Convivientes son más proclives a separarse, alerta experta psicóloga

mayo 18, 2012

 

BUENOS AIRES, 24 Abr. 12 (ACI/EWTN Noticias) .- Meg Jay, psicóloga clínica de la Universidad de Virginia (Estados Unidos), publicó el artículo “La desventaja de cohabitar antes del matrimonio” donde advirtió que las parejas que conviven antes del matrimonio son más proclives al divorcio.

En el artículo, publicado el 14 de abril por The New York Times, la psicóloga señaló que existe un “efecto cohabitación” que hace que los convivientes tiendan a estar más insatisfechos con sus matrimonios y por tanto más expuestos al divorcio que las parejas que no convivieron antes de casarse.

Según indicó, al principio los investigadores atribuyeron este efecto a que los convivientes eran menos adeptos al matrimonio y más abiertos al divorcio. Sin embargo, nuevas investigaciones señalan que el riesgo se encuentra en la misma convivencia.

El artículo, reproducido por la agencia AICA, señaló que las personas que rondan los 20 años de edad suelen llegar a la convivencia de manera no discernida, como una consecuencia de dormir en la casa del otro periódicamente sin demasiada reflexión.

Por lo tanto, se llega a la decisión de convivir sin demasiado diálogo y sin advertir las diferentes percepciones que varones y mujeres tienen sobre la convivencia.

Según el artículo, las mujeres tienden a ver la convivencia como un paso al matrimonio, mientras que los hombres la ven como una prueba de la relación o forma de posponer un compromiso. Sin embargo, indicó Jay, hombres y mujeres coinciden en que sus estándares para un conviviente son más bajos que para un esposo.

Asimismo, advirtió que contra lo que se cree, los hechos han demostrado que la convivencia no llega a ser más conveniente económicamente, debido a los costos comunes que se comparten y otras razones que dificultan la ruptura.

En Estados Unidos había en 1960 unas 450.000 parejas no casadas. Esta cifra se incrementó en 1.500 por ciento, llegando a más de 7.500.000 en la actualidad.

Ante esto, el Centro de Bioética de Argentina criticó el anteproyecto de reforma al Código Civil impulsado por el Gobierno de Cristina Fernández, pues “resultaría una forma de impulsar las convivencias, a las que regula de manera muy detallada, a la vez que desjerarquiza al matrimonio al que no le impone casi ningún deber y lo reduce a un mero pacto revocable en cualquier momento.

“Creemos que esta reforma proyectada tiene graves consecuencias sobre el bien común y el bien concreto de las personas involucradas”, advirtió.


Día de la Madre 2012, América

mayo 13, 2012

Día de la Madre en América.

DÍA DE LA MADRE EN AMÉRICA, 13 de mayo 2012


 

El domingo pasado, 6 de mayo, celebramos en España el Día de la Madre. Este domingo, 13 de mayo, se celebra en América. Por eso, a continuación enviamos la felicitación correspondiente, con mucho cariño.

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SALUDO A LAS MADRES EN GENERAL POR SU DÍA

Y EN PARTICULAR

A LAS MADRES CRISTIANAS SANTA MÓNICA DE AMÉRICA

(Presentes en Perú, Venezuela, Argentina, Méjico, Chile, Colombia, Guatemala, USA, Panamá, Brasil, Paraguay, Costa Rica, Dominicana, Puerto Rico, etc.)

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Estimadas Madres

En este día especial para ustedes permítanme unirme a sus seres queridos, esposos e hijos, para agradecerles a ustedes la entrega incondicional de su vida. Es justo que dediquemos siquiera una jornada al año para reconocer nuestra deuda inmensa con todas ustedes. Pretender pagarles lo que hemos recibido de ustedes en el pasado, y las mil delicadezas que nos regalan a diario, sería sencillamente algo interminable y por demás imposible. Por eso, reconocemos que no las merecemos, pero a la vez confesamos que las necesitamos.

 

Les deseo, pues, que pasen un día feliz en compañía de las personas más queridas para ustedes, y que más las quieren, respetan y admiran. Que esa comunión familiar, en la medida de lo posible, sea signo de la comunión que tenemos con nuestro Dios, que es padre y madre a la vez, para todos. Ustedes son verdaderamente un “sacramento” o signo elocuente de Dios en la familia y en la sociedad. Desde el principio Dios las hizo muy especiales y les encargó que fueran en el mundo y en la familia sobre todo expresión de su ternura y cercanía; maestras de humanidad. Por eso, con ustedes es más fácil llegar hasta Dios y experimentar su amor y providencia para todos y cada uno de nosotros.

 

Permítanme un recuerdo especial para las madres cristianas santa Mónica que están presentes y activas en muchísimos ministerios que los agustinos recoletos atendemos en América; y en otros lugares. Estas madres cristianas y agustinianas desean llevar hasta las últimas consecuencias su maternidad, siendo transmisoras de la fe a la familia y en particular a los hijos y nietos. Las felicito de todo corazón porque, además de dar vida a los suyos, quieren transmitirles en todo momento el tesoro de la fe y la llave del conocimiento de Dios, conscientes de que nos movemos en un mundo difícil para la práctica religiosa.

 

Las felicito efusivamente en este día y las animo a seguir en su noble y maravillosa misión de encarnar y personalizar el amor y la ternura de Dios en sus hogares, en la sociedad y en la Iglesia. Las necesitamos para seguir edificando la civilización del amor y de la reconciliación. Pueden sentirse orgullosas de la vocación que han recibido de Dios.

 

En verdad, les confesamos que estamos orgullosos de ustedes, y pedimos a Dios que las haga felices mientras reparten, con generosidad e incluso a discreción, el amor que a diario reciben de su bondad infinita. Que la Virgen María, su modelo de mujer creyente y de madre, las ayude a seguir llevando mucho fruto para gloria de Dios, para contento y bien de sus seres queridos, y para la propia satisfacción de ustedes mismas. Santa Mónica interceda por ustedes. Dios las bendiga. ¡Felicidades! Con estima personal, p. Ismael

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TEXTO ILUMINADOR

“Ustedes están llamadas a testimoniar el significado del amor auténtico: la acogida de la otra persona reconocida y amada por la dignidad que tiene por el hecho de ser persona y no por otros factores, como la utilidad, la fuerza, la inteligencia, la belleza o la salud. Esta es la aportación fundamental que la Iglesia y la humanidad esperan de las mujeres. Y es la premisa insustituible para un auténtico cambio cultural” (Encíclica Evangelium Vitae, 99).

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Iglesia Católica sobrevivió al nazismo y sobrevivirá a Obama, dice Obispo

mayo 8, 2012
En toda su historia la Iglesia Católica ha recibido intensos ataques

En toda su historia la Iglesia Católica ha recibido intensos ataques


WASHINGTON D.C., 19 Abr. 12 (ACI/EWTN Noticias) .- El Obispo de Peoria, Illinois (Estados Unidos), Mons. Daniel Jenky, afirmó que en toda su historia la Iglesia Católica ha recibido intensos ataques, incluidos los del nazismo y del comunismo a los que sobrevivió, por lo que también sobrevivirá al embate abortista del presidente estadounidense Barack Obama.

En la Misa que presidió en el marco de la celebración anual de la marcha “Un llamado a los Hombres Católicos de Fe”, Mons. Jenky recordó que “durante 2 mil años, los enemigos de Cristo han hecho su mejor esfuerzo. Pero piénsenlo. La Iglesia sobrevivió e incluso floreció durante siglos de terrible persecución en la época del Imperio Romano”.

“La Iglesia sobrevivió invasiones bárbaras. La Iglesia sobrevivió ola tras ola de jihads (“guerras santas” islámicas). La Iglesia sobrevivió la era de la revolución. La Iglesia sobrevivió el nazismo y el comunismo”.

El Prelado remarcó que “en el poder de la resurrección, la Iglesia sobrevivirá al odio de Hollywood, la malicia de los medios de comunicación y la maldad embustera de la industria del aborto”.

Mons. Jenky afirmó que “la Iglesia sobrevivirá a la corrupción reinante y la absoluta incompetencia de nuestro gobierno del estado de Illinois, e incluso el desprecio calculado del Presidente de los Estados Unidos, sus burócratas nombrados en el departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS por sus siglas en inglés), y de la actual mayoría del Senado federal”.

“Que Dios tenga misericordia de las almas de aquellos políticos que fingen ser católicos en la Iglesia, pero en su vida pública, como Judas Iscariote, traicionan a Jesucristo por la forma en que votan y la forma en que voluntariamente cooperan con el mal intrínseco”.

El Obispo de Peoria recordó que tenemos que amar a nuestros enemigos y rezar por quienes nos persiguen, “pero como cristianos debemos también ponernos de pie por lo que creemos y siempre estar listos para pelear por la fe“.

Los días en que vivimos requieren de heroísmo católico, no catolicismo ocasional. No podemos ser por más tiempo católicos por accidente, sino católicos por convicción”.

Mons. Jenky remarcó que debemos ser testimonio del Señorío de Jesucristo, tanto en nuestras familias, en nuestras parroquias y donde vivamos y trabajamos, “como la primera generación apostólica”.

Tenemos que ser un ejército valiente de hombres católicos, dispuestos a dar todo lo que tenemos para el Señor, que lo dio todo por nuestra salvación”.

El Prelado estadounidense recordó que tanto Adolf Hitler como Joseph Stalin apenas toleraron que algunas iglesias permanecieran abiertas, pero no toleraron ninguna competencia contra el estado en educación, servicios sociales y cuidado de la salud.

“En clara violación de nuestros derechos por la Primera Enmienda (de la Constitución de Estados Unidos), Barack Obama, con su agenda radical, pro-abortista y extremadamente laicista, ahora parece intentar seguir un camino similar”.

Mons. Jenky señaló que la situación en Estados Unidos ante el régimen de Obama ha llegado a un extremo tal “que esta es una batalla que podríamos perder, pero ante el tribunal impresionante de Dios Todopoderoso no se trata de una guerra donde cualquier católico creyente puede permanecer neutral“.


La familia salva al país

abril 26, 2012


La esperanza de la Iglesia en la primera célula social

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, domingo 22 abril 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos la colaboración habitual del obispo de San Cristóbal de las Casas, México, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, en que expone la esperanza de la Iglesia en la familia.

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+ Felipe Arizmendi Esquivel

HECHOS

Estamos reunidos los obispos en asamblea plenaria. Ante la problemática nacional, nos preguntamos qué debemos hacer, desde nuestra identidad y competencia. No podemos evadirnos, ni sumarnos acríticamente a quienes sobredimensionan los datos duros, culpan a otros sin asumir su propia responsabilidad, publicitan que todo está mal, que nada se ha hecho para resolver los problemas. Estos son inocultables, pero es injusto no reconocer los avances logrados. Llevo 21 años en Chiapas y soy testigo de que ya no hay la misma pobreza de hace unos años.

La mayoría de nuestro pueblo vive en paz y quiere la paz; es un pueblo noble, trabajador, generoso, solidario. ¿Por qué? Porque todavía hay familias bien construidas, que educan en valores trascendentes, viven su fe, aman el bien y rechazan el mal. Con buenas familias, hay esperanza para el país. Sin familia, no hay cimientos ni futuro. Por eso, el tema central de nuestra asamblea es la familia, con sus retos, cambios culturales, tentaciones y peligros.

Nos visitan los candidatos presidenciales de los diferentes partidos, para exponernos su visión del país y sus propuestas, para escucharnos y dialogar, no para hacer alianzas. Nuestros cuestionamientos no versan sólo sobre economía y política, sino también sobre su actitud ante la vida, la familia, la fe, la libertad religiosa. Lo más importante no es su discurso, sino su testimonio personal.

CRITERIOS

El papa Benedicto XVI, en su pasada visita, dijo: “Tantas familias se encuentran divididas o forzadas a la migración, muchas padecen a causa de la pobreza, la corrupción, la violencia doméstica, el narcotráfico, la crisis de valores o la criminalidad”. Y a los niños: “Su familia, la Iglesia, la escuela y quienes tienen responsabilidad en la sociedad han de trabajar unidos para que ustedes puedan recibir como herencia un mundo mejor, sin envidias ni divisiones”.

A unos obispos norteamericanos expresó: “El futuro de la humanidad se fragua en la familia. De hecho, el bien que la Iglesia y toda la sociedad esperan del matrimonio y de la familia fundada en él es demasiado grande como para no ocuparse a fondo de este ámbito pastoral específico. Matrimonio y familia son instituciones que deben ser promovidas y protegidas de cualquier equívoco posible sobre su auténtica verdad, porque el daño que se les hace provoca de hecho una herida a la convivencia humana como tal.

Hay poderosas corrientes políticas y culturales que tratan de alterar la definición legal del matrimonio. Resulta cada vez más evidente que un menor aprecio de la indisolubilidad del pacto matrimonial y el rechazo generalizado de una ética sexual responsable y madura, fundada en la práctica de la castidad, han llevado a graves problemas sociales que conllevan un costo humano y económico inmenso…

No podemos ignorar el grave problema pastoral constituido por la generalizada práctica de la cohabitación, a menudo por parte de parejas que parecen inconscientes de que es un pecado grave, por no decir que representa un daño para la estabilidad de la sociedad”. Aludió a “la disminución del número de jóvenes que se acercan al sacramento del matrimonio”.

PROPUESTAS

El mismo papa pidió “restituir su lugar en la predicación y en la enseñanza catequística a la doctrina católica sobre el matrimonio como institución natural elevada por Cristo a la dignidad de sacramento, la vocación de los esposos cristianos en la sociedad y en la Iglesia, y la práctica de la castidad conyugal. Los jóvenes necesitan conocer la doctrina de la Iglesia en su integridad, aunque pueda resultar ardua y vaya a contracorriente de la cultura. Es urgentemente necesario que toda la comunidad cristiana vuelva a apreciar la virtud de la castidad”.

En cuanto a la actitud de los candidatos presidenciales ante la vida y la familia, los ciudadanos conscientes de su fe deben analizar si su vida familiar, su ejercicio de gobierno, sus propuestas, corresponden al Evangelio, y apoyarles o no con el voto según la propia conciencia. Lo definitivo del país no es sólo la economía y la política, sino sobre todo la familia.


Discurso de despedida del Papa en el aeropuerto José Martí de La Habana

abril 1, 2012

Vine aquí como testigo de Jesucristo

 

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Señor Presidente,
Señores Cardenales y queridos Hermanos en el Episcopado,
Excelentísimas Autoridades,
Señoras y Señores,
Amigos todos,

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Doy gracias a Dios, que me ha permitido visitar esta hermosa Isla, que tan profunda huella dejó en el corazón de mi amado Predecesor, el Beato Juan Pablo II, cuando estuvo en estas tierras como mensajero de la verdad y la esperanza.

También yo he deseado ardientemente venir entre ustedes como peregrino de la caridad, para agradecer a la Virgen María la presencia de su venerada imagen en el Santuario del Cobre, desde donde acompaña el camino de la Iglesia en esta Nación e infunde ánimo a todos los cubanos para que, de la mano de Cristo, descubran el genuino sentido de los afanes y anhelos que anidan en el corazón humano y alcancen la fuerza necesaria para construir una sociedad solidaria, en la que nadie se sienta excluido. «Cristo, resucitado de entre los muertos, brilla en el mundo, y lo hace de la forma más clara, precisamente allí donde según el juicio humano todo parece sombrío y sin esperanza.

Él ha vencido a la muerte –Él vive– y la fe en Él penetra como una pequeña luz todo lo que es oscuridad y amenaza» (Vigilia de oración con los jóvenes. Feria de Friburgo de Brisgovia, 24 septiembre 2011).

Agradezco al Señor Presidente y a las demás Autoridades del País el interés y la generosa colaboración dispensada para el buen desarrollo de este viaje. Vaya también mi viva gratitud a los miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, que no han escatimado esfuerzos ni sacrificios para este mismo fin, y a cuantos han contribuido a él de diversas maneras, en particular con la plegaria.

Me llevo en lo más profundo de mi ser a todos y cada uno de los cubanos, que me han rodeado con su oración y afecto, brindándome una cordial hospitalidad y haciéndome partícipe de sus más hondas y justas aspiraciones.

Vine aquí como testigo de Jesucristo, convencido de que, donde él llega, el desaliento deja paso a la esperanza, la bondad despeja incertidumbres y una fuerza vigorosa abre el horizonte a inusitadas y beneficiosas perspectivas. En su nombre, y como Sucesor del apóstol Pedro, he querido recordar su mensaje de salvación, que fortalezca el entusiasmo y solicitud de los Obispos cubanos, así como de sus presbíteros, de los religiosos y de quienes se preparan con ilusión al ministerio sacerdotal y la vida consagrada.

Que sirva también de nuevo impulso a cuantos cooperan con constancia y abnegación en la tarea de la evangelización, especialmente a los fieles laicos, para que, intensificando su entrega a Dios en medio de sus hogares y trabajos, no se cansen de ofrecer responsablemente su aportación al bien y al progreso integral de la patria.

El camino que Cristo propone a la humanidad, y a cada persona y pueblo en particular, en nada la coarta, antes bien es el factor primero y principal para su auténtico desarrollo. Que la luz del Señor, que ha brillado con fulgor en estos días, no se apague en quienes la han acogido y ayude a todos a estrechar la concordia y a hacer fructificar lo mejor del alma cubana, sus valores más nobles, sobre los que es posible cimentar una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada.

Que nadie se vea impedido de sumarse a esta apasionante tarea por la limitación de sus libertades fundamentales, ni eximido de ella por desidia o carencia de recursos materiales. Situación que se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del País pesan negativamente sobre la población.

Concluyo aquí mi peregrinación, pero continuaré rezando fervientemente para que ustedes sigan adelante y Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos, donde convivan la justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad. El respeto y cultivo de la libertad que late en el corazón de todo hombre es imprescindible para responder adecuadamente a las exigencias fundamentales de su dignidad, y construir así una sociedad en la que cada uno se sienta protagonista indispensable del futuro de su vida, su familia y su patria.

La hora presente reclama de forma apremiante que en la convivencia humana, nacional e internacional, se destierren posiciones inamovibles y los puntos de vista unilaterales que tienden a hacer más arduo el entendimiento e ineficaz el esfuerzo de colaboración. Las eventuales discrepancias y dificultades se han de solucionar buscando incansablemente lo que une a todos, con diálogo paciente y sincero, comprensión recíproca y una leal voluntad de escucha que acepte metas portadoras de nuevas esperanzas.

Cuba, reaviva en ti la fe de tus mayores, saca de ella la fuerza para edificar un porvenir mejor, confía en las promesas del Señor, abre tu corazón a su evangelio para renovar auténticamente la vida personal y social.

A la vez que les digo mi emocionado adiós, pido a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre que proteja con su manto a todos los cubanos, los sostenga en medio de las pruebas y les obtenga del Omnipotente la gracia que más anhelan.

¡Hasta siempre, Cuba, tierra embellecida por la presencia materna de María! Que Dios bendiga tus destinos. Muchas gracias.

http://www.vatican.va/


El Papa Benedicto predica desde la Plaza de la Revolución, La Habana

marzo 29, 2012

Eucaristía en la Plaza de la Revolución, La Habana

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Queridos hermanos y hermanas:

«Bendito eres, Señor Dios…, bendito tu nombre santo y glorioso» (Dn 3, 52). Este himno de bendición del libro de Daniel resuena hoy en nuestra liturgia invitándonos reiteradamente a bendecir y alabar a Dios. Somos parte de la multitud de ese coro que celebra al Señor sin cesar. Nos unimos a este concierto de acción de gracias, y ofrecemos nuestra voz alegre y confiada, que busca cimentar en el amor y la verdad el camino de la fe.

«Bendito sea Dios» que nos reúne en esta emblemática plaza, para que ahondemos más profundamente en su vida. Siento una gran alegría de encontrarme hoy entre ustedes y presidir esta Santa Misa en el corazón de este Año jubilar dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre.

Saludo cordialmente al Cardenal Jaime Ortega y Alamino, Arzobispo de La Habana, y le agradezco las corteses palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Extiendo mi saludo a los Señores Cardenales, a mis hermanos Obispos de Cuba y de otros países, que han querido participar en esta solemne celebración. Saludo también a los sacerdotes, seminaristas, religiosos, y a todos los fieles aquí congregados, así como a las Autoridades que nos acompañan.

En la primera lectura proclamada, los tres jóvenes, perseguidos por el soberano babilonio, prefieren afrontar la muerte abrasados por el fuego antes que traicionar su conciencia y su fe. Ellos encontraron la fuerza de «alabar, glorificar y bendecir a Dios» en la convicción de que el Señor del cosmos y la historia no los abandonaría a la muerte y a la nada.

En efecto, Dios nunca abandona a sus hijos, nunca los olvida. Él está por encima de nosotros y es capaz de salvarnos con su poder. Al mismo tiempo, es cercano a su pueblo y, por su Hijo Jesucristo, ha deseado poner su morada entre nosotros.

«Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8, 31). En este texto del Evangelio que se ha proclamado, Jesús se revela como el Hijo de Dios Padre, el Salvador, el único que puede mostrar la verdad y dar la genuina libertad. Su enseñanza provoca resistencia e inquietud entre sus interlocutores, y Él los acusa de buscar su muerte, aludiendo al supremo sacrificio en la cruz, ya cercano. Aun así, los conmina a creer, a mantener la Palabra, para conocer la verdad que redime y dignifica.

En efecto, la verdad es un anhelo del ser humano, y buscarla siempre supone un ejercicio de auténtica libertad. Muchos, sin embargo, prefieren los atajos e intentan eludir esta tarea. Algunos, como Poncio Pilato, ironizan con la posibilidad de poder conocer la verdad (cf. Jn 18, 38), proclamando la incapacidad del hombre para alcanzarla o negando que exista una verdad para todos.

Esta actitud, como en el caso del escepticismo y el relativismo, produce un cambio en el corazón, haciéndolos fríos, vacilantes, distantes de los demás y encerrados en sí mismos. Personas que se lavan las manos como el gobernador romano y dejan correr el agua de la historia sin comprometerse.

Por otra parte, hay otros que interpretan mal esta búsqueda de la verdad, llevándolos a la irracionalidad y al fanatismo, encerrándose en «su verdad» e intentando imponerla a los demás. Son como aquellos legalistas obcecados que, al ver a Jesús golpeado y sangrante, gritan enfurecidos: «¡Crucifícalo!» (cf. Jn 19, 6).

Sin embargo, quien actúa irracionalmente no puede llegar a ser discípulo de Jesús. Fe y razón son necesarias y complementarias en la búsqueda de la verdad. Dios creó al hombre con una innata vocación a la verdad y para esto lo dotó de razón. No es ciertamente la irracionalidad, sino el afán de verdad, lo que promueve la fe cristiana. Todo ser humano ha de indagar la verdad y optar por ella cuando la encuentra, aun a riesgo de afrontar sacrificios.

Además, la verdad sobre el hombre es un presupuesto ineludible para alcanzar la libertad, pues en ella descubrimos los fundamentos de una ética con la que todos pueden confrontarse, y que contiene formulaciones claras y precisas sobre la vida y la muerte, los deberes y los derechos, el matrimonio, la familia y la sociedad, en definitiva, sobre la dignidad inviolable del ser humano. Este patrimonio ético es lo que puede acercar a todas las culturas, pueblos y religiones, las autoridades y los ciudadanos, y a los ciudadanos entre sí, a los creyentes en Cristo con quienes no creen en él.

El cristianismo, al resaltar los valores que sustentan la ética, no impone, sino que propone la invitación de Cristo a conocer la verdad que hace libres. El creyente está llamado a ofrecerla a sus contemporáneos, como lo hizo el Señor, incluso ante el sombrío presagio del rechazo y de la cruz. El encuentro personal con quien es la verdad en persona nos impulsa a compartir este tesoro con los demás, especialmente con el testimonio.

Queridos amigos, no vacilen en seguir a Jesucristo. En él hallamos la verdad sobre Dios y sobre el hombre. Él nos ayuda a derrotar nuestros egoísmos, a salir de nuestras ambiciones y a vencer lo que nos oprime. El que obra el mal, el que comete pecado, es esclavo del pecado y nunca alcanzará la libertad (cf. Jn 8, 34). Sólo renunciando al odio y a nuestro corazón duro y ciego seremos libres, y una vida nueva brotará en nosotros.

Convencido de que Cristo es la verdadera medida del hombre, y sabiendo que en él se encuentra la fuerza necesaria para afrontar toda prueba, deseo anunciarles abiertamente al Señor Jesús como Camino, Verdad y Vida. En él todos hallarán la plena libertad, la luz para entender con hondura la realidad y transformarla con el poder renovador del amor.

La Iglesia vive para hacer partícipes a los demás de lo único que ella tiene, y que no es sino Cristo, esperanza de la gloria (cf. Col 1, 27). Para poder ejercer esta tarea, ha de contar con la esencial libertad religiosa, que consiste en poder proclamar y celebrar la fe también públicamente, llevando el mensaje de amor, reconciliación y paz que Jesús trajo al mundo.

Es de reconocer con alegría que en Cuba se han ido dando pasos para que la Iglesia lleve a cabo su misión insoslayable de expresar pública y abiertamente su fe. Sin embargo, es preciso seguir adelante, y deseo animar a las instancias gubernamentales de la Nación a reforzar lo ya alcanzado y a avanzar por este camino de genuino servicio al bien común de toda la sociedad cubana.

El derecho a la libertad religiosa, tanto en su dimensión individual como comunitaria, manifiesta la unidad de la persona humana, que es ciudadano y creyente a la vez. Legitima también que los creyentes ofrezcan una contribución a la edificación de la sociedad. Su refuerzo consolida la convivencia, alimenta la esperanza en un mundo mejor, crea condiciones propicias para la paz y el desarrollo armónico, al mismo tiempo que establece bases firmes para afianzar los derechos de las generaciones futuras.

Cuando la Iglesia pone de relieve este derecho, no está reclamando privilegio alguno. Pretende sólo ser fiel al mandato de su divino fundador, consciente de que donde Cristo se hace presente, el hombre crece en humanidad y encuentra su consistencia.

Por eso, ella busca dar este testimonio en su predicación y enseñanza, tanto en la catequesis como en ámbitos escolares y universitarios. Es de esperar que pronto llegue aquí también el momento de que la Iglesia pueda llevar a los campos del saber los beneficios de la misión que su Señor le encomendó y que nunca puede descuidar.

Ejemplo preclaro de esta labor fue el insigne sacerdote Félix Varela, educador y maestro, hijo ilustre de esta ciudad de La Habana, que ha pasado a la historia de Cuba como el primero que enseñó a pensar a su pueblo. El Padre Varela nos presenta el camino para una verdadera transformación social: formar hombres virtuosos para forjar una nación digna y libre, ya que esta trasformación dependerá de la vida espiritual del hombre, pues «no hay patria sin virtud» (Cartas a Elpidio, carta sesta, Madrid 1836, 220).

Cuba y el mundo necesitan cambios, pero éstos se darán sólo si cada uno está en condiciones de preguntarse por la verdad y se decide a tomar el camino del amor, sembrando reconciliación y fraternidad.

Invocando la materna protección de María Santísima, pidamos que cada vez que participemos en la Eucaristía nos hagamos también testigos de la caridad, que responde al mal con el bien (cf. Rm 12, 21), ofreciéndonos como hostia viva a quien amorosamente se entregó por nosotros.

Caminemos a la luz de Cristo, que es el que puede destruir la tiniebla del error. Supliquémosle que, con el valor y la reciedumbre de los santos, lleguemos a dar una respuesta libre, generosa y coherente a Dios, sin miedos ni rencores. Amén.


NEWS.VA


El Papa en Cuba: Homilía en Santiago de Cuba, 400 años de la Virgen de la Caridad del Cobre

marzo 27, 2012

"Resulta conmovedor ver cómo Dios no sólo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla"

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Queridos hermanos y hermanas:

Doy gracias a Dios que me ha permitido venir hasta ustedes y realizar este tan deseado viaje. Saludo a Monseñor Dionisio García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, agradeciéndole sus amables palabras de acogida en nombre de todos; saludo asimismo a los obispos cubanos y a los venidos de otros lugares, así como a los sacerdotes, religiosos, seminaristas y fieles laicos presentes en esta celebración. No puedo olvidar a los que por enfermedad, avanzada edad u otros motivos, no han podido estar aquí con nosotros. Saludo también a las autoridades que han querido gentilmente acompañarnos.

Esta santa Misa, que tengo la alegría de presidir por primera vez en mi visita pastoral a este país, se inserta en el contexto del Año Jubilar mariano, convocado para honrar y venerar a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, en el cuatrocientos aniversario del hallazgo y presencia de su venerada imagen en estas tierras benditas. No ignoro el sacrificio y dedicación con que se ha preparado este jubileo, especialmente en lo espiritual. Me ha llenado de emoción conocer el fervor con el que María ha sido saludada e invocada por tantos cubanos, en su peregrinación por todos los rincones y lugares de la Isla.

Estos acontecimientos importantes de la Iglesia en Cuba se ven iluminados con inusitado resplandor por la fiesta que hoy celebra la Iglesia universal: la anunciación del Señor a la Virgen María. En efecto, la encarnación del Hijo de Dios es el misterio central de la fe cristiana, y en él, María ocupa un puesto de primer orden. Pero, ¿cuál es el significado de este misterio? Y, ¿cuál es la importancia que tiene para nuestra vida concreta?

Veamos ante todo qué significa la encarnación. En el evangelio de san Lucas hemos escuchado las palabras del ángel a María: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios» (Lc 1, 35). En María, el Hijo de Dios se hace hombre, cumpliéndose así la profecía de Isaías: «Mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”» (Is 7, 14). Sí, Jesús, el Verbo hecho carne, es el Dios-con-nosotros, que ha venido a habitar entre nosotros y a compartir nuestra misma condición humana. El apóstol san Juan lo expresa de la siguiente manera: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1, 14).

La expresión «se hizo carne» apunta a la realidad humana más concreta y tangible. En Cristo, Dios ha venido realmente al mundo, ha entrado en nuestra historia, ha puesto su morada entre nosotros, cumpliéndose así la íntima aspiración del ser humano de que el mundo sea realmente un hogar para el hombre. En cambio, cuando Dios es arrojado fuera, el mundo se convierte en un lugar inhóspito para el hombre, frustrando al mismo tiempo la verdadera vocación de la creación de ser espacio para la alianza, para el «sí» del amor entre Dios y la humanidad que le responde. Y así hizo María como primicia de los creyentes con su «sí» al Señor sin reservas.

Por eso, al contemplar el misterio de la encarnación no podemos dejar de dirigir a ella nuestros ojos, para llenarnos de asombro, de gratitud y amor al ver cómo nuestro Dios, al entrar en el mundo, ha querido contar con el consentimiento libre de una criatura suya. Sólo cuando la Virgen respondió al ángel, «aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38), a partir de ese momento el Verbo eterno del Padre comenzó su existencia humana en el tiempo. Resulta conmovedor ver cómo Dios no sólo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla. Y vemos también cómo el comienzo de la existencia terrena del Hijo de Dios está marcado por un doble «sí» a la voluntad salvífica del Padre, el de Cristo y el de María.

Esta obediencia a Dios es la que abre las puertas del mundo a la verdad, a la salvación. En efecto, Dios nos ha creado como fruto de su amor infinito, por eso vivir conforme a su voluntad es el camino para encontrar nuestra genuina identidad, la verdad de nuestro ser, mientras que apartarse de Dios nos aleja de nosotros mismos y nos precipita en el vacío. La obediencia en la fe es la verdadera libertad, la auténtica redención, que nos permite unirnos al amor de Jesús en su esfuerzo por conformarse a la voluntad del Padre. La redención es siempre este proceso de llevar la voluntad humana a la plena comunión con la voluntad divina (cf. Lectio divina con el clero de Roma, 18 febrero 2010).

Queridos hermanos, hoy alabamos a la Virgen Santísima por su fe y con santa Isabel le decimos también nosotros: «Bienaventurada la que ha creído» (Lc 1, 45). Como dice san Agustín, María concibió antes a Cristo por la fe en su corazón que físicamente en su vientre; María creyó y se cumplió en ella lo que creía (cf. Sermón 215, 4: PL 38, 1074). Pidamos nosotros al Señor que nos aumente la fe, que la haga activa y fecunda en el amor. Pidámosle que sepamos como ella acoger en nuestro corazón la palabra de Dios y llevarla a la práctica con docilidad y constancia.

La Virgen María, por su papel insustituible en el misterio de Cristo, representa la imagen y el modelo de la Iglesia. También la Iglesia, al igual que hizo la Madre de Cristo, está llamada a acoger en sí el misterio de Dios que viene a habitar en ella.

Queridos hermanos, sé con cuánto esfuerzo, audacia y abnegación trabajan cada día para que, en las circunstancias concretas de su País, y en este tiempo de la historia, la Iglesia refleje cada vez más su verdadero rostro como lugar en el que Dios se acerca y se encuentra con los hombres. La Iglesia, cuerpo vivo de Cristo, tiene la misión de prolongar en la tierra la presencia salvífica de Dios, de abrir el mundo a algo más grande que sí mismo, al amor y la luz de Dios. Vale la pena, queridos hermanos, dedicar toda la vida a Cristo, crecer cada día en su amistad y sentirse llamado a anunciar la belleza y bondad de su vida a todos los hombres, nuestros hermanos. Les aliento en su tarea de sembrar el mundo con la Palabra de Dios y de ofrecer a todos el alimento verdadero del cuerpo de Cristo.

Cercana ya la Pascua, decidámonos sin miedos ni complejos a seguir a Jesús en su camino hacia la cruz. Aceptemos con paciencia y fe cualquier contrariedad o aflicción, con la convicción de que, en su resurrección, él ha derrotado el poder del mal que todo lo oscurece, y ha hecho amanecer un mundo nuevo, el mundo de Dios, de la luz, de la verdad y la alegría. El Señor no dejará de bendecir con frutos abundantes la generosidad de su entrega.

El misterio de la encarnación, en el que Dios se hace cercano a nosotros, nos muestra también la dignidad incomparable de toda vida humana. Por eso, en su proyecto de amor, desde la creación, Dios ha encomendado a la familia fundada en el matrimonio la altísima misión de ser célula fundamental de la sociedad y verdadera Iglesia doméstica. Con esta certeza, ustedes, queridos esposos, han de ser, de modo especial para sus hijos, signo real y visible del amor de Cristo por la Iglesia. Cuba tiene necesidad del testimonio de su fidelidad, de su unidad, de su capacidad de acoger la vida humana, especialmente la más indefensa y necesitada.

Queridos hermanos, ante la mirada de la Virgen de la Caridad del Cobre, deseo hacer un llamado para que den nuevo vigor a su fe, para que vivan de Cristo y para Cristo, y con las armas de la paz, el perdón y la comprensión, luchen para construir una sociedad abierta y renovada, una sociedad mejor, más digna del hombre, que refleje más la bondad de Dios.

Amén.


Homilía de S.S. Benedicto XVI en el Parque Expo Bicentenario de León, México

marzo 26, 2012

Domingo 25 de marzo de 2012



Queridos hermanos y hermanas:

Me complace estar entre ustedes, y deseo agradecer vivamente a Monseñor José Guadalupe Martín Rábago, Arzobispo de León, sus amables palabras de bienvenida. Saludo al episcopado mexicano, así como a los Señores Cardenales y demás Obispos aquí presentes, en particular a los procedentes de Latinoamérica y el Caribe. Vaya también mi saludo caluroso a las Autoridades que nos acompañan, así como a todos los que se han congregado para participar en esta Santa Misa presidida por el Sucesor de Pedro.

«Crea en mí, Señor, un corazón puro» (Sal 50, 12), hemos invocado en el salmo responsorial. Esta exclamación muestra la profundidad con la que hemos de prepararnos para celebrar la próxima semana el gran misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Nos ayuda asimismo a mirar muy dentro del corazón humano, especialmente en los momentos de dolor y de esperanza a la vez, como los que atraviesa en la actualidad el pueblo mexicano y también otros de Latinoamérica.

El anhelo de un corazón puro, sincero, humilde, aceptable a Dios, era muy sentido ya por Israel, a medida que tomaba conciencia de la persistencia del mal y del pecado en su seno, como un poder prácticamente implacable e imposible de superar. Quedaba sólo confiar en la misericordia de Dios omnipotente y la esperanza de que él cambiara desde dentro, desde el corazón, una situación insoportable, oscura y sin futuro.

Así fue abriéndose paso el recurso a la misericordia infinita del Señor, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (cf. Ez 33, 11). Un corazón puro, un corazón nuevo, es el que se reconoce impotente por sí mismo, y se pone en manos de Dios para seguir esperando en sus promesas. De este modo, el salmista puede decir convencido al Señor: «Volverán a ti los pecadores» (Sal 50, 15). Y, hacia el final del salmo, dará una explicación que es al mismo tiempo una firme confesión de fe: «Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias» (v. 19).

La historia de Israel narra también grandes proezas y batallas, pero a la hora de afrontar su existencia más auténtica, su destino más decisivo, la salvación, más que en sus propias fuerzas, pone su esperanza en Dios, que puede recrear un corazón nuevo, no insensible y engreído. Esto nos puede recordar hoy a cada uno de nosotros y a nuestros pueblos que, cuando se trata de la vida personal y comunitaria, en su dimensión más profunda, no bastarán las estrategias humanas para salvarnos. Se ha de recurrir también al único que puede dar vida en plenitud, porque él mismo es la esencia de la vida y su autor, y nos ha hecho partícipes de ella por su Hijo Jesucristo.

El Evangelio de hoy prosigue haciéndonos ver cómo este antiguo anhelo de vida plena se ha cumplido realmente en Cristo. Lo explica san Juan en un pasaje en el que se cruza el deseo de unos griegos de ver a Jesús y el momento en que el Señor está por ser glorificado. A la pregunta de los griegos, representantes del mundo pagano, Jesús responde diciendo: «Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado» (Jn 12, 23).

Respuesta extraña, que parece incoherente con la pregunta de los griegos. ¿Qué tiene que ver la glorificación de Jesús con la petición de encontrarse con él? Pero sí que hay una relación. Alguien podría pensar –observa san Agustín– que Jesús se sentía glorificado porque venían a él los gentiles. Algo parecido al aplauso de la multitud que da «gloria» a los grandes del mundo, diríamos hoy. Pero no es así. «Convenía que a la excelsitud de su glorificación precediese la humildad de su pasión» (In Joannis Ev., 51, 9: PL 35, 1766).

La respuesta de Jesús, anunciando su pasión inminente, viene a decir que un encuentro ocasional en aquellos momentos sería superfluo y tal vez engañoso. Al que los griegos quieren ver en realidad, lo verán levantado en la cruz, desde la cual atraerá a todos hacia sí (cf. Jn 12, 32). Allí comenzará su «gloria», a causa de su sacrificio de expiación por todos, como el grano de trigo caído en tierra que muriendo, germina y da fruto abundante. Encontrarán a quien seguramente sin saberlo andaban buscando en su corazón, al verdadero Dios que se hace reconocible para todos los pueblos.

Este es también el modo en que Nuestra Señora de Guadalupe mostró su divino Hijo a san Juan Diego. No como a un héroe portentoso de leyenda, sino como al verdaderísimo Dios, por quien se vive, al Creador de las personas, de la cercanía y de la inmediación, del Cielo y de la Tierra (cf. Nican Mopohua, v. 33). Ella hizo en aquel momento lo que ya había ensayado en las Bodas de Caná. Ante el apuro de la falta de vino, indicó claramente a los sirvientes que la vía a seguir era su Hijo: «Hagan lo que él les diga» (Jn 2, 5).

Queridos hermanos, al venir aquí he podido acercarme al monumento a Cristo Rey, en lo alto del Cubilete. Mi venerado predecesor, el beato Papa Juan Pablo II, aunque lo deseó ardientemente, no pudo visitar este lugar emblemático de la fe del pueblo mexicano en sus viajes a esta querida tierra. Seguramente se alegrará hoy desde el cielo de que el Señor me haya concedido la gracia de poder estar ahora con ustedes, como también habrá bendecido a tantos millones de mexicanos que han querido venerar sus reliquias recientemente en todos los rincones del país.

Pues bien, en este monumento se representa a Cristo Rey. Pero las coronas que le acompañan, una de soberano y otra de espinas, indican que su realeza no es como muchos la entendieron y la entienden. Su reinado no consiste en el poder de sus ejércitos para someter a los demás por la fuerza o la violencia. Se funda en un poder más grande que gana los corazones: el amor de Dios que él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio. Éste es su señorío, que nadie le podrá quitar ni nadie debe olvidar.

Por eso es justo que, por encima de todo, este santuario sea un lugar de peregrinación, de oración ferviente, de conversión, de reconciliación, de búsqueda de la verdad y acogida de la gracia. A él, a Cristo, le pedimos que reine en nuestros corazones haciéndolos puros, dóciles, esperanzados y valientes en la propia humildad.

También hoy, desde este parque con el que se quiere dejar constancia del bicentenario del nacimiento de la nación mexicana, aunando en ella muchas diferencias, pero con un destino y un afán común, pidamos a Cristo un corazón puro, donde él pueda habitar como príncipe de la paz, gracias al poder de Dios, que es el poder del bien, el poder del amor. Y, para que Dios habite en nosotros, hay que escucharlo, hay que dejarse interpelar por su Palabra cada día, meditándola en el propio corazón, a ejemplo de María (cf. Lc 2, 51). Así crece nuestra amistad personal con él, se aprende lo que espera de nosotros y se recibe aliento para darlo a conocer a los demás.

En Aparecida, los Obispos de Latinoamérica y el Caribe han sentido con clarividencia la necesidad de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en la historia de estas tierras «desde el encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros» (Documento conclusivo, 11). La Misión Continental, que ahora se está llevando a cabo diócesis por diócesis en este Continente, tiene precisamente el cometido de hacer llegar esta convicción a todos los cristianos y comunidades eclesiales, para que resistan a la tentación de una fe superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e incoherente.

También aquí se ha de superar el cansancio de la fe y recuperar «la alegría de ser cristianos, de estar sostenidos por la felicidad interior de conocer a Cristo y de pertenecer a su Iglesia. De esta alegría nacen también las energías para servir a Cristo en las situaciones agobiantes de sufrimiento humano, para ponerse a su disposición, sin replegarse en el propio bienestar» (Discurso a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2011).

Lo vemos muy bien en los santos, que se entregaron de lleno a la causa del evangelio con entusiasmo y con gozo, sin reparar en sacrificios, incluso el de la propia vida. Su corazón era una apuesta incondicional por Cristo, de quien habían aprendido lo que significa verdaderamente amar hasta el final.

En este sentido, el Año de la fe, al que he convocado a toda la Iglesia, «es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo [...]. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo» (Porta fidei, 11 octubre 2011, 6.7).

Pidamos a la Virgen María que nos ayude a purificar nuestro corazón, especialmente ante la cercana celebración de las fiestas de Pascua, para que lleguemos a participar mejor en el misterio salvador de su Hijo, tal como ella lo dio a conocer en estas tierras. Y pidámosle también que siga acompañando y amparando a sus queridos hijos mexicanos y latinoamericanos, para que Cristo reine en sus vidas y les ayude a promover audazmente la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad.

Amén.

http://www.vatican.va/phome_sp.htm

Saludo a los niños en la Plaza de la Paz de Guanajuato


Los periodistas entrevistan al Papa en el avión rumbo a México

marzo 25, 2012

"Me siento totalmente en continuidad con Juan Pablo II"

Versión íntegra

Padre Lombardi: ¡Gracias, Santidad, por estar entre nosotros en el comienzo este viaje tan hermoso y tan importante! Como ve, nuestra asamblea viajera es numerosa: somos más de setenta periodistas que le seguimos con atención. El grupo más numeroso, aparte de los italianos, son naturalmente los mexicanos, que constituyen un buen grupo, al menos catorce, los representantes de las televisiones mexicanas que seguirán y cubrirán todo el viaje. Se encuentra también grupos de los Estados, de Francia y de otros países.

Esto es, representamos a todo el mundo. Como es costumbre, hemos recogido en los días previos de los periodistas y hemos seleccionado cinco, que son expresión, en líneas generales, de las expectativas de todos. Como en esta ocasión tenemos más tiempo de vuelo, las preguntas no las haré yo, las harán ellos. Comenzamos ahora con una pregunta que le formula la señora Collins de la televisión Univisión, una de las televisiones que siguen este viaje. Es una señora mexicana que hará la pregunta en español y que yo repetiré después en italiano para todos.


Primera pregunta (Univisión): México y Cuba son tierras en los que los viajes de Juan Pablo II hicieron historia. ¿Con qué ánimo y esperanzas sigue las huellas de su predecesor?

Santo Padre: Queridos amigos: ante todo bienvenidos y gracias por acompañarme en este viaje que esperamos sean bendecido por el Señor. En este viaje me siento totalmente en continuidad con Juan Pablo II. Recuerdo muy bien su primer viaje a México, verdaderamente histórico. En una situación jurídica todavía confusa, abrió la puerta, comenzó una nueva fase en la colaboración entre la Iglesia, la sociedad y el Estado. Asimismo recuerdo también su histórico viaje a Cuba. Mi deseo es proseguir su camino y sus huellas y proseguir cuanto él inició.

Siendo cardenal estuve en México y tengo óptimos recuerdos de los mexicanos, así como cada miércoles (en las audiencias generales) veo la alegría de los mexicanos, percibo su cariño, escucho sus aplausos… Y para mí es una gran alegría realizar este viaje que deseaba desde hace tanto tiempo. Como enseña el Concilio Vaticano II, con la constitución pastoral Gaudium et spes, comparto las alegrías y esperanzas de este gran país, y también sus luchas y angustias también ante las dificultades que vive. Vengo para alentar y para aprender. Para confirmar en la fe, en la esperanza y en la caridad. Y para confortar en el compromiso en favor del bien y de la lucha contra el mal ¡Esperamos que el Señor nos ayude!


Segunda pregunta (Tele Azteca): Santidad, México es un país con recursos y posibilidades maravillosas. Sin embargo, en estos años sabemos que es también tierra de violencia por el problema del narcotráfico.  ¿Cómo afronta la Iglesia católica esta situación: Tendrá usted palabras para los responsables, para los traficantes que a veces se profesan católicos o incluso benefactores de la Iglesia?

Santo Padre: Conocemos bien toda la belleza de México, pero también este grave problema del narcotráfico y de la violencia. Ciertamente es una gran responsabilidad de la Iglesia católica en un país con el 80 % de católicos. Tenemos que hacer lo posible contra este mal, destructivo para la humanidad y para nuestra juventud.

Diré en primer lugar que, ante todo, hay que anunciar a Dios: Dios que es juez y nos ama para atraernos al bien y a la verdad contra el mal. Por lo tanto, es una gran responsabilidad de la Iglesia la de educar las conciencias y de educar a la responsabilidad moral y desenmascarar el mal, desenmascarar esta idolatría del dinero que esclaviza a los hombres solo por una cosa; desenmascarar también estas falsas promesas, la mentira, el engaño que están dentro de la droga. Debemos ver que el hombre tiene necesidad del infinito. Pero si Dios no está, el infinito se crea en los propios paraísos, una apariencia de infinito que es solo una gran mentira.

Es importante, pues, hacer presente a Dios, hacerlo accesible. Es una responsabilidad ante el Dios juez que nos guía, que nos señala la verdad, y en este sentido la Iglesia debe desenmascarar el mal: hacer presente la bondad de Dios, hace presente su verdad, el verdadero infinito del cual tenemos sed. Este es el gran deber de la Iglesia. Hagámoslo todos juntos posible y siempre más.


Tercera pregunta (Televisa): ¡Santidad, le damos verdaderamente la bienvenida a México! Estamos todos muy contentos de su visita. Usted ha dicho que quiere dirigir su mensaje a toda América Latina en el bicentenario de la independencia. América Latina, a pesar del desarrollo, sigue siendo una región de conflictos sociales, y de fuertes contrastes entre ricos y pobres. A veces parece que la Iglesia católica no está suficientemente alentada en comprometerse en este campo. ¿Se puede seguir hablando de “teología de la liberación” de una manera positiva, después que ciertos excesos -sobre el marxismo y la violencia- han sido corregidos?

Santo Padre: Por supuesto que la Iglesia siempre debe preguntarse si hace lo suficiente por la justicia social en este gran continente. Este es un asunto de conciencia, que constantemente hay que preguntarse. ¿Qué debe hacer la Iglesia, que es lo que no puede y no debe hacer? La Iglesia no es un poder político, no es un partido, pero es una realidad moral, un poder moral. En cuanto que la política debe ser fundamentalmente una realidad moral, la Iglesia tiene relación con la política. Repito cuanto he dicho ya: el primer pensamiento de la Iglesia es educar las conciencias y así crear la responsabilidad necesaria; educar las conciencias tanto en la ética individual como en la ética pública. Y aquí hay quizás un déficit.

Tal vez, en América Latina, pero también en otros lugares, hay en muchos católicos, una cierta esquizofrenia entre la moral individual y la moral pública: individualmente, son creyentes católicos, pero en la vida pública siguen otros caminos que no responden a los grandes valores del Evangelio que son necesarios para el establecimiento de una sociedad justa. Es bueno educar para superar esta esquizofrenia, educar no sólo a una moral individual, sino a una moral pública. Y tratar de hacer esto con la doctrina social de la Iglesia, porque, naturalmente esta moral pública debe ser una moral razonable y compartida, compartida también por los no creyentes, una moral de la razón.

Por supuesto, a la luz de la fe podemos ver mejor tantas cosas que también la razón puede ver. Y precisamente la fe sirve también para eliminar los falsos intereses y los intereses que oscurecen la razón y así crear en la doctrina social los modelos sustanciales para una colaboración política sobre todo, para la superación de esta división social, antosocial, que por desgracia existe. Queremos trabajar en este sentido.

No sé si la palabra “teología de la liberación”, que se puede también interpretar muy bien, nos ayudaría mucho. Lo importante es la común racionalidad a la cual la Iglesia ofrece una contribución fundamental y debe siempre ayudar en la educación de las conciencias, tanto para la vida pública como para la vida privada.


Cuarta pregunta (Paloma Gómez Borrero, Cadena Cope de España): Santidad, miremos a Cuba. Todos recordamos las famosas palabras de Juan Pablo II: “Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”. Han pasado 14 años, pero parece que estas palabras continúen siendo actuales. Como usted sabe, Santidad,  en las vísperas de su viaje, muchas voces de la oposición y defensores de los derechos humanos se han hecho sentir. Su Santidad, ¿usted piensa llevar de nuevo el mensaje de Juan Pablo II, pensando en la situación interna en Cuba, y en el plano internacional?

Santo Padre: Como ya he dicho me siento en completa continuidad con las palabras del Santo Padre Juan Pablo II, que siguen actualísimas hoy en día. Aquella visita del Papa abrió un camino de cooperación y diálogo; un camino que es largo y requiere paciencia, pero que va hacia delante. Hoy está claro que la ideología marxista, tal como fue concebida, ya no responde a la realidad. Porque no tiene respuestas para la construcción de una nueva sociedad. Deben ser encontrados nuevos modelos, con paciencia. Este proceso requiere paciencia, pero también decisión. Queremos ayudar en un espíritu de diálogo, para ayudar a construir una sociedad más justa. Como lo deseamos para todo el mundo y queremos cooperar en este sentido. Es obvio que la Iglesia está siempre del lado de la libertad: la libertad de conciencia, la libertad de religión. Y al respecto contribuyamos, contribuyan también los fieles de modo sencillo en este camino de ir adelante.


Quinta pregunta (France Press): Santidad, tras la Conferencia de Aparecida se habla de “misión continental” de la Iglesia en América Latina. Dentro de pocos meses tendrá lugar el Sínodo sobre la nueva evangelización. También América Latina con los desafíos de la secularización, de las sectas. En Cuba se viven las consecuencias de una larga propaganda atea y la religiosidad afrocubana está muy difundida. ¿Piensa que este viaje podrá servir de estímulo en orden a la nueva evangelización y cuáles son los puntos que están más en su corazón al respecto?

Santo Padre: El tiempo de la nueva evangelización se inició con el Concilio Vaticano II. Está era fundamentalmente la intención del Papa Juan XXIII, que subrayó después el Papa Juan Pablo II, y ahora, en un mundo que experimenta grandes cambios, se vuelve cada vez más evidente. Necesidad en el sentido de que el Evangelio debe ser expresado en formas nuevas; y necesidad también  en el otro sentido: el mundo tiene necesidad de una palabra en medio de la confusión, en medio de las dificultades para orientarse hoy. Esto es una situación, una realidad común en el mundo. Esto es la secularización, la ausencia de Dios, la dificultad de encontrar el acceso para verlo como una realidad que concierne a mi vida.

Por otro lado, hay contextos específicos. Usted ha aludido al de Cuba con el sincretismo afrocubano, con tantas otras dificultades. Pero cada país tiene su propia situación específica. Y de una parte, debemos partir del problema común: como hoy, en este contexto de nuestra moderna racionalidad, podemos de nuevo descubrir a Dios como la orientación fundamental de nuestra vida, la esperanza fundamental de nuestra vida, el fundamento de los valores que fundamentalmente construyen una sociedad, y cómo podemos tener en cuenta las especificidades de las situaciones diversas.

Lo primero me parece muy importante: anunciar un Dios que responde a nuestra razón, porque vemos la racionalidad del cosmos, vemos que hay algo detrás, pero no vemos que este Dios sea próximo, que me concierne y esta síntesis del Dios grande y majestuoso y del Dios pequeño que me es próximo, me orienta, me muestra los valores de mi vida y  es el núcleo de la evangelización. Este es, un cristianismo en esencia donde se encuentra realmente el núcleo para vivir hoy con todos los problemas de nuestro tiempo. Y por otra parte, tenerlo en cuenta en la realidad concreta. En América Latina, en general, es muy importante que el cristianismo no solo sea solo una realidad de la razón, sino también del corazón.

La Virgen de Guadalupe es reconocida y amada por todos porque entiende que es una Madre para todos y que está presente desde el comienzo de esta nueva América Latina, tras la llegada de los europeos. Y también en Cuna tenemos a la Virgen del Cobre, que toca los corazones y todos saben intuitivamente que es verdad, que esta Madre nos ayuda, que existe, que nos ama y nos ayuda. Pero esta intuición de corazón debe unirse con la racionalidad de la fe y con la profundad de la de que va más allá de la razón. Debemos buscar no perder el corazón, sino unir corazón y razón para que cooperen, porque solo así el hombre el completo y puede realmente a ayudar y a trabajar por un futuro mejor.


Ecclesia Digital


Maná y Vivencias Cuaresmales (35) – Domingo V, Ciclo B

marzo 24, 2012

Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre

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Antífona de entrada: Salmo 42, 1-2

Señor, hazme justicia. Defiende mi causa contra gente sin piedad; sálvame del hombre injusto y malvado, tú que eres mi Dios y mi defensa.
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Primera lectura: Jeremías 31, 31-34

Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor –oráculo del Señor–.

Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días –oráculo del Señor–: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: “Reconoce al Señor.”

Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande –oráculo del Señor–, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados.
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Salmo 50

Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.
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Segunda lectura:Hebreos 5, 7-9

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.
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Aclamación antes del Evangelio: Juan 12, 26

El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.
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Evangelio: Juan 12, 20-33

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.»
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.»

Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.» La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.» Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.
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Antífona de comunión: Juan 12, 24-25

Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna.
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Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto

VIVENCIAS CUARESMALES (35)

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DOMINGO QUINTO DE CUARESMA

CICLO B

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TEXTO ILUMINADOR:

Hoy es un día consagrado a nuestro Dios:
No hagáis duelo ni lloréis;
pues es un día consagrado a nuestro Dios.
No estéis tristes,
pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.

El Antiguo Testamento anuncia: Se acerca el tiempo, dice el Señor, en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá un alianza nueva… Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente y voy a grabarla en sus corazones… y todos me van a conocer… cuando yo les perdone sus culpas y olvide sus pecados, para siempre jamás.

El Nuevo Testamento realiza lo anunciado y cumple lo prometido, en Cristo Jesús: Algunos griegos se acercaron a Felipe y le pidieron: Señor, “quisiéramos ver a Jesús”. Se lo dijeron a Jesús y él les respondió: “Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado. Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto… Ahora que tengo miedo, ¿le voy a decir a mi Padre: ‘Padre, líbrame de esta hora’ ? No, pues precisamente para esta hora he venido. Padre, dale gloria a tu nombre… Está llegando el juicio de este mundo; ya va a ser arrojado el príncipe de ese mundo. Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”.

La primitiva comunidad expresa la relectura que hace de ambos testamentos y testimonia así su experiencia cristiana: “Hermanos: Durante su vida mortal, Cristo ofreció oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a Aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y, llegando a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen”.

Hoy, nosotros, bajo la acción del Espíritu del Padre y del Hijo, tomamos conciencia de pertenecer a la única y misma comunidad de los redimidos en Cristo y expresamos nuestros sentimientos con las palabras del salmista diciendo:
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Crea en mí, Señor, un corazón puro

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
y limpia mi pecado.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso;
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

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NOTA DE ACTUALIDAD: El Papa ya está en México

¿Cómo seguirlo por el móvil?

ROMA, jueves 22 marzo 2012 (ZENIT.org).- Tal como se había anunciado el pasado febrero, la aplicación “Visita Papal” para dispositivos móviles donde se encuentra toda la información sobre la visita de Benedicto XVI a México, está ya accesible y puede ser descargada gratuitamente por todos los interesados en seguir de cerca la visita papal.

Por primera vez en la historia, se transmitirá a celulares y tabletas, una visita del papa, la que realiza a México del 23 al 26 de marzo de este año.

Para participar de esta experiencia, sólo se necesita descargar la aplicación gratuita publicada en el sitio www.visitapapal.com a un dispositivo móvil (smartphone y/o tableta), y tener una conexión de datos a internet (3G* o Wi-Fi). Hay versiones disponibles para dispositivos como Android, BlackBerry, iPad e iPhone.

Cualquier persona, desde cualquier lugar en que se encuentre, con conexión a la Red, podrá mantenerse siempre informada de todos los detalles, y seguir la visita pastoral de Benedicto XVI a México. El lema de este sitio, accesible también desde dispositivos móviles, es ¡Sé parte de la historia!

La página es un proyecto que nació gracias a Church Forum, sitio que se convirtió en el primer portal católico en español en internet cuando inició actividades en 1996, y cuenta con la aprobación del Vaticano. Es miembro de la RIIAL: Red Informática de la Iglesia en América Latina, y del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales.

Este portal de la visita papal es un proyecto de Church Forum bajo la dirección de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y cuenta con la colaboración de empresas especializadas como Gecox, Icom Systems, Uno TV y de instituciones católicas que pertenecen a Signis.

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¡Felicidades a los mexicanos! Que Dios bendiga a México por la visita y pastoreo del Vicario de Cristo, el Papa Benedicto! Amén.

Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros.

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