más importante de Brasil, en el que –hace seis años– se llevó a cabo la última Asamblea general del episcopado latinoamericano.

Una cita que consagró a nivel continental el liderazgo del entonces arzobispo de Buenos Aires. Jorge Mario Bergoglio transformó este documento en un manifiesto programático de su Pontificado.

Francisco quiso añadir una etapa muy importante a su viaje brasileño a este santuario y mañana visitará la gran basílica en la que se venera la estatuilla de la Virgen negra (de 40 centímetros de altura) que fue encontrada en octubre de 1717 en el río Paraíba por tres pescadores.

La tradición sostiene que es negra porque quiere permanecer al lado de los oprimidos y por el hecho de haber sido encontrada en tres fragmentos recordaba la vida destrozada por la esclavitud.

La reunión de los obispos latinoamericanos de 2007 fue la primera asamblea que se llevó a cabo en un santuario mariano y el contacto cotidiano con los fieles (cada año acuden millones de visitantes a Aparecida), según Bergoglio, condicionó el trabajo de los obispos y les permitió comprender la importancia de la devoción y de la piedad popular.

«Celebrar la eucaristía junto al pueblo es diferente de celebrarla entre nosotros los obispos por separado. Esto nos ha dado el vivo sentido de la pertenencia a nuestra gente, de la Iglesia que camina como pueblo de Dios, de nosotros obispos como sus servidores».

El documento final, explicaba el futuro Papa, «por primera vez» no partía de «un texto base preconfeccionado, sino de un diálogo abierto», para «recibir lo que viene desde abajo». Los obispos de América Latina pudieron ver, durante esas semanas, cómo trabajaba el cardenal Bergoglio. Su capacidad para escuchar y armonizar las intervenciones.

Algunos de esos obispos se convertirían en sus electores durante el Cónclave de marzo de este año. Se puede decir que la elección del “Papa del fin del mundo” comenzó justamente aquí.

El documento de Aparecida contiene las palabras clave y los mensajes que ahora Francisco está transmitiendo a toda la Iglesia. A partir de la invitación a la misión: «Se trata de salir de nuestra conciencia aislada y de lanzarnos, con valentía y confianza (parresía), a la misión de toda la Iglesia» (Documento de Aparecida, 363).

Es decir, «para permanecer fieles, hay que salir. Esto es lo que dice en el fondo Aparecida», explicaba Bergoglio. «En el Evangelio», indicó el cardenal franciscano Aloísio Lorscheider, que fue arzobispo aquí, «los encuentros más hermosos de Dios con la humanidad se dan en las calles. Siglos de historia de cristianismo no nos dicen otra cosa».

De estos textos surge la imagen de una Iglesia para la cual la misericordia es primordial, que trata de facilitar la fe de las personas en lugar de entregarse al problema de organizarla. Y que quiere estar cerca de los que sufren «como una madre».

Una Iglesia misionera libre de toda burocracia y de las estructuras inútiles, que se presenta con un rostro alegre y misericordioso, y no con «evangelizadores tristes, impacientes y ansiosos».

Y sobre todo la referencia explícita a la necesidad de librarse de las estructuras inútiles, que no sirven para la transmisión de la fe y que terminan por obstaculizarla, se ha convertido en un “leit-motiv” del Pontificado, con el Papa latinoamericano empeñado en la reforma de la Curia romana, a partir de sus órganos económico-financieros como el IOR.


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